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sábado, 23 de noviembre de 2019

¿Es invencible el demonio? (un fuerte Testimonio)



El demonio no es invencible. Y tiene muchas limitaciones. Una de ellas es nuestra voluntad.  Puede tentarnos de mil maneras, sentarse a esperar el momento oportuno, pero no puede hacernos caer en el pecado. Esto depende de nuestro libre albedrío. Nosotros elegimos, la vida en Dios o alejarnos de Él. Dios quiere que le amemos por nuestra voluntad por ello nos dio el libre albedrío, la elección.
Mientras escribía mi libro: EL MUNDO INVISIBLE, sobre las acciones del demonio en nuestra Iglesia, el mundo y la familia, reflexioné y oré mucho. Hablé con sacerdotes que me compartieron testimonios impactantes.
No sabía bien como vencer al demonio y de pronto vino a mi mente una palabra: el santo rosario. “¿El rosario?” me dije en voz alta.  En ese momento un fuerte viento entró mi habitación y los papeles que tenía sobre mi escritorio que eran muchos volaron sobre mí en forma de remolino. En ese instante lo supe, el rosario era la respuesta por eso coloqué un cintillo en la portada del libro que dice:  “CON EL ROSARIO VENCERÁS”.
No podemos destruirlo, somos creaturas temporales, y él un ser espiritual, pero podemos vencerlo en sus tentaciones y arrebatarle almas, para Dios. ¿Cómo hacerlo? La Virgen en Fátima nos indicó qué hacer y es muy sencillo: Pidió rezar el Rosario todos los días.  Y luego dijo, con profunda tristeza: “Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores. Son muchas almas las que van al infierno porque no hay quien se sacrifique y rece por ellas”. (agosto de 1917)
Podemos mucho con el rezo del santo Rosario, debes saberlo.
Descubrí con los años que la mejor forma de cuidarnos del demonio y sus acciones es vivir siempre en la dulce presencia de Dios, cultivar la oración fervorosa sobre todo el santo Rosario y la confianza en nuestro Padre Dios. Tener comunión y confesión frecuente. Leer la Palabra de Divina, la santa Biblia, que vivifica nuestro espíritu. Y sobre todas las cosas, conservar el estado de gracia como un tesoro. Si somos templos del Dios vivo, el demonio nada tendrá qué hacer en nuestra cercanía.
Siempre recuerdo a mi hijo cuando era pequeño, una mañana se nos acercó a Vida, mi esposa y a mí para decirnos con seriedad: “Yo quiero ser del equipo de Jesús”. 
Cuando tengo fuertes tentaciones lo recuerdo, decido permanecer en el equipo de Jesús y le pido: “Quiero ser de tu equipo Jesús. Ayúdame a superar esta tentación”.
Acércate a Dios y a la oración fervorosa que fortalece nuestra alma y nos permite estar en la dulce presencia de Dios.
¡Ánimo! No tengas miedo. Dios va contigo.
Claudio de Castro, Aleteia

viernes, 6 de mayo de 2016

Pecado mortal y venial: la eterna duda


Pecado mortal y venial: la eterna duda


Steven Neira, el Patio de los Gentiles
Extensa es la lista de actos o situaciones por las cuales la gente se pregunta si tal cosa “es pecado o no”. Desde copiar en un examen hasta desperdiciar la comida, sin embargo, las situaciones se extienden a un número interminable, al punto de que muchas veces se puede caer en un serio fariseísmo 
[1]. Justamente por ello, la Iglesia no tiene una lista con todos los actos o situaciones en las que la gente se le pueda ocurrir estar envuelta, y menos – como muchos quisieran – tiene un “pecadómetro” para medir de qué momento a qué momento se convierte algo en pecado. Sin embargo, nos da lineamientos claros para poder formar nuestra consciencia al respecto.

Naturaleza del pecado
Es importante entender que todo pecado es malo. Todo pecado tiene un efecto negativo en nosotros y en los demás, aunque algunos son más dañinos que otros. De hecho, algunos son tan dañinos que pueden ser mortales. Obviamente – y aclaro por si es necesario – esto no quiere decir que cometiendo ciertos actos podemos caer muertos allí mismo, sino que, algunos pecados pueden causarnos una muerte espiritual. Estos pecados que nos causan la muerte espiritual es lo que la Iglesia llama pecados mortales.Mientras que, aquellos que son dañinos pero no mortales, son los que la Iglesia llama pecados veniales.

Ante esta realidad, la Iglesia nos da ciertos criterios para poder definir si algo puede ser considerado pecado mortal o venial. Esto, no con el fin de convertirnos en fariseos, y mucho menos para caer en escrúpulos confesándose hasta cinco veces a la semana.

Criterios para detectar un pecado mortal
La Iglesia nos enseña que hay tres aspectos que uno debe cuestionarse para determinar si algo es o no un pecado mortal:

1.       ¿Es materia grave?
En otras palabras, ¿es una ofensa seria y directa contra los Mandamientos de Dios? Una guía práctica para responder esta pregunta la encontramos en los Diez Mandamientos[2]. Se debe considerar el pecado en sí mismo, pero también el daño que ha causado (un pecado contra nuestros padres puede ser mucho más grave que si lo hubiésemos cometido a un extraño), y así como también el daño causado por el mismo (por ejemplo, robar $20000 a tu jefe, es mucho más grave que robarte un lápiz del trabajo).

Básicamente, para que un pecado sea considerado como “de materia grave”, debe ser una gran ofensa a las Leyes de Dios – y por tanto a Dios –, y que puede además causar mucho daño.

2.       ¿Tengo plena consciencia del acto pecaminoso?
Plena consciencia implica saber con certeza que lo que se hace es pecado. Por ejemplo, si alguien jamás estuvo consciente de que la contracepción (control artificial de la natalidad) era un pecado y contrario al plan de Dios con respecto al sexo, esa persona no podría considerarse plenamente culpable (es decir, merecer una culpa) por dicho pecado. Así es señores, el conocimiento es un poder que implica una gran responsabilidad, algo que san Pedro conocía muy bien y nos lo transmitió mucho antes que el tío de Spiderman[3].

3.       ¿El pecado se llevó acabo con pleno consentimiento?
Quiere decir que el acto se realizó libremente luego de una decisión consciente. Las acciones que son realizadas bajo amenaza o algún tipo de fuerza (como que nos apunten con un arma en la cabeza, o algo así de dramático), o acciones que son efectuadas en un momento en que la consciencia no es plena y hay falta de lucidez (por ejemplo, bajo la influencia de drogas, alcohol o una situación psicológica particular) pueden limitar el grado de culpa de la persona. Pero OJO, esto en ningún momento quiere decir que la acción en sí misma no es un pecado; sino que la persona puede no ser culpable del todo.

Y así, para que un pecado sea considerado pecado mortal, deben estar presentes LAS TRES condiciones. En resumen: un pecado es mortal cuando hay materia grave, y hay pleno conocimiento de su pecaminosidad, y se ha elegido libremente cometerlo. Si alguna de estas condiciones no se cumple, el pecado no sería mortal sino venial.

El pecado mortal y el Dios de Amor
Nunca falta quienes tratan de decir que no existe tal cosa como “pecados mortales”, debido a que Dios es un Dios de Amor, y por tanto perdona todo (algo que es correcto). Sin embargo, si nos damos cuenta de las tres premisas antes mencionadas, nos daremos cuenta que no es Dios quien nos “retira” su Gracia, sino que somos nosotros quienes consciente, libre y deliberadamente decidimos apartarnos de ella. Para hacerlo más gráfico, al cometer un pecado mortal, el mensaje es el siguiente:

“Sé que lo que estoy haciendo es una ofensa seria contra Tu ley y que tendrá un efecto mortal en mi relación contigo, pero no me importa. Voy a hacerlo libremente de todas maneras.”

… Eso suena a un rechazo bastante GRANDE de Dios, así que el nombre de “pecado mortal” lo tiene bien merecido.

¿Y el pecado venial?
¿Qué hay de los pecados veniales? ¿No son gran cosa entonces? ¡Claro que sí! Recordemos que todo pecado es una ofensa a Dios y daña nuestra relación con El y con los demás. Mientras más pecamos (así sean pecados veniales) más se debilitará nuestra capacidad de amar y servir a Dios.

Hay que entender que a Dios  no le basta con darnos la gracia suficiente para sobrevivir, sino que quiere darnos todo lo necesario para ser cada día más perfectamente santos

IMPORTANTE
Un pensamiento final para que tengamos en mente: aunque seamos capaces de observar las acciones de otros y determinar si lo que hacen es de materia grave (por ejemplo, si escuchamos de alguien que cometió un asesinato), no podemos determinar el estado de su alma. Tampoco tenemos idea de hasta qué punto la persona es consciente de su pecado y mucho menos el grado de libertad con el que lo cometió.

Aunque podamos decir que objetivamente un asesinato es un una grave ofensa contra Dios, no podemos decir que esa persona sea culpable de pecado mortal, o que ha sido separada de la gracia de Dios. Confiamos por ello a todos los pecadores (incluyéndonos a nosotros) a la misericordia de Dios.


[1] Aquí el fariseísmo es entendido como una actitud negativa que pretende vivir apegado a “la letra” de la Ley, matando el espíritu.
[2] Ex. 20, 3-17; Det. 5, 7-21
[3] 2 Pe. 2, 21

viernes, 2 de mayo de 2014

Frases de santa Catalina de Siena


Santa Catalina de Siena - un matrimonio diferente
Ordenad y regulad dulcemente vuestra vida, sin demora, pues el tiempo no espera por vosotros.

Debemos amar aunque no tuviéramos provecho alguno. Aunque nos perjudicara el amor, a pesar de todo debemos amar. Eso hizo Él, que nos amó sin ser amado por nosotros, no por utilidad, ni por perjuicio que le pudiera venir por no amar.

Es humano el pecar, pero la perseverancia en el pecado es cosa del demonio.

Aunque te lleguen las tentaciones, no dejes la oración ni te turbes, porque ninguna tentación es pecado sino en cuanto la voluntad la consiente.

¡Oh, misericordia! El corazón se sofoca pensando en ti, pues dondequiera que intente fijar mi pensamiento no encuentro más que misericordia.

No queráis elegir ni el tiempo ni el lugar a vuestro modo, sino estad contento con el que Dios os ha proporcionado.

Dios no exige más de lo que podemos hacer.

Si el corazón se desprende del mundo, se llenará de Dios y si se desprende de Dios, se llenará del mundo.

La humildad es la virtud pequeña que engrandece ante la presencia de Dios.