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lunes, 26 de agosto de 2024

Estos son los cinco hábitos que están dañando a tu cerebro

man whit cellphone

Si quieres tener una buena salud y darle una mejor calidad de vida a tu cerebro,
te compartimos algunos hábitos que podrían estarte afectando según la ciencia

Tu cerebro es el órgano que dirige y coordina cada aspecto de tu existencia: desde tus emociones y pensamientos hasta tus habilidades cognitivas y toma de decisiones. Cuidar de este órgano vital con buenos hábitos es esencial para mantener una buena salud mental, emocional y física. 

Sin embargo, los malos hábitos pueden afectar negativamente su funcionamiento. Adoptar hábitos saludables no solo mejora la memoria y la concentración, sino que también fortalece la resiliencia emocional y reduce el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Transforma tu rutina diaria

Al transformar tu rutina diaria, incorporando ejercicio, una alimentación equilibrada y técnicas de manejo del estrés, podrás potenciar tus capacidades cognitivas y preservar tu calidad de vida a lo largo del tiempo. 

Invertir en el cuidado de tu cerebro mediante la eliminación de malos hábitos y la adopción de prácticas saludables es una de las decisiones más sabias que puedes tomar para asegurar un bienestar integral y duradero.

Por ello te dejamos cinco hábitos que debes abandonar para dejar de afectar a tu cerebro y encontrar un sano equilibrio.

1No desayunar

woman

El cuerpo necesita energía, misma que utilizará para tener un buen rendimiento durante el día, por lo que no desayunar es una mala opción. Además, debes hidratarlo por la mañana y durante el día. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que si comienzas el día sin desayunar tu cerebro no funcionará adecuadamente, al ver reducidos los nutrientes que necesita para hacerlo, como las proteínas y azúcares

2Mantener una vida sedentaria

La rutina diaria puede volver tu vida sedentaria, sobre todo si permaneces sentado mucho tiempo para trabajar; peor aún si, al llegar a casa, optamos por entrar a redes sociales, ver series o jugar videojuegos en lugar de hacer ejercicio o alguna actividad recreativa. 

Por ello, los expertos recomiendan -por lo menos- salir a caminar; sin embargo, puedes cambiar el sedentarismo por tu deporte favorito o quedar con amigos para salir al parque. 

3Falta de luz natural

gamer

A veces estamos más expuestos a la luz artificial, que a la luz natural. Es importante que permitas que entre la luz natural en tu hogar y, si no es posible, no olvides salir a la luz natural unos minutos. 

La luz artificial ocasiona que nuestro cerebro no distinga el ciclo del día, por lo que no se prepara adecuadamente para cuando llega la hora de dormir por la noche.

4Falta de aprendizaje y
ejercicios mentales

Busca una buena lectura o un nuevo aprendizaje. Puedes comenzar clases de un nuevo idioma o buscar libros y artículos sobre tus temas de interés; también aprender a tocar un instrumento. Esto ayudará a tus neuronas, que recibirán estímulos sanos y de creatividad. 

También puedes optar por realizar rompecabezas físicos, acertijos, crucigramas o juegos de mesa que favorezcan al pensamiento; no olvides los ejercicios de gimnasia cerebral, puedes encontrar muchos ejercicios en YouTube que te facilitarán la concentración y la psicomotricidad.

5Falsa dopamina

Si bien, la dopamina hace más feliz al cerebro, cuando proviene de estímulos insanos produce el efecto contrario: afecta a tu cerebro. Ésta puede provenir del exceso de azúcares, grasas, la pornografía, la tecnología o acciones impulsivas como las compras; también las apuestas, las drogas y el alcohol son fuentes de esta dopamina falsa.  

En conclusión, estos hábitos son adictivos, pero provocan un caos tremendo en tu mente, de tal forma que solo la está dañando y haciendo menos resistente. Es preferible optar por cambiar estos hábitos para darle una mejor calidad de vida a tu cerebro.Karen Hutch, Aleteia

Vea también     Ejercicios cerebrales para evitar el Alzheimer



































martes, 8 de septiembre de 2020

¿Qué ocurre en el cerebro cuando hacemos oración?

PRAYING

Beneficios evidentes de quien vive con una dimensión espiritual la propia vida

La existencia humana está vinculada a una apertura al infinito. Se trata de una necesidad ineludible del ser humano, como la filosofía o la poesía.  Esta dimensión espiritual nos lleva de manera espontánea a la oración y la contemplación para dar un significado a nuestra propia existencia. 
La neurología, gracias a las últimas tecnologías que permiten explorar la actividad del cerebro en pleno funcionamiento, ha demostrado, por ejemplo, que la meditación y la oración pueden modificar la estructura del cerebro, evidenciando cómo los estados del cerebro y del sistema nervioso pueden crear o relacionarse con la vivencia de la experiencia religiosa.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona cuando reza o medita?

Hay una amplia red de estructuras implicadas a nivel neurológico por la actividad cerebral. Están el lóbulo frontal, que nos ayuda a focalizar la mente en la oración; el sistema límbico, que permite experimentar emociones poderosas; y los lóbulos parietales, involucrados en nuestro sentido de nosotros, y en su orientación en el espacio y el tiempo.
Dependiendo de la experiencia concreta, esas áreas pueden encenderse o apagarse. Así, los lóbulos parietales pueden apagarse cuando una persona experimenta una pérdida del sentido de sí misma, o experimenta un sentido de unicidad con Dios. 
Estas exploraciones han sido posibles gracias a las nuevas tecnologías, y están ayudando a pensadores interdisciplinarios a desarrollar una teología basada en la ciencia, que permita comprender, por ejemplo, la relación entre fe y salud.  

Beneficios que la neurociencia reconoce en el campo de la salud

El origen de la relación entre neurología y la espiritualidad se encuentra en los trabajos de Herbert Benson,  un cardiólogo de la Harvard Medical School que estudió a fondo el papel que el sistema nervioso autónomo  juega en el proceso de la enfermedad humana.
Benson estableció que el sistema de respuesta al estrés afecta a todo el sistema nervioso.
Además, hizo otro interesante descubrimiento: que la meditación ayuda a relajar el sistema nervioso, a rebajar la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida, además de dar felicidad y de generar el sentimiento de estar más cerca de una entidad trascendente, entre otras ventajas.
Tras años de investigación, Benson descubrió, por otro lado que las personas que practicaban la meditación como una forma de oración tendían a tener más salud que aquellas que la practicaban como mero vehículo de consecución de beneficios fisiológicos y físicos.
La creencia en Dios mientras se estimulaba el sistema nervioso (que es parte del sistema nervioso autónomo) mediante la meditación basada en la fe, suponía mayores beneficios para mente y cuerpo que la meditación agnóstica.
Sin lugar a dudas estos elementos de tenor científico pueden ser un estímulo a la oración, pero lo más importante es vivir nuestra dimensión espiritual como un gran don en la vida independientemente de los nuevos descubrimientos que la ciencia esta realizando.
El poder de la oración es algo que supera la ciencia misma,  si bien estos datos pueden ser siempre un estímulo positivo para reconocer los muchos beneficios que nos ofrece la oración. 
Javier Fiz Pérez, Aleteia

Vea también  Libro de Oración para Niños católicos




viernes, 5 de abril de 2019

¿Somos algo más que un montón de neuronas?

¿Somos nuestro cerebro? ¿Somos realmente libres o es la libertad una ilusión? ¿Todo lo que llamamos mental se reduce a la materialidad de lo que sucede en el cerebro? ¿Son nuestros pensamientos y sentimientos una cuestión de bioquímica cerebral?

En la actualidad hay investigadores que están revolucionando lo que sabemos acerca del cerebro, trabajando sobre las emociones, la memoria, la personalidad y nuestras conductas. El estudio biológico del cerebro ha tenido un impresionante desarrollo en los últimos años y ha dado lugar a un área multidisciplinar que llamamos neurociencias, que a su vez han brindado un nuevo fundamento a la psicología y han cambiado la concepción que teníamos de los procesos mentales, el comportamiento y sus bases biológicas. 
Así han surgido la neurofisiología, la neurolingüística, la neuropsicología, la neurogenética, dentro del campo científico. Pero también se han puesto de moda infinidad de pseudociencias que, promoviendo teorías esotéricas y supersticiosas, las envuelven con el prestigioso prefijo “neuro…” y lo que sigue puede ser cualquier cosa.
El entusiasmo que existe con las investigaciones sobre el cerebro y el desconocimiento que hay a nivel popular en torno al tema, es funcional a muchos que venden discursos mágicos en lenguaje pseudocientífico con la peligrosa ilusión de que podemos predecir y manipular la mente de los otros.
Pero este no es el tema que nos interesa en este artículo, sino el verdadero diálogo crítico que se está dando entre la filosofía de la mente y las neurociencias: ¿No somos más que un montón de neuronas? ¿Somos nuestro cerebro? ¿Somos realmente libres o es la libertad una ilusión? ¿Todo lo que llamamos mental se reduce a la materialidad de lo que sucede en el cerebro? ¿Son nuestros pensamientos y sentimientos una cuestión de bioquímica cerebral?
Para introducirnos en el tema, hemos seguido el ensayo “¿Somos o no somos nuestro cerebro?” (Logos, 2018), del filósofo argentino Dr.Juan Francisco Franck, co-director del proyecto “Cerebro y persona” del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral e investigador en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Buenos Aires).

La reducción de la mente al cerebro. 

Muchos piensan que nuestras acciones son el resultado de mecanismos cerebrales inconscientes que nos determinan en nuestros actos y experiencias, poniendo en duda la libertad humana y la capacidad de autodeterminación.
Es cierto que estamos condicionados por un incontable número de factores biológicos y culturales, ¿pero eso significa que estamos determinados para actuar en forma programada? Es fascinante ver como hoy la ciencia puede explorar con mayor objetividad cómo algunos procesos inconscientes condicionan nuestra conducta. Pero ¿qué rol juega nuestra conciencia en nuestros actos? ¿Qué lugar ocupan y cómo influyen nuestras creencias y convicciones en nuestra conducta?
Sabemos que también la racionalidad y la deliberación modifican el funcionamiento inconsciente del cerebro, por su natural plasticidad. Algunos autores ven en el excesivo entusiasmo que despiertan las neurociencias, algunos presupuestos filosóficos que se hacen pasar por conclusiones científicas y se cae fácilmente en reduccionismos materialistas que igualan la mente humana al cerebro, como si este fuera la causa de todo lo que pensamos, hacemos o sentimos. Aunque no podríamos hacerlo sin él, eso no significa que haya una relación de causa-efecto. 
“Decir que el cerebro piensa es atribuir a un órgano o una parte de él lo que le corresponde al ser vivo en su totalidad” (Franck, p. 27). Las imágenes coloridas que se pueden ver en una pantalla como resultado de un escaneo del cerebro no son la vida mental, ni tampoco la captan. Los electroencefalógrafos o resonadores magnéticos registran la actividad cerebral de manera indirecta. Lo que muestran son alteraciones eléctricas y químicas cuando una persona está sintiendo, recordando, razonando, decidiendo o imaginando algo.
Sabemos lo que sucede en el cerebro cuando pensamos o sentimos de determinada manera, pero eso no significa que conozcamos la causa directa de nuestra actividad mental. No podría darse sin el cerebro, pero ello no la reduce a él. No podemos localizar ni grabar la experiencia humana, porque, aunque podamos registrar lo que sucede en el cerebro, ninguna tecnología detecta el sentir, el recordar o el pensar como tal.
“Incluso el más entusiasta de los neurocientíficos sabe que no se puede reducir la experiencia del amor humano ni la vivencia de una tarea compartida a un conjunto de mediciones estadísticas. Tal reducción implicaría una lamentable pérdida de información”. (Franck, p. 45). La vida de la mente como la experimentamos es mucho más de lo que podemos observar que sucede en el cerebro. 
“El cerebro produce sustancias químicas, ondas e impulsos eléctricos… La investigación científica respalda también abrumadoramente que hay una correlación y una dependencia entre determinados estados mentales y la actividad en determinadas áreas cerebrales. Negarlo sería ir contra toda la evidencia disponible. Pero también sería una extrapolación aventurada del método científico afirmar que esa actividad produce por sí sola un estado o acto mental”. (Franck, p. 54). Del mismo modo que no son mis pies, sino yo quien camina, no es mi cerebro quien decide o piensa, sino yo. Y el “yo” es irreductible al cerebro. 
Los estudios actuales en neurociencias nos muestran la riqueza y complejidad del ser humano y han contribuido a un mayor conocimiento y tratamiento de enfermedades psíquicas, dificultades de aprendizaje, deficiencias cognitivas y un sinfín de problemas que hace poco no imaginábamos comprender o poder solucionar. Pero la antropología filosófica nos recuerda que es imposible reducir al hombre a un solo aspecto o dimensión de su existencia.
A pesar de los grandes avances en el conocimiento sobre el cerebro, no hay que caer en la ingenuidad de que las neurociencias lo explican todo ni pretender comprender la persona humana únicamente desde el funcionamiento de su cerebro. Sin duda alguna, el cerebro es condición necesaria, aunque no suficiente, para explicar toda la actividad mental. De hecho, por el momento el estudio científico del cerebro no ofrece ninguna teoría empíricamente contrastable sobre el nexo existente entre la mente y el cerebro, entre la conciencia y el sistema nervioso. 
El servicio que presta la reflexión filosófica contemporánea de algunos investigadores en el problema “mente-cerebro”, nos advierte sobre posibles reduccionismos y visiones simplistas que oscurecen la realidad, creyendo que la explican más fácilmente. Y es que “la filosofía consiste en procurar que nada importante ni verdadero se pierda de vista de nuestra comprensión del mundo y del hombre” (Franck, 82).
Bibliografía.
Arana, J. (2015). La conciencia inexplicada: Ensayo sobre los límites de la comprensión naturalista de la mente. Madrid: Biblioteca Nueva. 
Franck, J.F. (2018). ¿Somos o no somos nuestro cerebro? Rosario: Logos.
Sanguineti, J.J. (2014). Neurociencia y filosofía del hombre. Madrid: Palabra. 
Sanguineti, J.J. (2007). Filosofía de la mente: Un enfoque ontológico y antropológico. Madrid: Palabra. 
Vanney, C. y Franck, J.F. (2016). ¿Determinismo o indeterminismo? Grandes preguntas de la ciencia a la filosofía. Rosario: Logos

Miguel Pastorino, Aleteia


















miércoles, 5 de septiembre de 2018

Tu cerebro disfrutará si haces este tipo de tarea

Y no, no es hablar con el smartphone ni ver la computadora

KNITTING
Hace dos horas, tuve un caso horrible de lunes.
Esta mañana temprano hice mi entrenamiento, volví a casa para preparar a los niños para la escuela y luego llevé a mi hijo Lincoln a su primer día de guardería. Cuando regresé, hice el desayuno, limpié la cocina y luego me concentré en el trabajo… pero estaba cansada. Muy cansada. Anoche me acosté tarde y todo mi cuerpo está sintiendo las consecuencias, igual que está sintiendo el cambio de ambiente por una tormenta repentina y los alérgenos que trae. Tratar de componer un correo electrónico era como cruzar un lodazal hundida hasta la cintura… mi cerebro simplemente no quería hacerlo.
Normalmente intento superar a la fuerza ese tipo de agotamiento, ya que es parte de la vida y el trabajo no se detiene solo porque yo quiera. Pero hoy debía de estar extremadamente cansada, porque cerré el portátil y me dirigí al cesto de la ropa abarrotado de ropa limpia y sin doblar. En ese momento, doblar la colada me parecía un refugio bendito contra cualquier tipo de trabajo.
Es un tanto irónico, porque normalmente doblar y guardar la ropa es una tarea que detesto. Lleva mucho tiempo, debo hacerlo estando sentada y, por lo general, tiende a cortocircuitar mi motivación de cara al día. Pero hoy estaba profundamente agradecida a la colada descuidada por darme una tarea que se podía hacer lentamente mientras estaba sentada… y profundamente sorprendida al descubrir que, cuando la colada ya estaba doblada y guardada, me sentí revitalizada y refrescada.
CBS recientemente publicó un artículo sobre cómo el trabajar con las manos es en realidad vital para que nuestros cerebros se mantengan sanos, así como sobre lo alarmantemente descuidado que está este aspecto de la vida humana en la sociedad estadounidense contemporánea:
“[El comportamiento puede actuar a modo de] los medicamentos en el sentido de que, cuando nos movemos y cuando participamos en actividades, cambiamos la neuroquímica de nuestro cerebro de manera similar a la que un medicamento puede cambiar la neuroquímica de nuestro cerebro”, afirmó Kelly Lambert, una neurocientífica de la Universidad de Richmond.
Lambert dice que nuestro cerebro ha evolucionado para proporcionar gratificación cuando controlamos nuestro entorno.
Por eso, según Lambert, los médicos del siglo XIX solían recetar a las mujeres que cosieran cuando sentían ansiedad, “porque percibieron que les calmaba algo. Y quizás suene a simplista, pero cuando lo piensas bien, el movimiento repetitivo está incrementando ciertas sustancias químicas en el cerebro. Y así si produces algo, un gorro o una bufanda, obtienes una recompensa”.
Estoy familiarizada con el beneficio neuroquímico del ejercicio  —como todo el mundo, supongo— y el estímulo neuroquímico, menos conocido, de la escritura. Escribir tiene el mismo tipo de recompensa que hacer un sombrero o una bufanda, porque es algo que tú has creado. Sin embargo, escribir es significativamente más intenso intelectualmente que doblar la ropa, incluso si esa intensidad genera su propio tipo de beneficio neuroquímico.
No obstante, las recompensas neuroquímicas de doblar la ropa han demostrado ser esquivas… al menos hasta hoy. No sé si necesitaba desesperadamente el descanso (tanto físico como mental) que me proporcionaron esos 20 minutos de doblar ropa o si el placer de poner la ropa ordenada en cajones y de ver el canasto vacío en el lavadero fue suficiente estímulo para superar mi caso de bache de lunes pero, de cualquier manera, funcionó. Y aunque dudo que doblar la colada sea mi actividad favorita, ya me parece mucho menos desagradable que hace dos horas.



Calah Alexander, Aleteia
















miércoles, 15 de agosto de 2018

¿Qué ocurre en el cerebro cuando hacemos oración?

Beneficios evidentes de quien vive con una dimensión espiritual
la propia vida

PRAYING
La existencia humana está vinculada a una apertura al infinito. Se trata de una necesidad ineludible del ser humano, como la filosofía o la poesía.  Esta dimensión espiritual nos lleva de manera espontánea a la oración y la contemplación para dar un significado a nuestra propia existencia. 
La neurología, gracias a las últimas tecnologías que permiten explorar la actividad del cerebro en pleno funcionamiento, ha demostrado, por ejemplo, que la meditación y la oración pueden modificar la estructura del cerebro, evidenciando cómo los estados del cerebro y del sistema nervioso pueden crear o relacionarse con la vivencia de la experiencia religiosa.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona cuando reza o medita?

Hay una amplia red de estructuras implicadas a nivel neurológico por la actividad cerebral. Están el lóbulo frontal, que nos ayuda a focalizar la mente en la oración; el sistema límbico, que permite experimentar emociones poderosas; y los lóbulos parietales, involucrados en nuestro sentido de nosotros, y en su orientación en el espacio y el tiempo.
Dependiendo de la experiencia concreta, esas áreas pueden encenderse o apagarse. Así, los lóbulos parietales pueden apagarse cuando una persona experimenta una pérdida del sentido de sí misma, o experimenta un sentido de unicidad con Dios. 
Estas exploraciones han sido posibles gracias a las nuevas tecnologías, y están ayudando a pensadores interdisciplinarios a desarrollar una teología basada en la ciencia, que permita comprender, por ejemplo, la relación entre fe y salud.  

Beneficios que la neurociencia reconoce en el campo de la salud

El origen de la relación entre neurología y la espiritualidad se encuentra en los trabajos de Herbert Benson,  un cardiólogo de la Harvard Medical School que estudió a fondo el papel que el sistema nervioso autónomo  juega en el proceso de la enfermedad humana.
Benson estableció que el sistema de respuesta al estrés afecta a todo el sistema nervioso.
Además, hizo otro interesante descubrimiento: que la meditación ayuda a relajar el sistema nervioso, a rebajar la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida, además de dar felicidad y de generar el sentimiento de estar más cerca de una entidad trascendente, entre otras ventajas.
Tras años de investigación, Benson descubrió, por otro lado que las personas que practicaban la meditación como una forma de oración tendían a tener más salud que aquellas que la practicaban como mero vehículo de consecución de beneficios fisiológicos y físicos.
La creencia en Dios mientras se estimulaba el sistema nervioso (que es parte del sistema nervioso autónomo) mediante la meditación basada en la fe, suponía mayores beneficios para mente y cuerpo que la meditación agnóstica.
Sin lugar a dudas estos elementos de tenor científico pueden ser un estímulo a la oración, pero lo más importante es vivir nuestra dimensión espiritual como un gran don en la vida independientemente de los nuevos descubrimientos que la ciencia esta realizando.
El poder de la oración es algo que supera la ciencia misma,  si bien estos datos pueden ser siempre un estímulo positivo para reconocer los muchos beneficios que nos ofrece la oración. 
Javier Fitz Pérez, aleteia






sábado, 13 de enero de 2018

Niños que ven mucha tele y niños que no: por sus dibujos los conoceréis

¿Habrías pensado alguna vez que el impacto de la televisión en el cerebro del niño es así de potente?

Los niños del grupo A y los niños del grupo B tienen las mismas edades y, sin embargo, sus dibujos son bien distintos. Para los expertos en Psicología y Neurociencia la capacidad para dibujar refleja las habilidades intelectuales del niño.
Los dibujos bien organizados, proporcionados y con detalles suelen reflejar la propia capacidad del cerebro para observar, sintetizar y organizar sus propios pensamientos. No siempre ocurre así; también hay niños brillantes que dibujan regular. En la calidad del dibujo también influye lo mucho que le guste al niño dibujar o lo mucho que haya practicado. Pero, por lo general, un niño que dibuja con claridad tiende a pensar y actuar con más claridad.
Los dibujos que podrás ver más abajo forman parte de un estudio realmente interesante. El estudio fue llevado a cabo por el pediatraPeter Winterstein y se centraba en valorar los efectos del tiempo de exposición a la televisión en la capacidad intelectual de los niños.
Este pediatra alemán solicitó a casi 2000 niños de entre 5 y 6 años, todos ellos alumnos de escuelas públicas, que dibujaran una figura humana. Luego analizó esos dibujos en función del tiempo que los niños veían habitualmente la televisión.
Durante los últimos 30 años una infinidad de estudios han encontrado un importante impacto de la exposición prolongada a la televisión en el desarrollo psicológico y salud general, aunque en el post de hoy me voy a ceñir al desarrollo intelectual.
Como se suele decir, una imagen vale más de mil palabras, así que os dejo una imagen del estudio del Dr. Winterstein para que valoréis por vosotros mismos cuál de las dos opciones preferís para vuestros hijos. Los dibujos que aparecen en la parte superior han sido realizados por niños de entre 5 y 6 años que pasan menos de 1 hora al día viendo el televisor; las de la parte inferior han sido realizados por niños de la misma edad que, sin embargo, pasan más de 3 horas al día viendo el televisor.
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Impresionante, ¿no?

Para muchos padres la tele suele ser un aliado para pasar la tarde con sus hijos pequeños. No quiero decir que la tele sea un elemento peligroso o que no debamos ponerla encenderla nunca.  ¿Quién no ha encendido un ratito la tele para tener un respiro o poder atender a un bebé sin tener al hermano mayor colgado del cuello? Es totalmente normal y no tiene ningún riesgo si se usa con moderación.
Sin embargo, he decidido colgar este artículo porque sabemos que la mayoría de niños entre 0 y 6 años pasan más tiempo viendo la tele del que sería beneficioso para su desarrollo. Las razones más frecuentes para que los padres, una vez llegada la tarde, acaben abusando de la tele son las siguientes:
– Piensan que es un estímulo positivo, aunque ya ves que no es así.
– No saben o no han desarrollado habilidades que les permita jugar y estimular el desarrollo de sus hijos de una manera entretenida
– Les cuesta poner límites al niño que quiere ver la tele y que se enfada cuando la apagamos.
Yo te recomiendo que tengas estos dibujos en mente y esta misma tarde ofrezcas a tus hijos más tiempo libre y menos tiempo de tele. Para ello solo hace falta apagarla y saber decir “no”.  En cuanto está apagada y pasa el enfado inicial, los niños se ponen a investigar, se entretienen solos y desarrollan su creatividad o también podéis hacer un sinfín de actividades juntos que le ayudarán desde que son bien pequeños a desarrollar sus facultades intelectuales y emocionales.

Por Álvaro Bilbao. Autor del best seller “El cerebro del niño explicado a los padres” .