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jueves, 27 de julio de 2023

Diez consejos para gestionar mejor las prioridades entre la vida laboral y la vida familiar

Kevin Lowry, asesor financiero y padre de ocho hijos,
plasmó su experiencia en un libro


Las prioridades deben notarse en la rutina diaria, sostiene Kevin Lowry
al analizar cómo influye el trabajo en la vida familiar.

 

Kevin Lowry es hijo de un pastor presbiteriano que se convirtió al catolicismo, y él siguió luego los pasos de su padre. Descubrir la riqueza de la oración del Rosario fue un factor decisivo al dar ese paso.

Casado y padre de ocho hijos, asesor financiero durante veinte años, publicó un libro titulado Faith at work [Fe en el lugar de trabajo] para ofrecer una motivación al trabajo añadida al simple salario. El entonces arzobispo de Washington, Donald Werl, lo recomendó.

Experto consejero en materia económica, Kevin aporta también su experiencia como padre de familia en un artículo en Integrated Catholic Life dirigido específicamente a los padres de familia, en el que sugiere diez formas para mejorar el equilibrio entre el trabajo y la atención debida a la esposa, los hijos y la vida doméstica.

Por dos veces en su vida matrimonial, Kevin tuvo que elegir entre el trabajo y la familia. En uno de los casos, la disyuntiva se la planteó a las claras su propia mujer.

La primera vez fue en sus primeros años de matrimonio, con tres hijos que vinieron muy seguidos. El último embarazo obligó a su mujer a cuatro meses de reposo, que le condujo a una agenda de trabajo "enloquecida"... "La elegí a ella y cambié de trabajo", cuenta.

Años después, se repetía la historia. Ya eran seis hijos, y cuando esperaban el séptimo les anunciaron posibles problemas del niño, justo cuando él estaba "trabajando como un maniaco": "La vida parecía descontrolarse. Era otro punto decisivo. De nuevo la elegí a ella y cambié de trabajo".

Kevin Lowry.

Kevin Lowry no habla de oídas. Lo que propone lo ha vivido.

Kevin aclara que no se trata de cambiar de trabajo cada vez que haya problemas. Fueron, explica, decisiones muy meditadas y contrastadas "con sacerdotes de confianza, miembros de la familia y amigos". Lo que quiere transmitir es otra cosa: "En más de veinte años de matrimonio, con ahora ocho hijos, una casa, una hipoteca y una carrera profesional llena de golpes y moratones, nunca he lamentado haber elegido a mi mujer y mis hijos por encima de mi carrera".

Así que, "desde una perspectiva masculina" -aclara-, ofrece consejos que a él le han sido útiles para tomar esas y otras decisiones:

1. Pon en orden tus prioridades 

Kevin ofrece las suyas: "Dios, mi esposa, mis hijos, mi carrera, y luego todo lo demás". Pone a su esposa por delante de sus hijos, "no porque ellos no sean importantes, sino porque ella es superimportante. El matrimonio es una vocación y un sacramento. La mejor manera de ser un verdadero líder de la familia es ser modelo de virtudes, servir y rezar como locos". Y lo más importante: "Éste es el desafío: que nuestra rutina diaria refleje nuestras prioridades".

2. Haz sólo la voluntad de Dios

"Siempre tenemos tiempo para hacer la voluntad de Dios. Por tanto, si no hay tiempo bastante en el día, es que hay cosas en nuestro listado de tareas que no deberían estar ahí. Si estás intentando encontrar cosas que quitar, pregúntate qué quitarías si tu mujer o uno de tus hijos estuviese gravemente enfermo... y no esperes a que eso ocurra".

3. Comparte las cosas del trabajo con tu mujer

"Esas cosas no serán por eso más fáciles, "pero si estáis en la misma página de lo que Dios quiere de vosotros como pareja, ese propósito compartido te ayudará en los malos momentos".

4. No vivas por encima de tus posibilidades

"Es una trampa, evítalo como si se tratase de una plaga".

5. Trabaja como un loco... pero solo cuando estés en el trabajo

"Completa todas tus tareas, haz todo lo mejor que puedas y vete a casa. Fija una cita con tu mujer todas las semanas, incluye a tus hijos en tu agenda y trata a tu familia como más importante que tu cliente más importante o incluso que tu jefe".

6. Protege tu matrimonio

"Los chicos somos criaturas visuales, así que no caigas en la mentalidad de que ´no importa mirar el menú siempre que comas en casa´. Mantén una distancia emocional respecto a las mujeres que no sean tu esposa. Trátalas con respeto, como querrías que otros hombres tratasen a tu mujer en el lugar de trabajo. Habla positivamente de tu mujer. Nunca te quejes de ella, especialmente ante otras mujeres".

7. Detente y pide consejo

"Pídele a tu mujer consejo y oraciones cuando estés en problemas. Probablemente te conoce mejor que nadie y su punto de vista puede ayudarte a que las cosas funcionen".

8. Ama a tu mujer

"Esto parece algo trillado, pero si tratamos a nuestra esposa en casa como es debido, habrá menos problemas cuando puntualmente tengamos que trabajar horas extra. Recuerda por qué os enamorasteis. Piensa en sus cualidades. Reza por ella. Ofrece pequeños sacrificios por ella. Piensa en el honor que supone ser admitido, a pesar de todas nuestras debilidades, como un marido".

9. Procura momentos a solas

"Deja un tiempo sólo para tu mujer, sin distracciones, sin niños", que, por supuesto, "también necesitan su tiempo con papá".

10. No te lleves trabajo a casa si es posible

"Especialmente en esta era de las comunicaciones, es importante apagar el móvil, apartar el ordenador y entregarnos a nuestras familias".

* * *

"Nuestra familia es más importante que nuestra carrera", concluye: "Hagamos todo lo posible para obrar en consecuencia".

C.L., ReL

Vea también    Loreto, Santuario del Trabajo Santificado





















miércoles, 5 de febrero de 2020

Cómo evitar que el trabajo afecte a tu pareja

¿Qué hacer cuando la profesión aparta a uno de los dos de la vida familiar?
workaholic

No se trata de la cantidad de horas que alguien en la pareja dedica al trabajo, puesto que a veces la situación familiar exige hacer frente al gasto económico y eso se traduce en multitud de horas de trabajo. Si la pareja ve que esa opción es la mejor para sacar adelante a los hijos y a toda la familia, no habrá más problema.
Pero no hablamos de eso: el problema aparece cuando uno de los dos pone el trabajo (no solo en su horario sino en su cabeza y en su corazón) por encima de la vida de pareja y familiar.


WORKAHOLIC
Shutterstock | VGstockstudio

Ahí comienza a abrirse una brecha que hay que remediar antes de que sea tarde.

¿Has oído hablar de la “profesionalitis”?

Podemos llamar a ese problema “profesionalitis”: es une enfermedad que consiste en la inflamación del trabajo. El trabajo crece desmedidamente y oprime otros aspectos de la vida. Si no se trata, puede llevar al ahogo de la vida espiritual, familiar y de la pareja.

¿Cómo actuar cuando tu pareja trabaja demasiado?

Estas las que siguen son algunas sugerencias para evitar el problema.

DIALOGAD.

Cuando el trabajo excesivo es un problema la pareja debe hablar del asunto. No conviene encharcar la preocupación y callar porque eso no soluciona nada. Hay que tratar el asunto en una conversación comprensiva y dialogante, donde ambos puedan exponer sus puntos de vista y las razones de fondo que les mueven a actuar así.

MUESTRA CLARAMENTE EL PROBLEMA AL OTRO.

No se trata de sacar una lista de agravios sino de constatar que nuestra queja es real. A veces uno entra en la espiral de la “profesionalitis” sin darse cuenta, porque le apasiona el trabajo y le da compensaciones personales. Poco a poco, ensancha el campo profesional y recorta el familiar -y de la pareja- sin percibir la tendencia.
Hay que ayudarle a abrir los ojos a la realidad y a detectar las pequeñas fugas de egoísmo. Hay datos que le ayudarán, por ejemplo:
  • el horario.
  • asuntos en los que ha abandonado su responsabilidad compartida en casa y con los hijos.
  • falta de disponibilidad.

ESTABLECED PAUTAS DE MUTUO ACUERDO.

Si tu pareja tiene un problema de adicción al trabajo o sabéis que tiende a dejarse llevar por las ocupaciones laborales, marcad pautas que le ayuden a controlarse.


FAMILY DINNER
Monkey business images - Shutterstock

PROHIBID EL USO DEL MÓVIL EN LAS COMIDAS.

Así podréis hablar de otros asuntos y no os interrumpirán las llamadas o los whatsapp.

MARCAD UN PUNTO FINAL PARA EL TRABAJO DIARIO.

A partir de esa hora, se cierra el ordenador y se desconecta el móvil.


sport parents
igorstevanovic - Shutterstock
Trata de buscar actividades familiares que os gusten a todos.

FACILÍTALE LA CONEXIÓN CON LA VIDA EN FAMILIA.

Haz que le resulte grato el tiempo en casa.
Infórmale de las noticias familiares. No esperes a que pregunte.


COOK
Hquality - Shutterstock

CUIDA DETALLES PEQUEÑOS EN EL HOGAR.

Las comidas, el orden y la limpieza son importantes.
Crea un clima confortable y relajante en las horas que pasáis juntos.
Dolors Massot, Aleteia






jueves, 4 de agosto de 2016

¿Seré más feliz si soy más rico… o si soy más pobre?

Lo único que llevaré al cielo será lo que he dado, lo que he perdido por amor


¿Seré más feliz si soy más rico… o si soy más pobre?

Carlos Padilla Esteban, aleteia
Mi vida no depende de mis bienes. Ni mi felicidad, ni mi desgracia. Mi felicidad no puede depender de las circunstancias que vivo. Estoy convencido. Allí donde Dios me ponga puedo ser feliz. En las circunstancias que me toque vivir. Aunque no sea todo fácil y sencillo. Incluso si pierdo la fama. Incluso si no tengo todo el dinero que sueño, incluso si me quedo solo y pierdo a seres queridos. Incluso si soy víctima de una violencia injusta.

Jesús no dice que tenga que ser pobre para ser feliz. No dice que sea malo tener cosas. Sí dice que mi vida, la vida de verdad, no tiene nada que ver con las cosas que tengo. Mi tesoro es otro. Mi riqueza es otra.
Sé que cuando muera dejaré todo en la tierra excepto lo que he dado, lo que he amado. Lo único que llevaré al cielo será lo que he dado, lo que he perdido por amor a otros. Jesús me anima a ser libre de lo que tengo y también de lo que no tengo. Las dos cosas exigen libertad. No tener miedo a perder. No desear tener lo que no tengo.

Rudyard Kiplin hablaba del hombre íntegro así: “Si al encontrar el triunfo o el desastre, puedes tratar igualmente a esos dos impostores. Si puedes ver rotas las empresas a las cuales has dado tu vida, y bajarte después a reconstruirlas con las herramientas melladas. Si puedes poner en un momento todas tus ganancias y arriesgarlas a un golpe a cara o cruz, perder y volver a comenzar desde el principio sin jamás decir una palabra sobre tu pérdida. Entonces la tierra es tuya con todo lo que contiene, y lo que es más importante, serás hombre, hijo mío”.

Ese ideal es el mío. Ser libre. Vivir con lo que tengo, feliz, sin desear más, sin temer perder. Jesús me habla de esa libertad del corazón. Si me miro, ¿cuál es mi apego a los bienes?¿Cuál es mi actitud?

Jesús me invita a vivir el hoy, a vivir en presente con pasión. Me invita a llenar la vida sin cuidarla demasiado para el futuro. Me ofrece darme hoy por entero sin guardar en grandes graneros. Ser generoso hoy, compartir hoy.

¡Cuántas veces en mi vida retraso cosas fundamentales por otras futuribles! Y pienso que cuando pase esto tan urgente entonces seré libre para lo importante. O cuando consiga lo que tanto deseo. O cuando suceda lo que sueño. Pero pasa el tiempo y nada de eso sucede.

Jesús me anima a vivir el hoy dándome del todo. Lo que tengo en mi vida es el hoy. Lo único seguro.

Me gusta mucho ver a Jesús en su camino en la tierra. Sin tantos planes. Abierto a lo que cada día el Padre le regala. Cada día la persona que se encuentra es su plan del día. Ser libre de tantos programas.

Lo miro caminando, comiendo, rezando. Viviendo de la providencia. Sin pedir más de lo que cada día recibe. Sin exigencias. Jesús no parece que tuviera ningún bien en la tierra. No tenía posesiones. Tenía el corazón abierto para dar, y también para recibir.

Jesús recibió comida y alojamiento durante toda su vida. El no tener tanto le hizo a Jesús libre para dar y para recibir. Jesús era amigo de pobres y de ricos. Los amaba igual. Algunos lo dejaron todo al conocerle a Él. Y vivieron como Él, la aventura de vivir sin saber lo que va a suceder hoy.

Otros compartieron sus bienes con Jesús, recibiéndolo en su casa. José de Arimatea le prestó su sepulcro.

Lo que cuenta en la vida es la manera de vivir. La manera de dar. No tanto tener o no tener. Hay personas que tienen mucho y dan mucho, y están abiertas a tener menos. No temen porque en su vida lo importante es otra cosa. Hacen felices a muchos. Ayudan y están pendientes de quien necesita algo. Saben optar siempre por los suyos, por estar con ellos, antes que dejarlos de lado preocupados por tener más.

Hay otras personas que tienen poco pero están amargadas, son codiciosas, exigen, quieren más. Hablan mucho de dinero, se quejan siempre. Pienso que a veces el no tener te puede hacer avaricioso. Otras veces sucede al revés.

Tener mucho encoge el corazón y no tener lo abre. La clave no es tener más o tener menos, sino vivirlo bien. ¿Quién es mi dueño?Miro mi corazón. ¿Cuál es mi apego a los bienes? ¿Cuáles son mis prioridades en la vida?

¿Opto por mi familia frente al trabajo? ¿Les dedico el tiempo mejor? ¿Dónde está mi gran tesoro? ¿Cuáles son mis tesoros en la vida? Los que no pasan. Mi herencia y mi vida. ¿Cómo es mi libertad frente a los planes, frente a las cosas, frente al trabajo?

Me gustaría pensar en mi libertad frente al móvil y el ordenador. Al llegar a casa, al estar con mi marido o con mi mujer, o con un amigo, o con mi novio. ¿Cuánto estoy pendiente del móvil? ¿Cuánto de ellos?

A veces les pido a los hijos lo que yo no cumplo. Y estoy con ellos mirando el móvil, contestando mensajes, sin estar de verdad. Ojalá también en estas vacaciones pueda disfrutar del tiempo que merece la pena. Pasear. Estar. Contemplar. Charlar. Aprender a perder el tiempo, sin medir. Nunca dejar de disfrutar y darlo todo hoy por almacenar para mañana.
El mañana es de Dios, se lo entregamos. El hoy lo tenemos para dar lo que tenemos, para agradecer. ¡Qué importante es agradecer! Compartir. Perder el tiempo sin creernos tan importantes. Estar con los nuestros.
Los tesoros de la vida no se miden, no se cuentan. No se guardan en graneros. Se entregan en la fuerza del amor y se guardan en el cielo.

sábado, 16 de julio de 2016

Distingue lo prioritario, lo urgente y lo verdaderamente importante

Las horas pueden escaparse de las manos en una carrera frenética hacia un lugar desconocido

Distingue lo prioritario, lo urgente y lo verdaderamente importante

Carlos Padilla Esteban, aleteia
A veces no sé distinguir las cosas importantes de las que no lo son. Invierto el mismo tiempo en todo y me agobio con la misma intensidad. Como si fuera lo mismo algo lúdico (= de juego) que algo que toca la esencia de la vida. Y yo pongo el corazón en todo. Y me apasiono. Y pierdo la objetividad.

Y entonces entro en discusiones que no me llevan a nada. Porque me pongo a discutir sobre lo que tiene que ver con lo irracional, con lo más profundo, con el alma.

Y dejo entonces de valorar los pequeños detalles. Y me detengo sólo en lo que vale mucho dinero, en los problemas que tienen muchas implicaciones, en las realidades que afectan a muchas personas.
Me gustaría saber distinguir lo prioritario, lo urgente y lo verdaderamente importante. Invertir mi tiempo de la forma adecuada. Sufrir por lo que merece la pena y no sufrir de forma innecesaria.

Victoria Braquehais, misionera de la pureza de María en el Congo, cuenta su experiencia en África: “Para mí hay cosas que antes eran muy importantes como la eficacia o la eficiencia. A mí me educaron para triunfar, para ser la primera de la clase, para hablar un montón de idiomas, para sacar muy buenas notas. Y eso es importante, eso me sirve, son recursos y es una gracia de Dios. Pero en los olvidados de la tierra hay una sabiduría.Cosas que para mí antes eran muy importantes como el éxito o el triunfo, ahora han dejado paso al encuentro, a la persona. Y cosas que no eran importantes, ahora sí lo son: los detalles y lo concreto en cosas sencillas”.

Valoro las cosas de acuerdo a lo que producen. Si me dan alegría, si me dan poder o gloria, si logro mucho dinero con ellas. Entonces merecen la pena. Si no aportan nada, o no me dan poder, o no logro nada en ese tiempo invertido, entonces las dejo de lado. No me interesan.

Lo productivo acaba siendo lo que tiene valor en el mundo. Y me importan más las cosas que otros valoran como importantes. La opinión de los demás tiene tanto peso… Y yo pierdo el tiempo o lo empleo de la forma equivocada.

¿Cómo distinguir lo importante de lo accesorio?¿Lo que vale realmente la pena, porque me habla de eternidad, de aquello que es caduco y pasajero?

A veces la presión me hace optar por lo que no quiero, por lo que no importa tanto. Y tomo decisiones erradas buscando un fin bueno con medios que no lo justifican. Y me equivoco al no saber juzgar lo realmente importante.

Y sueño con una vida plena. Con decisiones acertadas. Con pasos bien dados en la dirección correcta. Y deseo una vida que toque el cielo.
Y me conmueven las palabras de una poesía que leía hace poco:“Para llenar el hueco de luz que hay en mi alma. No sé si el infinito me basta o no es bastante. Si un beso o una caricia logran calmar mi llanto. No lo sé, no me importa. Vivo sólo el presente. Vivo la tarde tenue que cansada se abisma. En la noche de estrellas que yo mismo dibujo. Esa carne infinita que llena mi presente. Ese mar infinito que sueño con nostalgia. En la pared desnuda delante de mis ojos. Desgrano los misterios de mi vida soñada”.

Esa poesía me habla del cielo y la tierra, de los sueños y la vida. Me habla de una nostalgia que tiene el alma que no calman mil obras realizadas con las manos.

Me han educado para producir, para ser útil, para obtener resultados positivos. Y yo me empeño en estar a esa altura que yo mismo marco con los dedos. Lo que los demás esperan. Lo que el mundo propone. Lo que mi alma sueña.

Y es verdad que a veces me acuesto con la sensación de haber gastado el día en algo bueno. Haber amado, haberme dejado el alma. Y me siento con esa paz que viene del cielo. Me quedo contento, con paz, calmado.

No quiero cumplir años y sentir que la vida me ha vivido sin casi darme cuenta. No quiero dejar que las horas se me escapen de las manos en esa carrera frenética hacia un lugar que desconozco.

Quiero saber bien lo que merece la pena. Y no llorar una lágrima de más por lo que es caduco. Porque no me importa. Porque no me sostiene el alma firme en medio de la tormenta. Quiero abrazar el propósito que marcan mis pasos. La meta soñada. El cielo que anhelo.
Que mi vida tenga un sentido. Y aprenda a valorar lo importante. Aunque no sea productivo. Aunque no me haga sentir tan eficiente. El atardecer que pasa. La luz tenue de una vida. Una mirada. La melodía que me despierta.

Todo es fugaz y no sé cuántas horas me quedan por delante. La fugacidad de mi vida le da más valor a lo que decido y hago aquí y ahora.

viernes, 11 de marzo de 2016

10 formas de mantener la serenidad y evitar el estrés para reforzar vuestra relación matrimonial

La pareja es la prioridad, y muchas cosas estresantes no valen la pena

10 formas de mantener la serenidad y evitar el estrés para reforzar vuestra relación matrimonial
Para un matrimonio, su relación es prioritaria -
de ella depende su familia, y cuidándola se obtienen muchos bienes

La web profamilia de consejos para padres (varones) AllProDad.com ha elaborado una lista de ideas para mantenerse serenos en las dificultades cotidianas de la vida familiar y matrimonial. Aunque se ha redactado pensando en el lector masculino norteamericano, los consejos pueden aplicarlos sin dificultad también las esposas, y en todo el mundo.

El artículo recuerda que el estrés y la presión pueden dañar a la relación matrimonial (y a medio plazo, a toda la familia) pero hay formas eficaces y sencillas de combatirlo, sobre todo si ambos esposos son conscientes de colaborar en ello.

1. Pon siempre a tu cónyuge primero
Todos tenemos muchas cosas agobiantes entre manos, pero a la hora de priorizar, una persona casada ha de tenerlo claro: el cónyuge va antes que todos los demás asuntos.

2. Divertíos
Los esposos han de encontrar momentos no sólo para estar juntos, sino para reírse juntos. Juegos, excursiones, películas, picnics… todo eso ayuda, pero reír juntos es una gran medicina para la relación conjunta.

3. Planificad juntos el tiempo que compartiréis
El tiempo de calidad que comparten los esposos no deben ser ratos improvisados, que al final nunca llegan. La relación matrimonial es la prioridad de un matrimonio. Si hace falta,hay que escribir bien grande “relajarnos juntos” en el calendario familiar.

4. No te agobies por cosas menores
“Cuando sientas los primeros indicios de estrés, pregúntate, ¿de verdad se trata de un tema moral, importante?; si no lo es –y en 9 de cada 10 casos no lo es- déjalo pasar. Que vuestro tema de conversación sean vuestras prioridades. Recordad siempre lo que de verdad importa. Simplificad vuestro estilo de vida. Celebrad lo que aportáis el uno al otro”.

5. Entregaos con generosidad... y juntos

Ayudad en un comedor popular, sed voluntarios en la parroquia o comunidad religiosa, apuntaos en un grupo que ayude a los necesitados, implicaos en causas, juntos. Eso os unirá y os dará perspectiva.

6. Comunicaos con claridad y respeto
Los malentendidos son una gran fuente de estrés y tensiones. Mantén informado a tu cónyuge, y exprésate con amor y buenos modales. 

7. Di la verdad
Quien dice la verdad no se estresa intentando recordar todas las mentiras que tienen que gestionar. Las personas sin secretismos tienen mucho menos estrés en sus relaciones.



8. Abrazaos, tomaos de la mano, tened contacto físico
El contacto físico reduce el estrés. Vale la pena tomar de la mano al cónyuge al pasear, apretujarse juntos en el mismo sofá para ver la TV, abrazarse. Haz el propósito deliberado de expresar tu afecto mediante el contacto físico. 

9. En vez de criticar lo malo, céntrate en potenciar lo bueno
En la relación matrimonial, no es muy útil criticar los defectos del cónyuge (o los propios) y es un generador de estrés. Es más eficaz centrarse en potenciar los puntos buenos: alabarlos, suscitarlos, promoverlos, animar a que se empleen más y mejor…

10. Vive con lo que tienes
En algunos países, muchos matrimonios se sobre-endeudan porque intentan llevar un tren de vida agobiante, con gastos y deudas insostenibles. Muchas cosas que causan esa deuda (coches o casas demasiado grandes o caros) probablemente no merecen la pena el estrés que se paga por ellos. De nuevo, el consejo es vivir con más sencillez, centrados en la relación de pareja, no en las cosas.

miércoles, 9 de marzo de 2016

5 consejos para que el tiempo con los hijos sea de calidad

No te dejes llevar por las ocupaciones y el poco tiempo libre


Lafamilia.info, Aleteia
Un estilo de vida agitado, múltiples ocupaciones, largas jornadas de trabajo, escaso tiempo libre y pocos espacios para compartir en familia, es el panorama de muchos padres actuales; surge entonces la pregunta del millón: ¿Cómo darles a los hijos tiempo de calidad? En LaFamilia.infoproponemos las siguientes ideas.

La importancia del tiempo con los hijos
El acompañamiento de los padres en el proceso de desarrollo de los hijos -desde la infancia hasta la juventud- es determinante para formar seres humanos sanos emocional y físicamente.

Incluso las investigaciones demuestran que los niños a quienes sus padres no les prestan la suficiente atención son más propensos a padecer de agresividad, aburrimiento, sentimiento de soledad, baja autoestima, inseguridad, carencia afectiva, bajo rendimiento escolar, dificultad para dar o recibir afecto.

En cambio, varios expertos coinciden en afirmar que cuando los niños que crecen en un hogar donde los padres les dedican tiempo, gozan de muchos beneficios como mayor grado de confianza, buen nivel autoestima y seguridad, mejores capacidades de interacción social, fortalecimiento de los vínculos afectivos, asimilación de las normas, valores y principios para la vida.

Se apunta además que estos niños tienden a repetir su modelo de crianza, es decir, a formar familias estables y armoniosas.
Es clave entonces, hacerles saber a los hijos que son amados y demostrárselo con hechos, las siguientes recomendaciones lograrán que el tiempo que pases con tus hijos sea realmente de calidad:

1. Desconectarse para conectarse
Los hijos necesitan de la presencia de los padres, pero no basta con su cuerpo, necesitan también su alma, su disposición para escucharlos, amarlos, disfrutarlos.

Por lo tanto apaga tu teléfono móvil y deja la tableta a un lado, este espacio es exclusivo para tu hijo, no dejes que otras cosas lo ocupen. Es poco el tiempo que hay disponible y debe ser aprovechado de la mejor manera.

2. Organizar el tiempo
El acompañamiento a los hijos no tiene por qué abolir los proyectos personales y profesionales de los padres, es cuestión de manejar adecuadamente el tiempo y lograr un equilibrio entre los diferentes espacios, aunque no debe olvidarse que la familia debe ocupar el primer lugar en la lista de prioridades; el tiempo para la familia no debe ser negociable.

3. Disfrutar el momento
Los hijos necesitan padres tranquilos, pacientes, dispuestos a pasar un rato divertido, a compartir en familia, a hacer de la convivencia una experiencia amorosa y agradable.

“Si el tiempo que dedicas a tus hijos sólo alcanza para darles órdenes, suplicarles, corregirlos y apurarlos o sólo prestas atención cuando gritan, lloran o hacen alguna travesura, ese tiempo, aunque sea mucho, no es de calidad”, explica Ángela Marulanda, reconocida autora y educadora familiar.

Es fundamental entonces propiciar espacios para construir una relación cercana y amorosa con los hijos, por ejemplo con los más pequeños, es muy importante compartir juntos un rato de juego, pues beneficia su desarrollo cognitivo y afectivo; mientras que con los adolescentes y jóvenes, se pueden compartir otras actividades acordes a sus gustos.

4. Tiempo para cada hijo
Cuando hay más de un hijo, se debe establecer un momento exclusivo para cada uno, puesto que tienen necesidades diferentes y requieren un proceso educativo individual.

5. Salirse de la rutina familiar
Algunas veces conviene salirse de un poco de la rutina para darle un respiro de aire fresco a la familia, una actividad diferente a las que usualmente se realizan. Estos ratos son tan placenteros tanto para los hijos como para los padres.

Artículo originalmente publicado por lafamilia.info