Papa En Una Audiencia Con Hermanas Maestras Pías Filippini Y Católicos De Las Diócesis De Viterbo Y Civitavecchia-Tarquinia. Foto: Vatican Media
Un consejo del Papa para abordar las dificultades de la vida religiosa y la falta de vocaciones
Uno no puede contentarse con «enseñar» a Jesús; a Jesús se le da primero un testimonio. Así es como se transmite la fe. Dios sólo se comunica si habita en nuestra vida, si llena nuestros afectos, si une nuestros pensamientos e inspira nuestras acciones. ¿Y cuál es la prueba de ello? Nuestra apertura a los demás”, ha dicho también el Papa en una audiencia especial a Hermanas Maestras Pías Filippini y católicos de las diócesis de Viterbo y Civitavecchia-Tarquinia.
(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 14.05.2022).- En el Aula Pablo VI del Vaticano el Papa recibió en audiencia a una numerosa delegación de católicos de las diócesis de Viterbo y Civitavecchia-Tarquinia quienes acompañaban a las Hermanas Maestras Pías Filippini. El Papa dio un bello discurso en el que abordó temas como la vocación y también la seguridad de la paternidad de Dios en la vida humana, a partir del testimonio de la fundadora de las Maestras pías Filippini. Ofrecemos a continuación la traducción al español de ese discurso.
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¡Bienvenidos! Saludo a las Hermanas Maestras Pías Filippini, a la Madre General y a todos vosotros, fieles de las diócesis de Viterbo y Civitavecchia-Tarquinia, acompañados por vuestros respectivos Obispos y sacerdotes. Un cordial saludo también a los Alcaldes y demás Autoridades aquí presentes. ¡Y a vosotros, niños de la Primera Comunión!
Comparto su alegría en el 350 aniversario del nacimiento de Santa Lucía Filippini. Este Año Jubilar es un momento precioso para cada uno de vosotros: es como volver a la fuente para sacar nuevas energías para el futuro; pero también es una oportunidad para dar gracias al Señor y también para pedirle ser canales de esa misma gracia que Santa Lucía acogió y distribuyó generosamente a tantas personas. Me gustaría compartir con ustedes dos breves reflexiones: una más directamente dirigida al Instituto del Maestre Pie Filippini; la otra para todos ustedes, devotos de Santa Lucía.
Queridas Maestras Pías, su misión es exigente ya desde su nombre, Maestras. Maestra es la que enseña. Un proverbio dice, sin embargo, que no se enseña lo que se sabe, sino lo que se es. Transmitimos a los demás lo que somos por dentro. No basta con llenar la cabeza de ideas, eso no es educar; educar es transmitir la vida. Y ser profesor es vivir una misión. En cambio, si hacemos buenos discursos, pero la vida va en otra dirección, corremos el riesgo de ser sólo actores que interpretan un papel, pero no educadores.
El ejemplo de su Fundadora puede ayudarles a vivir esta misión. Santa Lucía suele ser representada con el Crucifijo en la mano o en el acto de señalarlo. Supo enseñar a tantos, en primer lugar, porque ella misma nunca dejó de ser discípula de Jesús Maestro y de estar ante su cátedra, la cruz. Tenía a Dios que da la vida ante sus ojos y se sentía llamada a hacer de la vida un regalo. Así transmitía a los demás lo que guardaba en su corazón: no sermones, no teorías, sino contenido y vida. Su misión como educadora no fue diferente de su experiencia mística.
Queridas hermanas, todo esto nos recuerda que uno no puede contentarse con «enseñar» a Jesús; a Jesús se le da primero un testimonio. Así es como se transmite la fe. Dios sólo se comunica si habita en nuestra vida, si llena nuestros afectos, si une nuestros pensamientos e inspira nuestras acciones. ¿Y cuál es la prueba de ello? Nuestra apertura a los demás: quien conoce al Señor no se encierra en la sacristía, sino que vive para servir, sin importarle dónde o qué se le pida. Vivir el servicio, porque el servicio es la gran enseñanza del Maestro, que vino a servir y no a ser servido (cf. Mc 10,45).
A menudo se habla de las dificultades de la vida religiosa, de la falta de vocaciones, etc. Me gustaría daros un consejo, que no es la solución inmediata a estos problemas, pero sí el modo de abordarlos: no estamos llamados en primer lugar a «poner a Jesús en el centro», como si fuéramos los protagonistas; estamos llamados en primer lugar a quitarnos del centro, que es el suyo. Vivir la consagración como una llamada al servicio. Esto es lo que permite a Jesús obrar en nosotros como quiere y enseñarnos a superar la resignación y la nostalgia, a leer nuestra compleja época, a emprender con valentía caminos nuevos al ritmo de los tiempos. Te hará bien recordar la imagen de Santa Lucía con el Crucifijo en la mano: no para nosotros, sino para Él es el centro; y seremos buenos maestros si seguimos siendo discípulos, llamados cada día a servir, con alegría.
Un segundo pensamiento, dirigido a todos los que celebran a Santa Lucía Filippini. Esta mujer tenía un secreto: vivía con una constante confianza en Dios, porque Él -decía- ‘no puede dejar de ser mi padre’. Me gustaría repetirte estas palabras: No puede dejar de ser mi padre. A menudo, en la vida, nos preocupamos porque tenemos que dejar muchas cosas atrás: algunas seguridades, los años de juventud, alguna salud, tal vez seres queridos, etc. Pues bien, si en la vida hay personas y cosas que tarde o temprano tenemos que dejar atrás, hay una presencia que nunca nos abandonará, una certeza fundamental que siempre nos acompañará y que nada ni nadie podrá borrar: Dios no puede dejar de ser mi padre. ¡Esto es hermoso! ¿Lo repetimos todos juntos? Dios no puede dejar de ser mi padre. Una vez más, más fuerte: Dios no puede dejar de ser mi padre. Llévalo en tu corazón, este pensamiento. Todo puede fallar, pero no la ternura de Dios. Recordémoslo siempre, sobre todo en los momentos oscuros: Dios nunca nos abandona, porque no puede dejar de ser nuestro padre. Repitamos juntos: Dios no puede dejar de ser mi padre.
Guardemos en nuestro corazón esta buena noticia, que alimenta la confianza. Deseo que puedas anunciarlo a los que conozcas, para reavivar la esperanza en ellos también. Hay tanta necesidad hoy en día; es una misión que nos concierne a cada uno de nosotros. Buena misión, pues: os doy toda mi bendición y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.
Traducción del original en lengua italiana realizada por el P. Jorge Enrique Mújica, LC
María, de 29 años, profesa sus votos temporales en las clarisas de Lorca
Vestida de novia, del brazo de su padre, se acerca al altar sonriente, con el ramo en las manos… y allí, a los pies del altar, se entrega formalmente a Dios, su madre le corta el pelo y se viste de sayal. No, no es una boda «normal», es la Boda de una joven con su Divino Esposo.
Sor María de los Milagros del Divino Amor profesó, en Lorca (España) sus votos, tras tres años en el monasterio de Hermanas Pobres de Santa Clara. Fue un emocionante acto celebrado en el templo del monasterio de Santa Ana y Santa María Magdalena de Lorca.
Impresiona ver las imágenes de este acto y poder intentar acercarse a comprender y entender lo que pudo sentir esta joven.
Esto fue lo vivido (Galería)
Galería fotográfica
Susana Mendoza Bernal, licenciada en Periodismo, redactora de la Delegación de Medios y responsable de redes sociales cuenta en la web de la diócesis de Cartagena cómo fue el acto:
«Vestida de novia, del brazo de su padre, sor María de los Milagros del Divino Amor entró en la iglesia para profesar sus votos temporales como hermana pobre de santa Clara. Tras la lectura del Evangelio, la religiosa pidió su consagración al obispo”.
En la nota se explica la belleza de todo el rito, «que se asemeja al que realizó la fundadora cuando, vestida con sus mejores galas, se escapó de su casa para ir a Porciúncula donde le esperaba san Francisco de Asís”.
«Allí cambió su vestido por un sayal, puso un cordón con nudos en su cintura y cortó su pelo. De igual forma lo hizo esta religiosa el sábado: cambió su vestido blanco por el hábito marrón, con toca y velo; anudó a su cintura una cuerda con tres nudos, y su madre cortó su pelo, que llevaba adornado con pequeñas flores blancas. También cambió sus tacones por las sandalias propias del hábito», explica la nota.
También se explica qué significan estos votos: «pobreza, castidad, obediencia y clausura. Son temporales, por tres años, finalizado este periodo los renovará, anualmente, dos años más. Tras esos cinco años, profesará los votos perpetuos».
Este es el testimonio de vida de Sor María de los Milagros publicado en la nota
«Siempre he tenido esa cosica dentro, he sentido algo que no sabía ni lo que era. Cuando veía a una religiosa algo se removía dentro de mí muy fuerte». Con estas palabras cuenta sor María de los Milagros del Divino Amor cómo, antes de plantearse su vida como religiosa, ya sentía la llamada.
A los 25 años, tras pasar unos momentos difíciles, se dio cuenta de que Dios era el único que se había mantenido junto a ella. Fue entonces cuando empezó a acercarse más a él, a la vez que empezó a sentir algo distinto en su interior, una atracción especial a la vida religiosa, por lo que decidió probar si esa era su vocación realmente, aunque no lo tenía muy claro. Se lo contó a su familia y su madre, que al principio se mostró sorprendida, le cogió de las manos y le dijo: «Te conozco y sabía que esto me lo dirías algún día, que esto iba a pasar».
Desde ese momento estuvo visitando distintas congregaciones, tanto de vida activa (que era lo que ella buscaba realmente) como de vida contemplativa, algo que le removía más por dentro. Cuenta, entre risas, que durante esta búsqueda «sentía que necesitaba una relación más profunda con el Señor, estar en una burbuja con él».
Un día decidió visitar el convento del templo al que solía ir a misa los domingos, el de las Hermanas Pobres de Santa Clara de Lorca, su ciudad natal. Allí sintió algo especial. Aun así, siguió buscando, hasta que decidió hacer una experiencia con ellas. Doce días que terminaron llenos de lágrimas; un llanto causado por la alegría que había experimentado allí dentro. Algo que, en palabras suyas, «nunca había experimentado por nada». Dos meses después entró al monasterio.
Ahora, tres años después, define su decisión como una aventura que le causa felicidad y alegría, y eso se muestra en su continua sonrisa.
“Él quiere que yo le lleve las almas ante Él, a través de la Eucaristía y a través de contemplarlo a Él y esto, por mucho que yo lo explique a mi familia y a amigos… pues no lo entienden”
Chaxiraxi fue una diosa adorada por los Guanches, antiguos habitantes de la isla de Tenerife. Así que, esta mujer de 33 años, que me atiende amablemente pero un poco sorprendida, lleva su procedencia en el nombre, en el amor al mar y en su forma de hablar: suave, pausada y dulce.
Nacida en Arrecife (Lanzarote) en una familia de cuatro hermanos, sus padres los sacaron a todos adelante a base de trabajo y sacrificio.
Cuando nació no fue bautizada, ni tampoco hizo la comunión con los niños de su clase porque, “esas, eran cosas que no parecían necesarias para la vida”.
Con 25 años y siendo la última de sus hermanos que aún permanecía en casa, sus padres se divorcian. Fue un momento difícil, y una amiga le propone algo tan novedoso como “ir a la iglesia”.
“No lo he hecho nunca”, fue la respuesta de Chaxiraxi. Siete años después lo recuerda y añade: “y ya nunca dejé de ir”.
Como todo era tan nuevo para ella, acudió a un cursillo de cristiandad donde le enseñaron lo más básico. “Lloré de emoción, y al terminar, no quería volver a mi casa. Aquel fue el primer encuentro fuerte con el Señor”.
Más adelante propuso a su familia el deseo de bautizarse. Su madre no se opuso y aunque su padre no estaba muy de acuerdo, un sábado de Pascua, en la vigilia, Chaxiraxi celebra lo que ella llama su “tres en uno”: Bautizo, Comunión y Confirmación.
Su cuñada y un primo fueron sus padrinos y hasta su padre acudió a la puerta de la Iglesia de San Ginés a darle un abrazo.
Pasaron los años, involucrada en la actividad parroquial y echando una mano, o incluso dos, en Cáritas. La crisis económica estaba en plena efervescencia y en Canarias golpeó con fuerza, también para Chaxiraxi y su familia.
Participó en varios talleres de Oración y Vida entre el 2013 y el 2016. Se relacionó conel movimiento de la Renovación Carismática y con el Camino Neocatecumenal donde fue formándose y empezó a conocer el manejo del Breviario, ella que hacía muy poco había aprendido el Ave María y el Padrenuestro…
Comienza también a participar en la adoración nocturna y aquello sí que fue un descubrimiento: “pasaba toda la noche en oración y sentía que por fin había encontrado algo que era para siempre”.
Su grupo de adoración le invita a un retiro impartido en el lugar donde hizo el cursillo de cristiandad. Decide ir y tras una disertación sobre la conversión de san Pablo, en el turno de preguntas, el sacerdote le pregunta abiertamente si quiere ser monja.
“Aquello me pilló por sorpresa ¡y le dije inmediatamente que no, a la vez que sentí un gran rechazo!”.
Al poco tiempo, muy poco, un día rezando en su habitación ante un crucifijo de madera que le acompaña a donde quiera que va, escucha una vozdentro de sí que le pregunta: ”¿Sabes lo desgraciada que serías si te hubieras casado con un hombre?”.
Y ella inmediatamente recuerda la pregunta del sacerdote del retiro.
“Pensé en todo mi recorrido hasta ese día, en que había ido como dando tumbos y que eso podía ser el Señor diciéndome claramente lo que debía hacer”.
Tan claro lo sintió, que salió al salón de su casa y le dijo a su madre: “Lo he pensado bien y creo que quiero ser monja”. Su madre, como es natural, puso el grito en el cielo y tardó mucho tiempo en aceptar y entender aquello. “Recuerdo que fue un proceso y un tiempo terrible”.
Con esta idea en su corazón, Chaxi, como le llaman coloquialmente, primero pensó en las monjas que conocía en Canarias.
Pero lo cierto es que tardó más de un año en encontrar su sitio a más de 2.300 kilómetros de casa, después de pasar por dos directores espirituales y tener una experiencia agridulce en la que se decía: “¡Yo soy creyente de Dios, nada más!”.
Empezó a hablar con aquel sacerdote del retiro -que se convirtió en su director espiritual- para que le ayudara y le formara.
“Él vivía en Salamanca, así que me levantaba a las cuatro para rezar con él a las cinco, hora peninsular. Empecé a leer lo que él me recomendaba… En un tiempo largo y con mucho esfuerzo leí las Florecillas de san Francisco, Llama de Amor viva de san Juan de la Cruz y también a santa Teresa, aunque no entendía mucho, la verdad.
Fue poco a poco porque yo no tenía costumbre de estudiar. Lo único que acostumbraba a leer era el whatsapp… pero es verdad que rezaba mucho, sobretodo el Rosario, que era mi alma, mi fundamento, mi apoyo. Me gustaba rezarlo a la orilla del mar”.
“Me fui a Salamanca a conocer a las clarisas, ya que este sacerdote las conocía mucho. Allí había dos chicas indias jóvenes y luego todas las demás que superaban los 80 años. Me gustaron, no voy a decir que no, pero tampoco fue algo increíble…tenía muchas dudas.
En Canarias conocía a las hijas de la Caridad y también a las Carmelitas Descalzas de Las Palmas. Todas rezaban por mí…
Estando en Salamanca, un día fui a una parroquia acompañando al sacerdote que daba catequesis y entonces me di cuenta de que tenía una sensibilidad especial para ir un poco más allá de las simples apariencias.
Percibí en un niño cosas que luego la catequista me confirmó. Para mí fue como un aviso de que yo debía ser contemplativa. Puede parecer una tontería pero yo lo recuerdo como algo importante.
Yo seguí rezando, pero un día le dije a mi director espiritual que no quería continuar con él. Veía que él me conducía a ser clarisa sí o sí, y yo, como no lo veía claro, pensé que mejor era distanciarse para no decepcionarle.
Así que continúe rezando, pero sin nadie que me orientara, como tantas veces… Estaba sola de nuevo. Pero el Señor no te abandona nunca y pensé que debía buscar fuera de Canarias porque el ambiente ya me asfixiaba.
Así que cogí un mapa de España y miré hacia el mar… hacia el Cantábrico: Galicia, Asturias, País Vasco… Miré los obispos de cada lugar y entonces reparé en Munilla.
Lo conocía de Radio María. Me gustaban su mensaje y su forma de hablar, así que Guipúzcoa parecía el lugar hacia donde mirar”.
Entonces Chaxi, ¿esto que fue?, ¿una especie de inspiración divina?
“¡Qué va! ¡No, no! Eso fui yo solita… Empecé a buscar las comunidades que estaban cerca del mar y encontré a las benedictinas y a las franciscanas. Además, las carmelitas tenían hospedería, así que me vine una semana a ver qué me encontraba”.
“A las Benedictinas las llamé y no conseguí ponerme de acuerdo para ir a verlas. No hubo manera.
En cambio a las franciscanas fui a verlas. Conocí a la “segunda de a bordo”, que me contó cosas del monasterio. Las vi a todas muy mayores y el monasterio era antiguo y estaba en obras.
La verdad es que no me dieron muy buena impresión, pero aun así las visité dos veces. La misma hermana que me atendió me dijo que ella no creía que ese fuera mi sitio.
Al mismo tiempo, y como estaba hospedada aquí, empecé a hablar con la madre Mª Dolores, priora del monasterio en ese momento y lo cierto es que congeniamos muy bien.
Al segundo día vi un cuadro que tienen en la entrada: una fotografía de una cruz blanca. Cuando la vi me quedé impactada porque yo había soñado con una cruz así en Lanzarote.Pregunté dónde era eso y mi sorpresa fue que estaba allí mismo, en la iglesia”.
Ciertamente es una ventana en forma de cruz impresionante. Por la tarde, y según la época del año, el sol le da de lleno y la luz en forma de cruz va caminando por la pared según van pasando los minutos.
“El caso es que cuando por la noche la vi iluminada pensé: ya está, esta es mi casa, este es mi sitio”.
“Mª Dolores me remitió a un sacerdote conocido por ella, como director espiritual, y también me dijo que tenía que volver a mi casa al menos seis meses antes de entrar aquí como aspirante.
Y eso hice, volví a Canarias a pensar y a meditar. Durante ese tiempo empecé a hablar con este sacerdote por teléfono y por correo, puesto que vivía en Toro.
Al principio me costó mucho con él. Tardé en coger confianza porque yo había tenido mis disgustillos con sacerdotes en el pasado. Me cuesta abrirme.
Empecé a llevar una vida más organizada, enfocada a lo que aquí me encontraría después, como por ejemplo madrugar, aunque fuera domingo y también a aprender bien el Breviario…
Son ritmos que me costó coger, me costó lo mío. Bueno, en realidad aún los estoy cogiendo. Llevaba trabajando desde los 16 años pero estudiar, leer…me costaba mucho.
Chaxi se pone seria y continúa:
“Cuando vuelvo a casa me entero que a mi padre le han diagnosticado un cáncer y que empieza con un tratamiento.
Así que le dije: “Siéntate, yo quiero estar contigo todo el tiempo que pueda porque me voy a ir religiosa contemplativa y no voy a poder salir cuando quiera…”.
Fue una especie de reconciliación porque por entonces llevábamos como cinco años muy distanciados. Se quedó muy sorprendido, mucho, y todos en mi familia igual.
La que mejor lo aceptó fue mi hermana Ángela, y eso que ella no es cristiana, aunque cree en Dios. Ella me veía muy cercana a la Iglesia y para mí ha sido una segunda madre, lo comprendió en seguida.
Mi madre, que fue la que primero lo supo, no lo llevó nada bien. Yo creo que pensaba que ya me quedaba en casa con ella para siempre. Le costó mucho quedarse sola…
Después volví a Hondarribia a vivir la experiencia durante tres meses con las hermanas como si fuese una más, entre marzo y junio del 2018.
En ese tiempo murieron dos hermanas mayores… y fui viendo lo que es vivir como carmelita descalza: los ritmos, los horarios, el silencio, la escucha del Señor en tu interior, los gestos de las hermanas… todo eso va quedando dentro. Después tuve que volver a mi casa y en octubre (2018) vine para quedarme definitivamente”.
Si las cosas siguen su curso, hay que decir que a Chaxiraxi le esperan al menos ocho años hasta ser carmelita descalza definitiva.
Vamos, que no parece que la cosa esté muy fácil si no lo tienes muy claro… No interesa que nadie, sin auténtica vocación, llegue a quedarse en el monasterio, y el discernimiento es un proceso largo.
Después de tantas vueltas y de tantos tumbos, como ella misma dice, la pregunta de qué es lo que de verdad la trajo aquí es inevitable. Y entonces Chaxi mira como dentro de sí y lo explica muy sencillamente.
“Yo soy una persona espontánea, que suelto las cosas rápido, a veces sin pensar. En lo personal, con los amigos y la familia, siempre he sido así.
Soy de dar mucho y me gustaba darme a los demás pero siempre ha habido una parte de mí que, por mucho que diera y que los demás me dieran amor, no conseguía llenar.
En este momento sus manos forman una cavidad hueca.
“Me sentía vacía, la gente me llenaba pero no del todo… Había un hueco en mí, siempre vacío y descubrí que el único que llenaba del todo ese hueco era el Señor.
Yo siempre pensé que me iba a casar y a tener hijos… Tuve novio… Pero el amor puro de Dios a mí no me lo dio, ni de lejos, ninguna persona”.
Y aclara: “lo digo como contemplativa que es la vocación que yo vivo y que es una opción que no he elegido yo, sino que el Señor me ha elegido a mí.
Él quiere que yo le lleve las almas ante Él, a través de la Eucaristía y a través de contemplarlo a Él y esto, por mucho que yo lo explique a mi familia y a amigos… pues no lo entienden”.
Y después de estos meses aquí, ¿cómo estás?
“Todos los días al acostarme, termino el día sonriendo y agradecida de que el Señor me ame y me haya elegido. Esta decisión fue una bendición para mí y para toda la humanidad”.
Pero… ¿qué haces aquí? Explícame cómo es tu día a día.
“Las monjas trabajan duro… Nos levantamos a las seis y media y a las siete ya estamos en la Iglesia en oración. A las ocho rezamos juntas laudes y luego tenemos la Eucaristía, seguida de tercia. A las nueve desayunamos.
Después algunas se ocupan de las hermanas mayores que no pueden valerse por sí mismas o necesitan alguna ayuda. Son hermanas de 90 y 92 años…
En ellas veo la fragilidad humana en sus últimos años pero también veo y aprendo el amor grande entre las hermanas. Esto lo veo y lo guardo en mi corazón.
Las que no se ocupan de las hermanas mayores trabajamos en la encuadernación. En la cocina y otras tareas vamos haciendo turnos.
Esta semana a mí me toca cocina y eso es mucho trabajo y algo también nuevo para mí. Siempre me gustó hacer postres, pero de cocinar… poco. Y aquí, como somos catorce, todo es enorme y estoy aprendiendo…
Antes de comer volvemos a rezar y tenemos el recreo, que es una hora, donde nos sentamos a charlar y compartir lo que cada una tenga, casi siempre mientras haces alguna tarea manual como coser algo o similar.
Por la tarde tenemos, de tres a seis, tiempo para cada una. Para estudiar, escribir cartas, recibir llamadas, visitas… Cada una lo que tenga, siempre en soledad.
A las seis y media rezamos vísperas. A las siete oración contemplativa hasta las ocho. A continuación maitines y oficio de lecturas.
A las ocho y media cenamos mientras escuchamos algún audio de interés. Después tenemos el recreo de la noche hasta las diez menos cuarto. Por último, rezamos completas a menos diez y a las diez y cuarto cada una se retira a su celda para descansar.
Los sábados por la mañana limpiamos a fondo todo el monasterio.
Las hermanas mayores, evidentemente llevan un horario diferente adaptado a sus circunstancias. Y yo, pues tengo mis clases y mis ratos de pasear por la huerta, que también hay que hacer ejercicio”.
Al oírla contar todo lo que hacen a lo largo del día sorprende que no dice las horas aproximadas sino que todo está organizado al minuto.
“Reconozco que al principio me parecía un horario militar… pero ahora entiendo que toda esa aparente rigidez es necesaria, es una forma de doblegar al cuerpo para que vaya al ritmo adecuado, no al ritmo que le parezca a cada una. Es una forma de fortalecer la voluntad…”.
¿Y el clima? Me han dicho por aquí que ese es un tema del que me tienes que hablar…
“El clima lo llevo peor que los horarios, ¡fíjate! Yo vengo de Canarias donde la temperatura todo el año es de 26 grados y aquí además de que llueve una barbaridad en invierno hace mucho frío.
Las hermanas me toman el pelo con mis innumerables capas de ropa pero me dicen que me acabaré acostumbrando aunque no sé yo…”.
Sorprende esto último porque hay que decir que el monasterio de la Sagrada Familia es un monasterio moderno de reciente construcción donde se respira un ambiente cálido y acogedor.
Nada de esa imagen de paredes de piedra y olor a sacristía como todos imaginamos que es un convento de clausura. Este es un edificio moderno, pensado para lo que es.
Y en él destaca su maravillosa iglesia, con la impresionante ventana en forma de cruz y una claraboya en el techo que las hermanas abren y cierran con un mando a distancia.
Siendo la iglesia el centro de todo el monasterio, está rodeada de cuidados jardines con un pequeño estanque con pato incluido, una huerta que ellas cultivan, el cementerio de la comunidad y hasta una pequeña ermita donde las hermanas se pueden retirar.
Retirarse dentro de la clausura reconozco que es, por lo menos, redundante. El silencio absoluto y la paz están a la altura del lugar y de las mismas carmelitas, roto únicamente por los preciosos cantos de estas catorce mujeres que cualquiera puede compartir con ellas en la iglesia, que siempre permanece abierta.
Sin duda, un lugar muy recomendable para perderse… o mejor aún, para encontrarse.
Nota: En el periodo de tiempo transcurrido durante las conversaciones necesarias para escribir esta historia, Chaxiraxi viajó dos veces a Canarias para estar con su padre el cual finalmente falleció acompañado de toda su familia. Su madre viajó posteriormente hasta Hondarribia, por primera vez, para conocer el monasterio y la comunidad de las Carmelitas. Tras varios días, volvió a Lanzarote decidida a buscar un lugar cerca del monasterio al que poder volver con cierta frecuencia para visitar a Chaxi. En el año que Chaxi lleva en el monasterio ha leído más de 12 libros, y no precisamente novelas…
El padre de Clare es diácono y tiene una hermana monja y otra laica consagrada
Grace, en el monasterio recibiendo la visita de algunos de sus sobrinos
La familia Van de Voorde está de fiesta tras la profesión perpetua de Mary Grace como monja dominica en el Monasterio de Santo Domingo de Linden, en Estados Unidos. Y no fue una ceremonia cualquiera puesto que en el servicio religioso participó su padre, Jim Van de Voorde, que es diacono permanente y al que sus llaman cariñosamente “papá diácono”.
El matrimonio que conforman Jim y Frances tiene siete hijos pero la del esposo y la de Mary Grace no son las únicas vocaciones de la familia pues otras dos de las hermanas han sido llamadas por Dios para una vida entregada totalmente a Cristo. Una como sierva del Hogar de la Madre que vive actualmente en España y otra como laica consagrada del Regnum Christi que desempeña su labor en un campus universitario de Atlanta.
Una ceremonia emocionante
La última precisamente ha sido Mary Grace, la quinta de siete hermanos, y que con 25 años realizó el pasado 25 de enero sus votos perpetuos como dominica. Ya es una de las 10 monjas del convento y está exultante con su vida como esposa de Cristo.
“Ahora que estoy aquí me ha sorprendido lo liberador que es estar atado a Dios. Si la gente supiera lo feliz que nos quiere hacer Dios no tendrían tanto miedo”, afirma esta joven al Arlington Catholic Herald.
Proveniente de una familia muy religiosa donde la llamada de Dios a distintas vocaciones se ha visto como algo natural, Grace Van de Voorde afirma que la primera vez que se sintió llamada a ser monja fue cuando tenía 5 o 6 años. Ya en secundaria fue profundizando en esta llamada con la dirección espiritual de un sacerdote de su parroquia en Manassas.
Una llamada temprana
Según recuerda la ya religiosa dominica, este sacerdote le pidió que “escribiera la lista de mi sueños para la vida religiosa, qué buscaría si pudiera elegir. ‘¿Quieres cuidar, quieres enseñar?’, y pensé: ‘podría hacerlo si tuviera que hacerlo, pero no es realmente lo que quiero’. Sólo quería pertenecer a Dios y eso era lo central para mí. Entonces me dijo: ‘¿por qué no miramos la vida contemplativa?’”.
En aquel momento Grace tenía tan sólo 17 años y muchas de las órdenes a las que visitó querían que esperara unos años para discernir seriamente. Sin embargo, la priora del Monasterio de Santo Domingo en Linden la animó a visitarlas y a esta joven le gustó mucho lo que vio. “Me sorprendió –señala ella- lo normal que me sentía estando en el monasterio así que pregunté si podía regresar”. Y así regresó en varias ocasiones y tras graduarse en Secundaria decidió que quería ser dominica y empezar el postulantado.
Durante sus votos perpetuos, Mary Grace se sintió especialmente bendecida de que su padre sirviera en la misa como diacono. Afirma que “fue muy especial tenerlo tan cerca”. Además, explica que “hará falta mucho tiempo, probablemente el resto de mi vida, para absorberlo todo. La única emoción que pude expresar fue este inmenso alivio, no tanto por haber llegado aquí sino por finalmente comenzar. Estoy muy agradecida por el regalo de Dios, el regalo de mi comunidad, el regalo de mi familia y el de nuestra diócesis”.
Una familia muy particular
Estas celebraciones se están convirtiendo casi en una costumbre entre los Van de Voorde. Jim fue ordenado diácono permanente en enero de 2015 donde sirve en la parroquia de Todos los Santos en Manassas. “Es una oportunidad maravillosa poder servir a la parroquia y a la diócesis”, afirmaba este padre de siete hijos.
Desde su ordenación ha ayudado en la parroquia bautizando, realizando homilías, catequesis, trabajo administrativo y atendiendo pastoralmente en la cárcel. Todo ello mientras lo combina con su trabajo como consultor y con su familia. Sobre esta vida, Jim cuenta que “el obispo nos dijo que mi primera responsabilidad es con respecto a mi matrimonio, la segunda mantener a mi familia y la tercera para el diaconado”.
Las diferentes vocaciones de sus hermanas
Otra de las vocaciones de la familia es la de Alisson, de 33 años, tercera hija de la familia y actualmente sierva del Hogar de la Madre en Valencia, en España. Esta fue la vocación más inesperada de la familia.
Su hermana Beth, un año menor, recuerda que “éramos casi como gemelas” y mientras Beth “hablaba de ser monja” Allison siempre “hablaba de ser madre”. Pero durante su tercer curso en la Universidad Ave María de Florida realizó una pequeña experiencia misionera en Ecuador que cambiaría su vida.
Era 2008 y pasó ese tiempo en Ecuador con las Siervas del Hogar de la Madre. Hasta entonces ella quería formar una familia y ser madre pero según relata Beth, su hermana “en ese viaje misionero se dio cuenta de cómo estas hermanas son madres”. Así, tras graduarse en la universidad, Allison viajó a España y se unió a esta orden religiosa que tantas jóvenes está recibiendo.
También entregada a Dios acabó Beth, actualmente de 32 años, pero en este caso como laica consagrada del Regnum Christi. Confiesa que desde muy pequeña sentía atracción por la vida religiosa, conoció a varias monjas e incluso visitó diferentes conventos. Pero se dio cuenta de que las órdenes religiosas no era lo que ella buscaba y a lo que se sentía llamada.
Fue en 2004 cuando iba a salir de fiesta cuando unos amigos la invitaron a un retiro silencioso de tres días, al que decidió unirse. Allí conoció a las mujeres consagradas del Regnum Christi, que le ayudaron a madurar su relación con Cristo. Tras graduarse en la universidad en 2006 se unió a esta realidad vinculada a los Legionarios de Cristo.
Este domingo la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, bajo el lema Di sí al sueño de Dios.
El domingo 12 de mayo se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones cuyo lema en esta ocasión será “Di sí al sueño de Dios”. Para ayudar a estas vocaciones se creó la Obra de San Pedro Apóstol deObras Misionales Pontificias(OMP).
Desde España se aportó el pasado año casi el 10% de lo recaudado por el Fondo Universal de Solidaridad de esta Obra, y gracias a ello se pudo ayudar a 5.450 vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa así como a 255 formadores.
"Con Él no me ha faltado nada"
En la presentación de esta campaña ha estado Faustina Dartey, nacida de Ghana. Desde los 14 años tuvo claro que quería dedicar su vida a Dios. "Decir sí a Dios es ganar, no perder. Con Él no me ha faltado nada". Así resumía su vida consagrada, esta religiosa invitada por OMP. Hoy, su deseo es ir a las misiones, pero lo que quiere sobre todo es "ir donde Dios quiera", porque está siempre dispuesta a ir dónde Él la envíe. Como dice Faustina "Dios es la persona" que la ha acompañado siempre.
El Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote, acogió la rueda de prensa de la Jornada vocacional que se celebrará el 12 de mayo, con el lema "Di sí al sueño de Dios". Organizada de forma conjunta por Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS), y Obras Misionales Pontificias (OMP), el objetivo de esta Jornada es "visibilizar la llamada a la vocación" e invitar a "colaborar con la oración y la ayuda económica", según explicó durante la presentación Ana Cristina Ocaña, del CEDIS.
Junto a Faustina Dartey, ofrecieron su testimonio otros dos jóvenes: Catherine Declercq, Cruzada de Santa María; y Alejandro Ruiz-Mateos, seminarista. Catherine nació en Estados Unidos, aunque proviene de una familia católica francesa. Mientras completaba en España sus estudios de Ciencias Empresariales Internacionales, comenzó a preguntarse qué quería Dios para su vida.
Encontró que la respuesta era "dar la vida por la formación de los jóvenes", según el carisma de las Cruzadas de Santa María. Por su parte, Alejandro confesó que le apetecía "muy poco o nada ser sacerdote", como demuestra el hecho de haber tardado 10 años en entrar al Seminario desde que sintió la llamada por primera vez.
Las palabras del Papa Juan Pablo II en Cuatro Vientos, diciendo que merecía la pena dedicar la vida a la causa de Cristo, se le clavaron como un puñal, pero durante mucho tiempo siguió "distraído" a la llamada. Finalmente, y gracias a la oración de muchas personas y a la dirección espiritual, hace 6 años dio el paso y entró en el Seminario. El próximo 16 de junio, será ordenado diácono.
Dios sigue llamando
Faustina, Catherine y Alejandro son sólo 3 ejemplos de los miles de jóvenes en todo el mundo que siguen diciendo Sí al sueño de Dios. Según datos de la CEE, actualmente hay 1.203 aspirantes al sacerdocio en seminarios mayores en España. En el curso 2018-2019 ingresaron 236 nuevos seminaristas. En cuanto a los datos aportados por CONFER, hay 407 congregaciones e institutos religiosos de vida apostólica con casi 39.000 religiosos.
Finalmente, el número de vocaciones que nacen en los territorios de misión se ha multiplicado. Por ejemplo, en los últimos 30 años, el número de sacerdotes nativos ha pasado de 46.932 a 88.138. Sin embargo las dificultades que los seminaristas y los novicios y novicias encuentran en estas iglesias jóvenes son mucho mayores, sobre todo a nivel económico, que en las iglesias de vieja tradición.
Por eso, la Obra de San Pedro Apóstol sigue apostando por ellos y ayudándoles económicamente. En 2018, a través del Fondo Universal de Solidaridad de esta Obra, los fieles de todo el mundo ayudaron con 21.512.405 euros a las vocaciones surgidas en territorios de misión. España aportó casi 2 millones con los que se pudo ayudar a 5.450 vocaciones y a 225 formadores. La colecta de Vocaciones Nativas del próximo domingo 12 de mayo, contribuirá a que muchos otros jóvenes en todo el mundo puedan seguir diciendo "Sí al sueño de Dios".
¿Sientes en este momento el llamado de Dios? ¡Ánimo! ¡No tengas miedo! Dios no obliga, enamora, te da lo que necesitas, te abraza y te consiente.
Durante la Jornada Mundial de la Juventud tuvimos la gracia de conocer sacerdotes y religiosas hospedados en casas y encontramos en ellos un gozo sobrenatural que llenaba sus almas y se desbordaba y nos contagiaba a todos. A pesar de su cansancio, eran inmensamente felices. Tenían una alegría inocente, genuina, pura.
Los frutos de la Jornada que acaba de concluir en Panamá empiezan a notarse. Esta tarde leí que habían surgido cientos de vocaciones para sacerdotes y religiosas. Cientos de jóvenes que dijeron: “Sí”. “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”.
El llamado de Dios es para todos sus hijos, tú, yo, el de al lado. Sólo hay que hacer un poco de silencio y escuchar atentos su voz.
En mi caso elegí formar una familia, que es también un camino de santificación. Tengo 4 hijos. He sido feliz con mi esposa Vida y mis hijos. Me ocurrió algo curioso, sentí con el tiempo que Dios esperaba algo más de mí.
¿Qué hice con ese llamado a este pequeño apostolado de la palabra escrita? No estaba seguro y fui al sagrario. Le pregunté a Jesús: “¿Qué quieres de mí?” La respuesta no se hizo esperar: “Escribe. Deben saber que los amo”.
Toda excusa para zafarme fue inútil. Me conquistó con su infinito amor y su ternura. Y aquí estoy, escribiendo de Él. Y créeme , ¡ha valido la pena!
Ese fue el llamado que Dios me hizo y he procurado seguirlo, con mi esposa y mis hijos a mi lado. Y Él siempre ha estado cercano, proveyendo mis necesidades. Todos los días me sorprende.
Conocí su ternura, su amor y la Providencia que nunca falta.
Como papá procuro comprenderlo, conocerlo y amarlo. “Si yo, que soy un simple mortal, siento este amor por mis hijos, ¿qué sentirá Dios que es misericordioso y es Padre de la Humanidad?”
Y tú, ¿qué harás con esa vocación que ahora te inquieta?
Me emociona saber que estás escuchando el llamado que Dios te hace en este momento No temas seguirlo, te aseguro que “serán los mejores años de tu vida.”
La vida es muy corta y vale la pena gastarla al servicio de Dios, en el camino que Él te señale.
Dios quiere que llevemos su amor a los desconsolados, que todos sepan que tienen un Padre amoroso en el cielo, que vela por ellos.
Sientes el llamado de Dios, ¿pero tienes miedo? No te preocupes. He aprendido que Dios hace el llamado y después te da las gracias que vas a necesitar para recorrer ese camino.
Él nunca te abandonará. Te lo garantizo.
No temas acercarte a Dios, escuchar su voz, seguir el camino que te indica.
Conozco muchos que escucharon su voz, tuvieron el coraje de seguirlo y hoy son felices. Uno de ellos que vive al servicio de Dios, me dijo: “Si pudiera nacer de nuevo, volvería a hacer exactamente lo mismo. Nunca he sido tan feliz”.
¿Puedo pedirte un favor? Cuando vayas al sagrario a hablar con Jesús, dile: “Claudio te manda saludos”. Ya sabes que me encanta sorprenderlo.
Al concluir la JMJ de Panamá, el Encuentro Vocacional del Camino Neocatecumenal congregó a 25.000 personas para pedir voluntarios dispuestos a entregarse a Cristo. Kiko Argüello explicó el sentido de esa vocación, a la que respondieron 700 chicos, 650 chicas y 600 familias.
La joven Patricia de Oro, periodista madrileña y colaboradora deReligión en Libertad, ingresa hoy, 28 de agosto de 2016, como carmelita descalza en elconvento de San José en Ávila (España).
Deja el periodismo para ser monja de clausura
Patricia acababa de lincenciarse en Comunicación Audiovisual, en el Centro Universitario Villanueva, este mes de junio. Llevaba año y medio trabajando en el Facebook de Religión en Libertad, en calidad de becaria, a las órdenes de su coordinador Gonzalo de Alvear, y tenía un futuro laboral prometedor a pesar de sus veinte pocos años.
Pero una llamada de Dios no se puede esquivar...
Esta es la historia de una vocación contada por la propia protagonista
«Ya desde pequeña me sentía muy cerca de Dios. Cuando tenía 6 ó 7 años recuerdo pensar en Jesús en la cruz y decir 'tuvo que dolerle mucho los clavos'».
»Cuando tuve 15 años quería tener amigos que creyeran en Dios, y encontré una parroquia con jóvenes muy simpáticos que creían en Dios. Pero conocí a un chico que era muy bueno, muy guapo, muy encantador... lo tenía todo para mí. Él se convirtió en un aliciente para que yo quisiera ir a muchas cosas de la parroquia.
»Fui a un Camino de Santiago y éste chico, la última noche, nos dijo que en septiembre iba a entrar en el seminario. Pasó algún tiempo, y yo lo recé, y me di cuenta que ese chico no tenía que ser para mí ni para otras, sino para el Señor y para todos.
La película de La Pasión, de Mel Gibson, le marcó...
»Eso me acercó mucho a Jesús. Conocí a otros chicos, me gustaban, pero nunca pasaba nada. En esos años vi la película de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, y eso fue para mí un antes y un después. Fue rompedora. Me di cuenta de verdad de todo lo que Jesús hizo por nosotros. Y de cuanto sufrió...
¡Dios, respóndeme...!
»Un día, rezando, le dije a Dios: 'Mira, que sea lo que Tú quieras, pero que sea ya lo que sea. Me da igual lo que me pidas'.
¿Me caso, no me caso, me caso...?
»Una tarde hablando con las amigas de un tema, que todas las chicas hablamos alguna vez, una dijo: 'Pues yo me casaría con una vestido así'. Otra: 'Yo tendría cinco hijos'. 'Pues yo tres y se llamarían tal y cual'. Y yo de repente, en mí interior siento que yo misma me estoy diciendo: '¿Yo casada? ¡Qué va ! ¿Yo con hijos? ¡Para nada! Y me saltó una alarma de 'oye, Patri ¿qué está pasando? Has deseado esto todo tu vida...'. Y lo que llegué a pensar es que si ahora apareciera ese chico que había soñado, podía salir con él pero tenía la certeza en mí interior que esa relación se iba a terminar en algún momento..
Dios le responde con fuerza...
»Me di cuenta de que Dios me estaba llamando a ser totalmente suya...
»Entonces lo que le pregunté fue: 'Vale, ya sé esto que no me quieres casada, pero dónde me quieres'.
El mundo no era su sitio...
»Había muchas cosa del mundo que cada vez me molestaban más. Por ejemplo, estar de fiesta con mis amigas y ver como algunas personas se dejaban la dignidad... era algo que me rompía.
Comienza la búsqueda
»Me enteré a través de un amigo que su hermana era Carmelita Descalza en Ávila. Este amigo me invitó a que la conociera por si me ayudaba a mi inquietud de vocación. Cuando llegué a verlas me encontré con un montón de chicas jóvenes... todo el reta estaban sonriendo, riendo, con un brillo en las mirada, y tan llenas de amor, que yo salí impactadísima de allí...
Que la respuesta de Dios sea clarita...
»Pero lo le decía al Señor: 'He sentido cosas muy fuertes aquí, pero si me quieres en el Carmelo déjamelo clarísimo'.
»Y fueron pasando cosas muy curiosas que interpreto como respuestas que me iba dando Dios. Un día iba con una amiga y salimos del metro, y nos encontramos una tarjeta en las escaleras en la que ponía: 'Ven a Ávila', y salían las murallas de Ávila.
»Otra cosa que pasó fue en los ordenadores de mi universidad. Entro en un sala de 40 ordenadores y me pongo en un ordenador en cuya pantalla ponía: ¡Ávila! Entonces comenzaba a inquietarme.
La atracción por la vida religiosa
»En la etapa en la que Dios me llamaba para ser monja, pero a la vez huía de ello, si veía una monjita en la calle era un imán para mí. Tenía que ir a hablar con ella. Un día me encontré con una en el metro, y comenzamos a hablar. Y al terminar me da su tarjeta con el nombre de su comunidad y el número de teléfono. Me dije para mí misma: 'Oh, oh, Patri, que te quiere reclutar. Cuidado'.
Una entrevista de una carmelita descalza
»De repente, esa monjita, Rosa, me dijo: 'Vi esto y sentí que tenía que dártelo'. Lo que me dio fue una entrevista de una chica joven, carmelita descalza, y el titular decía: 'Jamás imaginé que se pudiera ser tan feliz en la clausura'. Y, claro, yo le dije: 'Rosa, ¿cómo te has enterado de lo mío?'. '¿Cómo que me he enterado de qué?, respondió'. Le conté todo y ella no se lo podía creer.
Las carmelitas en el corazón de la Iglesia
»Las carmelitas están en el corazón de la Iglesia, y desde ahí, con la oración y su trabajo, están sosteniendo a la Iglesia...
Lo importante en la vida...
»Al final, lo importante es decir que sí a Dios. Decirle que sí a lo que quiera a las vidas de cada uno de nosotros.
»Su voluntad para nosotros es lo que realmente nos va a hacer felices... no hay otra cosa.
Patricia del Oro cuenta en pocos minutos cómo Dios entró en su vida y decidió ser Carmelita Descalza en Ávila