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sábado, 6 de julio de 2019

Las 11 diferencias para distinguir entre el amor y la lujuria... y cómo afecta a nuestra felicidad

¿Cuándo es amor y cuándo es lujuria? Depende de si quieres servir a la otra persona, o si quieres los servicios de la otra persona
¿Cuándo es amor y cuándo es lujuria? Depende de si quieres servir a la otra persona,
 o si quieres los servicios de la otra persona

l 1 y 2 de julio, unas 360 personas se emocionaron y conmovieron y rezaron y meditaron en la Universidad Francisco de Vitoria en el encuentro “El Gozo de la Belleza”, unas jornadas formativas impartidas por Christopher West, el mayor divulgador de la Teología del Cuerpo con su TOB Institute, invitado por el Instituto Desarrollo y PersonaEn su libro, West sintetiza en una tabla la diferencia entre amor y lujuria... que puede ayudar a muchos que desconocen el primero y creen que sólo existe la segunda.



11 diferencias entre amor y lujuria
1. La lujuria busca satisfacer a uno mismo. El amor busca entregarse totalmente al otro (“amar es darlo todo y darse uno mismo”, decía Teresa de Lisieux
 2. La lujuria trata a los demás como objetos para usar. El amor afirma a los demás como personas
3. La lujuria sacrificará a los demás por el propio interés. El amor es servicial, el que ama se sacrifica por los demás
4. La lujuria manipula, se usa para controlar al otro. El amor quiere respetar la libertad del otro
5. La lujuria esclaviza. El amor nos libera
6. La lujuria no es exclusiva, se entrega casi a cualquiera. El amor es exclusivo: quiere sólo al amado

7. La lujuria ve el cuerpo como una “cosa”. El amor respeta el cuerpo como un “alguien”
8. La lujuria arrebata el placer, que siempre será bastante fugaz. El amor desea una felicidad eterna
9. La lujuria enseguida se llena de envidia. El amor espera siempre, confía siempre

10. La lujuria termina cuando acaba el placer. El amor permanece en lo bueno y en lo malo

11.  La lujuria nos hace sentir usados. El amor nos hace sentir valorados
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Las 4 características del amor: el esponsal y el de Dios
Tanto el amor de Dios como el amor entre esposo y esposa tienen 4 características compartidas:
1. Se entrega libremente:
No se puede comprar ni sobornar, quien no es libre no lo puede entregar. "Solo si soy libre puedo darme libremente", dice West. "Hermanas, ¿os casaríais con un hombre si sabéis que es incapaz de decir "no" a sus impulsos sexuales? Si no puedes decir "no", no eres libre. Un alcohólico no puede decir no a una copa, está encadenado. Hoy se llama "libertad sexual" a lo que en realidad es adicción sexual".
2. Es entrega total
En los votos matrimoniales decimos "yo, te acepto y me entrego a ti"; al hacer eso excluimos a otras parejas y otros estilos de vida.
3. Es fiel
Incluye, además de la exclusividad, la perseverancia, el acompañar, el mantenerse caminando juntos, el resistir ante las adversidades...
4. Es fértil, da fruto
Se abre a acoger a los hijos, es un amor que genera vida.
"Esas 4 características son las del matrimonio: libre, fiel, fértil, total... Son las 4 cosas que te preguntan al casarte. Así también es el compromiso de Cristo con la Iglesia. Y el acto sexual debe expresar eso con su lenguaje corporal. El acto sexual son los votos matrimoniales hechos carne. Yo entendí eso a los 24 años leyendo la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II. Y todo hizo click, todo en la Iglesia Católica sobre sexo tuvo sentido entonces", explicó West.
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La ética sexual cristiana, como la etiqueta de un elegante banquete, es exigente, pero crea belleza y da vida. La virtud cristiana, como aprender a tocar el piano o destacar en un deporte, requiere aprendizaje y esfuerzo, pero vale la pena y el deseo de algo bueno (hacer música, crear algo bello y perdurable) lo alimenta.
"Jesús no te impone una ética forzada: primero te cambia el corazón, tus valores, tu deseo profundo... Si la ley se inscribe en nuestro corazón, ya estamos libres de la Ley, porque no tenemos deseo de romperla. Somos libres para vivirla, porque es lo que nuestro corazón desea. Solo nos enfadamos con la Ley cuando tenemos deseos de romperla. El problema no es la enseñanza de la Iglesia, sino tu corazón. En vez de intentar rebajar la enseñanza cristiana, pongámonos de rodillas y pidamos al Señor que cambie nuestro corazón", anima Christopher West.
Y plantea un sueño, quizá no tan lejano: "¿Y si un día todo el mundo llega a ver que lo que la Iglesia enseñaba era lo correcto? ¿Y si el mundo reconoce que hemos estado conduciendo como locos en la dirección equivocada con la Iglesia diciendo 'conducís contra dirección, vais a matar a alguien'?
Pablo J. Ginés/ReL











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