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martes, 26 de mayo de 2026

FIESTA DE SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES, VIRGEN



LECTURAS DE LA MISA: Flp 4, 4-9.; Sal 44


LECTURA DEL EVANGELIO DE MATEO 11, 25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
POR: PBRO. SORIANO LINARES DÍAZ
Queridos hermanos, en el Evangelio de hoy, Jesús eleva una oración que es teología pura: “Te doy gracias, Padre… porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” (Mt 11,25). Aquí se manifiesta una epistemología de la humildad: el acceso a la verdad no depende del saber académico, sino del corazón abierto. Dios se revela no por mérito, sino por gratuidad. Santa Mariana de Jesús, “la Azucena de Quito”, vivió esta pequeñez evangélica: escondida, orante, penitente, ofrecida como víctima de amor. Fue docta, sabia en la sabiduría de la Cruz.

Jesús prosigue: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. El verbo implica un descanso activo, una regeneración interior. Santa Mariana asumió sobre sí el sufrimiento de su pueblo con una caridad mística que anticipa la compasión redentora de Cristo. ¿Cómo aplicar esto? Acercándonos al Corazón de Jesús no solo para pedir consuelo, sino para aprender de Él la mansedumbre y humildad, que son actitudes revolucionarias. En un mundo competitivo y ruidoso, Cristo nos ofrece un yugo suave: el de vivir con sentido, cargando nuestras cruces con Él y no solos.

Mariana fue mujer eucarística, penitente, y solidaria. Su vida contemplativa no la alejó del mundo: la hizo fermento en él. Su oración sostenía a una ciudad en crisis, su sacrificio fue intercesión viva. En una época donde se exalta el protagonismo visible, ella nos enseña el poder del anonimato ofrecido con amor. Aplicar su ejemplo hoy significa vivir desde lo oculto y fiel: en la familia, en el trabajo, en el dolor escondido que abrazamos por amor. En síntesis, Jesús y Mariana nos muestran que la verdadera grandeza está en ser pequeños, y que solo en Él hallamos descanso para el alma.

(Catedral San Bartolomé, Huacho)


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