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martes, 22 de septiembre de 2026

Cómo Fulton Sheen dominó el arte de “influir” antes de las redes sociales

Arcybiskup Fulton Sheen

Con una pizarra, un brillante sentido del humor y una audiencia de 30 millones de personas, el futuro beato sabía cómo captar la atención del público


Mucho antes de que los influencers católicos tuvieran que preocuparse por los algoritmos, el número de seguidores o si alguien veía realmente el video que les llevaba tres horas grabar, Fulton Sheen ya había resuelto el problema. En la cima de su fama, se calcula que 30 millones de personas sintonizaban cada semana para ver a un obispo católico hablar de fe en televisión.

Es cierto que no tenía que lidiar con los bailes de TikTok ni acordarse de grabar en vertical, pero mientras Sheen se prepara para ser beatificado el 24 de septiembre, resulta fascinante recordar a un hombre que comprendía algo sobre la comunicación de la fe que se siente increíblemente actual.

Y, de hecho, si analizamos con detenimiento sus logros, el medio que eligió era realmente moderno. Cuando comenzó "La vida vale la pena vivirla" en 1952, la televisión aún se estaba abriendo camino en los hogares estadounidenses. En medio de esta nueva y emocionante tecnología, apareció un obispo con su vestimenta clerical, armado con poco más que una pizarra, un rostro maravillosamente expresivo y una extraordinaria habilidad para hablar directamente con la persona que estaba sentada en casa. De alguna manera, funcionó de maravilla.

Un obispo en horario estelar

Sheen no era ajeno a la radiodifusión. Antes de aparecer en pantalla, ya había pasado más de dos décadas en el programa de radio The Catholic Hour, pero la televisión permitió al público ponerle rostro a la voz y lo convirtió en algo parecido a una celebridad.

La serie "Life Is Worth Living" llegó a atraer a una audiencia estimada en unos impresionantes 30 millones de espectadores semanales, según datos de la Universidad Católica de América. Además, el arzobispo Sheen no se emitía en un horario poco conocido; competía por la audiencia en horario estelar, en una época repleta de grandes estrellas. ¡Y vaya si lo hizo!

En 1953, el obispo ganó un Emmy y, en su discurso de aceptación, pronunció una frase ingeniosa que los gestores de redes sociales actuales probablemente habrían aprovechado. Sheen agradeció a sus cuatro guionistas: "Mateo, Marcos, Lucas y Juan".

Por supuesto, fue gracioso e inesperado, pero también reveló mucho sobre el éxito de su comunicación. Sheen supo aprovechar la televisión y sacar el máximo partido a este medio relativamente nuevo, pero nunca perdió de vista su objetivo principal: compartir el Evangelio con la mayor cantidad de personas posible.

Utilizaba anécdotas, humor, un gran sentido del ritmo y aquella famosa pizarra, pero había algo más que explicaba su atractivo. Para ser un obispo que hablaba desde un estudio de televisión, Sheen estaba sorprendentemente conectado con las preocupaciones cotidianas de quienes lo veían desde casa. Abordaba el matrimonio, la soledad, la ansiedad, el sufrimiento y las cuestiones sociales de su época con una empatía y una comprensión que podían sorprender a quienes esperaban que un clérigo estuviera algo alejado de la vida diaria.

La hora que nadie vio

Sin embargo, quizás la parte más interesante de la extraordinaria carrera mediática de Sheen tuvo lugar lejos de las cámaras.

El día de su ordenación en 1919, se propuso pasar una hora diaria en presencia del Santísimo Sacramento. Cumplió este propósito durante todo su sacerdocio. Pero también significaba que, detrás del obispo que se dirigía a millones de personas, había un sacerdote que dedicaba una hora diaria al silencio ante Cristo.

Curiosamente, Sheen no consideraba que ambas vidas estuvieran separadas. Todo lo contrario. Su Hora Santa se convirtió en lo que él llamaba "La Hora que Alegra Mi Día", y creía que era la fuente de la que emanaban su predicación, sus escritos y sus ideas.

El propio Sheen fue maravillosamente honesto al reconocer que incluso una Hora Santa diaria no siempre resultaba en una hora de contemplación sublime. Durante una visita a la iglesia de Saint-Roch en París, se dispuso a rezar y enseguida se quedó dormido, despertando exactamente una hora después. Dudando de haber cumplido su promesa, imaginó a su ángel de la guarda señalándole que los Apóstoles también habían pasado su primera Hora Santa durmiendo, antes de añadir que no debía hacer costumbre de seguir su ejemplo.

Es un hermoso atisbo del humor que hizo a Sheen tan atractivo en la pantalla, pero también de una disciplina espiritual que no dependía de que todo saliera a la perfección. Durante más de 60 años, ya fuera inspirado, distraído o aparentemente profundamente dormido en una iglesia parisina, siempre estuvo presente.

Influencia sin el influencer

Hoy en día, la influencia viene acompañada de cifras: seguidores, me gusta, visualizaciones, comparticiones e interacción. Sheen tenía el equivalente en la década de 1950 en cantidades extraordinarias, pero la cifra que parece haber sido más importante para él fue una: la hora que pasaba cada día ante el Santísimo Sacramento.

Eso no significa que los católicos deban abandonar Instagram durante una hora de Adoración y esperar que su video se vuelva viral. Sheen era excepcionalmente inteligente, muy culto, carismático y sumamente hábil en lo que hacía. Su éxito requirió tanto talento como fe.

Quizás eso es lo que lo convierte en una figura tan interesante para cualquiera que intente comunicar el cristianismo hoy en día. Adoptó las últimas tecnologías a su alcance, aprendió a usarlas con maestría y no le asustaba en absoluto entretener al público. Sin embargo, no buscaba la popularidad; esta era la consecuencia de ser muy bueno comunicando algo en lo que creía sinceramente.

Y en el fondo de todo estaba la fe que daba sentido a su extraordinario talento. Antes de intentar llevar a Cristo a millones de personas, Fulton Sheen se aseguró de haber pasado una hora con Él personalmente.

Cerith Gardiner, Aleteia

Vea también   Guía práctica para el uso de los medios de comunicación en la familia


domingo, 26 de noviembre de 2023

Tres caminos para la comunicación y el beato Carlo Acutis explicados por el Papa

En La Sala Clementina Del Palacio Apostólico El Papa Francisco Recibió A 4 Delegaciones Del Ámbito De La Prensa Italiana Foto: Vatican Media

Discurso del Papa a las delegaciones de la Federación Italiana de Semanarios Católicos; de la Unión Italiana de Prensa Periódica; de la Asociación Corallo; y de la Asociación de Ciudadanos de los Medios AIART

***

Me complace encontrarme con vosotros, como miembros de la Federación Italiana de Semanarios Católicos, del Sindicato Italiano de Prensa Periódica y de las asociaciones «Corallo» y «Aiart – Cittadini mediali». Quisiera expresaros mi reconocimiento por vuestro trabajo diario en el mundo de la comunicación. Os ocupáis de la prensa, la televisión, la radio y las nuevas tecnologías, con el compromiso de educar a lectores y usuarios sobre los medios de comunicación. Vuestras amplias raíces atestiguan vuestro deseo de llegar a la gente con atención y cercanía, con humanidad. De hecho, diría que representáis bien esa «geografía humana» que anima el territorio italiano. Al fin y al cabo, en eso consiste la comunicación: en acercar a las personas, en tejer hilos de comunión, en tender puentes sin levantar muros. En los últimos años, diversas innovaciones han afectado a vuestro sector, y por ello debéis renovar siempre vuestro compromiso con la promoción de la dignidad de las personas, la justicia y la verdad, la legalidad y la corresponsabilidad educativa. Por ello, quiero invitaros a no perder de vista, en el contexto de las grandes autopistas de la comunicación actuales, cada vez más rápidas y atascadas, tres caminos, que es bueno no perder de vista y que siempre hay que recorrer.

 

 

1º

El primero es el de la formación. No se trata de una tarea sencilla, sino de una cuestión vital. De hecho, está en juego el futuro de la sociedad. La educación es la forma de conectar generaciones, de fomentar el diálogo entre jóvenes y mayores, esa alianza intergeneracional que, hoy más que nunca, es fundamental. Pero, ¿cómo educar, especialmente a las generaciones más jóvenes inmersas en un contexto cada vez más digital? Hay un pasaje del Evangelio que puede inspirar un buen enfoque, cuando Jesús nos dice que seamos «prudentes como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10,16). Prudencia y sencillez son dos ingredientes educativos básicos para navegar en la complejidad actual, especialmente en la red, donde es necesario no ser ingenuo -no ser crédulo- y, al mismo tiempo, no ceder a la tentación de sembrar ira y odio. La prudencia, vivida con sencillez de espíritu, es esa virtud que ayuda a ver lejos, que lleva a actuar con «previsión», con visión de futuro. Y no hay cursos para tener prudencia, no se estudia para tener prudencia. La prudencia se practica, se vive, es una actitud que nace junta del corazón y de la mente, y luego se desarrolla. La prudencia, vivida con sencillez de espíritu, nos ayuda siempre a ser previsores. Los semanarios católicos llevan esta visión sabia a los hogares: no se limitan a dar las noticias del momento, que se queman fácilmente, sino que transmiten una visión humana, una visión cristiana destinada a formar las mentes y los corazones, para que no se dejen deformar por las palabras gritadas o por los informativos que, pasando con morbosa curiosidad del negro al rosa, descuidan la claridad del blanco. Os animo, pues, a promover una «ecología de la comunicación» en los territorios, en las escuelas, en las familias, entre vosotros. Tenéis la vocación de recordarnos, con un estilo sencillo y comprensible, que más allá de las noticias y las primicias, siempre hay sentimientos, historias, personas de carne y hueso a las que hay que respetar como si fueran vuestros propios familiares. Y vemos en las tristes noticias de estos días, en las terribles denuncias de violencia contra las mujeres, lo urgente que es educar para respetar y cuidar: formar hombres capaces de relaciones sanas. Comunicar es formar al hombre. Comunicar es formar sociedad. No abandonéis el camino de la educación: ¡os llevará lejos!

 

 

2º

El segundo camino es el de la protección. La primera es la educación, la segunda la protección. «En la comunicación digital, se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, a menudo de forma anónima. El respeto por el otro se desmorona, y así, al mismo tiempo que lo desplazo, lo ignoro y lo mantengo a distancia, sin ningún pudor puedo invadir su vida hasta el extremo» (Lett. enc. Fratelli tutti, 42). Por eso es fundamental promover instrumentos que protejan a todos, especialmente a los más débiles, a los menores, a los ancianos y a las personas con discapacidad, y protegerlos del intrusismo de lo digital y de las seducciones de una comunicación provocadora y polémica. Vuestras realidades, comprometidas en este sector, pueden hacer crecer una ciudadanía mediática protegida, pueden apoyar guarniciones de libertad informativa y promover la conciencia cívica, para que se reconozcan derechos y deberes también en este ámbito. Es una cuestión de democracia comunicativa. Y esto, por favor, háganlo sin miedo, como David contra Goliat (cf. 1 Sam 17): con una pequeña honda derribó al gigante. No os limitéis a jugar a la defensiva, sino que, permaneciendo «pequeños por dentro», pensad en grande, porque estáis llamados a una gran tarea: proteger, con la palabra y la imagen, la dignidad de las personas, especialmente la dignidad de los pequeños y de los pobres, los preferidos de Dios.

 

 

3º

El tercer camino es el testimonio. Quisiera señalaros el ejemplo del Beato Carlo Acutis: «Él sabía muy bien que estos mecanismos de comunicación, la publicidad y las redes sociales pueden ser utilizados para convertirnos en sujetos adormecidos, adictos al consumo y a las novedades que podemos comprar, obsesionados por el ocio, cerrados en la negatividad. Él, sin embargo, supo utilizar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza» (Exhortación apostólica Christus vivit, 105). Aquel joven no cayó en una trampa, sino que se convirtió en un testigo de la comunicación. El testimonio es profecía, es creatividad, que libera e impulsa a arremangarse, a salir de la zona de confort para asumir riesgos. Sí, la fidelidad al Evangelio postula la capacidad de arriesgarse por el bien. E ir contracorriente: hablar de fraternidad en un mundo individualista; de paz en un mundo en guerra; de preocupación por los pobres en un mundo intolerante e indiferente. Pero esto sólo puede hacerse con credibilidad si antes se da testimonio de lo que se habla.

Queridos amigos, os agradezco vuestra visita y os invito a seguir adelante. Confío vuestro compromiso a san Francisco de Sales y al beato Carlos Acutis, para que guíen vuestros pasos por los caminos de la formación, de la protección y del testimonio. Os bendigo de corazón. Y, por favor, no olvidéis rezar por mí. Gracias.

 

Traducción del original en lengua italiana realizada por el director editorial de ZENIT.

 Vea también     Espíritu Cristiano para los Medios de Comunicación Social   (abundante información)

























martes, 6 de noviembre de 2018

459 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


Verdad y medios de comunicación social


El octavo mandamiento: No dirás falso testimonio ni mentirás
459. ¿Qué responsabilidad ética existe ante los medios de comunicación social?
Los que hacen los medios tienen una responsabilidad ante los usuarios de los mismos. Ante todo, deben informar conforme a la verdad. Tanto la investigación de los verdaderos hechos como su publicación, deben tener en cuenta los derechos y la dignidad de la persona. [2493-­2499]
Los MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL deben contribuir a la construcción de un mundo justo, libre y solidario. En realidad, no pocas veces los medios se emplean como arma en las disputas ideológicas, o, en aras del mayor alcance («cuota de pantalla»), se abandona el necesario control ético de sus contenidos y se convierten en instrumentos para seducir y hacer dependientes a las personas.
Verdad y medios de comunicación social

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.