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martes, 30 de junio de 2026

Vivir apegado a las cosas te estorba la vista del cielo

¿Cuántas cosas tienes en tu casa?, seguramente a todos nos ocurre que no sabemos donde colocar más objetos porque caemos en el consumismo, sin reflexionar en la necesidad que tenemos de comprar o no esos artículos que llenan nuestro deseo de tener más. Pero, ¡cuidado!, vivir así podrían estorbar nuestra mirada y perder de vista el cielo.

Jesús te invita a seguirlo

Una manera de frenar nuestro deseo insaciable por tener más es pensar en que el día que muramos dejaremos todas nuestras cosas y quién sabe qué harán con ellas nuestros familiares. Eso nos hará reflexionar sobre lo que verdaderamente vale la pena, porque el apego a lo material es un estorbo para la vida.

El llamado de Jesús, dejando todo lo que no esencial, excepto seguirlo a Él, lo encontramos en el Evangelio en repetidas ocasiones. Los discípulos así lo siguieron:

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.  Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».  Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron (Mt 4, 18-20). 

Dejaron todo inmediatamente y lo siguieron. Sabemos que ganaron el cielo porque prefirieron lo más importante: seguir a Jesús y predicar el evangelio.

Lo que perdió el joven rico

También tenemos la otra cara de la moneda: un joven que cumplía todos los mandamientos pero no se decidió a abandonar sus posesiones, a pesar de que deseaba heredar la vida eterna:

Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».  A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico (Mc 10, 21-22).

¿Qué pasó después con aquel joven? No lo sabemos, pero seguramente no pudo sacar de su cabeza que había perdido la oportunidad de su vida.

Eso mismo puede ocurrirnos si no nos deshacemos de lo superfluo. Eso no significa que dejemos de comprarnos lo que nos guste, sencillamente hay que ser moderados y no dejarnos llevar por la adicción a las compras. Y sobre todo, pensar en los menos afortunados que nosotros y ayudarlos en sus necesidades por caridad.

Que el deseo del cielo nos mantenga con la mirada en lo que ganaremos al morir y nos aliente a libres de apegos materiales para ser felices en esta vida.

Mónica Muñoz, Aleteia

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sábado, 8 de noviembre de 2025

Evangelio del día


Lectura del Día

Romanos 16, 3-9. 16. 22-27

Hermanos: Saluden a Prisca y a Aquila, colaboradores míos en el servicio de Cristo Jesús, que por salvar mi vida arriesgaron la suya. A ellos no sólo yo, sino también todas las comunidades cristianas del mundo pagano les debemos gratitud. Saluden también a la comunidad que se reúne en casa de ellos.

Saluden a mi querido Epéneto, el primero que en la provincia de Asia se hizo cristiano. Saluden a María, que ha trabajado tanto por ustedes. Saluden a Andrónico y a Junías, mis paisanos y compañeros de prisión, que se han distinguido en predicar el Evangelio y en el apostolado, y que se hicieron cristianos antes que yo. Saluden a Ampliato, a quien tanto quiero en el Señor. Saluden a Urbano, colaborador nuestro en el servicio de Cristo, y a mi querido Estaquio.

Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz. Todas las comunidades cristianas los saludan.

Yo, Tercio, el escribano de esta carta, también les mando un saludo en el Señor. Los saluda Gayo, que me hospeda a mí y a esta comunidad. Los saludan Erasto, administrador de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes. Amén.

A aquel que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.

Evangelio del Día

Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero él les dijo: “Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios”.

Las palabras de los Papas

La riqueza puede empujar a la gente a construir muros, crear divisiones y discriminación. Jesús, por el contrario, invita a sus discípulos a invertir el curso: “Hacer amigos con las riquezas”. Es una invitación a saber transformar bienes y riquezas en relaciones, porque las personas valen más que las cosas y cuentan más que las riquezas que poseen. En la vida, en efecto, no son los que tienen tantas riquezas los que dan fruto, sino los que crean y mantienen vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”, es decir, de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado. Pero Jesús indica también el fin último de su exhortación: “Haceos amigos con las riquezas injustas para que os reciban en las moradas eternas”. Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, nos acogerá en el Paraíso no solamente Dios, sino también aquellos con los que hemos compartido, administrándolo bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos. (Papa Francisco - Ángelus, 22 de septiembre de 2019)

(vatican.va)

Oración

¡Señor hazme honrado, justo, equitativo, con rectitud de ánimo, con integridad en el obrar! ¡Concédeme la gracia de vivir con absoluta honestidad en todo lo que haga, ayúdame a no mentir nunca, a aceptar mis errores cuando me equivoco, ser transparente en todos mis actos, que no afecten los actos ajenos! ¡Concédeme la gracia de discernir siempre la verdad y Tu verdad, Señor, e invítame a invocar siempre tu nombre para que todo lo que hago sea justo y bueno! ¡Te pido, Señor, que me concedas la gracia de someterme a tu Espíritu! ¡Hazme entender, Señor, que la vida no consiste en acaparar bienes y hazme una persona orante para evitar que la avaricia se adueñe de mi! ¡Hazme entender, Señor, que solo puedo liberarme de la avaricia convirtiendo todos mis actos en servicio y generosidad! ¡Llena mi corazón de bondad, generosidad, entrega, servicio y no permitas que mis vacíos interiores cuando lleguen trate de llenarlos de cosas materiales! ¡No permitas que el dinero se convierta en mi amo sino en un instrumento para el servicio y el buen hacer!

(orarconelcorazonabierto)

sábado, 8 de abril de 2023

¿Te cuesta dejar de lado cosas materiales? Un consejo que tranformará tu vida

monja desprovista de cosas materiales

Créditos: Fr Lawrence Lew, O.P., Flickr, CC BY-NC-ND 2.0.

¿Vivir con sencillez y desapegarse de las posesiones materiales puede conducir a la libertad espiritual y una fe más profunda? TK Coleman , un conocido minimalista convertido al catolicismo, discutió el poder transformador de reevaluar nuestra relación con las posesiones materiales para lograr una vida espiritual más satisfactoria con John Heinen y Sam Guzman de The Catholic Gentleman .

Basándose en su viaje personal y en las ideas de las enseñanzas de la Iglesia, Coleman compartió consejos prácticos para los católicos que buscan dejar atrás las cosas que ya no les sirven.

¿Te cuesta dejar de lado cosas materiales? Un consejo que tranformará tu vida

Explicó que el desafío no está en separarse de las cosas en sí, sino en liberarse de las historias que nos atan a ellas. Es importante que aprendamos a dejar de lado las creencias autodestructivas y, en su lugar, adoptemos nuevas narrativas que fomenten el crecimiento espiritual para vivir verdaderamente una vida floreciente.

“Dejar ir se trata de aprender a contarnos una historia diferente… tal vez mi amor por esta persona no está completamente encapsulado en este objeto físico… nuestros recuerdos no están en nuestras cosas; nuestros recuerdos están en nosotros mismos.”

Coleman también enfatizó la importancia de la humildad y el reconocimiento de nuestra dependencia de la gracia de Dios para liberarnos del apego a las cosas mundanas.

Señaló que al participar en los rituales de la Iglesia, como asistir a Misa, rezar el Rosario y confesarse, podemos experimentar un sentido renovado de fe y encontrar la fuerza para superar nuestras luchas.

“Nuestros rituales nos transforman, y cuando la escritura nos dice que no nos conformemos a este mundo… sino que nuestras almas sean transformadas por la renovación de nuestra mente, ¿qué significa eso? Es la vida litúrgica, sacramental y devocional de la Iglesia”, explicó Coleman.

Estos momentos sagrados nos permiten una introspección más profunda y una conexión más profunda con Dios, lo que finalmente nos ayuda a reescribir la historia de nuestro apego a las posesiones materiales.

“Como católicos, cuando manejamos nuestros asuntos sometiéndonos a los asuntos de Dios, la mayoría de [los desafíos del mundo] se vuelven irrelevantes”, continuó.

Recuerde, nuestros recuerdos no están atados a nuestras posesiones; están dentro de nosotros mismos, y nuestro viaje espiritual es uno que trasciende los apegos materiales, acercándonos a Dios y la libertad incondicional que Él ofrece.

Reformulemos nuestras relaciones con las posesiones materiales, encontremos fortaleza en nuestra fe y crezcamos espiritualmente a través de los rituales de la Iglesia.

Al hacerlo, no solo enriquecemos nuestras propias vidas, sino que también inspiramos a quienes nos rodean a vivir con valentía, convicción y una conexión más profunda con la gracia de Dios.

Aquí está el episodio completo a continuación:

Jorge Ryan, ChurchPOP

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lunes, 4 de marzo de 2019

466 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro

décimo mandamiento envidia


El décimo mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos
466. ¿Qué es la envidia y cómo se puede luchar contra ella?
La envidia es disgusto y enfado ante el bienestar
de otros y el deseo de apropiarse indebidamente
de lo que otros tienen. Quien desea el mal de otro,
peca gravemente. La envidia decrece cuando uno
se esfuerza por alegrarse cada vez más de los
éxitos y los dones de otros, cuando se cree en la
providencia amorosa de Dios también para uno
mismo y cuando se orienta el corazón hacia la
verdadera riqueza. Ésta consiste en que por
medio del Espíritu Santo tenemos ya parte en
Dios. [2538-­2540, 2553­-2554]
décimo mandamiento envidia
* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.