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miércoles, 21 de agosto de 2024

6 maneras de criar a mis hijos para “estar en el mundo sin ser del mundo”

Cómo ayudo a mis hijos a darse cuenta de que esta vida es un regalo
pero que la vida eterna es nuestra meta? La experiencia de una madre

“¡Oh no, no puedo encontrar las llaves!”, grité desde arriba. Mi niño pequeño (que disfruta tirando cosas a la basura) me sonrió inocentemente y se encogió de hombros, afirmando no saber dónde podrían estar.

Sabía que debería haberme ido unos minutos más antes de salir corriendo por la puerta, pero eso significaba que definitivamente llegaríamos tarde a almorzar.

A medida que mi estrés se disparó, la voz de mi hijo de 5 años vino desde abajo, haciendo una pausa en mi ansioso monólogo interno: “¡No te preocupes, mamá! ¡Hablaré con san Antonio! Tony, Tony, ven, algo se ha perdido y no se puede encontrar. ¡Por favor ayúdanos a encontrar las llaves de mamá!”.

Efectivamente, unos minutos después de su oración, el niño pequeño descubrió las llaves en el contenedor de lego. “¡Mira, mamá! Sabía que las encontraríamos”. Mientras nos subíamos al auto, agradecí a Dios en silencio por el don de la fe de niño.

Si creemos en Dios, entonces tenemos que darnos cuenta de que este mundo no es la meta. ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a descubrir esta verdad?

Aquí hay algunas formas intencionales y prácticas que he reunido para ayudar a mis hijos a recordar que este mundo no lo es todo.

¡Buenos días, Jesús!

Tenemos un crucifijo en nuestra pared cerca de la mesa del desayuno, y cada mañana cuando pasamos ante él de camino a comer, rezo en voz alta una oración rápida y espontánea de "buenos días, Jesús". Le agradezco por un nuevo día, por el sueño de anoche. Hacemos oraciones a la hora de comer, pero quiero que mis hijos puedan comenzar el día agradecidos y conversando con quien los ama más que yo. Además, cuanto más cómodos estemos hablando con Jesús, más cómodos estaremos hablando de Él.

Tomando caminatas

Durante el otoño y la primavera tratamos de hacer caminatas semanales los domingos. Nuestra ciudad tiene muchos senderos naturales y parques que hemos descubierto. Además de proporcionar tiempo de buena calidad para nuestra familia y los beneficios del ejercicio, tratamos de utilizar este tiempo para apreciar la belleza del mundo que nos rodea.

Quiero cultivar un espíritu de asombro en mis hijos que permanecerá con ellos por el resto de sus vidas. Si puede maravillarse con un hermoso halcón que llama desde un árbol, o un campo de hierba de la pradera que se mece suavemente con el viento, entonces fácilmente se vuelve espontáneo vivir con asombro y gratitud hacia Dios, el creador de todo.

Escuchar historias de santos

Nos encanta escuchar libros grabados y CD en el auto. Glory Stories son algunas de nuestras favoritas: son dramas de audio atractivos sobre las vidas de personas que amaron a Dios y lo siguieron en su estado específico de vida. Quiero exponer a nuestros hijos a buenos modelos a seguir, y ¿quién mejor que los santos?

Orando por las personas a las que ayudamos

Cada vez que vemos a una persona con un cartel al lado de la carretera, tratamos de darle algo, ya sea dinero en efectivo, una bolsa de bocadillos, una botella de agua y una estampita sagrada. También nos aseguramos de preguntarle cuál es su nombre. Luego, oramos por ellos mientras nos alejamos y los incluimos en nuestras oraciones antes de acostarnos. De esta manera, podemos seguir tangiblemente las instrucciones de Jesús de dar comida a los hambrientos. Además, podemos recordar que esta persona no solo tiene hambre, sino que también está hecha a la imagen de Dios y, sobre todo, tiene hambre del amor de Jesús.

Visitar cementerios

Visitar cementerios es una forma sencilla de recordar que todos moriremos algún día. Y la muerte, aunque traumática, es la entrada a la vida eterna. Damos un paseo por los cementerios cercanos a nuestra casa y leemos los nombres de las tumbas. Luego, al salir, decimos una oración por todas aquellas personas con las que nos hemos cruzado y sobre las que hemos leído.

Pregunta: "¿Alguien necesita esto más?"

Es muy fácil distraerse con nuestras posesiones (teléfono, computadora portátil, ropa, libros y mi cosa favorita… te estoy mirando). Y cuando todo en lo que podemos pensar es en nuestras cosas, se vuelve mucho más difícil pensar en lo que realmente importa. Por lo tanto, tratamos de revisar regularmente nuestros libros, juguetes y ropa, y nos preguntamos a nosotros mismos y a nuestros hijos: "¿Realmente necesitamos esto?" o "¿Alguien más usaría esto más que yo?".

¡Sagrada Familia, ruega por nosotros!

Cecilia Pigg, Aleteia

Vea también     Los 10 errores más comunes en la educación de los hijos























miércoles, 27 de julio de 2022

¿Te dejas vencer por esa fuerte tentación?

 

Caer, let down

Conoce lo que te hace caer y cómo luchar para ganar una batalla espiritual crucial. Por el escritor Claudio de Castro

«Soporta las dificultades como un buen soldado de Cristo Jesús»

2 Timoteo 2, 3

Todo empieza con una leve mirada, un pensamiento pasajero, un deseo. Es tan inesperado que al principio no le das importancia. La verdad es que muchas veces te toma desprevenido.

Debes orar, la oración te fortalece el alma y te ayuda a resistir las tentaciones, que siempre llegan, sobre todo en el momento que menos las esperamos.

Y es que el diablo no te va a soltar tan fácilmente.  Te odia y desea causarte el mayor mal. Pero no puede, mientras lo mantengas a raya, en la distancia.

La verdad es que si abandonas la oración cotidiana, serás presa fácil del maligno.

Suele ocurrir con un pecado pequeño. Lo dejas rondar, no te confiesas ni te arrepientes. Va empeorando con los días.

Y no es algo que te cuente y tú pienses: “Vaya qué novedad”. Estoy seguro que lo sabes. Todo pecado es una ofensa grande al amor de Dios. Y no hay pecado por pequeño que sea que quede oculto. Dios todo lo ve y lo sabe.

No peques más

Ceo que alguna vez te he compartido esta historia. Es muy edificante. Es un cuento infantil sobre un campesino al que su cosecha se le dañó.

Veía con envidia los sembradíos saludables y hermosos de su vecino que cada día crecían en abundancia.

Una mañana decidió  robarle algunas verduras y frutas. Seguro, nadie se daría cuenta. Fue con su hijo pequeño y le encomendó:

—Si descubres que alguien se acerca o alguien me ve, avísame enseguida.

Y cruzó al sembradío del vecino.

No habían pasado tres minutos cuando el niño empieza a gritar:

—Papá, te están viendo.

Pero el papá no veía a nadie cerca y siguió robando. Ante la insistencia de su hijo, se cansó,  cruzó a su terreno y le preguntó:

—Hijo, no hay nadie extraño, solo estamos tu y yo. ¿Quién me ve?

El niño sollozando avergonzado ante la actitud de su padre le respondió:

—Papá, Dios te ve.

Salva tu alma

Sí, amable lector, Dios te ve. Todo lo ve, incluso lo que te parece insignificante. Por favor no sigas ofendiéndolo.

Cambia tu vida. Salva tu alma.

Es algo en lo que debes reflexionar. Hablamos de tu eternidad.

Es tan serio que la Biblia nos dice que hasta de las palabras que digamos seremos juzgados:

«Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio”.

Mateo 12

Las peores tentaciones

El diablo tiene predilección por ciertas tentaciones sobre todo las de la carne. Pero hay otras más fuertes que nos hacen caer con más estruendo. 

«No participes en conversaciones inútiles y extrañas a la fe, que solamente hacen progresar en la ignorancia de Dios»  

2º Carta a Timoteo, 2, 16

Mi mayor tentación suele ser el desánimo. No sé si te pasa igual. Ocurre en los grupos de la Iglesia cuando sientes que no te toman en cuenta. ¡Qué hábil es el demonio para hacer daño!

Como escritor es una tentación recurrente. La verdad es que no estamos llamados a ver los frutos de nuestros escritos sino a sembrar las semillas de fe y esperanza en los corazones de los demás. Verlas germinar y dar frutos de eternidad le corresponderá a otros, no a nosotros.

Jesús espera más de ti

¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que más le duele a Jesús de nuestras actitudes?

Si supieras cuánto le duele a Jesús cada vez que tu mirada es ocasión de pecado, o tus palabras y pensamientos…

Hagamos lo que Jesús nos pide, dejemos de pecar y caminemos con la mirada puesta en el Paraíso.

En Aleteia te brindamos una receta muy efectiva contra las fuertes tentaciones que sufres. Debes leer este precioso escrito:

La receta infalible contra las tentaciones que alejan de DiosWEB-DESERT-WOMAN-ESCAPE-TEMPTATIONS-Julia Shashkina-cc

Juan Barbudo Sepúlveda - publicado el 28/03/17

¡Quiero una vida contigo, Jesús!

El desierto es un lugar para experimentar el silencio, la aridez, la soledad. Todo desierto impone porque no hay absolutamente nada a tu alrededor y percibes lo frágil y pequeña que es tu naturaleza en medio de ese inmenso mar de arena. También percibes la grandeza de Dios en el silencio y el abandono del desierto. No hay nada que te distraiga. Toda esa aridez habla de nuestra única fuente que es Dios.

El desierto es un lugar privilegiado para encontrarse con Dios cara a cara. Son muchos los hombres y las mujeres que a lo largo de la historia se han retirado al desierto para estar a solas con Dios y vivir allí una vida exclusivamente dedicada a Él, sólo a Él, sin distracciones, sin cosas banales ni superfluas. Solo Dios basta.

El desierto también es un lugar de tentaciones. Es allí donde también surgen antiguos fantasmas que intentan alejarnos de nuestro centro y hacernos renegar de nuestra esencia más profunda.

Tal vez sea por la cercanía tan especial con Dios, o tal vez también por los sacrificios que implica aguantar las adversidades de un desierto. La dureza del desierto hace que surja con fuerza la tentación que se nos presenta bajo forma de bien: “¿Qué necesidad tienes de sufrir cuando estarías más cómodo en tu casa? ¿Estás seguro de qué es Dios a quien te has encontrado, no es una sugestión? Si fuese Dios de verdad, no te dejaría sólo y abandonado en un desierto”.

Esta misma tentación la tuvo el pueblo de Israel, que habiendo sido liberado de la esclavitud y recibiendo la promesa y el regalo de Dios de habitar una tierra prometida, empieza a dudar de esa promesa cuando se ve en medio del desierto y tiene que soportar el hambre y otras adversidades.

Aparecen los fantasmas de la duda y la desconfianza de Dios. Surge la tentación de hacer su propio plan, de volver atrás aunque ello implique volver a la esclavitud.

La tentación es siempre un engaño. Se nos presenta un mal, una actitud de rebeldía hacia Dios, bajo forma de bien y de felicidad.

El que cae en la tentación normalmente no tiene la intención de hacer el mal que no desea, sino que, simplemente, se ha dejado arrastrar por una felicidad o un bien que no es real y que está fuera de la órbita de Dios.

Lo que está en el fondo de la tentación es un apartarse de Dios y poner en el centro otras cosas, tal vez urgentes, pero superfluas e innecesarias al final.

Somos mucho más tentados de lo que creemos. El mayor tentador es el demonio. No le interesa que estemos cerca de Dios. No nos quiere bien y por eso su mayor afán es apartarnos del amor de Dios y hacernos caer en el pecado.

Jesús deja al descubierto las intenciones del demonio. Éste lo que quiere es seducirnos con los bienes materiales y convencernos de súper poderes inexistentes. Intenta presentarnos un mundo mejor y más feliz pero por nuestra cuenta, sin Dios.

Aquí está la receta frente a las tentaciones: estar muy unidos al Espíritu Santo. Implorar su ayuda para dilucidar y ver el engaño y la falacia en tantos argumentos, aparentemente buenos, que nos presenta nuestro mundo.

Tenemos que contar siempre con la ayuda de Jesús que vence todas las tentaciones y al que las provoca. No en vano, una de las frases que reza Jesús dirigiéndose al Padre es la de: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal.”

No quiero hacer mi propio plan, no quiero trazar un camino paralelo a Dios. ¡Quiero una vida con Dios! Señor, ¡no me dejes caer en la tentación!

Por el padre Juan



























6 maneras de criar mis hijos para «estar en el mundo sin ser del mundo»

 

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¿Cómo ayudo a mis hijos a darse cuenta de que esta vida es un regalo pero que la vida eterna es nuestra meta? La experiencia de una madre

“¡Oh no, no puedo encontrar las llaves!”, grité desde arriba. Mi niño pequeño (que disfruta tirando cosas a la basura) me sonrió inocentemente y se encogió de hombros, afirmando no saber dónde podrían estar.

Sabía que debería haberme ido unos minutos más antes de salir corriendo por la puerta, pero eso significaba que definitivamente llegaríamos tarde a almorzar.

A medida que mi estrés se disparó, la voz de mi hijo de 5 años vino desde abajo, haciendo una pausa en mi ansioso monólogo interno: “¡No te preocupes, mamá! ¡Hablaré con san Antonio! Tony, Tony, ven, algo se ha perdido y no se puede encontrar. ¡Por favor ayúdanos a encontrar las llaves de mamá!”.

Efectivamente, unos minutos después de su oración, el niño pequeño descubrió las llaves en el contenedor de lego. “¡Mira, mamá! Sabía que las encontraríamos”. Mientras nos subíamos al auto, agradecí a Dios en silencio por el don de la fe de niño.

Si creemos en Dios, entonces tenemos que darnos cuenta de que este mundo no es la meta. ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a descubrir esta verdad?

Aquí hay algunas formas intencionales y prácticas que he reunido para ayudar a mis hijos a recordar que este mundo no lo es todo.

¡Buenos días, Jesús!

Tenemos un crucifijo en nuestra pared cerca de la mesa del desayuno, y cada mañana cuando pasamos ante él de camino a comer, rezo en voz alta una oración rápida y espontánea de «buenos días, Jesús». Le agradezco por un nuevo día, por el sueño de anoche. Hacemos oraciones a la hora de comer, pero quiero que mis hijos puedan comenzar el día agradecidos y conversando con quien los ama más que yo. Además, cuanto más cómodos estemos hablando con Jesús, más cómodos estaremos hablando de Él.

Tomando caminatas

Durante el otoño y la primavera tratamos de hacer caminatas semanales los domingos. Nuestra ciudad tiene muchos senderos naturales y parques que hemos descubierto. Además de proporcionar tiempo de buena calidad para nuestra familia y los beneficios del ejercicio, tratamos de utilizar este tiempo para apreciar la belleza del mundo que nos rodea.

Quiero cultivar un espíritu de asombro en mis hijos que permanecerá con ellos por el resto de sus vidas. Si puede maravillarse con un hermoso halcón que llama desde un árbol, o un campo de hierba de la pradera que se mece suavemente con el viento, entonces fácilmente se vuelve espontáneo vivir con asombro y gratitud hacia Dios, el creador de todo.

Escuchar historias de santos

Nos encanta escuchar libros grabados y CD en el auto. Glory Stories son algunas de nuestras favoritas: son dramas de audio atractivos sobre las vidas de personas que amaron a Dios y lo siguieron en su estado específico de vida. Quiero exponer a nuestros hijos a buenos modelos a seguir, y ¿quién mejor que los santos?

Orando por las personas a las que ayudamos

Cada vez que vemos a una persona con un cartel al lado de la carretera, tratamos de darle algo, ya sea dinero en efectivo, una bolsa de bocadillos, una botella de agua y una estampita sagrada. También nos aseguramos de preguntarle cuál es su nombre. Luego, oramos por ellos mientras nos alejamos y los incluimos en nuestras oraciones antes de acostarnos. De esta manera, podemos seguir tangiblemente las instrucciones de Jesús de dar comida a los hambrientos. Además, podemos recordar que esta persona no solo tiene hambre, sino que también está hecha a la imagen de Dios y, sobre todo, tiene hambre del amor de Jesús.

Visitar cementerios

Visitar cementerios es una forma sencilla de recordar que todos moriremos algún día. Y la muerte, aunque traumática, es la entrada a la vida eterna. Damos un paseo por los cementerios cercanos a nuestra casa y leemos los nombres de las tumbas. Luego, al salir, decimos una oración por todas aquellas personas con las que nos hemos cruzado y sobre las que hemos leído.

Pregunta: «¿Alguien necesita esto más?»

Es muy fácil distraerse con nuestras posesiones (teléfono, computadora portátil, ropa, libros y mi cosa favorita… te estoy mirando). Y cuando todo en lo que podemos pensar es en nuestras cosas, se vuelve mucho más difícil pensar en lo que realmente importa. Por lo tanto, tratamos de revisar regularmente nuestros libros, juguetes y ropa, y nos preguntamos a nosotros mismos y a nuestros hijos: «¿Realmente necesitamos esto?» o «¿Alguien más usaría esto más que yo?».

¡Sagrada Familia, ruega por nosotros!

Cecilia Pigg, Aleteia

Vea también                Orientaciones Educativas sobre el Amor Humano






































































domingo, 17 de octubre de 2021

No permitas que el infierno sea tu destino final

 

Dios quiere que seas santo, para que pases una eternidad feliz, a su lado. Si eres infeliz, es hora de cambiar

«…y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes»

Mateo 13, 50

Recuerdo haber leído el encuentro de san Pío de Pietrelcina con un increyente. Este le dijo durante una confesión:

– Padre Pío, no creo en el infierno.

A lo que el buen sacerdote respondió:

– Ya creerás cuando estés allá.

Sufrimientos eternos

Muchos dicen que el infierno es la ausencia de Dios.

Otros que el mayor sufrimiento de los que están allí es ver la gloria de Dios a la distancia, con un muro impenetrable de por medio y no poder disfrutar de su Amor, vivir eternamente alejados de Él.

La Biblia por otro lado lo describe como un lugar de sufrimientos eternos.

Igual lo describen muchos santos de nuestra iglesia a los que Dios les ha permitido tener una visión corta de ese estado.

Sabemos que es un lugar de tormentos eternos, “un estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica)

 «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran».

Mateo 7, 13-14

Leer la Biblia

He querido dedicar unos escritos a estos temas tan delicados porque se trata de nuestras almas inmortales y de su salvación. No es cualquier cosa.

Hablamos de nuestra eternidad, que debemos pasar en la presencia amorosa de Dios en el Paraíso.

Creo que es hora de empezar a leer la Biblia y conocer mejor nuestra fe para poder saber lo que Dios espera de nosotros y cuidarnos mejor.

Decía la beata sor María Romero Meneses: “No podemos elegir la fecha ni el lugar de nacimiento o nuestra muerte, o la familia con que viviremos en este mundo, pero sí podemos elegir nuestra eternidad. Procura que sea una feliz.”

Sé feliz para siempre

Dios quiere que seas santo, para que pases una eternidad feliz, a su lado. Si actualmente eres infeliz y vives en pecado, ese que te atormenta por las noches, es hora de cambiar.

Nuestro Dios es el Dios de las oportunidades, mientras tengas vida puedes hacerlo.

San Josemaría Escrivá aconsejaba soltar en la confesión primero aquello que más nos avergonzaba y torturaba, ese pecado tan difícil de soltar.

—Si dentro de ti, hijo mío, hay un «sapo», ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el «sapo» en la Confesión, ¡qué bien se está!

Busca hoy un sacerdote y haz una confesión sacramental. Limpia tu alma de todo pecado y restaura tu amistad con el Padre Eterno. Seguro te mirará complacido desde el cielo y sonreirá.

Debemos estar en vela, preparados para ir al encuentro de Dios, en cualquier momento.

Conserva tu estado de gracia como un tesoro. Piensa más en tu alma, no la descuides.  No cometas ese grave error. Te espera una eternidad, ¿cuál elegirás?

7 imágenes del cielo

Claudio de Castro, Aleteia 

Vea también      El infierno como rechazo definitivo de Dios - San Juan Pablo II