Mientras el Vaticano custodia la mayor colección de
reliquias del mundo, una pequeña capilla en Estados Unidos sorprende al
albergar la segunda más grande, con más de 5000 reliquias que cuentan siglos de
fe y santidad.
Este extraordinario tesoro espiritual se encuentra en
Pittsburgh, Pensilvania, allí se levanta St. Anthony Chapel, un
santuario que, a simple vista, parece una iglesia más, pero que al cruzar sus
puertas deja sin palabras.
Un sueño nacido de la fe
La capilla fue construida en 1880 con un propósito muy
claro: albergar la vasta colección de reliquias reunida por el Padre Suitbert
Mollinger, párroco de la iglesia del Santo Nombre de Jesús.
Convencido del poder sanador de Dios y del valor espiritual
de las reliquias, el sacerdote dedicó gran parte de su vida a rescatarlas y
preservarlas. Sin embargo, al considerar que la parroquia no podía asumir el
gasto, la propuesta fue rechazada.
“Lejos de desanimarse, el sacerdote decidió financiar
personalmente la construcción de una capilla. La primera piedra fue colocada el
13 de junio de 1882, fiesta de San Antonio de Padua, y exactamente un año
después, la capilla fue solemnemente inaugurada”, señala la capilla en su página
web.
Así, su fe, sacrificio y generosidad hicieron posible este
santuario único, que hoy es considerado uno de los mayores tesoros espirituales
de Estados Unidos.
St. Anthony Chapel. Wikimedia
Commons Roman Eugeniusz (CC BY-SA 3.0).
Más de 5000 reliquias
Actualmente, la capilla conserva más de 5000
reliquias, distribuidas en más de 800 relicarios. Además, se
cuenta con 525 certificados auténticos que validan la autenticidad de las
reliquias, muchos de estos documentos cuentan con más de 200 años de
antigüedad.
La capilla alberga reliquias de apóstoles, mártires y santos
de todas las épocas, así como fragmentos de la Verdadera Cruz.
Estas se distribuyen en altares y vitrinas, creando un espacio que invita al
recogimiento y la oración.
Reliquias en St. Anthony Chapel. Wikimedia
Commons Giovanni Guida (CC BY 3.0).
Bajo el altar principal reposan los restos del mártir San
Demetrio, junto a los cráneos de otros mártires como San Macario, Santa
Estefanía y los compañeros de Santa Úrsula. Detrás del sagrario destaca un
estuche dorado con reliquias de los santos mencionados en la Primera Plegaria
Eucarística, mientras que otros relicarios contienen una reliquia para cada día
del año litúrgico.
El templo también resguarda una copia certificada y bendecida
por el Papa León XIII del icono milagroso de Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro.
Reliquias en St. Anthony Chapel. Wikimedia
Commons Lee Paxton (CC BY-SA 4.0).
Entre las piezas más notables se encuentra un relicario con
forma de custodia, que contiene reliquias de grandes santos como San Juan
Bautista, Santa María Magdalena, San Antonio de Padua, Santa Inés y Santa
Cecilia, entre otros.
¿Cómo logró un solo sacerdote reunir una colección tan
impresionante?
Durante el siglo XIX, los procesos de unificación en Italia
y Alemania pusieron en peligro a muchas reliquias católicas. En Italia, el
movimiento conocido como Risorgimento provocó la destrucción de monasterios y
la dispersión de objetos sagrados, que en muchos casos terminaron en casas de
empeño o en manos privadas. Allí, el Padre Mollinger logró rescatarlos y darles
un lugar seguro.
En Alemania, la política del Kulturkampf, impulsada por Otto
von Bismarck, llevó a la persecución de la Iglesia: se cerraron seminarios, se
expulsó a los jesuitas y numerosas reliquias tuvieron que ser enviadas al
extranjero para evitar que se perdieran o destruyeran. Este contexto permitió
al sacerdote reunir gran parte de su valiosa colección.
Padre Suitbert Mollinger. Crédito: Dominio
público.
Para él, las reliquias no eran simples objetos antiguos,
sino signos concretos del amor de Dios, medios para acercar a las personas a la
fe y fortalecer su vida espiritual.
Un lugar que invita al asombro y la oración
Miles de peregrinos visitan cada año esta capilla, donde
cada rincón está dispuesto para conducir al silencio, la contemplación y la
oración. Caminar por sus pasillos es recorrer la historia viva de la Iglesia y
encontrarse con el testimonio silencioso de miles de hombres y mujeres que
dieron su vida por Dios.
Sin duda, la Capilla de San Antonio es un destino
imprescindible para todo peregrino que desee fortalecer su fe y renovar su
esperanza.
Harumi Suzuki, churchpop
Vea también Los católicos y las reliquias

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