Tener claro lo que Dios quiere para tu vida es genial, pero
¿qué pasa cuando los meses corren y la situación no avanza ni un milímetro?
Seamos honestos: la impaciencia nos carcome. Da miedo, frustra y te hace dudar
de si escuchaste bien a Dios o si te lo inventaste todo. La paciencia no es
sentarse a ver el techo con cara de santo; es mantener la calma mientras Dios
acomoda las piezas detrás del escenario.
Aquí tienes 3 verdades directas al corazón para
sobrevivir a la sala de espera de Dios.
1. No intentes hackear el calendario de Dios
Una cosa es saber qué quiere Dios y otra
muy diferente es querer imponerle el cómo y el cuándo.
A veces nos portamos como niños malcriados que quieren el postre antes de la
cena.
Mira a la Virgen María. Cuando dijo "¡Hágase en
mí según tu Palabra!" (Lucas 1, 38), no firmó un contrato con
todo resuelto. Le tocó dar a luz en un establo (Lucas 2, 1-20), huir a otro
país corriendo por su vida (Mateo 2, 16-18) y buscar a Jesús desesperada por
tres días (Lucas 2, 41-51). Ella no entendía todo a la primera, pero en lugar
de quejarse o armar un plan propio, "guardaba y meditaba todo en
el corazón" (Lucas 2, 19). Dejó que Dios fuera Dios.
- El
reto práctico de este punto: Agarra tu agenda o el
calendario de tu celular. Elige ese proyecto que te urge y escribe en la
pantalla de inicio o en una nota: "Los tiempos son de Dios, no
míos". Cada vez que te gane la ansiedad, míralo y reza un Avemaría.
2. La prisa es el deporte favorito del enemigo
Cuando te desesperas, el diablo aprovecha para meterte ideas
raras. Te da esa sensación de urgencia de: "Hazlo ya, muévete,
rompe las reglas, toma el atajo, el tiempo se acaba". ¡Cuidado! Esa
prisa nunca viene del Espíritu Santo.
Jesús lo explicó con la parábola del trigo y la cizaña
(Mateo 13, 24-30). Si vas con un impulso ciego a arrancar lo malo del camino a
las patadas, vas a terminar destruyendo lo bueno. Las cosas del espíritu
necesitan tiempo para madurar. Si te apuras a tomar decisiones solo por salir
de la incertidumbre, vas a arruinar el proceso. Dios prefiere que dejes crecer
todo hasta la cosecha para que aprendas a distinguir qué es miedo y qué es fe.
- El
reto práctico de este punto: La próxima vez que sientas el
impulso desesperado de mandar un mensaje, tomar una decisión apresurada o
tirar la toalla, aplícate la "regla de las 24 horas". No hagas
nada. Respira, ve al Santísimo o reza, y decide al día siguiente con la
cabeza fría.
3. Dios está entrenando tus músculos espirituales
Si Dios te soltara hoy mismo ese gran plan que tiene para
ti, lo más probable es que lo arruinarías porque no tienes la madurez para
manejarlo. La espera no es un castigo ni un juego de Dios para verte sufrir; es
su gimnasio espiritual.
Piensa en una espada: para que sirva, tiene que pasar por el
fuego y ser golpeada. Solo así se vuelve fuerte pero flexible. Dios está
haciendo eso contigo en este momento. Te está moldeando, quitándote el orgullo
y enseñándote a confiar. Si estás en la sala de espera, es porque todavía te
falta entrenamiento para lo que viene.
- El
reto práctico de este punto: Haz una lista de tres cosas
que necesitas mejorar en tu carácter hoy mismo (ser más ordenado, hablar
mejor a los demás, ser más constante en oración). Enfoca tu energía en
trabajar en eso ahora, en lugar de perder el tiempo pensando en el futuro.
¿Y si el silencio fuera un regalo?
Piénsalo: el amor de Dios es tan grande que prefiere que
esperes un poco a que recibas algo para lo que no estás listo. No camines más
rápido que la gracia.
¡Queremos leerte!
- ¿En
qué área de tu vida te está costando más aceptar el "horario" de
Dios?
- ¿Qué
estrategia te ha servido a ti para no perder la paz?
¡No te quedes con esto! Comparte este artículo en tus grupos
de WhatsApp o en tus historias. Alguien hoy está a punto de tirar la
toalla por pura impaciencia y necesita leer esto. ¡Evangelicemos las redes
juntos!
Pablo Perazzo, churchpop
Vea también La Providencia: poder y sabiduría amorosa
Vale la pena asimilar las demás catequesis del Papa
I. La Revelación de la Providencia
II. La Providencia en la Biblia
III. La Providencia: poder y sabiduría amorosa
IV. Providencia y libertad del hombre
V. Providencia y predestinación
VI. Problema del mal y del sufrimiento
VII. Jesús, respuesta al problema del mal
VIII. Providencia de Dios y dominio del mundo por el hombre
IX. Relaciones entre el Reino de Dios y el progreso del mundo

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