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miércoles, 2 de febrero de 2022

¿Sabías que la vida contemplativa es posible? Te dejamos 7 claves para cultivarla desde donde te encuentres


 

Cuando oímos el término contemplativo nos puede parecer que se trata de algo limitado a las personas que se retiran del mundo para dedicarse exclusivamente a Dios. Ellos serían los únicos que podrían alcanzar ese estado de estrecha comunión con la divinidad. Pero en realidad se trata de una forma de vivir también en el mundo. 

El estar metidos en Dios no impide estar de lleno en el trabajo, amando todo lo noble que existe en el mundo. Al contrario, para la mayor parte de cristianos la contemplación no se debe separar de la acción: contemplo, porque trabajo; y trabajo, porque contemplo. 

El mensaje de san Josemaría es justamente el que podemos llegar a ser contemplativos en medio de las actividades ordinarias de cada día, en medio del trabajo.

Sostiene que no resulta difícil convertir el trabajo en un diálogo de oración. Y nos da los primeros indicios: «nada más ofrecérselo y poner manos a la obra, Dios ya escucha, ya alienta. ¡Alcanzamos el estilo de las almas contemplativas, en medio de la labor cotidiana!»

Buscar la unión con lo sobrenatural

Según san Agustín en lo más hondo del ser humano existe un lugar, más íntimo a uno mismo que sí mismo, en el que Dios habita y en el que solamente se puede entrar si se es invitado por el mismo Dios y se acepta libremente la purificación necesaria para poder acoger la luz divina. 

El contemplativo se descubre habitado por Dios, que ha deseado establecer en él su morada, como dice el Salmo 132: «Esta es mi mansión por siempre; aquí viviré, porque la deseo.» 

Consciente y fascinado por este descubrimiento, quien ha sido tocado por esta gracia concentra todas sus energías en dialogar con el divino huésped y tratar su cuerpo como un templo. 

Acoger el don de Dios

La vida contemplativa no es algo que podamos fabricar a nuestro antojo, sino una vida que nos es dada. Es un don inmerecido ante el que no cabe otra actitud que la receptividad. No es algo que uno decide arbitrariamente, como si se tratara de un hobby o un entretenimiento. 

Corresponde a un anhelo del corazón que le presenta esa súplica al Padre Dios y le dedica tiempos diarios esperando su respuesta. Luego ese don se va extendiendo al resto de actividades del día, se mete en el trabajo y todas las actividades por más intrascendentes que parezcan.

Es Dios quien nos escoge para que seamos contemplativos. No estamos ante un tipo de vida que haya que conquistar, sino ante un modo de ser que hay que dejar que aflore desde lo más interior, allí donde Dios sembró, por el bautismo, la semilla de un amor infinito.

Formas de facilitar la contemplación

No hay una receta concreta, ya que como está explicado, se trata de un don, pero si se puede facilitar las cosas para recibir este regalo. Existen algunas disposiciones del alma para la vida de oración, aunque no es exhaustivo ofrezco una pequeña lista que puede ayudar:

1. Buscar el recogimiento

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Tener momentos en el día donde no se dispersan los sentidos, la imaginación, la inteligencia y la voluntad. En un ambiente permeado por las tecnologías digitales que se pelean nuestra atención, el recogimiento consiste en encontrar tiempos para el trato exclusivo con Dios.

Centrar la atención en la presencia de Dios en el alma. Definitivamente, incluye la retirada de la mente de los asuntos externos y terrenales con el fin de atender a Dios y las cosas divinas. Como el profeta Elías, descubrimos al Señor no en el ruido de los elementos y el ambiente, sino en un susurro de brisa suave.

2. Fomentar momentos de silencio

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Es la única forma de desarrollar la capacidad de concentrarse, para meterse en los caminos de Dios. El Cardenal Sarah nos alienta: «El primer lenguaje de Dios es el silencio; debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios».

Necesitamos tiempos de silencio para poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, de nuestros pensamientos, de nuestro actuar y de nuestra vida. Así, nuestra vida cristiana podrá fundamentarse en la luz de la fe y alimentarse en la oración. Siguiendo de nuevo a Sarah: «Dios Nuestro Padre no se deja abordar más que en el silencio».

3. Vida de oración

vida contemplativa

Se cultiva, se va convirtiendo en algo frondoso. Hay un itinerario compuesto por etapas que son diferentes. El modo de hacer oración depende de cada persona, se va desarrollando en el tiempo, podemos hablar que se tiene un crecimiento. Será necesario recurrir constantemente al Espíritu Santo quien nos concede esta vida de oración.


Vale la pena tener claro que no es mera abstracción, la oración es un diálogo de tú a tú, donde ponemos todo el corazón. Es la cosa más ajena al intelectualismo. La intimidad más profunda enlaza a la persona con Dios. Dedicarle un espacio diario a esta práctica será la mejor manera de empezar a tener vida de oración. 

4. Crecer en presencia de Dios

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Los enamorados se tienen presentes y se acuerdan el uno al otro todo el día. En nuestra vida interior todo consiste en conseguir tener esa misma presencia de Dios, para sentirnos amados y amar. Desde el primer momento de la jornada hasta el último buscar al Señor. Es cuestión de amar a Jesucristo y poner toda el alma.

Es de nuevo san Josemaría quien nos da una idea de cómo conseguirlo: «Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra…, hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres…: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto.»

5. Formación doctrinal

vida contemplativa

El asombro está cerca de la contemplación, la sorpresa verdadera viene del descubrimiento intelectual. La formación teológica es clave para la vida de oración. Sin una adecuada formación, nada podemos hacer, necesitamos formar nuestra inteligencia y nuestra voluntad para poder cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios. 

Buscamos con esfuerzo un mayor conocimiento de Dios porque deseamos de veras amarle, como dice el salmo 42: «como el ciervo ansía la fuente de las aguas, así te busca mi alma, Dios mío». Para alcanzar la contemplación necesitamos doctrina, la vida interior no se apoya en un voluntarismo sin doctrina, ni tampoco en un sentimentalismo estéril, se debería apoyar en la roca firme de la filiación divina, en la piedad doctrinal.

6. Buscar vivir en Cristo

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Como san Pablo nos recuerda, consiste en tener sus mismos sentimientos (Fil 2,5). Se puede conseguir de distintas formas, pero definitivamente, requerirá salir al encuentro de los demás. 

Vivir en Cristo significa que imitamos el ejemplo de Cristo. Todo lo que Jesús hizo y dijo, eso es lo que debemos hacer y decir. Vivir en Cristo es conocer a Cristo cada día mejor, no solamente un montón de información acerca de Cristo, sino a Cristo mismo. En definitiva, vivir en Cristo significa que estamos dispuestos a renunciar a todo lo que nos impide tener a Cristo.

Para lograrlo será necesario dejarnos conducir por el Espíritu, que nos da la vida en Cristo Jesús, libera de la ley del pecado y de la muerte; lleva a que se manifiesten en la vida del creyente los frutos del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. 

7. Vivir la Liturgia

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Un camino muy bonito y profundo para llegar a ser contemplativos es vivir la liturgia. Aplicar el entendimiento. Penetrar en la verdad. Poner atención en los gestos y palabras. Pensar quién lo dice y a quién se lo dice. Asumir actitudes de fondo.

Se podría considerar la liturgia como la acción sacerdotal de Jesucristo, continuada en y por la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo, por medio de la cual el Señor actualiza su obra salvífica a través de signos eficaces, dando así culto perfectísimo a Dios y comunicando a los hombres la salvación, aquí y ahora. Por eso es fundamental para llegar a la contemplación.

En 10 Min con Jesús, hemos preguntado a muchas personas acerca de su forma de hacer oración. Lo hemos juntado en Secretos de la Oración Los invitados son de todos los estratos: madres de casa, exitosos profesionales, sacerdotes, parejas, jóvenes, etc. pueden ayudar con ideas concretas de cómo luchar para ser contemplativos en este mundo.

Podemos concluir citando a santo Tomás que decía que uno solo contempla cuando ama. El esfuerzo de recogimiento es importante, pero lo más relevante es el énfasis en el amor: Eucaristía. ¡Un enamorado no necesita palabras porque Contempla!



























martes, 10 de julio de 2018

Para los que NO fueron a Misa el domingo. Mira lo que te perdiste



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Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio del día

Para empezar: Retírate… Recógete… Silénciate… Oh Dios,
Trinidad a quien adoro… Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu
santo… por los siglos de los siglos… Gloria… Oh Tú que vives en
Ti en lo más hondo de mí, que resuene tu voz en los más hondo
de mí… Y la entienda… Y la acoja… Y la viva con la gracia del
Espíritu Santo que está en mí…

Leer despacio el texto del Evangelio: Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”

Contemplar…, y Vivir…

Composición de lugar. Contempla a Jesús rodeado de gente y de sus discípulos, y con qué gravedad les enseña cómo han de vivir: de ninguna manera sus seguidores han de parecerse a los fariseos. Con sus palabras Jesús hace un retrato claro e inequívoco de quiénes son estos religiosos tan conocedores de la Ley. Y desea que quede claro que los suyos no han de ser así; la Iglesia no ha de ser así; las comunidades cristianas no han de ser así, cada uno de sus miembros, tú y yo, tampoco. Entre nosotros es común hablar de actitudes farisaicas, y con razón es expresión fuerte y dura; el cristiano, el verdadero discípulo de Jesús no puede tener esas actitudes. Son anti evangélicas.

>Los fariseos: dicen, pero no hacen… Se le
s va toda la fuerza por la boca, pero los hechos están por ver. No tienen ni idea de que “obras son amores y no buenas razones”. O como dice san Ignacio de Loyola: “El amor está más en las obras que en las palabras”. ¿Te sientes de alguna manera interpelado? 

-Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. O sea que explotan a la gente imponiéndoles exigencias religiosas y morales sobre los hombros, que ni ellos pueden con ellas. Eso es muy grave. Quien así obra se impone a Dios, pues ni Él obra así. ¿Te sientes de alguna manera interpelado?        

-Todo lo que hacen es para que los vea la gente. ¡Qué horror! Viven de apariencia y para aparentar. Por eso alargan las  filacterias, y agrandan las orlas del manto, y todo para presumir de muy religiosos y de muy señores ricos. ¡Qué soberbia refinada! ¡Qué prepotencia! Dicen que hay mucha gente así… ¿Te sientes tú interpelado?
-Les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Honores, reverencias, títulos. Pregúntate con sinceridad y con la mano en el corazón: ¿De qué sirve todo esto? Es ridículo e inútil. Todo vacuo. Esto no da ningún testimonio de Jesús ni del Evangelio. ¿Se puede vivir con tanta vaciedad? ¿Y con tanto engaño? ¿Cargado de caretas para cada situación? ¿Algo de esto te interpela?

A tener muy en cuenta. Es fariseísmo es una enfermedad del espíritu que afecta tanto a las personas como a las instituciones. Por eso, no podemos limitarnos a leer las palabras de Jesús, sino que hemos de contemplarlas para asimilarlas. No van dirigidas solo a los fariseos de aquel tiempo, sino a mí que ahora leo, contemplo a Jesús y sus palabras, sea obispo, sacerdote, diácono, religioso o laico. Atento: pensar que esto no va conmigo ya sería una postura farisea condenable. Pide luz al Señor…
>Nosotros, los seguidores de Jesús: Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. Es lo que quiere Jesús: el Maestro es Él, el Padre es Dios, nosotros somos hermanos. Esto es lo esencial, todo lo demás sobra. Si vivimos esto, estaremos viviendo el Evangelio y seremos verdaderos hijos de Dios y la fraternidad nos hará ser mejores servidores de Dios y de los demás al estilo de Jesús. ¿Queremos más? Hay que empezar por aquí. ¿Te sientes de alguna manera interpelado? 

Nota importante: Jesús no se limita nunca a denunciar lo que considera injusto, como las actitudes y comportamientos de los fariseos; ni tampoco se limita a desautorizar sin más. No. Siempre hace la propuesta necesaria como aquí. Y es muy concreta: la Palabra de Dios hay que ponerla en el corazón, sin presumir de llevarla en las filacterias (adornos para recordar la Palabra); en la comunidad no hemos de buscar la mesa presidencial, sino sentarnos al lado de aquellos a los que hemos de servir, todos los demás; en la calle no queramos que nos saluden como si fuéramos toda una digna autoridad, sino que nos han de reconocer por lo que  amamos, y cuánto amamos. Y todo, como humildes seguidores de Jesús, nuestro único Maestro y Señor. ¿Es así para ti? Si no, hay que empezar ya mismo sin perder más tiempo ni más felicidad. Así la encontrarás. De otra manera, y en comunidad, no mejoraremos nosotros ni el mundo, ni la Iglesia; y mucho menos seremos humildes servidores para la transformación de este mundo hacia el Reino de Dios. En ese Reino, sí, Dios nos enaltecerá y nos hará ser primeros porque aquí hemos sido últimos, o sea, siempre en todo y con todo servidores por amor. Hemos sabido bajar (amar) para ser ensalzados (resucitados) para gloria del Padre.

Para terminar: Repite despacito con el salmista: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad”… Y da gracias al Señor por este encuentro… y llévate en el corazón alguna de esas actitudes fundamentales del discípulo servidor y misionero de Jesús. Durante la semana trabájala con tu deseo y la ayuda del Señor. Cuenta con él. Reza despacio el Gloria al Padre y….

 Dentro, muy dentro de ti




 Domingo 31 ciclo A


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domingo, 4 de septiembre de 2016

Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio del día.



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Inicio: Recogido y en la Presencia de Dios, ponte es paz y escucha Palabras recias y poco comunes… Invoca al Espíritu: Sé mi Luz, mi Fuerza, mi Decisión… Ven, Espíritu… Ven…
 
Leer despacio el texto: Lc 14,25-35
 
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no pudo acabar’ ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.»

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Contemplar
 
<>Mucha gente acompañaba a Jesús… En este camino que estamos recorriendo con Jesús, hace notar el evangelista que mucha gente le acompañaba. O sea que cada vez se añadía más gente a la comitiva de Jesús. ¡Por algo sería! Ahora, en esta contemplación, me uno yo también. ¡Es tan valioso lo que enseña! ¡Tan maravilloso lo que hace con los empobrecidos y necesitados, que nadie se lo quiere perder! Nosotros ahora tampoco: ¡no queremos perdernos su Palabra! Por eso estamos aquí para oírlas, rumiarlas, contemplarlas, hacerlas vida. Y hacernos mejores seguidores suyos. Dispongamos el oído y sobre todo el corazón. ¿Para qué, si no, medito yo el Evangelio hoy? ¿Para qué?...
<>Él (Jesús) se volvió y les dijo… Tal vez Jesús en ese momento piensa que son demasiados los que fácilmente le siguen… O que le siguen por intereses personales poco confesables… O que quieren discutirle sus enseñanzas… Y habrá quien crea cada vez más que el Reino de Dios ha llegado, está aquí… ¡Hay que seguirle! Por lo que fuere, lo cierto es que Cristo explícitamente se vuelve hacía ellos para decir algo que es muy duro a los oídos humanos, y más al corazón que no está limpio ni libre… Ese volverse a decirles algo, está significando que algo decisivo quiere afirmar rotundamente… Ahora Jesús se vuelve a ti… Déjate mirar por Él, que su mirada llega dentro, a tu corazón… Aguanta y acoge esa mirada honda y  firme, está llena de cariño, al tiempo que de paz y simpatía, de convencimiento sereno: quiere transmitir confianza, fortaleza y verdades que cambian la vida…, la tuya ahora mismo… ¡Déjate mirar…, te va la vida en ello!, y escúchale decirte:
<>Si alguno viene a mí, y no pospone a su padre y a su madre…  Léelo despacio, son tres líneas. Léelas en voz alta para ti solo… Como para que te entren desde fuera, desde Jesús mismo. ¡Pues así es! Todo el párrafo es de una rotundidad inigualable; no admite tergiversaciones, enredos, interpretaciones que suavicen. ¡Pero no te asustes! Dicen esto: las exigencias de ser discípulo-misionero de Jesús, de ser su testigo, pasan por delante de los vínculos afectivos que tenemos bien enraizados dentro de nosotros, como son la propia familia, padre, madre, esposa, hijos, hermanos y hermanas…, los bienes, y así como en un crescendo, pasan también por delante de la propia persona, sus proyectos e intereses, por buenos y valiosos que fueren… Ante todo está Jesús y su Reino de verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor y  paz. Ante todo está el amor a la voluntad del Padre al estilo de Jesús, para crear un mundo nuevo. Todo lo demás se pospone a esto, va por detrás de esto… No te invitan, pues, a rechazar a nadie, ni a dejarlos de lado y como en el olvido. No. Es cuestión de preferencia: primero Dios, Jesús, después, y desde ellos, lo demás en el orden que pida el Señor. ¿Te dan paz sus Palabras? ¿Te turban, te inquietan?... ¡Déjalas resonar una y otra vez en tu corazón hasta que te vayan dando paz y fortaleciendo tu confianza en Él y en sus Palabras!… Es necesario, porque todo progreso espiritual y todo camino de profundización en la fe viva y total, piden estar dispuestos a desprenderse de aquello que impide ser libres. Esta es la cuestión: ¡ser interiormente libres! Y claro, la renuncia es el precio que hemos de estar dispuesto a pagar. Para ello hay que estar decidido a hacer propia una nueva escala de valores, de criterios, de amores: la de Jesús y su Evangelio. ¿Cómo te sientes para esto? Háblalo despacio con Jesús…, lee y relee sus Palabras en alta voz… ¿Puedes responderle algo concreto? ¡Ánimo! Es muy grande todo esto…, con su gracia, su fuerza, su poder, su Espíritu está actuando en ti…
<> Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve la cruz ahora, en presente, en la vida de cada día… Este el punto culminante del nivel de exigencias en el seguimiento de Jesús. ¿Cargar con la cruz?: es abrazar la vida. Ahora. Hoy. ¡Simplemente! Fíjate bien: cuando Él lleva la cruz va desnudo, sin ningún condicionamiento, libremente, amorosamente, seguro de cumplir la voluntad del Padre a favor nuestro. Fíjate, además:  la cruz de Jesús no es la consecuencia de un acto heroico, sino de vivir fielmente la voluntad del Padre Bueno, que mira y quiere a los hombres con afecto, con misericordia, con el deseo de que encuentren la libertad de vivir profundamente, es decir, en amor, la comunión con Dios y con los hombres sus hermanos. ¡Ah! La cruz es para servir a Dios y a los hombres y llevarlos a su libertad más profunda: la salvación, la santidad… Aquí, no lo olvides, es fundamental pedir que el Espíritu Santo ilumine y fortaleza con esperanza y alegría, cada día, la propia vida… 
<>Al final, pone el Señor un par de ejemplos o parábolas, para hacernos reflexionar y calcular los dones y las disposiciones personales que tenemos, y así caer en la cuenta si estamos en condiciones de seguirle pese a todo: y ver si Él nos llama y nos invita. En definitiva, se trata de tomar conciencia de la propia debilidad y de conocer los propios recursos… ¡Y entonces, sí: darle una respuesta generosa… ¡No nos faltará nunca su ayuda! Recuerda: Dios lo ha calculado todo y se lo ha jugado todo por ti…, por cada uno… Ahí está, si no, Jesús…   
 
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Vivir
 
--Ante todo, cada uno de los pasos de esta contemplación, conviene que sean  repensados cada día un poquito en la Presencia del Señor. ¿Te animas? La razón que estas sus Palabras son Palabras Mayores en la vida y para la vida de un cristiano que buscar serlo en serio. Y eso conlleva rumiarlas y en entrenarse en su aplicación en el día a día y paso a paso con esperanza ilusionante…
--Ser cristiano es irse pareciendo cada vez más a Jesús en obras y palabras. Hoy se nos recuerda que debemos dejar todo aquello que nos impida seguirlo. Vivir a su estilo no es una gracia barata. No. ¿Qué hacer entonces? Pues hay que orar una y otra vez, cada día un ratito, a fin de que el Espíritu nos ilumine y fortalezca, nos ayude a ser verdaderos seguidores de Jesús. ¿O es que no es eso lo que estás buscando?
--No nos engañemos: “escuchar y seguir a Jesús, ayer y hoy y mañana,  exige valentía y correr riesgos que el hombre corriente nunca alcanza a comprender. Pero que rearman moral y espiritualmente al cristiano.

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