Cansados y heridos del corazón como se encontraban lo que menos se imaginaban era que el verdadero amor estaba justo ahí y formaron una familia numerosa realmente inspiradora
“¿Por qué tenemos tanto miedo a la vida, a tener familias numerosas? Dios tiene una plan hermoso y perfecto para ti, para tu matrimonio y para tu familia” (María)
“Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir”. Así comienza la historia de amor de esta peculiar pareja. Él, salvadoreño; ella, mexicana.
Qué lejos estaban ellos de saber que cuando se conocieron y se enamoraron Dios ya les tenía una enorme misión como matrimonio: ser heraldos de la vida.
Daniel y María se conocieron cuando menos se lo esperaban. Ambos venían de relaciones con poco futuro.
Cansados y heridos del corazón como se encontraban lo que menos se imaginaban era que el verdadero amor estaba justo ahí, en el pensamiento de Dios y que Él ya estaba moviendo las piezas de sus vidas para que su historia de amor se comenzara a escribir.
María Hernández, una chica inquieta y un poco alejada de su fe católica, pero con valores sólidos a favor de la vida, fue madre soltera.
A raíz de eso tuvo una maravillosa conversión cuando al nacer su niña y tenerla por primera vez en sus brazos supo cuánto la amaba Dios. En ese momento comenzó su camino de regreso a Dios.
Ella, en un país que no era el suyo, sola, se abandonó a Dios y confió en que podría sacar adelante a ese regalito que el cielo le había confiado.
En ese apostarle a la vida, en ese abandono a la providencia nunca imaginó que Dios ya tenía pensado para ella a un san José que no solo le brindaría su amor y protección incondicional de esposo, sino que convertiría en un padre para la pequeña Sara.
Daniel Cabrera, había nacido en un hogar católico, pero a los 13 años sus padres se hicieron protestantes y con esa fe creció.
Cansado y dolido por tantos intentos frustrados de relaciones que solo habían herido su corazón, la noche antes de haber conocido a quien se convertiría el amor de su vida se puso en diálogo con Dios y le dijo: “Señor, te cedo totalmente el control de mi vida…”.
Segura estoy de que esas palabras fueron música para el oído de Dios. Son palabras de abandono a su voluntad.
Además, siendo un Dios que no se deja ganar en generosidad siempre nos da mucho más y mejor de lo que nuestra capacidad pueda imaginar. Y así lo hizo con Daniel.
Tal pareciera que solo necesitaba del total abandono de ese hijo suyo para que el milagro del amor comenzara a gestarse.
El encuentro de dos voluntades abandonas a Dios se dio al día siguiente de esa confiada oración. De inmediato sus corazones se reconocieron, como si ya hubieran estado esperando el uno por el otro.
Y tan solo 3 meses después se juraron amor eterno casándose por la Iglesia católica. Finalmente, Daniel, María y Sara se convirtieron en esa familia que era el sueño de Dios.
María tuvo un papel fundamental en la conversión de Daniel. Se casaron estando abiertos a la vida.
Sin embargo, sus conocimientos acerca de las enseñanzas de la fe eran pocos, por lo que María se dedicó a profundizar en ellas y todo lo que iba aprendiendo se lo compartía a Daniel de tal modo que despertó también su curiosidad por saber más, sobre todo, en temas relacionados con el don de la vida.
Hoy, Daniel y María, tienen 10 años de casados y 9 hijos: 5 aquí en la tierra, 3 en el cielo y uno en el horno: Sara, Danny, David, Gianna, Joseph, Raquel, Pablo, Jacob y la bebé que pronto nacerá, Fátima Lucía.
Hace poco fueron testimonio de su gran fe cuando los doctores les dijeron que Jacob, su octavo hijo venía mal. Pero ellos apostaron por seguir con el proceso natural de la gestación y dejarlo en manos de Dios.
Contra todo pronóstico el bebé se desarrolló hasta los 5 meses. Nació, pero a los pocos minutos falleció, pudiendo estar con él, acariciarlo y ver la gran obra de Dios en ese pedacito de carne. Baby Jacob subió al cielo y a los pocos meses Fátima venía en camino.
“Cada hijo te hace ser una mejor persona” (Daniel)
Cada uno de sus hijos ha tendido una misión muy particular para ellos: María se convirtió gracias a su hija mayor. Daniel, gracias a la segunda hija.
Y así, a partir de Gianna comenzaron a estudiar sobre los métodos naturales y eso ha llevado a María a certificarse como Profesional del Cuidado de Fertilidad, siendo instructora del Modelo Creighton, de la planeación natural de la familia.
Dios los necesitaba juntos para así, como matrimonio confiarles la misión de ser abogados y defensores de quienes no tienen voz: los bebés por nacer.
Actualmente están a cargo de varias iniciativas para salvar vidas de bebés con alta posibilidad de ser abortados y de rescatar bebés nacidos por medio de las cajas para bebés “Safe Haven Baby Boxes”.
Ambos son colaboradores del ministerio de Sanación Post-Aborto Viñedo de Raquel, entre muchos otros ministerios Provida.
Por todo esto y más es que se han ganado el título de Heraldos de la Vida, por ser verdaderos defensores de la Vida y de la Familia.
Por medio de su ministerio https://www.facebook.com/danielymariaonline como misioneros del continente digital promueven el respeto a la vida, la castidad, la planeación natural de la familia y las finanzas saludables.
Recoge a personas de la basura, a bebés tirados en la calle y va en busca de los enfermos por COVID para darles oxígeno…
La iglesia católica con sus sacerdotes religiosas y consagrados, se ha distinguido históricamente en el mundo, por estar siempre en la primera linea de fuego, en las guerras, pandemias, desastres naturales. Son los últimos en irse de las zonas de desastre, de las zonas de guerra, son los únicos que se quedan cuando nadie mas quiere quedarse y se quedan a seguir atendiendo a los heridos, enfermos y desprotegidos y abandonados.
Conoce a uno de estos sacerdotes, conoce la historia del Padre Omar, que va por las calles recogiendo a las personas tiradas en los basureros, el sacerdote que recoge a los bebés recien nacidos tirados y abandonados, que da atención en las periferias, donde hay miseria y pobreza.
En exclusiva para Aleteia, el Padre omar nos abre su corazón y nos abre las puertas de las Bienaventuranzas.
– Padre Omar Sánchez, muchas gracias por concedernos esta entrevista para Aleteia-España.
Con mucho gusto y con mucho cariño.
– ¿Puede decirnos cuál es su nombre completo, de dónde es usted, dónde se encuentra actualmente, y si pertenece a alguna orden religiosa o si es sacerdote diocesano?
Sí, yo soy el padre Omar Alonso Sánchez Portillo; tengo 53 años, y este año cumplo 20 años de sacerdote. Yo nací en Lima y vivo en Lima. De mis 53 años he vivido 51 en Lima, y los otros fuera del Perú antes de ser sacerdote.
Soy sacerdote diocesano, pero por mis venas corre la sangre franciscana, porque fui formado por los franciscanos capuchinos, y eso ha marcado mi ministerio sacerdotal.
Me encuentro en las periferias de la ciudad de Lima, en un barrio que pertenece al distrito de Villa María del Triunfo. Aquí trabajo, soy párroco desde hace 13 años ya, en esta misma parroquia, y en ella hemos creado una obra que se llama la Asociación de las Bienaventuranzas.
– ¿Cómo surgió la Asociación de las Bienaventuranzas, y qué finalidad tiene?
Cuando llegué a esta parroquia vi que había un problema grave, un problema que es nacional y mundial: el consumo de drogas, jóvenes consumiendo drogas. Además yo venía con un grupo de jóvenes, ya mayores de edad, ex alumnos míos de otro hogar donde yo fui director por diez años, y tres de ellos estaban haciendo un proceso de rehabilitación en drogas.
Entonces lo primero que pensamos como grupo fue abrir un centro de rehabilitación para chicos en drogas; el terreno permitía un crecimiento futuro importante, porque el terreno de la parroquia son 6 mil metros cuadrados, donde en ese momento sólo estaba construido el templo y una casita sacerdotal.
Y cuando estábamos en proceso de buscar cómo hacer esto, llamó a una religiosa franciscana, de una ciudad que se llama Sullana, del norte del Perú; ella había encontrado a un muchacho adulto, como de 35 años, con retardo mental severo, parálisis de medio cuerpo y epilepsia, tirado en la basura del mercado de Sullana.
Las monjitas franciscanas lo habían recogido, pero ellas sólo tenían un hogar para niñas, así que no se podían hacer cargo de este caso. Ella me llamó porque me conocía y me preguntó si sabía de un lugar donde ubicar a este joven; y buscamos, preguntamos, vimos, tocamos puertas, y el Estado no quería ayudar, y las comunidades religiosas no podían.
Un día en la mesa, dialogando con los chicos, les conté la historia y uno de ellos me dijo: “Padre, pero si le estamos preguntando a Dios qué hacer, Él ya nos respondió”. Yo no me había dado cuenta, porque tenía mi proyecto personal, que era el centro de rehabilitación; pero este chico, este joven que en ese momento tenía 19 años, me hizo entender que Dios tenía un proyecto diferente para nosotros.
Entonces yo vi la luz, como se dice usualmente; fue una epifanía y dije: “¡Claro, Dios nos está hablando clarísimo!”. Pero como yo tenía mi proyecto, no había querido escuchar la voz de Dios; mas abrí mi corazón y escuché lo que Él quería, así que fuimos a recoger a ese chico a Sullana; y con él comenzamos la obra y él nos dio el norte de lo que íbamos a hacer, sin saber que esto iba a crecer como ahora.
Y de ahí viene el nombre de las Bienaventuranzas, porque “bienaventurados los pobres”, “bienaventuradoslos que lloran”, ”los que sufren”, como es el caso de este muchacho, que estaba solo y tirado en la basura, como lo que el mundo considera inútil,que no sirve porque no cumple los parámetros mundanos de belleza, de efectividad,de producción, etc.
Entonces comenzamos la obra. Eso fue hace 12 años y medio, y ahora, 13 años después, tenemos 250 residentes en la casa: niños, niñas, adolescentes y adultos mayores; todos con el perfil de este primer joven, que por cierto llegó el día san Luis María de Montfort, así que le pusimos el nombre de Luis María, y luego, después de un procesolargo ante las autoridades, le pudimos crear una identidad; entonces él se llama Luis María Ventura, por la Asociación de las Bienaventuranzas, y su segundo apellido es Sullana, por el lugar donde lo encontramos, a fin de mantener un poquito el vínculo de dónde llegó, por si en un momento apareciera un familiar.
Así que tiene un nombre oficial, una partida de nacimiento, un documento de identidad, que además de ser un derecho constitucional le permite acceder lo poco que el Estado ofrece para personas pobres, como es un seguro de salud.
Ahora la menor de la casa tiene 5 días de nacida, y la mayor tiene 94 años. Y en ese rango de edad tenemos gente de ambos sexos, y de todas las discapacidades, todas las enfermedades físicas y todas las enfermedades psiquiátricas que te puedas imaginar, incluyendo las enfermedades raras.
– Cuando dice usted que la casa está en una periferia, ¿se refiere al tipo de lugar al que Francisco ha pedido ir a tocar la carne de Cristo, en la pobreza, en la miseria?
Así es. Cuando vino san Juan Pablo II en el año 1985, celebró una Misa a diez cuadras de donde estamos nosotros. Es la periferia geográfica de Lima, pero también la periferia existencial, donde hay muchísima pobreza, muchísima gente en abandono.
Y ahora con el covid es peor: se ha agravado la situación, hay muchísima gente sin comida. Tenemos algunos proyectos como asociación, y además yo soy secretario general de Cáritas; así que juntamos las dos cosas y estamos haciendo unos proyectos hacia la gente de afuera.
El primero fue el reparto de canastas de víveres; conseguimos doscientas mil.
Y un segundo proyecto, que comenzamos hace tres semanas, se llama “Ollas vecinales SOS”, que son comedores populares que tienen algunas particularidades; las dos características que tienen en común todos los comedores populares u “ollas comunes” son la alimentación y la participación; y las particularidades nuestras son la bioseguridad y el cuidado de la casa común, por lo que tenemos recipiente de basura diferenciada, estamos compostando los desechos orgánicos, estamos poniendo bio-huertos, y estamos colocando paneles solares para usar energía limpia.
En este momento tenemos 26 “ollas vecinales”, y en cada una hay cien personas beneficiadas; pero el proyecto es llegar a 200 hacia el fin del próximo año; es decir, tener a 20 mil personas alimentándose de esta manera en toda la diócesis.
– Padre, ¿cómo es el lugar donde tienen ustedes este hogar para ayudar a la gente? ¿Hay basura, no hay calles?
Es una zona que hace 40 años fue habitada por una invasión; y la gente que ha invadido ese lugar ha ido mejorando poco a poco su calidad de vida. Construyeron sus casas, hay algunas pistas (calles); sin embargo, hacen falta muchas más pistas. De hecho, en mi parroquia sólo tres lados tienen pista, y una de ellas es de tierra.
Pero las invasiones han continuado; han seguido invadiendo la zona, subiendo hacia el cerro; y ahí la gente vive en casas de estera, un material vegetal seco que hace como una pared; o bien hechas con cartón o con plástico. Y van mejorando poco a poco: hacen el piso de su casa, hacen una pared, etc. Muchos de ellos no tienen ni luz ni agua, servicios básicos. Hay muchos basurales, lamentablemente, y el municipio no es muy efectivo en las zonas marginales.
Las zonas urbano-marginales geográficamente están muy cerca de las mejores zonas de Lima: Miraflores, San isidro Sur, Colamolina. En automóvil no se demora más de 30 minutos; pero la diferencia es abismal.
Y tenemos en Lima una zona que se llama Ticlio Chico; se le llamó así porque en Perú hay otro lugar que se llama el Ticlio, y que es el cruce más alto del mundo pues está por arriba de los 4 mil metros de altura, y en Ticlio Chico en invierno llegana uno o dos grados de temperatura, cosa que mucha gente en Lima desconoce, porque en general la temperatura en Lima no baja de 13 grados centígrados.
El problema de Lima es que es muy húmedo, con 98 o 99 por ciento de humedad, entonces el frío en Ticlio Chico puede llegar hasta los huesos, y congelarse los charquitos de agua.
Nosotros estamos a la mitad del cerro, así que somos privilegiados, estamos bendecidos porque tenemos luz, agua, internet. Aunque más arriba también hay quien tiene internet, y cable, aunque no siempre de forma legal, pues lo contrata uno y lo jalan veinte; y lo mismo sucede con la energía eléctrica.
– En la Asociación de las Bienaventuranzas, ¿prácticamente quien se vuelve el papá y la mamá de los jóvenes y los niños?
“‘Señor, te buscan tu madre y tus hermanos’. ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos? Son aquellos que cumplen la voluntad de Dios’”, dice la Palabra. Aquí formamos un súper equipo, que se vuelve padre, madre y hermano de Jesús pobre, de Jesús abandonado, de Jesús enfermo, de Jesús sufriente.
¡Un súper equipo! Somos 60 personas, voluntarios de la obra, que nos hemos consagrado a ésta; desde profesionales como psicólogos, que viven en celibato pero no son sacerdotes ni religiosos. Aunque también tenemos un equipo que sí es contratado como profesional: una secretaria, un psiquiatra, un médico.
El resto de la gente es voluntaria, y recibe una propina muy pequeña que nosotros llamamos “la propina del pollo a la brasa”, ¿por qué?, porque cuando comenzamos la obra, un par de meses después me di cuenta de que los muchachos que trabajaban conmigo estaban agotados, porque nunca habíamos atendido a personas con discapacidad, y ellos, mis ex alumnos, venían de un hogar para niños donde todos eran física y cognitivamente sanos.
En ese momento ya teníamos cuatro personas con discapacidad en la casa, y había que cambiarles pañales, darles de comer y estar atentos a lo que les pasa. Y entonces le pregunté a los muchachos: “Si les diera un día libre a la semana, ¿qué es lo primero que harían?”. Y todos respondieron: “Nos iríamos a comer un pollo a la brasa”.
El pollo a la brasa es una comida típica del Perú; la comen los pobres, la comen los ricos; hay pollerías a la brasa finísimas, y otras de barrio. Y el costo promedio de comer pollo a la brasa es de 50 soles; entonces yo saqué mi cuenta: 50 soles una vez a la semana, por un mes son 200 soles, que son más o menos 70 o 75 dólares. Y eso es lo que recibe de propina la gente que trabaja acá.
Es cierto que ellos viven acá, comen acá, que aquí tienen sus artículos de limpieza y que les procuramos atención médica; entonces no tienen esos gastos, y además no tienen la preocupación del 70% de los peruanos, que es: “¿Qué voy a comer mañana?”.
– Padre, ¿de dónde salen los recursos para sostener toda esta obra?
De donde ha salido siempre para las obras de Dios: de la Providencia, que es un rubro que a los contadores les rompe la cabeza porque no lo entienden. Nosotros tenemos un promedio de presupuesto mensual de casi 70 mil dólares, de los cuales el 57% está cubierto con ayudas fijas de gente que se ha comprometido a ayudar: personas particulares y agrupaciones; por ejemplo, grupos de oración, grupos del Padre Pío que reúnen mensualmente y donan.
Hay gente que nos paga la luz, gente que nos paga el agua, gente que nos trae leche, o arroz, etc. Ese 57% está cubierto de esta manera.
Y el otro 43% es Providencia; llega todos los días. Toca a nuestra puerta gente de la zona, que es muy pobre, pero que nos trae una lata de leche, un kilo de arroz, un paquete de pañales, etc. Además tenemos convenio con algunas institucionescomo el Banco de Alimentos, por ejemplo; y tenemos tres camiones recogiendo en Lima todo el día camas, ropa, comida, medicinas, etc.
De eso vivimos, y nunca ha faltado, ¡nunca!; y eso que ahora vivimos en la casa un poquito más de 300 personas. Es más, en el Banco de Alimentos, que consiste en ir a los supermercados y recoger la merma, hasta Dios hace que nos donen tortas, es decir, pasteles. Todos los días nos llegan ocho o diez pasteles que ya no se pueden vender porque tienen alguna fallita y los tienen que sacar de la vitrina; pero antes, cuando no había Banco de Alimentos, se tiraban a la basura.
Además, de vez en cuando aparece un dinerito extra en las cuentas de la asociación, y no sabemos de dónde llegó; o, mejor dicho, sí sabemos: llegó de Dios.
– ¿De dónde más han recogido a las personas que la Asociación de la Bienaventuranza atiende?¿Hay más gente rescatada de la basura?
Recogidos de la basura tenemos varios casos. Por ejemplo, el de un chico que a los 18 años robó un celular y lo metieron en la cárcel; en la cárcel se contagió de todas las enfermedades que te puedas imaginar: SIDA, tuberculosis, sífilis… ¡Tenía todo! Volvió con su familia y lo botaron, terminando en un basural.
Lo recogimos del basural y vivió 5 días con nosotros con dignidad, y murió con todos los sacramentos: bautizado, confirmado, con la Comunión, con la confesión y con la Unción de los Enfermos. Y si hubiera tenido novia, yo los hubiera casado.
Hemos recogido a chicos de los hospitales, que han vivido hasta 4 o 5 años ahí, ya sacados de alguna emergencia, pero con enfermedades como hidrocefalia, etc., y que su familia los ha abandonado completamente.
Otras veces nos han traído a algunos a la casa; como el de la niña más pequeña, que nos dejaron en la puerta.
Tenemos niños que fueron salvados de ser abortados: la mamá, que tenía en su corazón el deseo de abortar, venía y la ayudábamos psicológica y espiritualmente, y le dábamos la tranquilidad de que, después de nacer su niño podía quedárselo si así lo deseaba, pero que si no era así lo podía dejar con nosotros.
Además las empoderamos, les hacemos ver que van a poder salir adelante con su hijo, que el pequeño no va a ser un problema, sino que va a poder sostenerlo y darle una vida digna; entonces las ayudamos dándoles una carrera corta.Algunas estudian una carrera más larga, y entonces sus niños se quedan con nosotros mientras ellas terminan la carrera.
Además, cuando termina una madre su carrera, la ayudamos laboralmente consiguiéndole un trabajo. Entonces comienza a ganar dinero y se da cuenta de que puede alquilar un cuarto,que puede trabajar y atender a su niño. Y muchas deciden quedarse con su hijo; pero otras optan porno quedarse con el niño sino dejarlo con nosotros. Así hemos salvado del aborto en estos 13 años a casi 60 niños.
– Háblenos de la niña más pequeña. ¿Cómo la encontraron, qué nombre le dieron y cómo lo escogieron?
Tenemos la costumbre de ponerle el nombre del santo del día en que llegan. Gracias a Dios no ha llegado nadie en el día de san Nepomuceno.
Nuestra niña más pequeña, como ya comenté, tiene entre 5 y 6 días de nacida, y le pusimos María Magdalena.
Nosotros tenemos dos puertas en esta casa: la de enfrente, que está siempre muy concurrida, con gente que entra y sale. Pero quien abandonó a María Magdalena la dejó en las escaleras de la puerta de atrás.
Una vecina de enfrente está siempre muy atenta al movimiento del barrio, y de inmediato nos dijo todo en detalle: Ha pasado un carro negro sin placas, es decir, sin matrícula, y ha bajado un hombre y ha dejado una cesta, y parece que es un niño.
Fuimos corriendo y, efectivamente, encontramos a la niña, con ropita rosada. En la canasta había una nota,pañales, y una lata de leche de fórmula; incluso tenía el clip que se le pone a los niños para que se les caiga el resto de cordón umbilical, es decir, era recién nacida.
Y recibimos a la niña con alegría, como recibimos a todos los niños, un regalo más de Dios. La están cuidando muy bien; tenemos 17 niños pequeños en el área de bebés, y un equipo de 4 voluntarias que trabajan todo el día con ellos.
Aunque estamos felices con ella, hicimos un posteo en Facebook, esperando que la madre reaccione, porque tiene derecho a una oportunidad. Y en ese posteo puse claramente que nosotros no somos nadie para juzgar, y que desconocemos la situación que está viviendo esta mujer.
En la nota que dejó en la canasta, dice que no puede permitir que la bebé viva el infierno que ella está viviendo. Ese infierno puede tener miles de nombres: desde prostitución, abuso sexual, maltrato físico, abandono absoluto, violación, pobrezaextrema, drogas, cualquier forma de violencia… Ese infierno tiene muchas aristas.
Entonces María Magdalena está con nosotros, y este domingo la vamos a bautizar. También ya empezamos el proceso con el Ministerio de la Mujer, que es el que se hace cargo del caso, y que ya dejó oficialmente a la niña en nuestra casa.
Ahora lo que hay que hacer es un proceso tutelar y, en paralelo, un proceso de acogimiento familiar para encontrar una familia que quiera acogerla temporalmente, y luego hacer la opción de adopción por excepción, que es un procedimiento diferente a la adopción regular.
– ¿Eso quiere decir, padre, que el gobierno les permite a ustedes que le den la identidad jurídica a los niños y, paralelamente,les da a ustedes también el resguardo integral,pero permitiendo que ellos pueden ser adoptados, ysi nadie los adopta, que pueda permanecer indefinidamente con ustedes?
Sí, hay niños que llegaron a los diez años y que ahora tienen 23 y siguen con nosotros; o de 12 o 13 años, que ahora tienen 19 o 20 y continúan con nosotros.
Tenemos el área “Sonrisa Franciscana” que así se llama la villa para niños y niñas; el área para bebés, que se llama “Divino Niño”; el de cuidados intensivos, que es de niños que están postrados por su condición, y que se llama el área “San Camilo”; la de las adolescentes mujeres, que se llama “Santa María Goretti”; la de los adolescentes varones, que es “San Juan Bosco”; la de los adultos hombres, que es “San Alberto Hurtado”; la de las mujeres adultas, que es “Santa Teresa de Calcuta”; y la de los abuelitos y abuelitas, que se llaman “San Joaquín” y “Santa Ana”.
Cada villa tiene su nombre y su identidad. Ahí tienen cama, baños, cuidadores, tutores o educadores. Además tenemos un colegio par niños con habilidades diferentes, ya donde van durante el día; está en otro terreno nuestro, muy cerca; y ese terreno también es un milagro de Dios, pues nos llegó de manera increíble, y es más grande que el primero, pues tiene 7 mil metros cuadrados.
Ahí, además del colegio, hemos puesto la casa de los ancianos, así como un centro de salud mental comunitario. Y ahora vamos a instalar probablemente una planta de oxígeno por lo del tema del covid, para dar oxígeno medicinal a las personas pobres, pues en Perú tenemos en este momento un problema muy grave, ya que siguen aumentandolos contagios y los muertos; si un cementerio tenía 15 servicios diarios, ahora tiene 70. La situación del covid en el Perú es sumamente delicada.
Ya tenemos todo para instalar una planta de producción de oxígeno medicinal, para donarlo a la gente que lo necesita.
– Entonces, ¿además de recoger a las personas de la basura, también van a ayudar ustedes a los enfermos de covid?
¡Ah, por supuesto! De hecho ya los hemos estado atendiendo, y como asociación nos hemos convertido en un punto de referencia para mucha gente.
Hace tres años hubo una época de aludes en el Perú por el fenómeno de “El Niño”. Atendimos una zona de nuestra diócesis e hicimos una gran campaña, y mucha gente se sumó.
Y ahora, para el covid, desde el primer día de cuarentena invocamos la ayuda de la gente para hacer cestas, canastas de víveres; y, gracias a eso, hicimos y repartimos las 200 mil que ya comenté, y del mismo modo lanzamos el proyecto de las “ollas vecinales”.
– ¿Y de qué otro modo están tratando de ayudar a los enfermos de covid?
El Estado está atendiendo, pero ya colapsó;los centros de salud han colapsado, así que se le ha pedido a la Iglesia ceder algunos espacios que tenemos disponibles, como casas de retiros que no se están usando, colegios, o centros parroquiales.
Esos locales van a ser para atender a los nuevos pacientes. El Estado implementa, y la Iglesia supervisa y acompaña el trabajo de los profesionales.
– ¿Le gustaría agregar algo más a lo que nos ha platicado?
Sólo quiero agradecer a Dios por regalarme el ministerio sacerdotal, porque me permite hacer y servir de la manera que sirvo. El matrimonio es una vocación santa, pero creo que como casado no hubiera podido servir de esta manera.
Dios me ha llamado al sacerdocio, aunque yo primero soñaba con tener 12 hijos, porque yo jugaba voleyball en la universidad donde estudiaba, y yo quería tener dos equipos propios, por eso quería 12 hijos, ¡pero Dios me ha regalado miles! Y nunca me arrepentiré de haberle dicho que sí.
– Una última cosa: ¿Cómo lo conocen a usted, padre, simplemente como el padre Omar?
En Facebook estoy como Padre Omar Buenaventura, porque soy uno más de la familia Buenaventura; pero en la casa todo el mundo me dice “Papito Omar”, todos, desde los niños hasta los abuelitos; hasta las monjitas, que son las Hermanitas de los Pobres y que atienden a nuestros ancianos, me dicen “Papito Omar”.
Es muy importante tener cuidado con lo que dices a alguien que está pasando por una crisis depresiva
Resolví escribir un texto, destacando las principales cosas que las personas dicen a alguien que sufre de depresión. ¿Cosas buenas? Nada de eso. Son frases que particularmente me irritan, y que en vez de ayudar, sólo me hundían más, reforzando cada vez más mis sentimientos negativos en relación a mí misma y a mi vida.
No juzgo a quien no entiende la enfermedad, pues solo el que siente el dolor es capaz de comprenderlo. Pero enfatizo la importancia de tener cautela con relación a lo que dices a alguien que está en una crisis.
Yo misma incluso oí decir “No sabes vivir” de un amigo próximo, y esto sólo me angustió aún más en ese momento e hizo mayor mi voluntad de acabar con mi vida, pues me convencí, de hecho, de que no era capaz de nada, que yo era sencillamente un error y que nunca debería haber nacido.
Por suerte, hoy ya no siento esto, y reconozco lo engañada que estaba. Y también espero que un día tu lo superes, igual que yo.
En fin, reuní seis frases muy escuchadas por mí y que, posiblemente, tu ya has escuchado. ¿Vamos al o que interesa?
1. “Hay personas que están peor que tu”
Creo que esa es la peor de todas las frases, y la escuché innumerables veces. La intención es que tu veas lo buena que es tu vida, en la medida que tu reconoces que hay personas en situaciones mucho peores, pero con alguien que tiene depresión, se produce el efecto contrario, o sea, te sientes peor, porque te sientes culpado por reclamar de tu vida habiendo personas que sufren más que tu, por razones diferentes.
2. “Eso está en tu cabeza”
Generalmente esa frase viene acompañada de un “Tienes que dominar tus pensamientos”. Como si eso, por si solo, pudiese acabar con nuestro deseo de desaparecer del mundo. El dolor que un individuo siente que le produce la depresión es peor que el dolor físico producido por un corte en la piel. Así que nunca digas que es algo que está sólo en la cabeza de esa persona, pues ella sentirá que menosprecias sus sentimientos, y se sentirá cada vez peor.
3. “Eso es solo para llamar la atención”
Si quisiéramos llamar la atención, ¿para qué escogeríamos sufrir por ello? En ninguna hipótesis, el individuo con depresión quiere llamar la atención de los demás, muy al contrario, ya que su tendencia es a aislarse cada vez más. Sus actitudes muestran cuánto necesita de ayuda, y eso es lo que debemos hacer: ofrecer ayuda.
4. “Tienes que buscar un empleo”
Como si ese dolor inmenso desapareciese con una profesión. Las personas no entienden que la depresión procede de diversos hechos aislados que se mezclan y acumulan sentimientos negativos en la persona que sufre. Claro que perder un empleo puede dejar a alguien muy deprimido, en primera instancia, pero esa no es la única razón del sufrimiento de esa persona. Trabajar ayuda a ocupar la mente y distraer la cabeza, por eso es muy bueno para el que sufre con esa enfermedad, pero cuando la crisis es fuerte, la persona no quiere ni salir de casa, y mucho menos trabajar. Entonces nunca digas eso, pues harás que se sienta inútil.
5. “Deja de ser perezoso”
Nadie merece oír eso, Si no quisiéramos más salir de casa, ni de nuestra cama, si ya no queremos hacer nada, ni hablar con nadie, si perdemos todo interés por la vida… no es por pereza, es depresión.
6. “Estás mal de la cabeza”
Cuantas personas te dicen eso, ya he perdido la cuenta y estoy segura de que ya lo has oído decir a alguien, aunque no te lo dijera a ti directamente. Por culpa de ese prejuicio que muchos cometen el error de no pedir ayuda profesional, porque piensan: “Van a creer que estoy loca si voy a un psicólogo”. La depresión no es locura. Que te quede bien claro.
Espero que te haya gustado el texto, y por favor, esfuérzate por no dar importancia a esas personas que dicen cosas que a veces te hacen daño. No se dan cuenta de las consecuencias de lo que dicen.
Los elogios en sí no son malos, pero sí puede serlo la manera en que los recibimos. Lee a continuación algunos consejos para no permitir que el orgullo se inmiscuya en nosotros al menor cumplido recibido.
Quizás recuerdes la confidencia de santa Teresita:
“Con la nariz encima del libro, escuchaba todo lo que decían, e incluso lo que más me valiera no haber escuchado, pues la vanidad se desliza muy fácilmente en el corazón… Una señora decía que yo tenía un pelo precioso; otra, al despedirse, creyendo que yo no la oía, preguntaba quién era aquella muchacha tan bonita. Y esas palabras, tanto más halagadoras cuanto que no se decían delante de mí, dejaban en mi alma una sensación de placer que me demostraba a las claras lo llena de amor propio que yo estaba. ¡Qué lástima me dan las almas que se pierden…!” (Ms A, 40 r°).
Galería fotográfica
La razón esgrimida es impresionante: está en juego la salvación de las almas.
Los cumplidos bien dosificados ayudan a una humildad auténtica
El orgullo es la hinchazón de uno mismo; la soberbia ocupa tanto espacio que se convierte en el centro que sólo Dios debe ocupar.
Dios es nuestra alfa y nuestra omega, nuestro principio y nuestro término. Encontramos entonces dos tipos de orgulloso: el que se considera el origen de todo (el pedante); el que se considera el objetivo de todo (el egoísta).
El halago solo conduce al orgullo si incita al otro a creerse su único origen o su único destinatario. Es la tentación que Teresa percibió en sí misma.
Estos dos criterios nos muestran cómo recibir un cumplido: recordando que nuestros dones vienen en última instancia del Padre de los astros luminosos (Sant 1,17), para ser puestos al servicio del prójimo (Mt 10,8).
Por ello, el cardenal Henri de Lubac daba gracias diciendo a quien le dedicaba un elogio: “Gratias tibi” (“Gracias a ti”). Y añadía en su interior: “Et Domino” (“y al Señor”).
El coronavirus ha impactado en la vida de la Iglesia, pero puede ser un momento para dejar atrás lo que no funciona e impulsar medidas valientes evangelizadoras
El 11 de julio y el 18 de julio se celebró un encuentro online, por Zoom, de expertos en nueva evangelización de España, México y Argentina, invitados por la Comunidad Bernabé (con sede en Valencia, España) con el título "Think Tank Antioquía", para reflexionar sobre los retos de la evangelización tras la experiencia mundial del coronavirus.
Los participantes fueron:
-Roberto Vega, de Comunidad Bernabé, como anfitrión, delimitando el tema y conclusiones
-Tote Barrera y Cristy Salcedo, el matrimonio responsable del Curso Alpha en España
-Fernando Mañó, sacerdote presidente de las Células Parroquiales de Evangelización en España e Hispanoamérica
-Andrés Castillo y Diego Solano, fundadores de la estrategia de evangelización RenovaMás, desde Argentina
-Javier Rodríguez, fundador de la Comunidad de Caná y de la red Familia Invencibles
-Teresa Valero, delegada para Nueva Evangelización del obispado de Solsona
-Santiago Pons, vicedecano de la Facultad de Teología de Valencia
-Javier Prado Flores, desde México; sacerdote diseñador del Master en Innovación Pastoral
ReligionEnLibertad asistió tomando notas. Tratamos de sintetizar periodísticamente algunas de las ideas más interesantes, urgentes o novedosas.
1. Habrá más espacio para Dios: mucha gente ha entendido que no tienen "el control"
Con el coronavirus, mucha gente se ha dado cuenta de que en esta vida no controlamos gran cosa y sólo Dios es un referente firme. "Dios ha dado un puñetazo en la mesa y ha dicho no tenéis el control, esa es una cosa que ha cambiado, es una proclamación de la soberanía de Dios", dijo Javier Rodríguez, de Familias Invencibles. Las estadísticas en varios países demuestran, además, que muchas personas que creían en Dios pero no pensaban nunca en Él, han empezado a rezar y a hacerse preguntas serias sobre la vida y la muerte.
2. Los fieles aceptan bien la atención por Internet, pero la quieren más personalizada
Curas que tenían 50 personas en misa, se han encontrado con cien y más en Internet durante el confinamiento. La gente admite ser pastoreada y atendida por Internet, pero quiere que sea muy personalizado. Un cura puede tener 200 feligreses en whatsapp, pero no les va a bastar un boletín "para todos": quieren que el pastor les atienda y escuche a cada uno. O que al menos lo haga alguien con capacidad de escucha o consejo (no necesariamente el sacerdote).
"La transmisión persona a persona no puede ser sustituida por la transmisión masiva", dice un sacerdote. Pero Internet permite también esa transmisión persona a persona. "El cristianismo va a ser muy relacional, muy uno a uno, los procesos de discipulado van a ser más reducidos y persona a persona": pero, claro, el párroco no va a poder hacer todo eso. Métodos muy relacionales, como Células Parroquiales, pueden ir bien en esta necesidad.
Expertos de México, Argentina y España participaron en el Think Tank Antioquía
3. La Iglesia debería aprovechar para cambiar estructuras caducas
Es un buen momento para cambiar estructuras, aligerando a la Iglesia y a las parroquia de cosas que entorpecen y no sirven para evangelizar. Los cambios no pueden ser "volver cuanto antes a lo de antes", sino dejar lo caduco, lo que no funciona y poner en marcha cosas nuevas y necesarias.
4. Hay crisis económica: habrá que trabajar más con pobres, los nuevos y los "de antes"
Habrá segunda y tercera ola de pandemia, y afectará a la economía. Hay ya muchos pobres "nuevos", muy desconcertados. La Iglesia ha de prepararse para ofrecer ambas cosas: ayuda material y espiritual. Las parroquias se verán desbordadas por las necesidades de los más perjudicados. Hay que concienciar a los cristianos más afortunados para que sean generosos. Javier Prado, desde México, cree que los más dañados van a necesitar una acogida cálida, física, amorosa, no sólo con ayuda material sino con sanación interior. Pero, claro, el coronavirus dificulta los abrazos. Hay que usar, por ejemplo, los locales que ya existen: pero hacerlos más acogedores y humanos.
5. ¿Con quién te conectaste para cosas espirituales en el confinamiento?
Muchas personas confinadas contactaron con los vídeos y youtubes de la misa de su parroquia, de sus grupos parroquiales, catequistas... Descubrieron que la parroquia era parte firme en su vida. Otros, en cambio, descubrieron que podían pasar sin su parroquia, pero que encontraban alimento espiritual en otros sitios (quizá ni siquiera católicos).
6. Una sociedad que valora más y más la salud
El vicedecano Santiago Pons avisa: "nos quedamos en casa porque peligra la salud, nos lo ordenaron y todo el mundo lo aceptó, nadie se negó. Si ayunas por razones de salud todos te alaban como persona concienciada y seria. En la película La Ola, el profesor justifica sus propuestas extrañas con argumentos de salud y ciencia. Nuestra sociedad se interesa en todo lo que trate de salud". Se puede añadir que quien demuestre desinterés por la salud ("no hacen falta mascarillas", "no hay que limpiar tanto") no será digno de la confianza de la gente de hoy. La salud es un valor de máximo nivel en nuestra época (y no es un valor anti-bíblico ni anti-cristiano).
Cristy Salcedo y Tote Barrera son el matrimonio al frente de Alpha España
7. Ha faltado, y faltará, mucho liderazgo a nivel de obispos
Muchos sacerdotes y obispos parecen querer volver a "la vieja normalidad" sin ser capaces de impulsar novedades eficaces en esta nueva época.
El vicedecano Santiago Pons no pide a los obispos que hagan muchos cambios, sino que disciernan qué cambios está haciendo ya Dios (con ciertas personas, estructuras, etc...). Andrés Castillo y Diego Solano, de RenovaMás, constatan que los obispos suelen recibir y escuchar, pero es muy difícil que luego pongan en marcha nada nuevo. El Papa Francisco les dijo: "es tiempo que los laicos se levanten y actúen, no hay que esperar a que los sacerdotes sean los que tomen la iniciativa". Puesto que en la vida real de la Iglesia faltan líderes de verdad, vale la pena al menos mantener "métodos" (como Alpha, Células Parroquiales, etc...) que funcionan y dan sus frutos.
8. Ideas de Juan Pablo II sobre "el nuevo milenio" pueden aplicarse a esta "nueva normalidad"
"Estamos en un nuevo reseteo, como cuando empezó el milenio", considera Tote Barrera, de Cursos Alpha, que ha estudiado los documentos de Juan Pablo II para el inicio de milenio. "El Papa pedía entonces una eficaz programación pastoral postjubilar... o postpandemia en nuestro caso". Esa eficacia se ha de dar en el culto (hubo bastante eficacia ofrecer misas online), en el testimonio de caridad y evangelización y en nuevas iniciativas.
Así se conectaban Fernando Mañó y su equipo de Células de Evangelización Parroquial
9. Hay que escuchar a los jóvenes
Juan Pablo II citaba a San Benito, quien decía "Dios inspira a menudo al más joven lo que es mejor". En esta época nueva los jóvenes con fe y ardor por evangelizar tienen ideas que merecen ser escuchadas y puestas en práctica. Los jóvenes, por ejemplo, entienden que la interacción digital (chatearse con alguien, por Whataspp o Zoom) es algo real.
10. Ni planes ni discipulados ni buenos líderes bastan sin "fuego y ardor del Espíritu"
Javier Rodríguez, de Familias Invencibles, reclamó promover "el poder del Espíritu Santo, sus dones y carismas, con discipulado, corrección fraterna, revisión de vida... No dedicar recursos a delegaciones y secretariados, sino a la gente: ir donde esté la gente". Cristy Salcedo, de Cursos Alpha, constató que "en Alpha hemos trabajado mucho el primer anuncio, después el discipulado y ahora el liderazgo con pastores... pero nos hemos dado cuenta de que todo eso, sin intimidad con el Espíritu Santo, es irrealizable, y en las parroquias los fieles de a pie casi no tienen relación con el Espíritu Santo".
11. Parroquias sostenibles: las que perseveran aunque cambie el párroco
Una parroquia puede emprender cambios potentes que logran conversos, discípulos, frutos... pero todo puede quedar truncado si cambia el párroco y ponen otro que bloquea ese camino. Eso no es una parroquia sostenible.
12. La familia, más importante que nunca: el Enemigo quiere destruirla
Muchos en la crisis ven y verán que su familia ha sido un gran apoyo. El Enemigo malo quiere destruir las familias, y para la Iglesia debe ser una prioridad protegerlas y cuidarlas. Más que "discípulos individuales" hay que crear "familias de discípulos".
Roberto Vega, anfitrión con Comunidad Bernabé, defendió la figura del mentor, un acompañante veterano que aconseja y ayuda a perseverar
13. Hay que formar líderes, aunque se les llame de otra forma
Un líder es un cristiano maduro que logra que otras personas se acerquen a Cristo y perseveren y crezcan con Él. Hay gente con cierta capacidad de liderazgo natural, pero aún así es necesario formar a los líderes. Javier Prado, desde la experiencia de su Máster en Innovación Pastoral, reclama "profesionalizar una masa crítica de formadores de formadores de formación religiosa no formal" (entrenadores de catequistas, por ejemplo) y que el 1% de los ingresos diocesanos deberían invertirse en "formar formadores". Pide "que haya auditoría externa e interna, que se supervise" (tras los escándalos de abusos, y otros).
Roberto Vega cree que a los líderes se les puede llamar "mentor". En RenovaMás lo llaman "tutor". Un modelo sería Jetro, el suegro de Moisés, que era su mentor y consejero. Cuando un líder escucha al Espíritu Santo y es acompañado por un mentor, que le aconseja y anima, puede dar mucho fruto. Sin mentor que anime y supervise, las nuevas dinámicas en una parroquia o grupo no se consolidarán, y se volverá a "lo de siempre", que es ineficaz pero conocido.
Estas reflexiones del encuentro, juntos con los debates de profundización entre sus asistentes, serán la base para un documento con conclusiones que ayudará a las parroquias a afrontar la nueva época y que está aún en fase de elaboración.