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domingo, 16 de febrero de 2020

“¡Nunca ves lo que hago por ti!”

Con frecuencia, muchos cónyuges hacen este reproche. Sin embargo, cuesta poco acabar con los pequeños rencores que existen en la pareja.

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Con frecuencia, muchos cónyuges hacen este reproche. Sin embargo, cuesta poco acabar con los pequeños rencores que existen en la pareja.

Nunca se insistirá lo suficiente en lo frustrante que es ver que un esfuerzo que uno ha hecho no es tenido en cuenta en absoluto por el cónyuge.
  • “¿No ves que me he organizado para llegar a casa 15 minutos antes?”
  • “¿No ves que he limpiado?”
  • “¿No te has dado cuenta de que te he dejado descansar y cuidé de los niños?”.
La respuesta de la persona acusada de no ver nunca los esfuerzos de la otra persona es con frecuencia: “Sí, lo veo. Simplemente no te he dicho nada. Nada más”.
Es precisamente ahí donde está el problema. Verlo no es suficiente. Es crucial comentarlo.


COUPLE
Rawpixel.com | Shutterstock


Amar es ver

Si nos dimos cuenta del gesto del cónyuge sin haberle dado las gracias, ¿no es porque no nos dimos cuenta suficientemente de lo importante que era este gesto para él o ella?
Con el riesgo de que el otro llegue a preguntarse rápidamente: “¿Me ama realmente? ¡Es tan ciego a mis atenciones y esfuerzos! “. Esta falta de reconocimiento puede ser sentida, interpretada, como una falta de amorCuando amamos de verdad, ¿no tenemos ojos para descifrar el significado de los gestos del amado?
Imaginemos una situación puramente imaginaria:
Un hombre, a su muerte, está a la entrada del paraíso ante San Pedro, quien le señala que a menudo ha descuidado las necesidades de su familia.
El hombre protesta: “Créeme, querido San Pedro, siempre he satisfecho todas las peticiones razonables de mis familiares. Si no, la única explicación es que no me hubiera dado cuenta de lo que querían”.
“Precisamente es de esto de lo que se le acusa – responde inmediatamente San Pedro-. Es que no lo viste. ¡Amar es ver!”
Sí, de verdad, amar es ver. Es maravillarse por el otro cada día. Abramos bien los ojos de nuestro corazón. Seamos hiper atentos a las atenciones de nuestro cónyuge. Y agradezcámosle sus gestos de amor.
Una buena oportunidad, por cierto, para agradecer al Señor, que está ciertamente en el origen de estas pequeñas pero maravillosas atenciones.
Denis Sonet, Edifa Aleteia
Vea también  Exhortación a la Acción de Gracias

sábado, 4 de agosto de 2018

Si supieras esto, escribirías más notas para dar las gracias

Una nota de gratitud: grandes resultados con una inversión mínima de tiempo

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Dicen los cronistas taurinos que para ser torero también hay que parecerlo. Lo mismo puede decirse de la pequeña gran virtud del agradecimiento: para ser agradecido no basta con pensarlo, hay que llevarlo a cabo.
El Departamento de Ciencia y Salud del periódico The New York Times ha publicado un artículo, firmado por Heather Murphy, en el que se hace un “descubrimiento sorprendente”: que a las personas les agrada recibir notas de agradecimiento, pero que no las enviamos con frecuencia porque subestimamos los sentimientos positivos en quienes las reciben.
“Creen que no será la gran cosa”, dijo Amit Kumar, profesor de la Universidad de Texas en Austin, quien estudia el tema del bienestar. Concretamente
en este estudio sobre las notas de agradecimiento, Kumar descubrió que las personas también sobrevaloran lo poco sincera que podría parecer la nota y lo incómodo que podría sentirse el destinatario.
Pero después de recibir notas de gratitud y responder cuestionarios acerca de lo que sintieron al recibirlas, muchos afirmaron estar “eufóricos” y registraron niveles de felicidad de entre cuatro y cinco (en una escala de cinco). Los remitentes en general supusieron que los calificarían, cuanto más, con un tres.
El modelo de esta investigación fue pedir a los cerca de cien participantes de cada uno de los cuatro experimentos que escribieran una breve “carta de agradecimiento” para alguien que hubiera influido en su vida de alguna manera.
Las cartas de muestra incluían misivas que expresaban gratitud a compañeros estudiantes y amigos que habían ofrecido su apoyo durante el proceso de admisiones de la universidad, la búsqueda de empleo y momentos difíciles.

Una “joya”

En los experimentos de laboratorio, Kumar observó que a la mayoría de los participantes les tomó menos de cinco minutos escribir las cartas.
“El estudio, publicado en junio en la revista Psychological Science, es un esfuerzo por llenar un hueco que existía en el ámbito creciente de la investigación sobre la gratitud. Una gran cantidad de estudios ha documentado diversos beneficios para quienes expresan gratitud, de manera que los investigadores comenzaron a preguntarse qué es lo que detiene a las personas de expresarla”, se puede leer en el reportaje de The New York Times.
Además de menospreciar el valor de enviarle una nota a otra persona, muchos parecían preocupados de que el lector criticara su forma de escribir, su lenguaje o, simplemente, que creyera que lo estaba halagando con algún propósito ulterior. Pero resultó todo lo contrario: a los destinatarios no les importaba la redacción de la carta, sino la calidez.
“Además, consideraron que los remitentes eran mucho más competentes para la redacción de lo que estos esperaban”, dice Kumar.
El descubrimiento del estudio fue una “joya” que “vale la pena seguir investigando”, comentó en un correo electrónico Sara Algoe, profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Chappel Hill, quien también estudia la gratitud. “Me agrada que su trabajo refuerce el valor de simplemente decir algo”, escribió Algoe a Kumar.
Finalmente, lo que este experimento considera como su descubrimiento más importante, según Kumar, es que “las personas no valoran lo suficiente el efecto positivo que pueden tener en los demás a cambio de una inversión mínima de tiempo”.
“La mayoría no termina de leer los artículos como éste, así que gracias por hacerlo”, terminan diciendo Murphy y el Departamento de Ciencia y Salud de The New York Times.
Jaime Septién, Aleteia