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jueves, 15 de abril de 2021

15 pautas de acción para comer «con alegría» porque es un regalo de Dios y nos abre a los demás

 Rachel Marie Stone: una visión cristiana del compartir mesa


Rachel Marie Stone ha tenido a lo largo de su vida todo tipo de problemas con la comida, desde hacerlo compulsivamente a no hacerlo, pasando por el impacto de unas actitudes u otras en su propio estado físico y en la imagen que tenía de sí misma.

Hija de un pastor, misionera ella misma y esposa de un profesor de Antiguo Testamento con quien tiene dos hijos, ha estado toda su vida vinculada a comunidades cristianas, lo que le hizo un día considerar su actitud hacia los alimentos a la luz de la Biblia.

Esas reflexiones cuajaron en un libro, Comer con alegría, que cuando se publicó en 2013 causó gran impacto y recibió un galardón de la revista Christianity Today por plasmar de forma concreta y práctica que Cristo tiene que ver con todas las cosas, también con un acto aparentemente tan trivial como la nutrición cotidiana.

"Redimir" el acto de comer

Ahora ha sido editado por Nuevo Inicio para llevar al público en español su propuesta de un cambio de enfoque: respetar y cuidar nuestro cuerpo, sí, pues, de hecho, comer va de mantenerlo vivo; pero entender ese momento como una ocasión para dar gloria a Dios y servir a los demás. Como reza el subtítulo: La redención de la comida como regalo de Dios.

Rachel Marie Stone.

Rachel Marie Stone ha recogido en un libro su experiencia personal con la alimentación y su intento de que también comer sea un momento entregado a Dios.

Rachel Marie recuerda que "comer con alegría" es una idea que se repite en el Eclesiastés (9, 7, por ejemplo: "Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino, porque Dios ya ha aceptado tus obras"). "Lo mejor que podemos hacer", añade, "es temer a Dios, amar a nuestro prójimo y disfrutar de las cosas buenas de esta vida con la templanza y conocimiento de que la vida es efímera y tenemos obligaciones para con Dios y con los demás".

Así que ofrece sus experiencias en el camino de lo que denomina "aprendizaje para comer como cristiana", que es algo "gozoso, creativo, comunitario, restaurativo y redentor". Parte de la base de que la comida es un regalo de Dios "que hay que recibir con manos abiertas y agradecidas" y que estamos llamados a compartir el momento de hacerlo y a tener siempre presentes a los más necesitados.

Portada de Comer con alegría.

Comer con alegría: todo un proyecto de vida para transformar una necesidad corporal en un momento de agradecimiento y gloria a Dios y de mayor compenetración con los demás.

Stone razona cada una de estas características que debe revestir el acto personal y social de comer, las justifica con ejemplos del Antiguo y del Nuevo Testamento (donde son innumerables las lecciones al respecto) y propone oraciones y recetas.

Orientaciones y propuestas

Pero también sugiere numerosas pautas de acción concretas para lograr los objetivos, entre las que hay algunas las más sencillas de poner en práctica.

1. Da gracias antes de cada comida. Intenta comer lenta y conscientemente, reconociendo la comida que tienes delante como un signo de la bondad de Dios.

2. Presta atención a la comida con todos tus sentidos. Tómate un momento para asimilarla con los ojos, los oídos, la nariz y (quizás) las manos antes de probarla, luego saboréala con toda tu atención. Ralentízate.

3. Recuerda que, cuando comes, lo haces en presencia de Dios... siempre.

4. Ahorra dinero en tu comida "de forma redentora": si comes mucho fuera de casa, intenta comer más en casa; si comes cosas muy caras, intenta simplificar "en solidaridad con aquellos para quienes la simplicidad es un requisito".

5. Si es posible, conoce a las personas que producen los alimentos que comes, y, si es factible... ¡conviértete tú en uno de ellos! Aunque sea sembrando algo en una maceta, empieza a "conectar más conscientemente con los alimentos" que comes: "No hay nada como ver crecer las semillas desde la raíz hasta algo que puede ser parte de tu cena".

6. Es bueno compartir de vez en cuando una comida: "Con viejos amigos, por supuesto, pero también con personas a las que normalmente no pensarías en invitar a comer. Piensa en alguna persona que sabes que come sola e invítala a comer".

7. Si eres padre o madre y tienes actitudes desordenadas hacia la alimentación, en el sentido que sea, "vale la pena considerar trabajarlos", por tu bien y por el de tus hijos, porque esos comportamientos "a menudo pueden transmitirse".

8. Si tienes una mala imagen de tu propio cuerpo, una alternativa es "observar lo que funciona bien" en él y "dar gracias por ello".

9. Ofrécete voluntario para algún servicio relacionado con los alimentos, "algo tan simple como llevar una comida o un aperitivo a una persona mayor o a un enfermo... puede ser re-orientador".

10. "¡No desperdicies comida!" Compra solo lo que necesites, guarda las sobras con cuidado y haz lo que los restaurantes, la norma FIFO (First In, First Out): lo primero que entra es lo primero que sale. Organiza la nevera y la despensa para utilizar primero los productos que caducan antes.

11. Prueba a elaborar, una vez a la semana, una receta nueva partiendo desde cero.

12. Lee sobre cocina "y deja que la diversidad de Dios y de la Creación estén presentes incluso en los actos más hogareños, te sorprenderás".

13. Apuesta por la simplicidad... "Las celebraciones pueden ser más especiales si se simplifica el resto del tiempo".

14. Evita el "nutricionismo", es decir, "la idea de que la bondad de un alimento proviene de sus partes constituyentes o que el único objetivo de comer es la salud".

15. Si tu comunidad cristiana o tu grupo de amigos no comparte regularmente una comida... ¡organízalo tú!

Comer con alegría

Y todos estos consejos, ¿para qué y por qué?

Porque, dice Rachel Marie, "comer con alegría es más que simplemente sentarse y disfrutar de tu comida (aunque eso es una parte importante). Comer con alegría significa aceptar la comida como un regalo de Dios, 'el amor de Dios hecho comestible', como lo expresa [el teólogo] Norman Wirzba. Significa elegir alimentos que, en la medida de lo posible, afirmen una vida floreciente para la tierra, los animales y las personas que nos traen la comida. Significa compartir alimentos con otras personas en formas que conduzcan a nuestra salud mutua y crecimiento. Y significa abrazar nuestra creatividad como personas hechas a imagen del Dios creador para prepara la comida de manera que celebre los dones de Dios, a la vez que aporta deleite a todos nuestros sentidos".

Estas propuestas tienen una razón de ser, dice Stone: comer "de manera redentora", según el proceder de Dios, que actúa "empezando por donde las personas están en tiempo y lugar y acercándolas gradualmente al ideal de Dios".

"Como cristianos que tratamos con heridas humanas", recoge Rachel Marie, "tenemos que recordarnos una y otra vez que no estamos llamados a tener éxito, sino a ser fieles". 

"Actuemos de manera redentora hacia una alimentación alegre de la mejor manera que  podamos", concluye, "de la manera que mejor hable del reino de Dios de paz, de justicia y de deleite abundante; tal vez sea todo lo que podamos hacer" para "deleitarnos en Dios al cultivar, crear y compartir".

C.L. / ReL


Vea también     La Gula



domingo, 13 de octubre de 2019

9 trucos para resistir la tentación de la glotonería

La glotonería es un vicio que puede generar muchos otros males (¡además de los kilos extra!). Aquí hay algunos consejos que le ayudarán a derrotar este pecado no tan menor.

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1. Re-evaluar sus motivaciones
Tómese el tiempo para preguntarse: “¿Por qué estoy comiendo? ¿Qué bien estoy persiguiendo?”. “Tomemos la comida según la necesidad de salud y no según nuestro deseo”, recomendaba San Juan Casiano. “Lo que es agradable no siempre es bueno”, dijo este hombre sabio. El placer no es una señal de que lo que usted come o bebe es bueno, especialmente cuando un mal uso recurrente ha perturbado sus sentidos.
2. Volver a encontrar en el alimento un don de Dios

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© De Monkey Business Images-shutterstock

 “En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.”(1 Co 10:31). Agradézcale antes y después de cada comida.
3. Re-educa el cuerpo
El hombre de hoy debe volver a aprender a escuchar a su cuerpo en su totalidad, no solamente a su placer. Sabemos cuando pasamos de la necesidad satisfecha a un disfrute excesivo. Nuestro cuerpo tiene sabiduría, puede decirnos “alto”. ¿No sentimos una alegría extra cuando nos levantamos de la mesa sin pesadez?
4. La palabra
El placer se prolonga por el recuerdo: que el placer de una buena comida no acabe ocupando toda la conversación. En la memoria también hay exceso. Al contrario, hay una manera de quejarse de los alimentos que carece de reserva. La templanza comienza con la aceptación del contenido del plato.
5. La renunciación

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© Cat Box - Shutterstock

No soñemos: es imposible controlarnos sin un mínimo de renunciación. Sólo sabremos quién es el dueño a bordo -nuestra voluntad o nuestro placer- cuando aprendamos a decir “no” a ciertos placeres. Si el ayuno es tan difícil para nosotros durante la Cuaresma, es porque no estamos acostumbrados a privarnos de comida el resto del año.
Aquí hay algunos consejos simples que puede aplicar regularmente: comer un plato que no nos gusta o que nos gusta menos, no servirse repetidas veces de un plato que nos encanta, no tomar un alimento que apreciamos…
6. La actitud a la hora de comer

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© Africa Studio - shutterstock

Un sacerdote dijo una vez: “Si desea saber qué intimidad tiene un hombre con Dios, mírelo en su mesa. Si está atento a cada uno, tenga la seguridad de que está presente ante Dios. Pero si sólo piensa en llenarse el estómago, se sirve a sí mismo antes que a los demás, cuenta sus historias sin escuchar las de su prójimo, busca más bien la compañía de los grandes que la de todos los demás, se puede dudar de la profundidad de su comunión con el Señor.” Tenga cuidado de no convertirse en tal persona.
7. Tomar medidas
Basta con repasar las diferentes clases de glotonería y adoptar la postura contraria. Por ejemplo, alguien que se adelanta a la hora prevista puede tratar de establecer un horario de comida específico y dejar de picar cuando se va a casa por la noche o cuando prepara la cena.
8. Tratar la raíz
El placer del paladar es una compensación. “No se puede vivir sin placer”, dijo Aristóteles. Comer es el placer más inmediato. Por lo tanto, podemos ayudarnos a comer menos si nos divertimos de otra manera y si diversificamos las fuentes de consuelo.
9. Meditar en el ejemplo de Cristo

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Alexander Michl/Unsplash | CC0

San Ignacio nos invita a contemplar la forma en que Jesús comía. Tomemos ejemplo de Él y no olvidemos que comer es estar juntos; ser es compartir; compartir es amar y amar, es Jesús.
Padre Pascal Ide y Luc Adrian, Aleteia


domingo, 21 de febrero de 2016

¿Cómo vencer los 7 pecados capitales?







La gula: un pecado escondido por nuestra sociedad de consumo

¿Es usted miembro de la Sociedad de Consumo?


Ailín Fessler, catholic-link
Con tanto bombardeo de publicidades que hoy en día nos ofrecen una vida placentera, cómoda y hasta aparentemente perfecta, nos resulta muy difícil saber discernir entre la necesidad y el deseo desordenado. ¿Somos capaces de controlarnos, o las modas nos controlan a nosotros? Eso es lo que nos plantea este comercial creado por la empresa Weight Watchers.

A diferencia de los animales, el hombre tiene la capacidad de controlar sus impulsos mediante el uso de la razón, pero a veces, pareciera que nos comportamos peor que ellos y llegamos a hacer lo que sabemos que nos hace mal. Varios son los motivos, pero uno de los más comunes es el lema «vive el momento», «haz lo que te guste»; dando paso a que no pensemos en las consecuencias que pueden tener nuestros actos.

El video nos habla puntualmente de la gula, uno de los siete pecados capitales, pero se aplica a todo aquello a lo que creamos estar atados: la moda, los videojuegos, las bebidas, la comodidad, etc., todo aquello que hace que centremos más nuestra atención en nosotros mismos que en Dios y en los demás.

«El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra el vicio por la repetición de actos» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1865).

Los malos hábitos son difíciles de superar, pero con gran fuerza de voluntad y pidiendo ayuda divina lo podemos lograr. No se trata de decirle a los demás cómo deben vivir, se trata de dar algunos consejos para que cada uno haga un stop durante el día y piense cómo está viviendo.

Los malos hábitos son difíciles de superar, pero con gran fuerza de voluntad y pidiendo ayuda divina lo podemos lograr. No se trata de decirle a los demás cómo deben vivir, se trata de dar algunos consejos para que cada uno haga un stop durante el día y piense cómo está viviendo.

El tiempo de cuaresma es perfecto para intentar corregir nuestros malos hábitos. Podemos ofrecer a Jesús todo aquello que nos cuesta, por amor a Él y en agradecimiento por todo lo que padeció por nosotros. En estos días que nos quedan antes de llegar al Domingo de Resurrección, podemos privarnos de ciertos placeres como una forma de educar nuestras pasiones, de controlar nuestro carácter, aspirando a los placeres celestes que sabemos son eternos.

«No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan. Miren los pajaritos que vuelan por el aire. Ellos no siembran ni cosechan, ni guardan semillas en graneros. Sin embargo, Dios, el Padre que está en el cielo, les da todo lo que necesitan. ¡Y ustedes son más importantes que ellos!» (Mt 6: 25-26).