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domingo, 31 de mayo de 2026

(Evangelio del día) Stma. Trinidad - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical?


 

Libro del Exodo 34,4b-6.8-9.

Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos.
El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor.
El Señor pasó delante de él y exclamó: "El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.
Moisés cayó de rodillas y se postró,
diciendo: "Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia".


Libro de Daniel 3,52.53.54.55.56.

 ¡A ti, gloria y honor eternamente!

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.

Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
Alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo.
Aclamado y glorificado eternamente.


Carta II de San Pablo a los Corintios 13,11-13.

Hermanos:
Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.
Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.


Evangelio según San Juan 3,16-18.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Gregorio Nacianceno (330-390)
obispo y doctor de la Iglesia
Poemas dogmáticos, I-II (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org


¡Un solo Dios eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Hay un solo Dios, sin principio, sin causa, que no puede ser limitado ni por alguien anterior a él, ni por alguien que vendría después. Él está envuelto de eternidad, de infinito. Padre grande de un Hijo único, bueno y grande, que ha engendrado sin nada carnal porque es espíritu. El Hijo de Dios, Dios único y otro, pero no otro en su divinidad. Él es la impronta del Padre, Hijo único del que es sin principio, el Único del Único y su igual. El Padre permanece Padre enteramente. Él, el Hijo, es el autor y Señor del mundo, fuerza y pensamiento del Padre. (…)
Temblemos ante la grandeza del Espíritu, que es igualmente Dios, y por el que he conocido a Dios. Él es manifiestamente Dios y hace aparecer Dios acá abajo. Es todopoderosos, distribuye los dones diversos, inspira los cantos del coro de los bienaventurados, da la vida a los seres celestes y terrestres, reina en las alturas. Es la fuerza divina, actúa por su movimiento propio. No es el Hijo, ya que el Padre excelente tiene un Hijo Único, pleno de bondad. El Espíritu es la divinidad invisible, con igual gloria.
(EDD)

Reflexión sobre la ilustración de la revista

Desde una edad muy temprana, uno de los primeros gestos que muchos de nosotros aprendimos en la fe cristiana fue cómo hacer la Señal de la Cruz. Con pequeñas manos guiadas lentamente por los padres o los abuelos, nos enseñaron a tocarnos la frente mientras decíamos: “En el nombre del Padre”, luego bajábamos hasta el corazón o el pecho: “y del Hijo”, y finalmente cruzábamos los hombros: “y del Espíritu Santo”. Es un gesto tan sencillo que podemos realizarlo fácilmente sin pensar. Sin embargo, en él se esconde una de las profesiones de fe más profundas de todo el cristianismo. Cada vez que nos bendecimos, proclamamos nuestra creencia en el misterio de la Santísima Trinidad. El movimiento en sí es hermoso y profundamente simbólico: la mano se mueve de la mente al corazón, del pensamiento al amor, y hacia fuera por todo el cuerpo, como si todo nuestro ser se reuniera en el amor de Dios.

Hoy en día, muchos católicos ya no se bendicen al pasar por una iglesia, como hacían instintivamente las generaciones anteriores. Sin embargo, innumerables personas siguen sumergiendo sus dedos en la pila de agua bendita al entrar en una iglesia y se persignan. Hacerlo en silencio nos remite al comienzo de nuestra vida cristiana: nuestro bautismo. Cada uno de nosotros fue bautizado con agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cada vez que tocamos el agua bendita y trazamos la señal de la Cruz sobre nosotros, estamos, de una manera pequeña pero hermosa, renovando esa identidad bautismal. Nos recordamos a nosotros mismos quiénes somos y a quién pertenecemos. Y eso es precisamente lo que celebramos hoy, Domingo de la Trinidad: el misterio del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en el corazón mismo de nuestra fe.

Nuestro encantador grabado del siglo XIX, publicado en La Ilustración Española y Americana el 5 de abril de 1876, capta un tierno momento de la vida eclesiástica. Vemos a niños pequeños bendiciéndose cuidadosamente con agua bendita, con pequeños gestos que recuerdan prácticas aprendidas de padres y abuelos. De hecho, la imagen ilustra una tradición española más amplia, relacionada especialmente con el Sábado Santo, cuando el agua bendita recién bendecida de las liturgias de Pascua se distribuía entre los fieles. Las familias llevaban recipientes a la iglesia y transportaban el agua bendita a casa con gran reverencia. Una vez en casa, solía colocarse cerca de la entrada en una pequeña pila o vasija para que los miembros de la familia pudieran bendecirse al entrar o salir del hogar. De este modo, la propia casa se convertía en una extensión de la Iglesia: un espacio sagrado doméstico marcado por la oración.

La revista en la que apareció esta imagen, La Ilustración Española y Americana, fue una de las grandes publicaciones ilustradas de la España del siglo XIX. Fundada en el siglo XIX, combinaba periodismo, literatura, comentarios culturales y detallados grabados que documentaban costumbres religiosas, acontecimientos políticos y escenas de la vida cotidiana en España y fuera de ella. Antes de que la fotografía se generalizara en la cultura impresa, estas revistas ilustradas contribuyeron a dar forma al imaginario visual de la sociedad. Lo encantador de esta imagen es que nos recuerda la naturalidad con la que la fe se integraba en el ritmo de la vida cotidiana.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

(En el Nombre del....)

domingo, 4 de enero de 2026

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la celebración de la Santa Misa presencial Solemnidad

 

Nota: En el Perú celebramos la Solemnidad este Domingo


Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 

Isaίas 60, 1-6

Levántate y resplandece, Jerusalén,
porque ha llegado tu luz
y la gloria del Señor alborea sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra
y espesa niebla envuelve a los pueblos;
pero sobre ti resplandece el Señor
y en ti se manifiesta su gloria.
Caminarán los pueblos a tu luz
y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor:
todos se reúnen y vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría;
tu corazón se alegrará, y se ensanchará,
cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos y dromedarios,
procedentes de Madián y de Efá.
Vendrán todos los de Sabá
trayendo incienso y oro
y proclamando las alabanzas del Señor.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Las palabras de los Papas

Hermanos, hermanas, ¡abramos el corazón a la inquietud, pidamos el valor para avanzar en el camino y finalicemos en la adoración! No tengamos miedo, es el recorrido de los Magos, es el recorrido de todos los santos de la historia: recibir las inquietudes, ponerse en camino y adorar. Hermanos y hermanas, no dejemos que se apague en nosotros la inquietud de las preguntas, no detengamos nuestro caminar cediendo a la apatía o a la comodidad; y rindámonos, encontrándonos con el Señor, al asombro de la adoración. Entonces descubriremos que una luz ilumina también las noches más oscuras, es Jesús, es la estrella radiante de la mañana, el sol de justicia, el fulgor misericordioso de Dios, que ama a todos los hombres y a todos los pueblos de la tierra. (PAPA FRANCISCO, SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, 6 DE ENERO DE 2023)

(vatican.va)


viernes, 29 de agosto de 2025

Evangelio del día - Solemnidad Santa Rosa de Lima.

 Celebremos a la Santa Patrona de Lima, América Latina y otros más

Las Lecturas de la Santa Misa

¿No sería muchísimo mejor escuchar con la familia el Evangelio proclamado en la Santa Misa presencial porque es fiesta de guardar.




viernes, 20 de junio de 2025

La Solemnidad del Corpus Christi: Un viaje histórico de fe, milagros y tradiciones eternas


 

Cada año, la Iglesia Católica celebra con gran solemnidad la fiesta del Corpus Christi, un día dedicado a la adoración de la Eucaristía, la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino consagrados. Este 2025, la celebración será especialmente significativa, con diversas tradiciones y costumbres católicas que han trascendido siglos de historia. En algunos lugares, la festividad será celebrada el jueves 19 de junio, mientras que en otros, como España, se trasladará al domingo 22 de junio. Conmemorar este día no solo significa reconocer el milagro del Cuerpo y la Sangre de Cristo, sino también mantener vivas las tradiciones espirituales que unen a la Iglesia universal.

«El Corpus Christi es una oportunidad para renovar nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, un día para dar gracias por el don divino y renovar nuestro compromiso con la fe.»

La Historia del Corpus Christi: Origen de una Fiesta Sagrada

El Corpus Christi tiene su origen en un milagro que ocurrió en el siglo XIII, cuando el sacerdote Pedro de Praga, durante una peregrinación a Roma, dudaba de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Después de la peregrinación, mientras celebraba la Misa en la Cripta de Santa Cristina en Bolsena, Italia, vio que la hostia consagrada sangraba, dejando un rastro sobre el corporal. Este milagro fue rápidamente informado al Papa Urbano IV, quien lo reconoció como una clara señal de la importancia de la Eucaristía. Como respuesta, el Papa promulgó la bula Transiturus de Hoc Mundo en 1264, estableciendo la celebración del Corpus Christi para toda la Iglesia universal, en el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad, 60 días después de la Pascua. Este día debía ser un recordatorio de la fe profunda en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y, a su vez, un acto de adoración y agradecimiento a su sacrificio redentor.

El Papel de Santo Tomás de Aquino en la Celebración del Corpus Christi

Uno de los aspectos más significativos de la celebración de Corpus Christi es la obra litúrgica que fue encargada a Santo Tomás de Aquino, quien creó los himnos Tantum Ergo y Lauda Sion Salvatorem. Estas composiciones, que profundizan en la adoración y la reverencia a la Eucaristía, se han mantenido en el corazón de la liturgia del Corpus Christi hasta nuestros días. A lo largo de los siglos, la solemne celebración ha sido acompañada por los cantos y oraciones que resuenan en las iglesias durante la procesión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, una de las más importantes del año.

Expansión y Reconocimiento de la Solemnidad en la Iglesia Universal

Con el paso del tiempo, la celebración del Corpus Christi se fue consolidando en la Iglesia. Durante el Concilio general de Viena en 1311, el Papa Clemente V ratificó la importancia de la festividad y afirmó que debía ser celebrada con devoción en todos los rincones del mundo católico. A lo largo de los siglos, los papas posteriores continuaron promoviendo la solemnidad, no solo como un acto de adoración, sino también como una manera de fortalecer la fe en la Eucaristía, tan fundamental para la vida cristiana. La festividad se ha ido adaptando a las tradiciones de los diferentes países, pero su esencia permanece intacta: una profunda gratitud por el regalo divino del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El Evangelio del Día: La Multiplicación de los Panes y los Peces

Durante la celebración del Corpus Christi, el Evangelio del día se centra en la multiplicación de los panes y los peces, un pasaje bíblico de gran relevancia que refleja la generosidad y la misericordia de Jesús. En el Evangelio de San Marcos (14, 12-16; 22-26), se narra cómo Jesús, al ver que la multitud se encontraba sin comida, les dijo a sus discípulos que les dieran de comer. Aunque no tenían suficiente alimento, Jesús, con cinco panes y dos peces, alimentó a más de 5,000 personas. Este acto milagroso no solo ilustra la provisión material, sino también la abundancia espiritual que Cristo ofrece a todos los que se acercan a Él con fe. El Corpus Christi, al conmemorar este milagro, nos invita a reflexionar sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía como alimento espiritual, que nos fortalece y nos une como comunidad.

Un Día de Adoración y Reflexión: Corpus Christi 2025

En 2025, la solemnidad del Corpus Christi será una oportunidad para renovar la devoción a la Eucaristía y reafirmar nuestro compromiso con la fe. Las procesiones que se celebran después de la Misa principal, especialmente aquellas en ciudades como Toledo y Sevilla, continúan siendo momentos de profunda comunión y expresión de amor por el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La festividad es también un llamado a vivir con gratitud y esperanza, recordándonos que Jesús está presente en nuestra vida cotidiana, ofreciendo consuelo y sanación.

EWTN

Vea también:    El Regalo más grande - La Eucaristía



domingo, 12 de mayo de 2024

Mirando al cielo

La Ascensión del Señor (1769) de Francisco Bayeu y Subías.
La Ascensión del Señor (1769) de Francisco Bayeu y Subías. Museo del Prado.

Solemnidad de la Ascensión del Señor, Ciclo B

Marcos 16, 15-20

La solemnidad de la Ascensión de Jesús "al cielo" es una ocasión para que nos aclaremos de una vez por todas las ideas sobre qué entendemos por "cielo". En casi todos los pueblos, el cielo se identifica con la morada de la divinidad.

También la Biblia utiliza este lenguaje espacial: "Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres". Con la llegada de la era científica, este significado religioso de la palabra "cielo" entró en crisis. Para el hombre moderno el cielo es el espacio en el que se mueve nuestro planeta y todo el sistema solar, y nada más. Conocemos la salida atribuida a un astronauta soviético [Gagarin], de vuelta de su viaje por el cosmos: "¡He recorrido mucho el espacio y no he encontrado por ninguna parte a Dios!". 

Así que es importante que intentemos aclarar qué entendemos nosotros, los cristianos, cuando decimos Padre nuestro que estás en los cielos, o cuando decimos de alguien que "se ha ido al cielo". La Biblia se adapta, en estos casos, al modo de hablar popular; pero ella bien sabe y enseña que Dios "está en el cielo, en la tierra y en todo lugar", que es Él quien "ha creado los cielos", y si los ha creado no puede estar "encerrado" en ellos. Que Dios esté "en los cielos" significa que "vive en una luz inaccesible"; que dista de nosotros "cuanto el cielo se eleva sobre la tierra". En otras palabras, que es infinitamente diferente de nosotros. El cielo, en sentido religioso, es más un estado que un lugar. Dios está fuera del espacio y del tiempo y así es su paraíso. 

A la luz de lo que hemos dicho, ¿qué significa proclamar que Jesús "subió al cielo"? La respuesta la encontramos en el Credo: "Subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre". Que Cristo haya subido al cielo significa que "está sentado a la derecha del Padre", esto es, que también como hombre ha entrado en el mundo de Dios; que ha sido constituido, como dice San Pablo en la segunda lectura [de hoy: Ef 1, 17-23], Señor y cabeza de todas las cosas (cfr. Ef 1, 22).

Jesús subió al cielo, pero sin dejar la tierra. Sólo ha salido de nuestro campo visual. Él mismo nos asegura: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 16-20).

Las palabras del ángel -"Galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo?"- contienen por lo tanto una advertencia, si no un velado reproche: no hay que quedarse mirando arriba, al cielo, como para descubrir dónde va a estar Cristo, sino más bien vivir en espera de su retorno, proseguir su misión, llevar su Evangelio hasta los confines de la tierra, mejorar la calidad de la vida en la tierra. 

Cuando se trata de nosotros, "irse al cielo" o "al paraíso" significa ir a estar "con Cristo" (Flp 1,23). "Voy a prepararos un lugar... para que donde esté yo estéis también vosotros" (Jn 14,2-3).

El "cielo", entendido como lugar de descanso, de la recompensa eterna de los buenos, se forma en el momento en que Cristo resucita y sube al cielo. Nuestro verdadero cielo es Cristo resucitado, con quien iremos a reunirnos y a hacer "cuerpo" después de nuestra resurrección, y de manera provisional e imperfecta inmediatamente tras la muerte. Por lo tanto Jesús no ascendió a un cielo ya existente que le esperaba, sino que fue a formar e inaugurar el cielo para nosotros. 

Hay quien se pregunta: pero ¿qué haremos "en el cielo" con Cristo toda la eternidad? ¿No nos aburriremos? Respondo: ¿aburre tal vez estar bien y con óptima salud?

Preguntad a los enamorados si se aburren de estar juntos. Cuando sucede que se vive un momento de intensísima y pura alegría, ¿no nace a lo mejor en nosotros el deseo de que dure para siempre, de que no acabe jamás? Aquí abajo tales estados no duran para siempre, porque no existe objeto que pueda satisfacer indefinidamente.

Con Dios es diferente. Nuestra mente hallará en Él la Verdad y la Belleza que nunca acabará de contemplar, y nuestro corazón el Bien del que jamás se cansará de gozar. 

Tomado de Homilética. 

Vea  también      La Ascensióndel Señor - San Juan Pablo II


domingo, 13 de agosto de 2023

Sí, hay diferencia entre memoria, fiesta y solemnidad

Cuando vamos a misa escuchamos decir que es la memoria o la fiesta o la solemnidad, pero es posible que no sepamos la diferencia.
 Aclaremos las dudas.

Generalmente, la palabra «fiesta» es usada por los católicos en referencia a cualquier celebración de la Iglesia: días dedicados a santos, a Nuestra Señora, a Cristo… No hay ningún error doctrinal en usar el término «fiesta» para todos los casos, pero es recomendable aprender que en la Iglesia existe una jerarquía de celebraciones. Estas se estructuran en tres tipos básicos: las memorias, las fiestas y las solemnidades.

Solemnidades

Las solemnidades son las celebraciones de grado más alto, reservadas a los misterios más importantes de nuestra fe: por ejemplo, la Pascua, Pentecostés, la Inmaculada Concepción; los principales títulos de Jesús, como Cristo Rey o el Sagrado Corazón, además de celebraciones que honran a algunos santos de especial importancia en la historia de la salvación, como es el caso de las solemnidades de los santos Pedro y Pablo y la del nacimiento de san Juan Bautista.

En las solemnidades, así como en los domingos, la celebración eucarística tiene tres lecturas, la oración de los fieles, el Credo y el Gloria (incluso cuando la solemnidad cae en Adviento o en Cuaresma).

Las solemnidades también tienen oraciones propias exclusivas: antífona de entrada, oración inicial, oración sobre las ofrendas, antífona de comunión y oración después de la comunión. En la mayoría de los casos, también hay un prefacio especial.

Algunas solemnidades son fiestas de precepto y otras no: esto depende de la realidad pastoral de cada país y, por tanto, del criterio de la respectiva conferencia episcopal.

Las solemnidades que caen en domingo se celebran como tales durante el tiempo ordinario y el tiempo de Navidad, pero acostumbran a ser trasladadas al lunes cuando caen en un domingo de Adviento, de Cuaresma, de Semana Santa y del tiempo pascual.

Fiestas

Las fiestas honran algún misterio o título de Jesús, de Nuestra Señora y de santos especialmente relevantes, como los apóstoles, los evangelistas y otros de gran importancia histórica como san Lorenzo.

La fiesta acostumbra a tener oraciones propias, pero se hacen solo dos lecturas y el Gloria. A diferencia de otras fiestas, las dedicadas a Jesús —como la Transfiguración y la Exaltación de la Santa Cruz— se celebran también cuando caen en domingo y en ese caso tienen tres lecturas, el Gloria y el Credo.

Memorias

La memoria es generalmente la celebración de un santo, pero podría también celebrar algún aspecto de Jesús o de María. Es el caso de la memoria facultativa del Santo Nombre de Jesús y de la memoria obligatoria del Inmaculado Corazón de María.

En lo que respecta a la liturgia, no hay diferencia entre la memoria facultativa y la memoria obligatoria. Toda memoria tiene al menos una oración propia de apertura. En cuanto a las lecturas, pueden ser específicas o no: en general se prefiere que se mantengan las lecturas del día para evitar que se interrumpa excesivamente el ciclo continuo de las lecturas propias de cada tiempo; al mismo tiempo hay lecturas específicas que deben usarse en el caso de algunos santos, especialmente los mencionados en la propia Sagrada Escritura, por ejemplo Marta, María Magdalena y Bernabé.

Durante la Cuaresma y en parte del Adviento (del 17 al 24 de diciembre) se usa solo la oración colecta del santo; todo el resto es lo ordinario de ese día.

Caso especial

El día de difuntos, celebrado el 2 de noviembre, tiene prioridad sobre el domingo a pesar de no ser una solemnidad.

Variaciones geográficas 

Hay casos en los que una determinada celebración tiene una clasificación diferente según la región, ya que algunos santos son más venerados en un lugar que en otros. Es el caso de san Benito: su día es memoria obligatoria en el calendario universal, pero es fiesta en Europa por ser uno de los patrones del continente y es solemnidad en la diócesis de Montecassino, donde está enterrado. O bien, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe en México y todo el continente americano, decretada por San Juan Pablo II en 1999.

Hay solemnidades, como el Corpus Christi, que pueden ser precepto o no conforme a la determinación de la conferencia episcopal de cada país: la decisión se basa en una realidad pastoral local. Por eso hay países que mantienen la tradicional celebración el jueves como fiesta de precepto, otros mantienen el día pero no como precepto y otros, que ya son mayoría, en los que la celebración se traslada al domingo siguiente para garantizar la máxima participación de los fieles.


Aleteia Brasil

Vea también    El Hombre en Fiesta - P. Emiliano Jiménez
(abundante información)























sábado, 25 de marzo de 2023

“Miró al ángel y pronunció las sagradas palabras”, la increíble visión de la Anunciación de una beata

anunciación

Créditos: Creazilla.

La Anunciación del Señor,  el momento en que la Virgen María dio su total consentimiento a la voluntad de Dios, es un acontecimiento fundamental en la historia de la la salvación.

Este momento en que María “dio el sí” para llevar en su seno al Salvador es relatado en el Evangelio de San Lucas (Cap. 1, 26-38).

Sin embargo, en distintos momentos de la historia, Dios permitió que algunas personas santas tuvieran visiones de distintos momentos de la vida de Jesús.

La beata Ana Catalina de Emmerick, una de las místicas más importantes junto a sor María Jesús de Agreda, tuvo una serie de revelaciones privadas sobre el momento de la Anunciación.

En el libro de “Visiones y revelaciones completas de la venerable Ana Catalina Emmerick“, Tomo II, la beata narra sus visiones del momento en que la Virgen María le dijo a Dios “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”.

Como toda revelación privada, ningún católico tiene la obligación de creer en ella y se debe proceder con prudencia. Siempre el criterio para aceptar las supuestas revelaciones es que jamas contradigan los Santos Evangelios, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

“Miró al ángel y pronunció las sagradas palabras”, la increíble visión de la Anunciación de una beata

Aquí puedes leer un extracto de la revelación privada que la beata Ana Catalina de Emmerick tuvo sobre el momento de la Anunciación:

“La casita de Nazaret, que Ana había preparado para María y José, pertenecía a Santa Ana. (…) En la parte posterior estaba el dormitorio de María: allí tuvo lugar la Anunciación del Ángel.

(….) Entonces del techo de la habitación bajó, a su lado derecho, en línea algún tanto oblicua, un golpe tan grande de luz , que me vi obligada a volver los ojos hacia la puerta del patio. Vi, en medio de aquella masa de luz, a un joven resplandeciente, de cabellos rubios flotantes, que había descendido ante María, a través de los aires. Era el Arcángel Gabriel.

Cuando habló vi que salían las palabras de su boca como si fuesen letras de fuego: las leí y las comprendí.

María volvió entonces el rostro hacia él, como si obedeciera una orden, levantó un poco el velo y respondió. El ángel dijo todavía algunas palabras. María alzó el velo totalmente, miró al ángel y pronunció las sagradas palabras: ‘He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra’ …

El cielo aparecía abierto y mis miradas siguieron por encima del ángel una ruta luminosa. En el punto extremo de aquel río de luz se alzaba una figura de la Santísima Trinidad: era como un fulgor triangular, cuyos rayos se penetraban recíprocamente. Reconocí allí Aquello que sólo se puede adorar sin comprenderlo jamás: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y, sin embargo, un solo Dios Todopoderoso.

Cuando la Santísima Virgen hubo dicho: ‘Hágase en mí según tu palabra’, vi una aparición alada del Espíritu Santo (…) Cuando esta luz penetró en su costado derecho, la Santísima Virgen volvióse luminosa ella misma y como transparente: parecía que todo lo que había de opaco en ella desaparecía bajo esa luz, como la noche ante el espléndido día. Se hallaba tan penetrada de luz que no había en ella nada de opaco o de oscuro. Resplandecía como enteramente iluminada.

Después de esto vi que el ángel desaparecía y que la faja luminosa, de donde había salido, se desvanecía. Parecía que el cielo aspirase y volviese hacia sí la luz que había dejado caer.

(…) Desaparecido el ángel he visto a Maria arrobada en éxtasis profundo, en absoluto recogimiento. Pude ver que ya conocía y adoraba la Encarnación del Redentor en sí misma, donde se hallaba como un pequeño cuerpo humano luminoso, completamente formado y provisto de todos sus miembros“.

¿Qué piensas de esta revelación privada de la Anunciación?

(ChurchPOP)

Veat también    Examen de Conciencia basado en la Anunciación


jueves, 23 de junio de 2022

El Sagrado Corazón de Jesús

Ya estamos por celebrar mañana esta solemnidad y aunque todas las redes este mes, están llenas de información e ilustraciones del Sagrado Corazón de Jesús rápidamente te cuento sobre esta fiesta en una pequeña línea del tiempo:

En el siglo XI, los cristianos a menudo meditaban sobre las Cinco Llagas de Jesús, y la devoción específica al Sagrado Corazón provenía de esta meditación.  
Santa Gertrudis la Grande, que tuvo revelaciones privadas sobre el Sagrado Corazón, ayudó a profundizar la comprensión del Sagrado Corazón de Jesús a fines del siglo XIII. Varios siglos después, en 1670, San Juan Eudes celebró la primera Fiesta del Sagrado Corazón.  
 
En 1673, Santa Margarita María Alacoque, una monja de la Visitación francesa, recibió sus propias revelaciones, en las que Jesús explicó Su amor por todas las personas, incluso permitiendo que Santa Margarita recostara su cabeza sobre Su Sagrado Corazón, como también Él le había permitido a Santa Gertrudis. Pidió que los católicos recibieran la Sagrada Comunión los primeros viernes del mes y lo adoraran en la Sagrada Eucaristía.
 
En 1675, Jesús le dijo a Santa Margarita que quería una fiesta anual en honor a Su Sagrado Corazón.  
 
En 1856, el Beato Papa Pío IX designó que la Fiesta del Sagrado Corazón se celebraría universalmente, el viernes después de la octava del Corpus Christi cada año. 
 
Ahora nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.  

Te dejo 3 cosas que te pueden ayudar este día de Sagrado Corazón de Jesús: 3 cantos que me gustan mucho y me han ayudado en mis momentos de oración, una frase que ha traído un poco de paz en mis momentos de ansiedad y una oración que podemos hacer este viernes.

  • Cantos:

Confío en Ti - Ministerio de Música Jesed  
El Cielo para ti - Athenas Venica  
Oh Sagrado Corazón - Cristóbal Fones Sj 

  • Frase

"Nunca debemos desanimarnos ni dejarnos llevar por la ansiedad... sino recurrir siempre al adorable Corazón de Jesús". - Santa Margarita María Alacoque 

  • Oración:

Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies, 
nos consagramos alegremente a tu Divino Corazón. 
Sé, hoy y siempre, nuestro guía, 
el jefe protector de nuestro hogar, 
el rey y centro de nuestros corazones. 
 
Que nuestro amor a tu Corazón compense, de alguna manera, 
la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor 
de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan. 
Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti. 
Confianza profunda, ilimitada. 
Amén 

(konniedeJDN)

Vea también      Culto perpetuo al Sagrado Corazón de Jesús




























sábado, 25 de diciembre de 2021

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa

 

La Navidad a través de la puerta de la Eucaristía.

Queridos amigos, entremos en el misterio de la Navidad, ya cercana, a través de la "puerta" de la Eucaristía: en la cueva de Belén adoremos al mismo Señor que en el Sacramento eucarístico quiso hacerse nuestro alimento espiritual, para transformar el mundo desde dentro, partiendo del corazón del hombre.

S.S. Benedicto XVI
Discurso, 14 de diciembre de 2006


Un refrán muy antiguo

"Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en tu corazón, en vano habría nacido"






domingo, 30 de mayo de 2021

12 claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

 


Este domingo 30 de mayo la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana.

Aquí te presentamos 12 claves para adentrarnos un poco más en este dogma.

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”.

2. Fue utilizada por primera vez por Teófilo de Antioquía

El primer uso reconocido del término fue de Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: “Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría”. (Para Autólicus 2:15)

3. Trinidad significa un solo Dios y tres personas distintas

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: “La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. (CCIC, 48)

4. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CCIC, 44)

5. La Iglesia definió de forma infalible el dogma de la Santísima Trinidad

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6. La Trinidad se sustenta en la revelación divina dejada por Cristo

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

“Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios”. (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se puede demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7. La Biblia enseña que existe un solo Dios

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice:

"Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después”. (Is. 43:10)

“Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’. (Is. 44: 6).

8. El Padre es proclamado como Dios numerosas veces en el Nuevo Testamento

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)”. (II Cor. 1: 3).

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. (Ef. 4: 5-6)

9. La Biblia también demuestra que el Hijo es Dios

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad”. (Jn. 1: 1, 14)

También: “Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios’”. (Jn. 20: 27-28)

10. El Espíritu Santo es Dios y así lo afirman las Escrituras

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y que a la que no se le puede mentir:

“Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’”. (Hechos 13: 2)

“Pedro le dijo: ‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios’”. (Hechos 5: 3-4)

11. La distinción de tres Personas divinas se demuestra con la Biblia

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

“En aquella ocasión Jesús exclamó: ‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer”. (Mt. 11: 25-27).

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará “otro Paráclito", que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

“y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora con ustedes”. (Jn. 14: 16-17)

12. El Hijo procede del Padre y el Espíritu procede del Padre y del Hijo

“Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es “engendrado antes de todos los siglos". Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación” (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús:

“Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí”. (Jn. 15: 26)

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo ("que yo os enviaré"). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

ACI

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

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