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domingo, 30 de mayo de 2021

Cuatro formas de aumentar la presencia del Espíritu Santo en ti

 


Con motivo de Pentecostés, te damos algunos consejos para recibir con fervor y disponibilidad renovados al Espíritu Santo en ti

Un día, los Apóstoles pidieron a Jesús: “Señor, aumenta en nosotros la fe”. Y Jesús les respondió utilizando la imagen del grano de mostaza. Podríamos estar tentados también nosotros de pedir una medida más importante del Espíritu Santo para ser capaces de cumplir grandes cosas. Pero recordemos, primero, que el Espíritu Santo es una de las tres personas de la Trinidad, aunque se manifiesta sin un rostro personal. Cuando el Espíritu Santo se da, se da personalmente, sin medida y por completo. Es un don radical y plenario, reflejo eficaz del amor absoluto del Padre y del Hijo.

La cuestión se encuentra más bien en el lado del ámbito en el que el Espíritu Santo quiera actuar, en este caso nuestras vidas. Para hablar de su venida en nosotros, más que de presencia, la tradición habla de habitación. Aunque, como san Pablo, somos capaces de decir: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Ga 2, 20), no deberíamos dejar nunca de maravillarnos por esta realidad tan grande. Fuimos hechos capaces de portar la presencia sobrenatural de Dios en el fondo de nuestro ser, cosa que autoriza a san Agustín a decir: “Interroga a tu corazón, si adviertes que tienes la caridad, tienes el Espíritu Santo”.

1. Asegurarnos de que nuestra alma esté disponible para recibir al Espíritu Santo

Primero, hemos de ocuparnos del lugar de habitación del Espíritu Santo, ya que Él quiere hacerse “dulce huésped de nuestras almas”, retomando las palabras de la secuencia de Pentecostés. ¿La hostelería que constituye nuestra alma está dispuesta a acoger a este Huésped que llama a la puerta? Porque si nos convertimos en buenos hosteleros de nuestras almas, listos para recibir a este Huésped que es el Espíritu Santo, entonces esta venida transformará nuestras vidas y nos haremos santos.

2. Reconocer el desorden del pecado en nuestra vida, pedir el perdón de Dios

Ordenar la hostelería, hacerla agradable con un buen olor, cómoda, tanto que dé deseos de permanecer allí, todo esto requiere nuestra cooperación. Poner en orden la hostelería significa reconocer el desorden del pecado en nuestra vida, pedir el perdón de Dios.

3. Vivir actos de caridad y de benevolencia

Esto es lo que hace que nuestra alma sea más agradable. Mantenernos dispuestos a abrir la puerta no es posible si nos dispersamos sin cesar.

4. No olvidar rezar todos los días

El entrenamiento cotidiano de la oración ayuda a estar listos, la oración en la que clamamos hacia Dios: “¡Ven, ven a nosotros, soberano consolador!”. Lo que tenemos que aumentar es nuestro deseo de recibirle y nuestra aptitud para reconocer sus pasos y escucharle llamar a la puerta de nuestra alma. San Serafín de Sarov, ese gran místico ruso, habla de este deseo del Espíritu como de una conquista: “El verdadero objetivo de nuestra vida cristiana está en la adquisición de este Espíritu de Dios; en tanto que la plegaria, las vigilias, el ayuno, la limosna y las otras acciones virtuosas, hechas en Nombre de Cristo, no son sino medios para adquirirlo”. El Espíritu Santo quiere actuar en toda persona de buena voluntad que quiera hacer de su alma un lugar de habitación agradable para la vida sobrenatural de Dios. Dale un espacio al Espíritu, tu alegría será inmensa. 

Padre Marc Fassier, Edifa

Vea también      ¿Quiere llegar a conocer el Espíritu Santo?  (Abundante Material)
















































sábado, 30 de septiembre de 2017

Preguntas 121-123 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 Todos somos Iglesia católica

121. ¿Qué significa «Iglesia»?
Iglesia viene del griego ekklesía = los convocados. Todos nosotros, quienes hemos sido bautizados y creemos en Dios, somos convocados por el Señor. Y juntos somos la Iglesia. Como dice san Pablo, Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Nosotros somos su Cuerpo. [748­-757]


Cuando recibimos los SACRAMENTOS y escuchamos la Palabra de Dios, Cristo está en nosotros y nosotros estamos en él: esto es la IGLESIA. La estrecha comunión de vida de todos los bautizados con Cristo es descrita en la Sagrada Escritura con una gran riqueza de imágenes. A veces se habla del Pueblo de Dios, otras de la esposa de Cristo; unas veces se llama madre a la Iglesia, otras, la familia de Dios o se la compara con los invitados a una boda. Nunca es la Iglesia una mera institución, nunca sólo la «Iglesia oficial», que uno podría rechazar. Nos irritarán las faltas y los defectos que se dan en la Iglesia, pero no nos podemos distanciar nunca de ella, porque Dios ha optado por ella de forma irrevocable y no se aleja de ella a pesar de todos sus pecados. La Iglesia es la presencia de Dios entre nosotros los hombres. Por eso debemos amarla.

 Dios dentro nosotros

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122.¿Para qué quiere Dios la Iglesia?
Dios quiere la Iglesia porque no nos quiere salvar individualmente, sino juntos. Quiere convertir a toda la humanidad en su pueblo. [758-781,   802-804]


Nadie alcanza el cielo de forma asocial. Quien sólo se preocupa de sí mismo y de la salvación de su alma, vive de forma asocial. Esto es imposible, tanto en el cielo como en la tierra. El mismo Dios no es asocial; no es un ser solitario, que se baste a sí mismo. El Dios trinitario es en sí «social», una comunión, un eterno intercambio de amor. Según el modelo de Dios, el hombre está hecho para la relación, el intercambio, el compartir y el amor. Somos responsables unos de otros.


Iglesia católica cielo en la tierra

123.¿Cuál es la misión de la Iglesia?
La misión de la Iglesia es hacer brotar y crecer en todos los pueblos el reino de Dios, que ha comenzado ya con Jesús. [763-769, 774-776, 780]


Allí donde estuvo Jesús, el cielo tocó la tierra:  Comenzaba el reino de Dios, un reino de paz y justicia. La Iglesia sirve a este reino de Dios. No es un fin en sí misma. Tiene que continuar lo que ha comenzado con Cristo. Debe actuar como lo haría Jesús. Continúa realizando los signos sagrados de Jesús (SACRAMENTOS). Transmite las palabras de Jesús. Por eso la Iglesia, con todas sus debilidades, es realmente un fragmento de cielo en la tierra.


Iglesia católica convocación

Quizás le interesa: Podemos preguntar a los hermanos evangélicos: ¿Quién fundó tu iglesia? Porque la católica viene de Jesucristo y la suya fue fundada por una persona humana.

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

martes, 8 de noviembre de 2016

4 maneras de celebrar una sorprendente verdad sobre el catolicismo

Dios reside en las personas a través del bautismo


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¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? — 1 Corintios 3:16

Hay mucha gente que, al hablar de Dios, se refiere a Él como alguien que está muy lejos. Para algunos, Dios es una figura que escucha nuestras oraciones desde las nubes. Para otros, es un hombre-Dios que murió hace 2000 años y que aún está presente de una forma externa. Para otros incluso, Dios se digna a bajar desde los cielos en ocasiones especiales.

Pocas personas, según parece, tienen un sentido de la presencia de Dios dentro de ellas, e incluso cuando así lo perciben, parecen sorprenderse cuando se menciona su origen.

Una de las verdades catequéticas más notables y simples, que Dios habita en nuestro interior gracias al Bautismo, es también la más olvidada. No dejan de sorprenderme los pocos cristianos que mencionan de forma explícita el Bautismo cuando conversan sobre su fe.

Pero el Bautismo es una verdad que nos permite —y de hecho debería lanzarnos a ello— gritar desde los tejados: ¡Dios habita en nosotros!

Isabel de la Trinidad, que pronto será una santa carmelita, fue una santa de la “inhabitación divina” (el término usado para describir el hecho de que la Trinidad habita en nuestro interior). La reflexión sobre la inhabitación divina fue el elemento crucial de su vida de santificación.

Según escribió:

Me parece que he encontrado mi paraíso en la tierra, porque mi paraíso eres Tú, mi Dios, y estás en mi alma. Tú en mí y yo en ti, que este sea mi lema.

Tal vez si fuéramos más conscientes de esta asombrosa verdad, encontraríamos fuerzas renovadas en el esfuerzo diario por conectar con Dios, permanecer en Su presencia y hacer el bien a los demás.

He aquí algunas ideas para celebrar la verdad de que Dios habita en nosotros:

  1. Celebra una fiesta del Día del Bautismo: Y no una vez, sino todos los años. El papa Francisco ha estado animando a los fieles a descubrir el día en que fueron bautizados y a celebrarlo anualmente con entusiasmo. Una de las hermanas de mi comunidad ha decidido celebrar su día de Bautismo en vez de su cumpleaños. Todos podríamos hacer lo mismo, porque nuestro Bautismo es el día en que de verdad renacimos como hijos de Dios.

  2. Reza al Espíritu Santo: A menudo nos referimos a la presencia de Dios dentro de nosotros como la “inhabitación del Espíritu Santo”, lo cual no quiere decir que toda la Trinidad no habite en nosotros, sino que enfatiza que el Bautismo es una misión especial de la tercera Persona de la Trinidad. El Espíritu Santo fue enviado a estar con nosotros cuando Jesús ascendió al paraíso. Así que podemos recordar esta presencia especial dentro de nosotros trayendo a la mente al Espíritu Santo en la oración. (Las Hijas de San Pablo tienen un hermoso rosario cantado al Espíritu Santo disponible de forma gratuita).

  3. Aprende más sobre el Bautismo: Hay muchos recursos en Internet para aprender más sobre el Bautismo. Puedes leer las secciones pertinentes del Catecismo, aprender por qué los católicos bautizan bebés, y mucho más. Hay muchos recursos disponibles para aprender más sobre este don esencial de nuestra fe.

  4. Renueva tus promesas bautismales: La mayor parte de nosotros probablemente se bautizó siendo bebé, así que puede que no recordemos las palabras de las promesas bautismales. Son una oración muy poderosa. Y renovar esta oración es algo que podemos hacer todos los meses, todas las semanas, incluso diariamente. Siempre me dan escalofríos cuando, en respuesta a la pregunta “¿Renuncias a Satanás, padre y príncipe del pecado?”, digo con firmeza, “Sí, renuncio”.
¿Se te ocurre alguna idea más?

Teresa Noble, aleteita