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domingo, 28 de diciembre de 2025

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 

Libro de Eclesiástico 3,2-6.12-14.

Porque el Señor quiere que el padre sea respetado por sus hijos y confirmó el derecho de la madre sobre ellos.
El que honra a su padre expía sus pecados
y el que respeta a su madre es como quien acumula un tesoro.
El que honra a su padre encontrará alegría en sus hijos y cuando ore, será escuchado.
El que respeta a su padre tendrá larga vida y el que obedece al Señor da tranquilidad a su madre.
Hijo mío, socorre a tu padre en su vejez y no le causes tristeza mientras viva.
Aunque pierda su lucidez, sé indulgente con él; no lo desprecies, tú que estás en pleno vigor.
La ayuda prestada a un padre no caerá en el olvido y te servirá de reparación por tus pecados.


Salmo 128(127),1-2.3.4-5.

¡Feliz el que teme al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.


Carta de San Pablo a los Colosenses 3,12-21.

Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia.
Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.
Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.
Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.
Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados.
Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.
Mujeres, respeten a su marido, como corresponde a los discípulos del Señor.
Maridos, amen a su mujer, y no le amarguen la vida.
Hijos, obedezcan siempre a sus padres, porque esto es agradable al Señor.
Padres, no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen.


Evangelio según San Mateo 2,13-15.19-23.

Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto,
y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño".
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.
Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,
donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Retiro en Nazaret (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, Gigord, 1964), trad. sc©evangelizo.org


Una vida de humildad en Jerusalén

Jesús mío, inspíreme lo que debo pensar de su vida escondida… “Él descendió con ellos y fue a Nazaret, y les era sumiso” (Lc 2,51)…
Descendió, se sumió, se humilló… fue una vida de humildad. Dios, como hombre. Hombre, se hace el último de los hombres, una vida de abyección hasta el último de los últimos lugares. Ha descendido con ellos para vivir su vida, la vida de pobres obreros, viviendo de su labor. Su vida fue como la de ellos, pobreza y labor, en la obscuridad. En Nazaret, pequeña ciudad escondida en la montaña, de donde “nada bueno puede salir” (Jn 1,46), como decían. Retirada, alejada del mundo y las capitales. Ha vivido en este retiro…
Usted les era sumiso, sumiso como un hijo a su padre, a su madre, una vida de sumisión, de sumisión filial. Obedeciendo en todo lo que obedece un buen hijo. Si un deseo de sus padres no coincidía con su propia vocación divina, no lo realizaba, ya que siempre obedecía “a Dios más que a los hombres” (cf. Hech 5,29), igual que cuando había permanecido tres días en Jerusalén. Salvo en esos casos, usted los obedecía en todo, siendo el mejor hijo, obedeciendo no sólo sus mínimos deseos sino previéndolos en todo lo que les podía gustar, consolar, rendirles la vida más suave y agradable. Trata de todo corazón de hacerlos felices siendo un modelo de hijo, teniendo todas las atenciones posibles con sus padres, en la medida que lo permitía su vocación… (…)
¡He aquí lo que fue su vida en Nazaret (…)! Su vida era la de un modelo de hijo, viviendo con un padre y una madre obreros. (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Mateo es el único evangelista que nos habla de los sueños de José. Marcos y Juan no incluyen narraciones sobre la infancia, y Lucas se centra casi exclusivamente en la experiencia de María. Solo Mateo sitúa a José en el centro de la historia inicial y revela cómo Dios lo guió a través de una serie de cuatro sueños. Estos sueños son esenciales para la teología de Mateo: José es retratado como un hombre que escucha profundamente, discierne fielmente y actúa de inmediato. Cada sueño salvaguarda el desarrollo de la historia de la salvación, protegiendo a María y al pequeño Jesús.

La lectura del Evangelio relata dos de los cuatro sueños de José, ambos relacionados con la huida a Egipto. En la primera parte de nuestra lectura (2, 13-15), un ángel se aparece a José por la noche con una orden urgente: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto”. Herodes quiere destruir al Mesías recién nacido, y José debe actuar sin demora. Su viaje cumple la profecía de Oseas 11, 1: “De Egipto llamé a mi hijo”.”

Tras la muerte de Herodes, José tiene un segundo sueño, la segunda parte de nuestra lectura (2:19-23), en el que se le ordena regresar a Israel. Sin embargo, cuando se entera de que Arquelao, el violento hijo de Herodes, reina en Judea, José tiene un cuarto sueño en el que se le advierte que evite esa región. En su lugar, se retira a Galilea y se establece en Nazaret, cumpliendo así otra profecía de las Escrituras.

En nuestra impactante pintura de la huida de la Sagrada Familia a Egipto, se nos invita a compartir un momento de tranquila vulnerabilidad. José dormita junto a una hoguera que se apaga, agotado, mientras el burro mordisquea la escasa hierba del desierto. José y el burro de nuestra pintura nos recuerdan la dureza de su viaje y los frágiles comienzos de la Encarnación. A la izquierda, María y el niño Jesús descansan plácidamente en las patas protectoras de una gran esfinge, el antiguo símbolo egipcio de una civilización desaparecida hace mucho tiempo. Su mirada se eleva hacia las primeras estrellas que aparecen, como si reconociera un poder superior a todos los imperios terrenales. La esfinge se convierte en una poderosa metáfora: el Cristo recién nacido, acunado contra esta reliquia de la gloria pagana, derribará todos los imperios construidos sobre el orgullo, la violencia o la autosuficiencia. Los reinos paganos han surgido y caído; los poderes seculares siguen surgiendo y cayendo. Y en nuestra propia época, vemos cómo el secularismo vuelve a levantar la cabeza, confiado en su fuerza. Sin embargo, este cuadro proclama silenciosamente la verdad eterna: no es el poder mundano lo que perdura, sino la presencia suave, oculta y transformadora de la Sagrada Familia.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

(Papa Francisco, Amoris Laetitia, 325)


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