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martes, 18 de febrero de 2025

De policía a monja, y a superiora de su orden: se negó a abrazar a un ladronzuelo y cambió de vida

 Sor Tosca se hizo policía con 19 años gracias a una serie de televisión


La italiana sor Tosca Ferrante fue Policía antes que monja. "Los cinco años que pasé en la Policía fueron una escuela de humanidad y de servicio a los demás", comenta en Avvenire

"¿Sabéis lo que dijo el fundador de mi congregación, el beato Giacomo Alberione? 'El Señor enciende lámparas que van delante del hombre… No desperdicia la luz… siempre da luz en el momento oportuno'", dice la religiosa. 

Esas luces que se encendieron en el tiempo en que Sor Tosca era "Agente Tosca" fueron, relata, "el joven que detuve, la prostituta que acompañé a la frontera, la anciana a la que ayudé a levantarse después de una caída en la calle… Situaciones de fragilidad que me pusieron ante una pregunta más fuerte que la que me había empujado a ingresar en la Policía: ¿en quién quiero convertirme en la vida?". 

La hermana Tosca nació en un pequeño pueblo de Campania (Italia) y se unió a la Policía a los 19 años, siguiendo su pasión por la serie de televisión CHiPs, dos policías en motocicletas que hacían el bien a los demás. 

Hoy tiene 55 años y, en 2024, celebró 25 años de profesión religiosa. Ha sido elegida superiora general de las Hermanas Apostolinas de Castel Gandolfo

Licenciada en Psicología, coordina el Servicio de Tutela de la Infancia de las diócesis de Toscana y del diocesano de Pisa. "Como expolicía, es necesario entrar en una dimensión de servicio y no de poder. El uniforme, la pistola, la porra, representan sin duda el poder, y éste constituye una tentación siempre presente, a la que se responde poniéndose al servicio de los demás". 

"Creo que la paz se construye con relaciones, respeto y diálogo. Una de las dimensiones del respeto es garantizar la seguridad de las personas. Quienes viven este trabajo como un servicio a la comunidad están lejos de pensar en usar el arma, sino que se centran en actividades de prevención. Mi experiencia, incluso pensando en antiguos compañeros que sigo frecuentando, es que prevalece el deseo de que todos vivan en paz. La idea de violencia no forma parte de la formación que se recibe en la Policía". 

Para sor Tosca, usar uniforme es una oportunidad para dar esperanza a quienes se sienten más frágiles o se encuentran en una situación que podría comprometer su futuro, "impidiéndoles quizás cometer actos que atenten contra la dignidad de las personas. Incluso un arresto, para algunos, puede traer consigo la esperanza de una vida mejor en el futuro. Puede convertirse en un momento de salvación".

"Un día me pidieron que vigilara a un menor que había cometido un robo, el primero de su vida. Después de hablar un rato, él empezó a llorar, tenía miedo. Entonces me dijo: 'Tengo miedo, ¿me puedes dar un abrazo?' No pude, estaba uniformada. Cuando llegué a casa, me miré al espejo y me dije: '¿En quién te estás convirtiendo?'. Y desde ahí, desde ese abrazo perdido, me cuestioné mi vida".

Sobre recomendar a un niño convertirse en policía, la monja contesta: "Yo diría que nos hagamos una pregunta: ¿para quién quiero hacer este trabajo? ¿Y por qué? Creo que tiene que haber el deseo de ayudar a los demás. ¿Me gustaría vivir la profesión con sentimientos de cuidado hacia la humanidad, con una sonrisa que siempre dé esperanza?".

ReL

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sábado, 11 de junio de 2022

Hace 60 años, dejaron un bebé abandonado en una casa de religiosas... ¡y hoy es la superiora!

La hermana Mayín sintió la vocación de niña,

y hoy es la que cuida a los pequeños


La Hermana Mayim cuenta su testimonio de vocación
y servicio con niñas como fue ella

 Hace 60 años, un hombre y una mujer llegaron al orfanato de la Divina Providencia e Hijas de María, en la colonia Agrícola Oriental, en México. Traían un niño de dos años y una bebé casi recién nacida, de apenas 15 días. Los dejaron a las religiosas con la promesa de que un día volverían a por ellos.

Esa bebé es hoy la hermana Mayín, la superiora de la comunidad desde hace tres años. Ella fue acogida y ahora ella es la acogedora. Esperó encontrar algún día a sus padres y sabe lo que sienten muchas de las niñas que atiende hoy. Ha contado su historia Vladimir Alcántara Flores en Desde la Fe, el semanario de la arquidiócesis de México.

Una infancia muy feliz aunque austera

La hermana Mayín recuerda que su infancia con su hermanito y las religiosas fue muy feliz.

“Tenía yo unos 8 años cuando empecé a darme cuenta de la manera en que las madres se desvivían por nosotros y por todos los demás niños; y a cobrar conciencia de que también existía un mundo allá afuera. No era que no saliera. Era que empezaba a entender la realidad”, recuerda.

Más adelante su hermano creció y tuvo que ir a otra casa hogar para chicos algo mayores. Ella se quedó. Miraba a las religiosas a su alrededor y le llamaba la atención el reto de ser como ellas.

Aún no tenía 10 años y ya sentía un deseo de ser religiosa de la Divina Providencia e Hija de María. Esta comunidad, fundada por la hermana María de los Ángeles Ybellez, siempre se esfuerza por preparar a las niñas para el futuro, hablándoles del matrimonio y de la vida religiosa.

El matrimonio me sonaba bien. Yo tenía suerte con los muchachos y me hicieron varias propuestas de noviazgo. Y, además, crecía en mí un deseo imposible de cumplir dentro de la comunidad por la pobreza en la que vivíamos: ir a Disneylandia”, recuerda de su adolescencia.

Vocación clara... y preguntas sobre su origen

A los 15 años dejó a un lado su sueño de ir a Disneylandia, cerró la puerta al matrimonio y decidió pedir formalmente su ingreso en la comunidad religiosa. La norma exigía tener al menos 17 años, pero el entonces Vicario para la Vida Religiosa le otorgó un permiso especial

Así empezó su vida de religiosa, que vivía con alegría y plenitud. Pero en su interior se mantenía la pregunta sobre su origen.

"Siempre me preguntaba por mis papás. ¿Quiénes eran? ¿Cuáles serían mis raíces? ¿De dónde vendría yo? ¿Por qué me habrían dejado?"

Toda su vida la había pasado en la casa de acogida, y sabía bien las razones que llevaban a algunos padres a dejar a sus hijos. A veces, lo sabía, era la pobreza absoluta: que el niño al menos tuviera alimento asegurado. Sospechaba que por eso la dejaron a ella y su hermano y no sentía rencor por ello.

“Y si algo habría que perdonarles, yo desde el principio perdoné a los dos. No les podría guardar rencor. Me dejaron al inicio de un camino en el que siempre está Dios, y en el que encontré la alegría que hay en el servir”, explica.

Un día llegó un matrimonio...

Cuando la hermana Mayín tenía 40 años, llegó a la casa hogar una señora con su marido. Preguntaban por unos niños que habían dejado hace mucho tiempo: un niño de dos años y una más pequeñita, detallaron.

“Sentí una emoción que no puedo describir. Sólo atinaba a pensar: ‘¡Dios bendito!’. ‘¡Me vienen a buscar!’. Yo quería decirles: ‘¡Soy yo! ¡Soy yo!’. Quería levantar la mano, que me vieran. Les preguntaron: ‘Hace cuánto los dejaron’. ‘Pues hace como 38 años’, dijeron los señores’. Y mi corazón se seguía llenando de emoción.

Entonces el matrimonio reveló el nombre de los niños: Margarita y Leonardo. Y la hermana Mayín supo que no se trataba de ella y de su hermano, sino de otros que habían sido recibidos de forma similar. Las religiosas pusieron en contacto a este matrimonio con Margarita y Leonardo, ya adultos en el mundo.

"Fue muy conmovedor verlos nuevamente juntos. Fue algo muy bonito. Esto me sucede cada vez que los niños se reencuentran con sus familias”, explica.

Ella no ha encontrado a sus padres terrenales, pero se alegra viendo familias que se reencuentran y cuidando a gran cantidad de niños que van pasando por su vida.

“Mis papás dijeron que regresarían. Yo a veces digo en broma: ‘A lo mejor no les ha dado tiempo’. Ya no creo que vengan. Eso sí, le pido a Dios me conceda encontrármelos en el cielo, y darles las gracias de todo corazón por haberme dejado aquí, en un lugar en el que pude poner mi vida al servicio de Dios y de los niños.

Servir a Dios... y alguna sorpresa

Hoy la casa hogar de las Religiosas de la Divina Providencia e Hijas de María alberga a 85 niños. Les atienden entre 5 religiosas. “Cinco son los dedos de una mano: cada dedo es diferente al otro, cada dedo cumple una función distinta, pero al cerrarse la mano se hace mucha fuerza y se pueden lograr muchas cosas”, señala la hermana Mayín.

A los niños les anima a no renunciar a sus sueños y confiar en que Dios puede enviar regalos inesperados y sorpresas. Y tiene un ejemplo que anima a muchos.

Cuando tenía 21 años, la mandaron a Tijuana una semana junto con otras hermanas para participar en un congreso de Pastoral Vocacional. Un señor con dinero era el patrocinador y se encargaba de los gastos. Acabado el congreso, el señor las animó a quedarse un día más para llevarlas a un sitio apartado que quería enseñarles, saliendo muy pronto por la mañana.

“Apenas subí al coche, me quedé dormida. Cuando llegamos, el señor nos dijo que despertáramos. Abrí los ojos y vi una cosa maravillosa que me hizo llorar de alegría: ¡Estábamos en Disneylandia! No podía dejar de llorar. El señor nos dio dinero para comprar lo que quisiéramos. Compramos recuerdos para nuestras hermanas. Y a mí que me encanta sacar fotos, me regaló seis rollos para tomar cuantas quisiera”.

Así que su sueño de Disneylandia se cumplió. Y así lo cuenta a los niños de la casa. “Si tenemos un sueño, si lo deseamos con todo el corazón y se lo pedimos a Dios, un día, en el momento más inesperado, Él nos da la oportunidad para alcanzarlo”, propone.

ReL

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miércoles, 29 de diciembre de 2021

El secreto de una monja para que sus alumnos dejen sectas y se bauticen: «Dios, por encima de todo»

La hermana Anne Onyancha ha sido elegida la mejor profesora del país


Tras una vida dedicada a transmitir la fe y a educar, l
a hermana Anne Onyancha recibe el premio a la mejor profesora de Kenia
y sus alumnos son reconocidos por su elevado nivel académico 


De entre todos sus años de experiencia, la hermana Onyancha recuerda especialmente su estancia en la escuela de St Aloys Ojola. "Tuve que presentar mis oraciones después de que comenzasen a suceder cosas extrañas", recuerda.

"La mayoría de los niños enfermaban con frecuencia y algunos incluso se comportaban como si estuvieran poseídos por el demonio", afirma. "Recé con los niños e incluso invité a algunos sacerdotes para rezar por ellos".

En ese momento, la hermana comenzó a percibir que algo estaba pasando. "Podía sentir que los niños mejoraban, algunos me relataron cómo se habían ido uniendo a las sectas, otros se bautizaron e invitaron a sus padres a empezar a rezar", afirma.

Monja antes que profesora 

Sin embargo, la hermana de Kakamega admite que antes que su pasión por la educación debe atender su propia vocación.

"Mi vida religiosa es lo primero. Es la base de todo lo demás que hago, y si no lo hago bien, tampoco haré bien mi apostolado", admite.

Por ello debe seguir un estricto horario que le recuerda continuamente las franjas de tiempo y obligaciones que debe cumplir en la comunidad "orando con las hermanas".

"[Mi horario] asigna un tiempo para las actividades religiosas y delego bien mi trabajo para que, incluso si no estoy en la escuela, pueda obtener un informe adecuado y actuar en consecuencia. Me permite asegurarme de que en ninguna circunstancia falte a mis responsabilidades, ya sea la religión, la comunidad o la escuela", explica.

La hermana Anne Onyancha sosteniendo el premio al mejor profesor.

Tras la entrega de uno de los premios a la mejor profesora de Kenia el pasado 5 de octubre, día mundial de los profesores (Imagen de Doreen Ajiambo para Global Sisters Report).  

Su escuela y alumnos, entre los mejores del país

Su larga trayectoria de dedicación a la educación y transmisión de la fe se han traducido en la entrega del Best Teacher Awards de Kenia. Le fue concedido el día mundial de los docentes, día en el que también fue reconocida por la Comisión de Servicios Docentes por su labor directiva del centro.

Un premio especialmente relevante en el ámbito educativo del país y que únicamente se concede a 31 maestros y profesores.

Junto con la hermana y directora del St Peter´s Mumuas, dos de los casi 2.000 estudiantes que tiene la escuela alcanzaron los 20 primeros puestos en los exámenes nacionales del año pasado, en un país en el que los alumnos superan los 18 millones de estudiantes.

Además, la escuela de la hermana Onyancha ocupó el tercer puesto a nivel nacional en el examen del Certificado de Educación Primaria de Kenia.

"Me siento más humilde por este premio y a la vez más desafiada, porque tengo que mantener el esfuerzo e incluso aspirar a llegar un poco más alto", afirmó la hermana Onyancha. "Se espera que trabaje más duro. Veo la ayuda de Dios y me siento encumbrada", añadió.

La hermana Anne Onyancha dando clases.

Para la hermana de Kenia, el secreto para ser un buen profesor consiste simplemente en la oración y en poner a Dios en primer lugar (Imagen de Doreen Ajiambo para Global Sisters Report).  

Poner a Dios por encima de todo, clave del éxito

Preguntada por su clave del éxito, la hermana no duda en que se debe a su fe. "Como monja, tengo la responsabilidad de enseñar a Dios a los niños. Por ello formé varios grupos de oración en la escuela, y teníamos tiempo tanto para rezar como para las clases y tareas", explica.

"En esta profesión debemos poner nuestra vida espiritual en primer lugar, y el resto se construirá sobre ello", aconseja.

También se muestra convencida de la importancia de "esforzarse al máximo" para que los apostolados "no impidan realizar la obra de Dios".

La hermana Onyancha concibe la docencia como "una buena oportunidad para enseñar a los niños a Dios", y ese es precisamente el secreto que le ha llevado a ser reconocida como una de las mejores maestras del país. "Esta es mi fórmula de éxito en el apostolado", concluye: "Poner a Dios por encima de todo".

J.M.C. / ReL

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martes, 4 de mayo de 2021

Montse vendió su startup, fichó por Deloitte y lo deja todo para ser monja

 

MONTSE MEDINA


Esta millennial valenciana se hizo rica y es mujer de éxito, pero acaba de enviar una carta a sus socios de Deloitte donde explica que "ha encontrado el tesoro"

Montserrat Medina Martínez era uno de los mayores ejemplos de joven triunfadora en Europa. Con 36 años, lleva a sus espaldas un currículum excepcional. La revista «Business Insider» la eligió entre «Los 21 jóvenes españoles de 35 años (o menos) que están revolucionando el mundo de las startups«.

Venta de la startup a Pay Pal

Esta ingeniera de Valencia (España) recibió una beca de doctorado en matemáticas computacionales en la Universidad de Stanford. Aparcó estos estudios para fundar en 2011 Jetlore, una empresa con sede en San Mateo (California) que proporcionaba datos a grandes empresas para que ofrecieran contenidos «a medida» a sus clientes. Pronto Pay Pal se interesó por esta herramienta y le compró la empresa.

Premios internacionales

Montserrat Medina Martínez fue seleccionada entre las 10 top talents de España menores de 35 años por la revista MIT Technology Review y recibió la Medalla de Bronce en los Stevie Awards for Women in Business de 2017, a la Mujer ejecutiva del Año.

MONTSE MEDINA
@Deloitte_ES
Montse Medina es una experta mundial en Inteligencia Artificial.

Su página en LinkedIn como testimonio

Hoy en la página de LinkedIn de Montserrat Medina se lee «Sierva de Dios». Y a continuación:

«Con mucho pesar tengo que despedirme de Deloitte. He decidido dejarlo todo y responder a lo que creo que es una llamada de Dios a seguirle más de cerca. Os dejo mi testimonio donde abro mi corazón para que con la gracia de Dios podáis entender mi decisión.
Que Dios os bendiga.»

LINKEDIN
Linkedin
Esta es ahora la cabecera de su perfil en LinkedIn.

A un monasterio de agustinas

Y es que Montserrat Medina ha decidido hacerse monja. El éxito y el dinero no le hacían feliz, y se planteó más. Ahora afirma que ha encontrado «el tesoro» del que habla el Evangelio y se entrega a Dios como religiosa en un monasterio de agustinas.

Antes de «desaparecer», Montse hizo llegar una carta a sus socios de Deloitte en la que explicaba su decisión.

MONTSE MEDINA
@Deloitte_ES
Montse en una de sus recientes intervenciones públicas.

«Me provocaba un vacío cada vez más creciente»

En ella relata que “Usaba todos los talentos que la infinita bondad de nuestro Dios me había regalado, pero los empleaba para mi propia gloria y para acumular riquezas en este mundo. Me apropiaba de los dones recibidos buscando sólo mi propio interés. Y me engañaba a mí misma porque lejos de hacerme feliz esa actitud sólo me provocaba un vacío cada vez más creciente”.

«Empezar a invertir en mi futuro para la vida eterna»

También explica: “He decidido, sin ningún remordimiento, dejar de invertir en mi futuro terrenal y empezar a invertir en mi futuro para la vida eterna. Puesto que dejo el mundo para servir y hacer la Voluntad de Dios, tengo la certeza de que el Señor misericordioso suplirá con creces mi falta con aquellos a quienes estoy dejando por Él. No dejo el mundo, propiamente, sino lo mundano. Y quiero entregar mi vida en oración y ofrenda por todos aquellos a quienes Dios ama”.

«He encontrado el tesoro»

Así es como afronta Montse su nueva vida de entrega plena a Dios: «Desconozco por qué su Amor me ha concedido gratuitamente los talentos inmerecidos con los que he podido trabajar y realizarme como persona todos estos años. Igualmente desconozco el plan que Él tiene de ahora en adelante para conmigo. Lo único que sé con certeza es que he encontrado “el tesoro” y, como dice el Evangelio, quiero vender todo lo que tengo en este mundo para comprarlo (cf. Mt 13, 44-46). Siento que, secundando esta llamada mi vida adquiere un sentido lleno de luz, que me hace sentirme dichosa y feliz.»

Texto íntegro de la carta

A continuación, transcribimos íntegra la carta de Montse a los socios de Deloitte*:

Mi nueva esperanza: comunicación y confesión

Con todos los riesgos que supone abrir el corazón, quiero hacerlo como una expresión de libertad y una confesión de la fe. A quien lea este escrito le confío algo íntimo y personal, pero que no puedo retener sólo para mí.

Se ha abierto una nueva etapa en mi vida que comporta dejar mi carrera profesional. Creo que Dios me está llamando a dejarlo todo para seguir a su Hijo Jesús más de cerca. Su gracia me ha quitado el velo que cubría mis ojos y he comenzado a comprender cuánto le debo. Él ha puesto en mí un fuego que enciende una insaciable necesidad de amarle y servirle. Muchas veces me pregunto: ¿Cómo puedo yo, siendo pobre criatura, servir y amar al Creador? Pero la respuesta emerge desde dentro: Si Él me llama, en su Nombre me lanzo a esta aventura de dejarlo todo para buscar continuamente su Rostro.

Desconozco la razón por la cual el Señor se ha fijado en mí. Desconozco por qué desde mi infancia cada domingo internamente me conmovía escuchar en un canto de Iglesia “he dicho tu nombre”; no entendía entonces que esto era una gracia particular. Desconozco por qué su Amor me ha concedido gratuitamente los talentos inmerecidos con los que he podido trabajar y realizarme como persona todos estos años. Igualmente desconozco el plan que Él tiene de ahora en adelante para conmigo. Lo único que sé con certeza es que he encontrado “el tesoro” y, como dice el Evangelio, quiero vender todo lo que tengo en este mundo para comprarlo (cf. Mt 13, 44-46). Siento que, secundando esta llamada mi vida adquiere un sentido lleno de luz, que me hace sentirme dichosa y feliz.

La llamada que muestra el pasaje evangélico del joven rico (cf. Mc 10, 17-39) es la llamada que hoy siento dirigida a mí… por más que la llevo dentro desde hace mucho tiempo, pero sin atreverme nunca a responder. Desde hace años quería decir que sí a Jesús, pero no lo hacía sino tímidamente y sólo por dentro. Y mientras demoraba la respuesta verdadera, esa que compromete la vida, usaba todos los talentos que la infinita bondad de nuestro Dios me había regalado, pero los empleaba para mi propia gloria y para acumular riquezas en este mundo. Me apropiaba de los dones recibidos buscando sólo mi propio interés. Y me engañaba a mí misma porque lejos de hacerme feliz esa actitud sólo me provocaba un vacío cada vez más creciente. Ciertamente, mi meta no era otra que lo que la sociedad me enseñó desde mi niñez: estudiar, posicionarme con un trabajo bien remunerado, casarme y tener hijos. La idea de servir al Señor estaba lejos de mis pensamientos: me había hecho un dios a mi medida que debía servirme a mí y ajustarse a mis objetivos y ambiciones.

Así, autoproclamada “buena católica” por mi asistencia física a la eucaristía dominical, pero enorgullecida por la gloria, poder y dinero que iba obteniendo, mi alma se iba construyendo un lugar privilegiado en el abismo del sinsentido de una vida encerrada en el egoísmo. No encuentro palabras para describir el estado tan deplorable en el cual se encontraba mi alma mientras me engañaba a mí misma, convencida de que complacía a Dios. Después de todo, pensaba que algo debía estar haciendo bien: yo me esforzaba y veía recompensa. Ahora me pregunto: ¿Cómo he podido estar tan confundida todos estos años? No era Dios quien me estaba dando la gloria de la tierra sino el príncipe de este mundo quien me estaba engañando sin yo saberlo. Mientras tanto, el Dios misericordioso lo permitió para mi propio bien. He necesitado experimentar estas tinieblas y el poder desgarrador del mundo para apreciar más la vida de la fe y el Evangelio de Cristo. El sufrimiento que comporta seguir a los ídolos del mundo me ha preparado para renunciar a ellos y volverme al Señor en una ofrenda completa de mi vida.

He vivido 12 años “triunfando” según los parámetros del mundo: tengo títulos de la prestigiosa Universidad de Stanford, he fundado una startup en Silicon Valley que ha adquirido una Fortune 100 y con tan sólo 34 años he llegado a ser socia en Deloitte. Yo le decía al Señor: Mira lo bien que he aprovechado tus talentos. Pero sintiendo un profundo conocimiento de la suciedad de mi alma, me percaté de mi mal entendimiento con respecto a la ansiada “perfección” que buscaba en las cosas del mundo, y cuánto más me acercaba a ella, más me alejaba de la verdadera: la perfección del alma que consiste en hacer la voluntad de Dios, verdadera plenitud para la que hemos sido creados.

Hundida en mi miseria, sin saber qué hacer con todos mis pecados he comprendido que el Señor lo perdona todo porque Él es todo bondad y misericordia. Ahora quiero dejarlo todo por seguir a este Dios que ha conquistado mi corazón. Es una deuda de amor lo que vivo… aunque sé que por mi parte esa deuda siempre estará por saldar. Quiero que el Señor sea mi único Dios, y no el dinero. No puedo servir a dos señores. El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; y me llama a amarle con todo mi ser.

La inquietud de mi alma me ha llevado a buscar la Voluntad de Dios en comunidades católicas, en voluntariados, hasta planeé fundar una ONG…, pero no encontraba la Paz en ninguno de estos proyectos. Ahora, secundando la llamada a ofrecerme al Señor en la vida consagrada contemplativa, he encontrado la Paz del corazón. Creo que desde esta vocación podré ayudar a tantos que buscan a Dios sin saber dónde y cómo encontrarlo. La Iglesia y la Comunidad de Monjas contemplativas que me acogen me regalan un hogar donde vivir con sencillez evangélica el seguimiento de Cristo en fraternidad. Soy consciente de que es un gran riesgo el que corro dejándolo todo para entrar en un Monasterio… pero la vida vale la pena cuando se arriesga en la búsqueda del Bien. Y “sé de quién me he fiado” (2Tim 1, 12).

Por ello he tomado la decisión más importante y al mismo tiempo más sencilla de mi vida. He decidido, sin ningún remordimiento, dejar de invertir en mi futuro terrenal y empezar a invertir en mi futuro para la vida eterna. Puesto que dejo el mundo para servir y hacer la Voluntad de Dios, tengo la certeza de que el Señor misericordioso suplirá con creces mi falta con aquellos a quienes estoy dejando por Él. No dejo el mundo, propiamente, sino lo mundano. Y quiero entregar mi vida en oración y ofrenda por todos aquellos a quienes Dios ama.

Quiero terminar pidiendo perdón a quienes haya podido hacer sufrir en estos años o por los que se puedan ver perjudicados de alguna manera por esta decisión vocacional. Os agradezco que recéis por mí; yo rezaré por todos.

¡Bendito y alabado sea por siempre el Señor!

Montse

*las negritas son de Aleteia.

Dolors Massot, Aleteia 

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martes, 11 de febrero de 2020

«Millennial» y también monja de clausura: quinta hija de una familia repleta de diversas vocaciones

El padre de Clare es diácono y tiene una hermana monja y otra laica consagrada

Grace, en el monasterio recibiendo la visita de algunos de sus sobrinos / Fotos Arlington Catholic Herald
Grace, en el monasterio recibiendo la visita de algunos de sus sobrinos

La familia Van de Voorde está de fiesta tras la profesión perpetua de Mary Grace como monja dominica  en el Monasterio de Santo Domingo de Linden, en Estados Unidos. Y no fue una ceremonia cualquiera puesto que en el servicio religioso participó su padre, Jim Van de Voorde, que es diacono permanente y al que sus llaman cariñosamente “papá diácono”.
El matrimonio que conforman Jim y Frances tiene siete hijos pero la del esposo y la de Mary Grace no son las únicas vocaciones de la familia pues otras dos de las hermanas han sido llamadas por Dios para una vida entregada totalmente a Cristo. Una como sierva del Hogar de la Madre que vive actualmente en España y otra como laica consagrada del Regnum Christi que desempeña su labor en un campus universitario de Atlanta.
Una ceremonia emocionante
La última precisamente ha sido Mary Grace, la quinta de siete hermanos, y que con 25 años realizó el pasado 25 de enero sus votos perpetuos como dominica. Ya es una de las 10 monjas del convento y está exultante con su vida como esposa de Cristo.
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“Ahora que estoy aquí me ha sorprendido lo liberador que es estar atado a Dios. Si la gente supiera lo feliz que nos quiere hacer Dios no tendrían tanto miedo”, afirma esta joven al Arlington Catholic Herald.
Proveniente de una familia muy religiosa donde la llamada de Dios a distintas vocaciones se ha visto como algo natural, Grace Van de Voorde afirma que la primera vez que se sintió llamada a ser monja fue cuando tenía 5 o 6 años.  Ya en secundaria fue profundizando en esta llamada con la dirección espiritual de un sacerdote de su parroquia en Manassas.
Una llamada temprana
Según recuerda la ya religiosa dominica, este sacerdote le pidió que “escribiera la lista de mi sueños para la vida religiosa, qué buscaría si pudiera elegir. ‘¿Quieres cuidar, quieres enseñar?’, y pensé: ‘podría hacerlo si tuviera que hacerlo, pero no es realmente lo que quiero’. Sólo quería pertenecer a Dios y eso era lo central para mí. Entonces me dijo: ‘¿por qué no miramos la vida contemplativa?’”.
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En aquel momento Grace tenía tan sólo 17 años y muchas de las órdenes a las que visitó querían que esperara unos años para discernir seriamente. Sin embargo, la priora del Monasterio de Santo Domingo en Linden la animó a visitarlas y a esta joven le gustó mucho lo que vio. “Me sorprendió –señala ella- lo normal que me sentía estando en el monasterio así que pregunté si podía regresar”. Y así regresó en varias ocasiones y tras graduarse en Secundaria decidió que quería ser dominica y empezar el postulantado.
Durante sus votos perpetuos, Mary Grace se sintió especialmente bendecida de que su padre sirviera en la misa como diacono. Afirma que “fue muy especial tenerlo tan cerca”. Además, explica que “hará falta mucho tiempo, probablemente el resto de mi vida, para absorberlo todo. La única emoción que pude expresar fue este inmenso alivio, no tanto por haber llegado aquí sino por finalmente comenzar. Estoy muy agradecida por el regalo de Dios, el regalo de mi comunidad, el regalo de mi familia y el de nuestra diócesis”.
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Una familia muy particular
Estas celebraciones se están convirtiendo casi en una costumbre entre los Van de Voorde. Jim fue ordenado diácono permanente en enero de 2015 donde sirve en la parroquia de Todos los Santos en Manassas. “Es una oportunidad maravillosa poder servir a la parroquia y a la diócesis”, afirmaba este padre de siete hijos.
Desde su ordenación ha ayudado en la parroquia bautizando, realizando homilías, catequesis, trabajo administrativo y atendiendo pastoralmente en la cárcel. Todo ello mientras lo combina con su trabajo como consultor y con su familia. Sobre esta vida, Jim cuenta que “el obispo nos dijo que mi primera responsabilidad es con respecto a mi matrimonio, la segunda mantener a mi familia y la tercera para el diaconado”.
Las diferentes vocaciones de sus hermanas
Otra de las vocaciones de la familia es la de Alisson, de 33 años, tercera hija de la familia y actualmente sierva del Hogar de la Madre en Valencia, en España. Esta fue la vocación más inesperada de la familia.
Su hermana Beth, un año menor, recuerda que “éramos casi como gemelas” y mientras Beth “hablaba de ser monja” Allison siempre “hablaba de ser madre”. Pero durante su tercer curso en la Universidad Ave María de Florida realizó una pequeña experiencia misionera en Ecuador que cambiaría su vida.
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Era 2008 y pasó ese tiempo en Ecuador con las Siervas del Hogar de la Madre. Hasta entonces ella quería formar una familia y ser madre pero según relata Beth, su hermana “en ese viaje misionero se dio cuenta de cómo estas hermanas son madres”. Así, tras graduarse en la universidad, Allison viajó a España y se unió a esta orden religiosa que tantas jóvenes está recibiendo.
También entregada a Dios acabó Beth, actualmente de 32 años, pero en este caso como laica consagrada del Regnum Christi.  Confiesa que desde muy pequeña sentía atracción por la vida religiosa, conoció a varias monjas e incluso visitó diferentes conventos. Pero se dio cuenta de que las órdenes religiosas no era lo que ella buscaba y a lo que se sentía llamada.
Fue en 2004 cuando iba a salir de fiesta cuando unos amigos la invitaron a un retiro silencioso de tres días, al que decidió unirse. Allí conoció a las mujeres consagradas del Regnum Christi, que le ayudaron a madurar su relación con Cristo.  Tras graduarse en la universidad en 2006 se unió a esta realidad vinculada a los Legionarios de Cristo.
Javier Lozano / ReL



sábado, 12 de mayo de 2018

Vestida de novia, caminó hacia el altar y se casó con... ¡Jesús! La «boda» de esta monja es viral

El monasterio benedictino de San Ruggero, en Italia, mantiene esta bella tradición
Vestida de novia, caminó hacia el altar y se casó con... ¡Jesús! La «boda» de esta monja es viral
¿Una monja vestida de novia? Aunque parezca imposible, ciertas órdenes
 religiosas mantienen esta bella costumbre. Este fue el caso de Sor María
Vittoria della Croce
, que se ha casado con Jesús en una boda que se ha
hecho viral en las redes sociales.

La ceremonia de ingreso de Sor Maria Vittoria della Croce al
monasterio benedictino de San Ruggero en Barletta (Italia) se realizó
el 27 de abril en la Basílica Concatedral de Santa María la Mayor, como
informa ACI Prensa, y fue presidida por el Arzobispo de
Trani-Barletta-Bisceglie, Monseñor Leonardo D’Ascenzo.

Una boda viral
Las fotografías de este acontecimiento fueron difundidas por la Arquidiócesis
 en su página de Facebook y se ha hecho viral. El responsable de comunicación
de la Arquidiócesis, el diácono Riccardo Losappio, explicó que “para las monjas benedictinas presentarse vestidas de novia en el momento de la
‘vestición’ es parte del rito vestición de las religiosas”.



“Ellas siempre entran vestidas así porque son las esposas de Cristo que van a
 su encuentro y se hacen novias para anticipar en la historia lo que
mañana será en la plenitud de Dios”
, indicó Losappio.

Rito antiguo
Durante la ceremonia, tal como lo hizo Sor Maria Vittoria della Croce, las
novicias “se quitan el vestido de novia, se cortan el cabello, se ponen el hábito benedictino y reciben el crucifijo para indicar su alegre renuncia a
todo lo vano y efímero”.


Losappio destacó que la vestición de Sor Maria Vittoria della Croce –que tiene
27 años y cuyo nombre de bautismo es Carmen D'Agostino– fue “un rito que
no se efectuaba en Barletta desde la década de 1940 debido a la falta de
vocaciones a la vida consagrada según la regla de San Benito”.



“El monasterio de San Ruggero se redujo a muy pocas monjas que envejecieron
 y hace tres años fue refundado con la llegada de varias hermanas jóvenes, que
lo revitalizaron desde el punto de vista vocacional”
, relató.

Durante la ceremonia, Mons. D’Ascenzo le deseó a la nueva religiosa “mucha
 belleza para madurar siempre cada vez más esta presencia de Jesús en ti y de expresarla como testimonio al exterior a través de la relación con la Iglesia y
con tu comunidad. Buen camino de santidad y deseo que tú puedas ser
siempre más bella en el sentido de este testimonio
 a la Iglesia y
con tus hermanas”.



Una vocación que le abrió el cielo
La propia religiosa redactó su historia. Nació el 17 de enero de 1991 en
la localidad italiana de Melfi y en 2014 culminó sus estudios de enfermería
 en la Universidad de Foggia. Además indicó que creció en el seno de una
familia católica que pertenece al Camino Neocatecumenal y que tiene tres
hermanos.

“Cuando yo tenía 15 años, mi madre partió al cielo después de una
larga enfermedad que vivió con fe.
 No fue fácil para mí, pero puedo dar testimonio de que el Señor siempre nos ha proveído a mi familia y a mí”,
expresó.



“Pensar en mi madre me hace mirar al cielo, al paraíso. Más que haber realizado
una elección, yo fui escogida por Él: en un encuentro de jóvenes, y luego también 
a través de los demás, sentí el amor de Cristo manifestado en la cruz”,
señaló.

Para Sor Maria Vittoria della Croce este llamado vocacional “me abrió el cielo”
y tiene la certeza de que Dios “me ama como soy, y soy para Él una perla preciosa”.



“Simplemente acepté este amor, ese llamado a luchar por el reino de los cielos
y, con la ayuda de la Iglesia para discernir esta llamada, ingresé al monasterio”, indicó. Aseguró que la ceremonia fue un “pequeño paso adelante en la
vida monástica con la certeza de que Jesús es fiel”.


Otras órdenes religiosas donde las mujeres visten de novias para pronunciar sus votos son las clarisas, las Hermanas Esclavas del Inmaculado Corazón de María
y la Congregación de María Reina Inmaculada.


 






jueves, 4 de diciembre de 2014

La conversión de la Hermana Ruth




Ruth María O'Callaghan, irlandesa, comenzó a consumir drogas a los 15 años. 
Hoy es religiosa de las Siervas del Hogar de la Madre, y vale la pena escuchar 
cómo se produjo ese viraje sustancial, tal como lo confió a Cristina Casado en 
Cambio de agujas, en H.M. Televisión.