Los pequeños participan en búsquedas de tesoros por el monasterio para descubrir que el auténtico tesoro del Evangelio no se encuentra en los bienes materiales.

Este año, la catequesis se desarrolla en torno a un nuevo escenario: un corral lleno de ovejas.
¿Se puede enseñar el Evangelio a un niño utilizando una barca de pescadores, un corral lleno de ovejas, una pizza o una búsqueda del tesoro? En un monasterio franciscano de Polonia están convencidos de que sí. Y los resultados parecen darles la razón: decenas de niños participan cada mes en unas catequesis que apuestan por la experiencia antes que por la teoría.
Mientras muchas parroquias buscan fórmulas para atraer a las nuevas generaciones, el monasterio franciscano de Kobylin, en Polonia, ha encontrado un camino singular. Allí, el padre franciscano Masseo Senczek ha desarrollado un proyecto catequético que transforma los relatos bíblicos en experiencias tangibles para los más pequeños.
La propuesta nació cuando los religiosos comprobaron que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una única hora semanal. Lejos de resignarse, decidieron ofrecer una formación complementaria dentro del monasterio que ayudara a los niños a profundizar en la fe de una forma más cercana y participativa. Misyjne cuenta esta iniciativa.
El resultado son unas catequesis que se alejan de los formatos tradicionales y que convierten el jardín monástico en un auténtico escenario evangélico.
Un pozo para hablar de la samaritana
Inspirándose en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, los frailes construyeron un pequeño pozo del que los niños extraían materiales relacionados con la catequesis del día. A través de objetos, juegos y dinámicas participativas, los pequeños descubrían el significado del Evangelio y profundizaban en cuestiones relacionadas con la Iglesia y la vida cristiana.

La propuesta nació cuando los religiosos comprobaron que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una única hora semanal.
Lo que comenzó con un grupo reducido de participantes fue creciendo con el paso de los meses hasta convertirse en una de las iniciativas más populares del monasterio.
Una barca para navegar con los apóstoles
La segunda edición trasladó la catequesis a una gran maqueta de barco construida junto al estanque del monasterio.
Bajo el lema "Echad vuestras redes", cada encuentro giró en torno a la figura de uno de los apóstoles. Los niños conocían sus historias mientras reflexionaban sobre aspectos muy concretos de la vida cotidiana.
La figura de Mateo sirvió para hablar de aquellos obstáculos que alejan de Dios. Natanael permitió explicar la importancia de la Palabra de Dios y la búsqueda interior. Tomás abrió la puerta a reflexionar sobre la verdad y las dudas.
Según el religioso, cada personaje se convirtió en una herramienta para acercar cuestiones espirituales complejas al lenguaje y la experiencia de los niños.
Ovejas para descubrir el amor de Dios
Este año, la catequesis se desarrolla en torno a un nuevo escenario: un corral lleno de ovejas.
Los pequeños pueden acercarse a los animales mientras escuchan la parábola de la oveja perdida. El objetivo principal es transmitir una idea sencilla: Dios busca a cada persona porque la ama.
La iniciativa ha despertado un interés creciente entre las familias. En algunas sesiones han llegado a reunirse alrededor de sesenta niños, una cifra que ha sorprendido incluso a los propios organizadores.
Además, los encuentros están acompañados por vídeos elaborados con inteligencia artificial en los que personajes como una oveja llamada Rosa y su pastor presentan las temáticas de las siguientes catequesis.
Cuando la catequesis acaba en una pizzería
Durante las vacaciones, los franciscanos organizan jornadas especiales inspiradas en las parábolas del Reino de Dios. En una de ellas, los niños preparan masa y cocinan pizzas para comprender cómo la levadura transforma la harina, una imagen utilizada por Jesús para hablar del crecimiento de la fe.
En otra actividad siembran semillas de mostaza en pequeños recipientes que después llevan a casa para observar su desarrollo, aprendiendo así el valor de la paciencia.
También participan en búsquedas de tesoros escondidos por el monasterio para descubrir que el auténtico tesoro del Evangelio no se encuentra en bienes materiales, sino en valores como la paz, la justicia y el amor.
Bicicletas, códigos QR y Pascua
Entre las actividades más llamativas figura una gran búsqueda del tesoro pascual. Los participantes se dividen en equipos, recorren distintos lugares en bicicleta y utilizan códigos QR para ir descubriendo pruebas y mensajes relacionados con la Resurrección de Cristo.
Cada parada les permite profundizar en aspectos de la fe cristiana hasta llegar a un gran tesoro final que simboliza la presencia de Jesús resucitado.
La jornada concluye con un ágape comunitario en el que participan niños, familias y voluntarios.
La implicación de los padres
Uno de los aspectos que más destacan los responsables del proyecto es el creciente protagonismo de los padres.
Las reuniones comienzan con la Eucaristía y finalizan con momentos de convivencia compartida. Lo que empezó siendo una iniciativa organizada exclusivamente por los frailes ha ido incorporando cada vez más colaboración familiar.
Algunos padres elaboran postres, otros ayudan en la logística de los encuentros y muchos permanecen escuchando las actividades desde los alrededores de los espacios donde se desarrollan las catequesis.
Para el franciscano, esta participación resulta fundamental porque considera que los padres continúan siendo los primeros educadores en la fe.
Más allá de la Primera Comunión
La filosofía de estas iniciativas parte de una convicción sencilla: la formación cristiana no debería limitarse únicamente a la preparación para la Primera Comunión.
Por ello, el monasterio organiza también campamentos, encuentros deportivos, actividades de convivencia y grupos de formación continuada para niños y adolescentes.
Detrás de todas estas propuestas existe un mismo objetivo: ayudar a los menores a descubrir que la parroquia no es únicamente un lugar donde asistir a misa, sino una comunidad donde establecer relaciones, crear amistad y encontrar un espacio de crecimiento personal y espiritual.
ReL
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