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sábado, 13 de diciembre de 2025

Respeto: la puerta sagrada al amor que perdura

 

pareja
Para que un matrimonio ame verdaderamente es necesario contar con tres importantes columnas de amor que demuestran apertura y respeto

Hay palabras que parecen sencillas hasta que la vida nos pide vivirlas. Respeto es una de ellas. Tan breve, tan cotidiana… y sin embargo, tan frágil cuando el cansancio, los malentendidos o las heridas de la historia personal salen a flote. Hay tres columnas que sostienen un matrimonio sano: respeto, admiración y confianza. Hoy trataremos  al primero, porque allí —en ese gesto silencioso, sutil y cotidiano— se juega el destino de un amor que quiere durar.

Respetar a quien amas es, antes que nada, recordar quién es esa persona para ti. No es cualquier voz, no es un transeúnte, no es un espectador lejano. Es tu compañía en el  camino, la mirada que elegiste, la presencia que comparte tus días. Por eso el respeto no es un trámite ético, es un acto de delicadeza espiritual. Es tratar a tu cónyuge como un misterio sagrado que merece ser cuidado, como un jardín que florece si se le habla con ternura.

Respetar es construir con amor

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El respeto empieza en la palabra. En ese instante donde puedes elegir entre construir o herir. No insultar —ni de frente ni en insinuaciones disfrazadas— no es una regla: es un acto de amor. Es resistir la tentación del impulso, del comentario ácido, del chiste que lastima. Cada vez que evitamos una frase hiriente, le decimos al otro: "Tu alma me importa. Tu paz me importa. Tu dignidad me importa".

A veces el daño no llega como golpe, sino como sombra. Una sospecha expresada sin cuidado, una insinuación que siembra duda, una acusación gratuita, una calumnia nacida del mal humor. Estas grietas, aunque parezcan pequeñas, fisuran el corazón.

Detrás del respeto está siempre la conciencia de que estás hablando con alguien cuya historia, vulnerabilidad y valor te han sido confiados. No es correcto —y menos aún amoroso— levantar falsos, suponer intenciones, atribuir culpas o diseccionar con dureza la conducta del otro. Amar no es vigilar; es comprender.

Un amor libre

El respeto también se expresa en permitir que el otro sea. En no querer corregir cada decisión, no cuestionar cada paso, no reclamar por viejas experiencias. Amar es conceder libertad sin que eso nos parezca una amenaza. Es decirle a la pareja: "Camina como tú eres. Y yo caminaré contigo". Cuando un matrimonio crece, no lo hace por uniformidad, sino por armonía: dos notas distintas que, juntas, producen una melodía que ninguna podría generarse sola.

Respetar es aprender a callar a tiempo. No opinar cuando no te la piden. No debatir por deporte. No convertir cada diferencia en un tribunal. El matrimonio no es una guerra de argumentos, sino un diálogo de almas. "Hablar solo para sumar" podría ser una buena consigna. Si una palabra no construye, si no acerca, si no ilumina, mejor callar.

Respetar es una forma luminosa de amar

matrimonio - pareja

El matrimonio no se preserva por discursos, sino por gestos. Por esos pequeños actos diarios que dicen: "Me importa no lastimarte". Un amor práctico, encarnado, que habla con dulzura y actúa con responsabilidad.

Un amor que sabe ejercer la palabra justa, la calma oportuna, la presencia que no agrede ni presiona. Un amor que se hace hogar.

Porque la persona que tienes a tu lado no es cualquier persona. Es aquella con quien decidiste compartir la aventura de lo cotidiano. Y un amor que se honra en el respeto es un amor que florece sin miedo, que crece con el tiempo, que se asienta como un árbol firme cuya sombra da paz, cuyo fruto es bueno, y cuyo aroma permanece aun cuando callan las palabras.

Guillermo Dellamary, Aleteia

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lunes, 23 de octubre de 2023

Líderes cristianos de Jerusalén imploran que se respeten los lugares de refugio durante los ataques


 

El patriarca de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, junto al resto de patriarcas y jefes de las iglesias de Jerusalén, al que se les ha unido también Justin Welby, arzobispo de Canterbury, presente estos días en Tierra Santa, han publicado una declaración conjunta para hacer un urgente llamamiento a la moderación, la desescalada de la violencia y la protección de los civiles, tras las víctimas provocadas en el hospital anglicano de Gaza y en la parroquia ortodoxa de San Porfirio, donde 18 cristianos murieron.

“Estas explosiones provocaron el colapso repentino y catastrófico de dos salas de la iglesia en las que dormían decenas de refugiados, entre ellos mujeres y niños. Decenas de personas se vieron instantáneamente aplastadas bajo los escombros. Muchos resultaron heridos, algunos de gravedad. Según el último recuento, han muerto dieciocho, nueve de los cuales eran niño”, afirman los líderes cristianos.

En Gaza actualmente hay una parroquia católica, otra ortodoxa, un pequeño grupo de protestantes, a lo que hay que sumar las distintas obras sociales, educativas y caritativas de las tres confesiones. En total, hay unos 1000 cristianos en toda la franja de Gaza, en una población total que supera los 2,5 millones.

De este modo, en su declaración, los líderes cristianos afirman que “a pesar de la devastación causada a nuestras propias instituciones sociales, religiosas y humanitarias y a otras, nosotros, los Patriarcas y jefes de las Iglesias, seguimos plenamente comprometidos a cumplir con nuestro deber sagrado y moral de ofrecer asistencia, apoyo y refugio a aquellos civiles que venga a nosotros en una necesidad tan desesperada. Incluso frente a las incesantes exigencias militares de evacuar nuestras instituciones caritativas y lugares de culto, no abandonaremos esta misión cristiana, porque literalmente no hay otro lugar seguro al que puedan acudir estos inocentes”.

Afirman que siguiendo el Evangelio seguirán ayudando a los más vulnerables, y esto es algo que no sólo se debe hacer en tiempos de paz. “La Iglesia debe actuar especialmente como iglesia en tiempos de guerra, porque es entonces cuando el sufrimiento humano es mayor”, agregan.

Sin embargo, aseguran: “No podemos cumplir esta misión solos. Por lo tanto, hacemos un llamado a la comunidad internacional para que aplique de inmediato protecciones en Gaza para los lugares de refugio, como hospitales, escuelas y lugares de culto . Y pedimos un alto el fuego humanitario inmediato para que se puedan entregar alimentos, agua y suministros médicos vitales de manera segura a las agencias de ayuda que atienden a los cientos de miles de civiles desplazados en Gaza, incluidos aquellos operados por nuestras propias iglesias”.

Por último, hacen un llamamiento “a todas las partes en conflicto para que reduzcan la violencia, dejen de atacar indiscriminadamente a civiles de todos los lados y operen dentro de las reglas internacionales de guerra”.

ReL

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domingo, 25 de junio de 2023

Cuando cae una Hostia al suelo, ¿qué hacer?

SURPRISE

El escritor Claudio de Castro explica cómo quedó paralizado cuando sucedió en la Comunión y lo que la Iglesia indica para esos casos

Amenudo nos escriben nuestros lectores con todo tipo de preguntas e inquietudes. Una reciente es esta: «Cuando cae una Hostia, ¿qué hay que hacer?».

Por lo general el sacerdote se inclina, la toma con devoción y la consume. Luego sigue distribuyendo la Sagrada Comunión. Seguro en alguna ocasión lo has observado.

La primera vez que vi caer una Hostia desde el copón que sostenía el sacerdote (parece que estaba muy lleno) quedé paralizado.

Me parecía algo imposible de ocurrir. No supe qué hacer ni cómo reaccionar.

Mientras escribía este artículo descubrí una palabra nueva y me gustaría comentarla: «pixide«, ¿sabes lo que significa? Me llamó la atención. Hay tantas palabras curiosas en nuestra Iglesia.

La segunda vez que vi caer una Hostia fue de la mano de una persona mientras el sacerdote la colocaba.

Me impactó tanto que Jesús cayera al suelo, que hice algo inesperado, le escribí al arzobispo de mi país. ¡Vaya atrevimiento de mi parte!

Una petición para evitar que la hostia caiga al suelo

Le contaba lo que vi y cuánto me impresionó. Le sugerí que para evitarlo en el futuro podrían usar patenas durante la comunión en todas las misas.

PATENE

Era lo usual cuando yo era pequeño y comulgábamos de rodillas en un reclinatorio. Siempre había un monaguillo al costado del sacerdote sosteniendo una patena.

«Por favor Monseñor, tratemos a Jesús con delicadeza, en el seminario hablen a los seminaristas de esto, y pida a los sacerdotes que usen la patena durante la comunión. Sé que a veces es un poco complicado, pero por Jesús Sacramentado cualquier esfuerzo vale la pena. Nunca podremos pagar tan grande amor».

Fue muy bonito porque meses después un sacerdote amigo me llama a la sacristía. «Oye Claudio, el arzobispo nos leyó tu carta».

La verdad es que ya ni me acordaba, se dio cuenta y me explicó. «Los sacerdotes tenemos reuniones con nuestro obispo. En la última nos habló de ti, del cariño que le tienes a Jesús y nos leyó tu carta. A todos los sacerdotes nos pareció muy buena».

La verdad es que me siento tan feliz cuando veo en misa usar la patena durante la comunión…

Evita que caigan partículas de Hostia consagrada o la hostia completa al suelo. Cuánta delicadeza con Jesús. ¡Él merece estos cuidados y más!

«Recójase con reverencia»

Ahora bien pasemos a la pregunta del lector: «¿Qué hacer en esos casos?»

Es importante que los católicos sepamos lo que indica nuestra Iglesia. Por eso en Aleteia nos esforzamos tanto en escribir sobre estos temas.

Aquí están las instrucciones para el sacerdote.

Según la Instrucción General del Misal Romano (280):

«Si se cae la Hostia o alguna partícula, recójase con reverencia; pero si se derrama algo de la Sangre del Señor, lávese con agua el lugar donde hubiere caído y, después, viértase esta agua en el «sacrarium» colocado en la sacristía«.

Ahora lo sabes, hay que tener mucho cuidado para que no ocurra. Pero no solo es el sacerdote usando una patena durante la comunión

También puedes hacer tu parte como laico y evitar a toda costa que el Santísimo Sacramento caiga al piso.

Si lo recibes en la mano… revisa siempre la palma de tu mano: que no queden partículas de la Hostia Santa. Ten ese pequeño acto de caridad y amor con Jesús.

Una pregunta: «¿Ya visitaste a Jesús en el Sagrario?». No lo dejemos solo.

¿Me permites pedirte un favor? Cuando vayas a verlo dile: «Claudio te manda saludos«. Ya sabes que me encanta sorprenderlo!

¡Dios te bendiga!


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