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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Evangelio del día miércoles 25a semana TO - Memoria de Padre Pío

 


San Pío de Pietrelcina , Beato Guillermo WayMás...

Libro de los Proverbios 30,5-9.

Toda palabra de Dios es acrisolada, Dios es un escudo para el que se refugia en él.
No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y seas tenido por mentiroso.
Hay dos cosas que yo te pido, no me la niegues antes que muera:
aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria,
no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: "¿Quién es el Señor?", o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios.


Salmo 119(118),29.72.89.101.104.163.

Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.

Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.

Tu palabra, Señor, permanece para siempre,
está firme en el cielo.

Yo aparto mis pies del mal camino,
para cumplir tu palabra.

Tus preceptos me hacen comprender:
por eso aborrezco el camino de la mentira.

Odio y aborrezco la mentira;
en cambio, amo tu ley.


Evangelio según San Lucas 9,1-6.

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912

“Les envió por primera vez”

Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.
¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos a uno de los santos más queridos y venerados de la Iglesia en la época moderna: el Padre Pío. Nacido como Francesco Forgione en 1887 en Pietrelcina, Italia, mostró una profunda devoción religiosa desde muy joven, ingresando finalmente en la orden de los Capuchinos a los 15 años y siendo ordenado sacerdote en 1910. A lo largo de su vida, el Padre Pío sufrió intensos padecimientos espirituales y físicos; cabe destacar que en 1918 recibió los estigmas, unas heridas similares a las de la crucifixión de Cristo, que llevó durante 50 años. Su reputación como hombre santo se extendió rápidamente, y miles de personas acudían a él en busca de confesión, orientación y sanación. También fundó un hospital en San Giovanni Rotondo, donde pasó gran parte de su vida. Allí falleció en 1968, a los 81 años. Fue canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II.

Incluso hoy en día, la devoción al Padre Pío sigue estando muy extendida, con santuarios, imágenes y devociones populares dedicadas a él en iglesias de Roma y de todo el mundo. San Giovanni Rotondo, donde vivió y está enterrado San Pío, atrae a la asombrosa cifra de 8 millones de peregrinos al año, superando incluso a los conocidos lugares de peregrinación de Lourdes y Fátima. En número de visitantes, sólo es superado por el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.

Nuestro cuadro, obra de John McCoy, representa al Padre Pío con las muñecas vendadas, cubriendo los estigmas que llevaba. Levanta las manos hacia una luz radiante que desciende desde lo alto, ofreciendo sus sufrimientos a Dios en un gesto de entrega. Los tonos apagados de marrón y beige, junto con la paleta de colores sobria, reflejan la sencillez y la humildad que caracterizaron la vida espiritual del Padre Pío.

Una de las historias más conmovedoras que se cuentan sobre el Padre Pío tiene que ver con una mujer que acudió a él sumida en un profundo dolor. Su hijo había fallecido y ella no lograba entender por qué Dios lo había permitido. El Padre Pío no intentó darle una explicación simplista. En cambio, le mostró el reverso de un bordado, donde los hilos estaban enredados, anudados y aparentemente sin orden alguno. Luego le dio la vuelta. Por el otro lado había un diseño precioso, cuidadosamente tejido. Nuestras vidas, sugirió, suelen ser así. Solo vemos el reverso: los hilos sueltos, los nudos, las cosas que parecen carecer de sentido. Dios ve la obra terminada. La fe no significa que entendamos cada hilo; significa confiar en que, aunque aún no podamos ver el patrón, puede haber una belleza conocida por Dios que permanece oculta para nosotros.

San Padre Pío, ruega por nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst




Oración

«Quédate conmigo, Señor, pues es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con qué facilidad te abandono.

 

Quédate conmigo, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.

 

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida, y sin ti estoy sin fervor.

 

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti estoy a oscuras.

 

Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.

 

Quédate conmigo, Señor, para que oiga tu voz y te siga.

 

Quédate conmigo, Señor, porque quiero amarte mucho y estar siempre en tu compañía.

 

Quédate conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel. Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma, desea ser para Ti un lugar de consuelo, un nido de amor.

 

Quédate conmigo, Jesús, porque se hace tarde y el día declina… es decir, la vida pasa, la muerte, el juicio y la eternidad se acercan y necesito reponer fuerzas para no detenerme en el camino, y para eso te necesito a Ti. Se hace tarde y la muerte se acerca. Temo la oscuridad, las tentaciones, las sequías, las cruces, las penas y cuánto te necesito, Jesús mío, en esta noche de destierro.

 

Quédate conmigo, Jesús, porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito. Que en la fracción del pan te reconozca como discípulo tuyo, es decir, que la Comunión Eucarística sea la Luz que disipe las tinieblas, la Fuerza que me sostenga y la única Alegría de mi corazón.

 

Quédate conmigo, Señor, porque en la hora de mi muerte, quiero permanecer unido a Ti, si no por la Comunión, al menos por la Gracia y el Amor.

 

Quédate conmigo, Jesús, no te pido consuelos divinos porque no los merezco, pero el don de tu presencia, oh sí, te lo pido.

 

Quédate conmigo, Señor, sólo a Ti busco, a tu Amor, a tu Gracia, a tu Voluntad, a tu Corazón, a tu Espíritu, porque Te amo y no pido otra recompensa que amarte más. Con un amor firme y práctico, amarte, de todo corazón, en la tierra, para seguir amándote perfectamente por toda la eternidad. Que así sea».

 

San Padre Pío de Pietrelcina (1887-1968)

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