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lunes, 23 de agosto de 2021

Aprender a mirar


EYES

"Es descubrir a Dios en todas partes, en nuestro día a día. Y, de manera particular, en nuestro prójimo."

Integrados cada vez más en un mundo tecnológico, tenemos la tentación de mirar la vida a través de las pantallas de nuestros dispositivos. Incluso estamos modificando el modo en que procesamos la información. Pasamos de una pantalla a otra a toda prisa y convertimos la realidad en una mirada fácil, fugaz y superficial. Y, lo peor de todo, mucha gente mira pero no ve nada.
La sociedad, además, nos entrena para evitar las miradas que no nos gustan. La pantalla se convierte en una barrera para que no nos ensuciemos las manos. Nosotros decidimos si queremos ser testigos del sufrimiento de otras personas. Si no nos gusta, pasamos a otra pantalla y listos.

Vemos la pobreza e injusticias del mundo de reojo, sentados cómodamente en el sofá de nuestra casa. Durante unos segundos, nos indignamos, sí, pero no hacemos nada porque, sin darnos cuenta, ya hemos cambiado de pantalla.

Así, se nos escapa el mundo de las experiencias directas y los vínculos afectivos. Nos estamos olvidando de tocar la vida. Estamos dejando de sentir los latidos del corazón. Nos estamos perdiendo la vida en directo. Sin duda, ver el mar in situ es más hermoso que a través de una pantalla.
Hay que volver a aprender a mirar. Y en verano, con más tranquilidad y rodeados de naturaleza, es un buen momento para hacerlo. Aprender a mirar es fijar los ojos verdaderamente. Es abrir la ventana de nuestra alma. Es amar todo aquello que nos ha sido dado. Maravillarse por lo que nos rodea, como los bebés, que se quedan observando embelesados cualquier objeto que descubren, como si fuera lo más extraordinario del Universo.

Aprender a mirar es descubrir a Dios en todas partes, en nuestro día a día.Y, de manera particular, en nuestro prójimo. Aprender a mirar es viajar a las profundidades del corazón para ver mejor lo que está fuera.

Pero también es confiar, creer en lo que no se ve. Si lo hacemos, como dice san Agustínla recompensa será ver lo que uno cree. Porque quien contempla a Dios, aprende a descubrirlo también en los demás.
Aprender a mirar es hacer visible ese mundo en que hemos convertido a los más desfavorecidos en personas totalmente invisibles. Intentemos mirar ese mundo con los ojos de Jesús, que miraba a los más vulnerables y se compadecía de ellos, porque estaban perdidos y abandonados como ovejas que no tienen pastor (cf. Mt 9,36).

Ya decía san Juan de la Cruz que el mirar de Dios es amar. Y es que solo el amor puede hacer visible lo invisible. El papa Francisco, en numerosas ocasiones, nos invita a contemplar el mundo con los ojos de Dios. Es la mirada de su amor incondicional, compasiva, benévola y misericordiosa. En esa mirada cada ser humano descubre su dignidad y el sentido de su existencia: ser amado por Dios. Y con esa mirada también tenemos que aprender a mirar a nuestro prójimo.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

*Este texto corresponde a la carta dominical del 8 de agosto de 2021.


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domingo, 20 de junio de 2021

Aprende a cambiar tu mirada sobre los demás

 

MŁODA KOBIETA


Cambiar la forma en que miras a alguien puede cambiar a la persona misma

«Cambiar tu mirada, cambiar nuestra mirada»: esta es la misión de la asociación Wake Up Café con personas que salen de la cárcel.

Como llevo tres años dirigiendo debates allí, aprecio plenamente la calidad de este consejo: cambiar tu punto de vista sobre el otro, negarte a juzgarlo demasiado rápido, acercarte a él con una mirada nueva, no solo libera una cualidad de las relaciones humanas, sino que también puede cambiar a la persona misma.

Es esta idea la que me gustaría explorar aquí: presenta un interés humano que no es solo valioso para la relación de ayuda. En nuestra actividad profesional sabemos bien que la forma en que miramos a nuestros clientes, a nuestros compañeros, o incluso a nuestras tareas diarias; el significado que les damos; todo ello influye en nuestro estado de ánimo, en nuestra vida, para bien o para mal.

Aprender a liberar la mirada

No todo el mundo es como el contemplativo que mira su objeto por lo que es: la mirada del científico está dirigida a la búsqueda del conocimiento, la del investigador por el descubrimiento, la del emprendedor por el éxito… Cada uno de nosotros mira el mundo animado por un deseo diferente. 

Por no hablar de las emociones que influyen en nuestra mirada, la mayoría de las veces sin nuestro conocimiento. Los miedos, sobre todo, dirigen nuestra mirada hacia los riesgos a evitar, exponen a nuestro juicio los peligros, las seguridades a construir, las personas de las que desconfiar…

La mirada no está exenta de hábitos, buenos o malos, conscientes o no. Liberar la mirada es aceptar volver a empezar, mirar como si fuera la primera vez, pero también es proyectar algo más que la indiferencia o la preocupación: discernir activamente lo positivo del otro y reconocerlo. 

Este es solo el comienzo que tendremos que confirmar en reciprocidad: modificando nuestra propia mirada, expresando acogida más que retraimiento, algo cambia en nosotros, pero también en el que estamos mirando. A menudo basta con quererlo para obtener los primeros frutos.

Pierre d’Elbée, Aleteia -


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miércoles, 20 de enero de 2021

Pareja: ¿Cómo lograr que vuelva a mirarme como antes?


COUPLE, LOVE, SMILE


El amor de muchas parejas se ve reflejado en las miradas que se dedican entre ellas.

¿Cómo es la mirada de quienes se aman? Al comienzo de su relación, los amantes se miran con fascinación y admiración. Pero unos pocos años después del matrimonio, esta chispa se desvanece. ¿Qué se puede hacer para asegurar que aún brille en los ojos de la pareja?

Es algo conmovedor: sorprender a dos amantes que se miran, que incluso sin decirse una palabra se contemplan, deslumbrados y felices. La cara es la parte del cuerpo que más revela a la persona y subraya su singularidad. Aunque el rostro no lo dice todo sobre el otro, es la pantalla donde cada uno trata de percibir la agitación del corazón del amado, de penetrar su misterio, la sinceridad de sus sentimientos, sus emociones más ocultas.

¡Qué tristeza cuando ves la indiferencia en los ojos de tu cónyuge! No puedes dejar de preguntarte si todavía hay amor, si todavía tiene interés por ti, ya que ya no intenta leer el universo de tus sentimientos en tu cara. Tu sufrimiento es entonces comprensible porque la indiferencia mata. Más que el odio, que a menudo no es más que un amor frustrado.

Pero entonces, ¿qué puedes hacer para despertar más deseo y admiración en los ojos de tu cónyuge?

Recrear las condiciones adecuadas

La solución a tu frustración sería averiguar primero por qué tu cónyuge ha perdido el hábito de mirarte. Si se tratara de un declive o de una ausencia de amor, sería importante recrear las condiciones en las que puede renacer: no hay que sobrecargar al cónyuge abrumándole con la atención; no hay que ser ese mendigo de amor que, más que la admiración, puede despertar un sentido de lástima.

Y no hay que ser, como dijo Nietzsche, «el dragón de su tesoro», obligándole a amar, porque el amor solo florece en la libertad. Se trata de recuperar la auto-confianza, de ser atractivo/a porque sí, y no, en primer lugar, para recuperar el afecto perdido.

Otras razones también podrían explicar esta lejanía. Por ejemplo, puede ser que las preocupaciones diarias de tu cónyuge, la sobrecarga de las tareas familiares, se hayan convertido en una prioridad para él o ella: «¡No tenemos tiempo para acurrucarnos! ¡Hay cosas más urgentes que hacer!». La rutina se ha arraigado progresivamente en la relación. También puede atribuirse a un agravio fundamental recurrente, revelado por una actitud a menudo agresiva.

El asombroso poder de la mirada

Finalmente, es posible que quien duda del amor del otro se incline a buscar esa mirada que espera: ¡se te mira menos cuando miras demasiado! «Me está agobiando con sus miradas», dijo una mujer. Y en este caso, a menudo basta con mirar menos para que tu cónyuge, temiendo entonces no contar más, trata de adivinar lo que está pasando y mira más.

Cuidado con cualquier reproche, podemos decir cuánto nos gustaría revivir los momentos de antaño en los que cada uno leía en los ojos del otro esa pequeña luz de admiración, esa pequeña estrella de amor que hace brillar los ojos y los ilumina.

El poder de una mirada es asombroso.

Denis Sonet, Edifa Aleteia

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martes, 27 de enero de 2015

Oración para pedir pureza




Señor Jesús:
Tú me has enseñado que estoy hecho
para amar y ser amado,
y que el amor verdadero sólo puede florecer
allí donde hay pureza, respeto y dominio de sí.

Ayúdame a ser hombre de verdad,
a defender a las mujeres,
a luchar por su dignidad e integridad.

Ayúdame también a purificar cada vez más mi mirada
para ver a las mujeres no como un objeto de placer,
sino como hijas amadas de tu Padre.

Ayúdame a vivir la castidad con mi enamorada (novia),
a demostrarle que por amor a ella estoy dispuesto
a dominarme a mí mismo y esperar hasta el matrimonio
para crecer en un amor más puro, libre y maduro.

Fortaléceme, Señor, para que pueda cuidar mi pureza
en medio de una civilización saturada de elementos
de hedonismo, egocentrismo y sensualidad.

De la pornografía ayúdame a huir,
con la conciencia de que es un veneno y una plaga
que destruye a las personas y degrada mi capacidad de amar.

Señor, yo te prometo luchar con firmeza; concédeme Tú
la gracia para vivir la castidad de mente, corazón y cuerpo,
y así poder amar cada día más con un amor
que se asemeje cada vez más al Tuyo.
¡Que así sea! Amén.
Oración publicada en la web de LaOpciónV






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