Para los católicos, integrar las prácticas religiosas en nuestrasrutinas diarias es una manera fácil de dar profundidad y significadotrascendental a nuestra vida cotidiana. Aquí hay algunas maneras deintegrar la fe y la rutina:
Comienza con la oración de la mañana
Dar las gracias antes de las comidas es una tradición que todos pueden disfrutar y apreciar. Esta sencilla oración convierte una actividad rutinaria en un momento de conciencia, reconociendo la providencia de Dios. Es un momento rápido para fomentar la gratitud.
Rosario familiar
A algunas familias les gusta rezar el Rosario juntas. Esta práctica no sólo fortalece los lazos familiares, sino que también profundiza su fe colectiva. Desde un punto de vista muy práctico, es una forma de enseñar a los niños que no todos los planes familiares tienen por qué centrarse en la diversión y el juego. También podemos compartir momentos para pensar, contemplar y aprender.
Actos de bondad
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Incorporar actos aleatorios de bondad en nuestra vida diaria es la manera perfecta de vivir nuestra fe. Pequeños actos como sonreír, decir palabras amables o ayudar a un prójimo demuestran que el amor y la compasión están en el corazón de las enseñanzas católicas, ofreciendo amor y servicio a Dios en nuestra comunidad.
Reflexión antes de dormir
Terminar el día con un momento de reflexión y oración es fundamental. Algunas familias suelen utilizar el Examen , una práctica desarrollada por san Ignacio de Loyola, que consiste en repasar los acontecimientos del día, reconocer la presencia de Dios y pedir perdón por las deficiencias.
Integrar estas prácticas consiste en ser intencional y consciente. Al ser conscientes de las dimensiones espirituales de las acciones cotidianas , los momentos ordinarios se vuelven sagrados.
En un mundo que a menudo avanza a un ritmo frenético, tomarse un momento para infundir fe en las rutinas diarias puede proporcionar un ancla muy necesaria. Este enfoque consciente mantiene viva la fe y hace que la vida cotidiana sea más satisfactoria y significativa para nosotros y nuestros hijos.
Porque cada momento que pasas con tus niños es importante. Cualquier ocasión es buena para educarles.
La educación es algo que se aprende en casa y cada momento de convivencia con los hijos es una ocasión única para ir sembrando la educación y los valores que queremos para nuestros hijos.
Estos son algunos consejos específicos que tienen que ver con momentos concretos en casa:
1. Establece horarios para cada actividad
Es muy importante que los niños tengan horarios y que sepan cumplirlos. Diseñar un horario con los hijos puede ser un buen inicio para la convivencia. Es recomendable ponerlo en algún lugar de su habitación, para que lo tengan presente y sepan qué hacer cada día.
2. Confecciona y fomenta rutinas
Si los horarios son importantes, las rutinas suponen un nivel igual o superior. Tenemos que establecer rutinas en los niños. Estas pueden ser de orden, higiénicas, saludables o de otra índole.
A modo de ejemplo podemos indicar que se laven las manos siempre antes de cada comida, cepillarse los dientes bien después de comer, preparar a la noche antes de acostarse su mochila para el día siguiente, recoger un juguete antes de sacar otro, etc.
El orden en el hogar facilita la convivencia y ayuda a crear armonía en casa.
3. Dota a los niños de roles y responsabilidades
En familias con dos o más niños incluso se puede nombrar a un encargado de supervisar el orden y que se cumplan las rutinas y/o normas establecidas por la familia, el encargado se puede cambiar cada día o cada semana, éste tendrá diversas funciones, por ejemplo supervisar que ninguno de sus hermanos deje las luces encendidas, el grifo abierto, la tapa del WC levantada, etc.
El juego de roles es un juego que gusta mucho a los niños y los dota de gran autoestima y motivación, aprenden a establecer reglas, cumplirlas y hacerlas acatar.
4. Utiliza estas palabras
“Gracias” , “te quiero”, “perdón”, “por favor”, “lo siento” y “ponte en su lugar”. Estas palabras positivas y empáticas promueven una buena educación. Y es que el lenguaje positivo promueve comportamientos positivos
5. Enséñales el valor de las cosas y a tener paciencia
Los niños tienen que tener paciencia, y la paciencia hay que entrenarla. Hay padres impulsivos que tan pronto el niño pide algo, porque se lo vio a un amigo, en la televisión o en un catálogo de juguetes, se deciden inmediatamente para comprarlo.
Sin embargo si les educamos a adquirir las cosas con esfuerzo estaremos enseñando a nuestros hijos a valorarlas más. De este modo aprenden a valorar más lo emocional y afectivo que lo material. Es el momento de manifestarles lo mucho que los queremos.
6. Conserva los momentos familiares
Quizá por trabajo o por el ritmo de vida actual, se están perdiendo los momentos familiares, esos momentos de diálogo entre los miembros de la familia, donde cada uno cuenta qué tal fue su día.
Por eso, conviene valorar los buenos momentos de conversación entre adultos y niños que se establecen en el hogar familiar.
Los días de descanso y fines de semana suelen ser una gran oportunidad para realizar actividades en familia. No hace falta tener dinero para grandes viajes. Una excursión, un picnic, un paseo matutino pueden ser grandes momentos para disfrutar la familia.
Cada momento de la vida ha de ser una buena ocasión para educar a los niños.
Para cuidar el amor en el matrimonio hay una regla de oro que se compone de tres elementos
Se acerca San Valentín y la imagen de corazones rojos nos viene a la cabeza.
Muchas personas experimentan un pellizco de ilusión que recorre su interior. Han vivido lo que es estar enamorado y cuando piensan en ese momento una sonrisa ilumina su cara.
Esa sonrisa puede verse difuminada rápidamente por el devenir de la vida, las prisas, el estrés que nos producen las obligaciones laborales y familiares, la casa, los hijos, nuestro espos@. Pero mirando el calendario no dejamos de resistirnos a pensar que hay un día para los enamorados, 14 de Febrero, San Valentín.
¿Recuerdas cuando te enamoraste de tu esposa o esposo? ¿ Qué es lo que te atraía de él (o ella)?
Poder recuperar esos momentos y traerlos al presente te permite descubrir que cuando te enamoraste de tu espos@ hubo una atracción inicial, que generó un deseo de estar juntos y unas ganas de quereros porque entendías que la otra persona era buena para ti.
La rutina hace que la relación se vuelva aburrida.
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Quizás, a estas alturas esa fase de enamoramiento se pasó. Tal vez, esas ganas de estar juntos se han convertido en un pasar de puntillas por delante del otro para evitar conversar y que podamos discutir. Quizás, el paso de los años de convivencia y un no saber entender a la otra persona en su necesidad, haya hecho que nos sintamos heridos y que en esa realidad, no tengamos ilusión por compartir nada con la otra persona, nos hemos convertido en compañeros de piso. Cada uno tendrá sus circunstancias, variadas y completamente legítimas.
Dos preguntas
Por eso, el saber que estamos juntos a pesar de las dificultades, que seguimos siendo fieles a ese compromiso adquirido con un sí quiero hace ya algún tiempo, nos puede hacer reflexionar sobre el verdadero sentido de ese amor y recuperar la esencia de lo que en su día nos unió.
¿ Estarías dispuesto a cuidar tu amor?
¿Cómo lo podemos poner en práctica si ya llevamos varios años casados? Esa chispa ya no existe, ahora no somos tan jóvenes…
¿Cuidas el amor en tu matrimonio? ¿Estás dispuesto (dispuesta) a hacerlo?
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Para cuidar ese amor hay una regla de oro.
La regla de la atracción, el deseo y la querencia.
1ATRACCIÓN.
La otra persona se presenta como un bien para mí, como una realidad que se manifiesta de manera positiva, alegre y atrayente para mí.
Trabajar ese amor a través de la atracción supone cuidar no sólo el aspecto y la presencia física, sino los detalles de cariño, los detalles de humor, introducir rutinas de afecto y evitar la monotonía. Pedir cariño cuando lo necesitemos (pero sin exigirlo) y dar afecto, con palabras, con gestos (cada matrimonio tendrá sus códigos). Decir ‘te quiero’.
Ser capaz de descubrir cada día algo positivo del otro (tratando, por ejemplo, de mirarle como si fuese la primera vez que le vemos, valorar lo que hace, por pequeño que parezca, redescubrir al otr@) y darse a la otra persona de manera incondicional.
Saber ver que el otr@ es bueno para mí y me hace ser mejor, es ejercitar la confianza en nuestro matrimonio.
2DESEO.
Entendido no como un deseo de posesión o de mero deseo sexual, sino descubrir a la otra persona como una bien necesario para mí, que me hace mejor como persona.
Para ello, habrá que cultivar el dar y recibir cariño, buscar y cuidar los tiempos de intimidad en pareja y los tiempos de relación con otras personas, encontrando un equilibrio maduro.
Saber pedir perdón y perdonar. Ser agradecido.
Es anhelar y aprender a querer bien al otro.
Perdonar es clave, lo mismo que saber decir «gracias».
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3QUERENCIA.
Se refiere a desear el bien del otro y actuar con ese fin. En la medida en que vamos poniéndolo en práctica, vamos invirtiendo en nuestra relación, transformándose en un querer recíproco en el que ya no somos tú o yo, somos nosotros.
El amor supone siempre dedicación y donación al otro, tiempo, compromiso con el otro, con el nosotros.
En la carta de San Pablo a los Corintios tenemos todos los ingredientes del amor verdadero:
«El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13,4-7)
El Papa Francisco desarrolla el significado del amor en el matrimonio en el capítulo 4 de Amoris Laetitia.
Quizás estos días puede ser bonito leerlos con nuestro esposo o esposa recordando ese día en el que nos enamoramos y hablar sobre puntos de mejora en nuestra relación.
Quizás San Valentín nos pueda ayudar a tener más presente el amor verdadero y buscar ese reenamorarnos en nuestro matrimonio cada día.
Convierte tus tareas monótonas en el trabajo y el hogar en oportunidades de crecimiento espiritual
Amenudo pienso que si tuviera más tiempo, podría dedicar más tiempo a Dios. Siento como si las pequeñas tareas monótonas de mi rutina diaria me impidieran hacer cosas mejores y más importantes, ya sea leer un buen libro espiritual o tener tiempo para orar.
Pero me he dado cuenta de que todo eso no es cierto. Si reoriento mi pensamiento, puedo convertir la monotonía en oración.
De hecho, hay muchos santos que pasaron su vida haciendo tareas repetitivas y usaron sus tareas diarias como una ayuda para acercarse más a Dios.
Por ejemplo, a san Martín de Porres solo se le permitía hacer las tareas que otras personas no querían hacer cuando pidió unirse a un convento de dominicos. Fue esencialmente un sirviente durante gran parte de su vida, y solo después de un permiso especial se le permitió ayudar en la enfermería cuidando a los enfermos. Sus días no fueron glamorosos y no escribió ningún libro profundo ni evangelizó países enteros. Pero permitió que las pequeñas tareas que tenía que hacer lo ayudaran a acercarse más a Dios.
Chiara Corbella Petrillo, declarada Sierva de Dios, descubrió que como esposa y madre que se queda en casa podía ofrecer todo en su día a Dios por los demás. A menudo ofrecía pequeñas cosas como hacer la cama, preparar café y barrer el piso para su esposo. Descubrir este secreto ayudó a transformar su rutina diaria y lo convirtió en algo importante que cuidar en lugar de algo innecesario por lo que apresurarse.
Entonces, siguiendo el ejemplo de Martín, Chiara y muchos otros, aquí hay algunos ejemplos de formas de encontrar a Dios en las partes más aburridas y aparentemente sin importancia de tu día.
1OFRECE COMO ORACIONES LAS PARTES DE TU DÍA QUE MENOS TE GUSTAN
¿Esperando en una larga fila? ¿Fregar el suelo? ¿Arreglando la fotocopiadora en el trabajo? Ora a través de ello. Comienza un misterio del Rosario, o si necesitas más concentración, ofrece lo que está haciendo a Dios cuando empieces. Podrías decir algo tan simple como “Necesito ayuda para arreglar esta impresora” o “Señor, date prisa en ayudarme” o haz la señal de la cruz.
2DEDICA TUS FRUSTRACIONES DIARIAS POR LAS PERSONAS QUE CONOCES QUE ESTÁN SUFRIENDO
Escribe una lista de intenciones, y luego, cuando tu calentador deje de funcionar, o el tercer supermercado en el que hayas intentado encontrar un ingrediente no lo tenga, tendrás una razón para ser paciente. Tal vez esa intención sea un familiar que está luchando contra el cáncer, o un compañero de trabajo que acaba de ser despedido. En cualquier caso, da sentido a los inconvenientes que vives, además de dirigir tus pensamientos al sufrimiento de los demás en lugar de al tuyo propio.
3ORA CADA VEZ QUE ENTRAS AL COCHE
Di una breve oración a tu ángel de la guarda o un Ave María pidiendo protección en tu camino. No solo es una oración muy práctica (¿quién no necesita un poco de gracia extra mientras conduce?), sino que ayuda a dedicar mucho más de tu día a Dios.
4ESCUCHA ORACIONES O UN PODCAST ESPIRITUAL MIENTRAS LIMPIAS
¿Por qué no aprender un poco sobre tu fe mientras haces algo monótono? Aquí hay algunas ideas si no estás seguro de qué podcast escuchar:
5ORA ANTES DE COMER
Puedes decir una simple oración de «Gracias, Jesús, por esta comida» o la clásica oración «Bendícenos, Señor». Hacer y comer alimentos constantemente interrumpe nuestro día. Agradecer a Dios a la hora de comer es una forma de ofrecerle la mañana y la tarde.
Nunca terminas: Recoger los juguetes de los niños, hacer la compra, vaciar el lavavajillas, preparar las comidas… Las jornadas familiares se miden al ritmo de las pequeñas tareas cotidianas que, rápidamente, pueden convertirse en agotadoras y empujar al desánimo. Para encontrar la alegría de realizarlas, este es el mejor método que puedes aplicar.
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UN GRAN DÍA PARA ORDENAR. Organiza de vez en cuando ─por ejemplo, antes de un cumpleaños o una celebración─ un gran día para ordenar. Será el momento de ordenar todas las cosas y decidir de qué deshacerse para siempre. Explica bien a tu hijo este sabio principio: cuando un objeto nuevo entre en casa, tendrá que renunciar a otro antiguo para dejar paso al recién llegado y evitar así acumular trastos. Explícale que los juguetes con los que ya no juega porque es mayor harán muy feliz a algún niño más pequeño. También, anímalo a preparar una caja de cartón con cosas limpias y en buen estado para donarlas a una asociación que haga buen uso de ellas para otros niños. No olvides felicitarlo con solemnidad. ¡Una lección de empatía que tu querida cabecita morena no olvidará!
La educación es una misión apasionante. Pero el tiempo que se pasa poniendo en regla las cuestiones materiales puede resultar muy fastidioso. Sobre todo porque nunca terminan: Preparar biberones, encontrar el segundo calcetín, cambiar las bombillas, pagar las facturas…. Una vez que lo has hecho todo, hay que hacerlo otra vez. Los días de desaliento no faltan. ¡Cuidado con el agotamiento!
Pequeñas estrategias que aplicar
El primer resorte del desánimo se pone en marcha cuando perdemos de vista la finalidad de nuestras acciones. ¿De qué sirve recoger los cubos que mañana estarán desparramados de nuevo?
El segundo resorte del desánimo es la impresión de una ausencia de libertad frente a estas tareas: alguien tiene que hacerlo, esos calcetines no se van a clasificar solos. El tercer resorte es el sentimiento de soledad: si yo no lo hago, ¿quién va a hacerlo, un niño de 8 meses?
Frente al hartazgo del día a día, hay varias estrategias posibles:
Organizarse,
Intentar delegar,
Incluso, si es necesario, prever una ayuda de un profesional del hogar y el presupuesto correspondiente.
Sin embargo, la organización no lo puede todo, una familia no es una empresa. ¿La gran diferencia? Podemos cambiar de gestor sin desnaturalizar la empresa, ninguna persona es irremplazable. En cambio, los padres son insustituibles. Saben bien que no pueden delegar su paternidad en otra persona, de ahí el sentimiento de soledad fundamental.
Sobre este asunto, el desasosiego no desaparecerá a base de racionalización logística. Reconozcamos entonces que nuestra vitalidad frente a las tareas repetitivas y francamente poco estimulantes puede ser una cuestión de vida interior. Si los hacemos por Dios podremos encontrar la alegría que a veces escasea cuando realizamos estas tareas.
Hazlo con Él
Mientras nos sentimos solos, Él nos considera únicos, como individuos sin los cuales el mundo es menos resplandeciente. Mientras que nuestro cuerpo se fatiga y nos pesa, Él dedica a este cuerpo una mirada llena de admiración y de alegría.
Lo mismo que cuando “miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno” (Gn 1,31). Dios mira a la mujer y al hombre tal y como somos, no solo como individuos que alimentan hermosos pensamientos y nobles intenciones, sino como seres sexuados, de carne y hueso, que van y vienen con fardos de ropa sucia y pegan tiritas en rodillas con rasguños. Él ve, observa y admira. Incluso cuando cambiamos por enésima vez las bombillas.
La finalidad de nuestras acciones ya no es opaca. Solamente ha estado oscurecida, porque aquello que hacemos por los demás, con frecuencia lo hacemos en su ausencia. Decidamos hacerlo también por el Señor: todo lo que se hace para Dios se hace con Él. Siguiendo el ejemplo de san Pablo, bendigámosle por habernos hecho sus colaboradores. Todo lo que se hace para Dios, se hace con Él.