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miércoles, 5 de junio de 2019

BUSCAR EN LUGAR EQUIVOCADO.



Búsqueda

Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas.
" ¿Qué andas buscando Mullab?"
" Mi llave. La he perdido".
Y arrodillados los dos se pusieron a buscar la llave perdida.
AL cabo de un rato dijo el vecino:
" ¿Dónde la perdisteis?"
" En casa".
" ¡ Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?
" Porque aquí hay más luz".
🌹
¿ De qué vale buscar a Dios en Lugares Santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón.?
❤️❤️





























martes, 4 de julio de 2017

11 frases de san Agustín para buscar a Dios

"Nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti"

Confesiones es el libro a través del cual conocí a san Agustín. Es el que más recomiendo cuando de conversión y lucha se trata. Además de ser un hermoso diálogo entre san Agustín y Dios, esta autobiografía demuestra que los santos también fueron pecadores así como tú y como yo. Entre sus líneas muchos hemos encontrado reflejadas nuestras historias y nuestras caídas. Ha servido y sirve de inspiración y aliento para la conversión de tantos.

Les dejo una reflexión a modo de galería sobre las Confesiones. Que estas palabras nos sigan inspirando hoy como ayer en la búsqueda por la verdad, que no es sino la búsqueda de Dios.

1. Los tiempos de conversión son los tiempos de Dios.

Cuántos de nosotros, habiendo nacido en hogares católicos, hemos conocido a Dios ya siendo adultos. Para volver a Él  nunca es tarde, Dios está siempre con nosotros.  Éramos nosotros los que no estábamos con Él.
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste y clamaste hasta romper finalmente mi sordera. Con tu fulgor espléndido pusiste en fuga mi ceguera. Tu fragancia penetró en mi respiración y ahora suspiro por ti. Gusté tu sabor y por eso ahora tengo más hambre y más sed de ese gusto. Me tocaste y con tu tacto me encendiste en tu paz”.

2. Dios es quien siempre llama, quien siempre busca y quien se encarga personalmente de cada uno de nosotros

Cuántas veces no entendemos lo que nos sucede en la vida. Cuántas caídas, cuántos dolores. Aunque pareciera que estuviésemos solos en medio de la incertidumbre, Dios estaba siempre ahí. Dios habla, consuela y forma cuidadosamente, incluso en medio del dolor.
Entonces tú, [mi Dios], tratándome con mano suavísima y llena de misericordia, fuiste modelando poco a poco mi corazón”.

3. Pedir a Dios significa también estar dispuestos a escuchar y recibir lo que Él nos da. Dios nunca se equivoca

Cuántas veces hemos elevado los ojos al cielo pidiéndole algo a Dios. Le hemos confiado nuestros deseos, nuestros sueños. Le hemos pedido que aligere nuestra carga. A veces parece que no nos escucha. Pero Él siempre lo hace y otorga lo que sabe es mejor para cada uno.
[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquel que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas”.

4. Dios conoce lo más profundo de nuestro ser, es Él quién lo ha modelado con sus propias manos

Cuesta creer que verdaderamente somos hijos de Dios, todos y cada uno de nosotros. Incluso los que no creen en Él. Dios conoce cada rincón de nuestro ser, cada pensamiento, cada sueño, cada anhelo, cada caída, cada lucha. Él está ahí porque fueron sus propias manos las que modelaron nuestra existencia.
[Señor Dios mío], tú eres interior a mi más honda interioridad”.
[Tú, oh Dios,] estás presente también en aquellos que huyen de ti”.
¡Oh Señor omnipotente y bueno, que cuidas de cada uno de tus hijos como si fuera el único, y que de todos cuidas como si fueran uno solo!
Tú eres, [oh Dios mío], inaccesible y próximo, secretísimo y presentísimo”.

5. Dios nos forma a través de otros. La responsabilidad del amor incondicional

Las que somos mamás sabemos cuánto cuesta criar un hijo. Es necesaria nuestra confianza en Dios para formarlos en la libertad y la verdad. Santa Mónica, madre de San Agustín, nos enseña que todos los dolores y los miedos en la crianza de nuestros hijos, cuando son entregados a Dios, dan fruto. Todos estamos llamados a ser santos y todas las madres están llamadas a criar hijos santos para Dios.
Ella lloraba por mi muerte espiritual, [Dios mío], con la fe que tú le habías dado, y tú escuchaste su clamor. La oíste cuando ella con sus lágrimas regaba la tierra ante tus ojos; ella oraba por mí en todas partes, y tú oíste su plegaria… Sus preces llegaban a tu presencia, pero tú me dejabas todavía volverme y revolverme en la oscuridad”.
¿Cómo podía ser que tú desoyeras y rechazaras las lágrimas de la que [Mónica, mi madre] no te pedía oro ni plata ni bien alguno pasajero sino la salud espiritual de su hijo, que era suyo porque tú se lo habías dado?”.

6. Dios es nuestro único consuelo ante la muerte

Perder a alguien a quien amamos profundamente es tan doloroso que incluso se desea la propia muerte. Sin Dios quedamos perdidos, solos. Pero Él entiende este dolor y nos promete un encuentro futuro y sin separaciones en la vida eterna. Esa promesa es la que nos debe llenar de esperanza y restaurar la alegría perdida por la ausencia física de los que ya han partido.
El único que no pierde a sus seres queridos es el que los quiere y los tiene en Aquel que no se pierde. ¿Y quién es este sino tú, nuestro Dios, el que hizo el cielo y la tierra y los llena, pues llenándolos los hizo?”.

7. La misericordia de Dios es infinita. Nunca nos cansemos de pedir perdón

Existen días en los que queremos darnos por vencidos. Es una lucha que parece vamos perdiendo una y otra vez, cansados de caer y de pedir perdón siempre por lo mismo. Dios no se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que pensamos que no somos más dignos de perdón. Su misericordia es infinita.
A ti la alabanza y la gloria, ¡oh Dios, fuente de las misericordias! Yo me hacía cada vez más miserable y tú te me hacías más cercano. Tu mano estaba pronta a sacarme del cieno y lavarme, pero yo no lo sabía”.

8. La generosidad en la comunidad cristiana es un verdadero camino de conversión

Sobre todo en este tiempo, qué importante es volver la mirada a nuestros hermanos necesitados de nuestra generosidad y amor. ¡Tanta gente que muere de hambre, mientras que algunos están llenos de riquezas!
Habíamos pensado contribuir con lo que cada uno tuviera para formar con lo de todos un patrimonio común, de modo que por nuestra sincera amistad no hubiera entre nosotros tuyo y mío, sino que todo fuera de todos y de cada uno”.

9. A Dios solo lo encuentran los humildes, los más pequeños

En un mundo en el que el valor está puesto en la imagen y en lo que se tiene, san Agustín nos recuerda que es a los humildes a los que Dios mira con agrado.
No te acercas, [oh Dios], sino a los de corazón contrito, ni te dejas encontrar por los soberbios por más que en su curiosidad y pericia sean capaces de contar las estrellas y conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales”.

10. La muerte no es el final. La verdadera vida está junto a Dios

Deseoso de ser inmortal, el ser humano lucha por evitar la muerte, por prolongar la juventud, y desprecia todo lo que le recuerda que la vida es pasajera, que el cuerpo se deteriora y que tendrá un final. San Agustín nos recuerda que nuestro verdadero hogar es el Cielo.
Nuestra casa no se derrumba por nuestra ausencia, pues nuestra casa es tu eternidad”.

11. El descanso y el sentido de nuestra existencia solo se verá saciado en Dios

Ese deseo de infinito que tiene el ser humano no es sino una expresión de esa nostalgia de Dios, de ese llamado a ser eterno. Solo lograremos saciar ese anhelo, esa hambre, alimentándonos de Dios.
“[Señor Dios], nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”.
Por Silvana Ramos
Artículo publicado originalmente por Catholic Link

miércoles, 18 de enero de 2017

¿Es posible encontrar la fe “on line”?

11 ideas para buscar a Dios en internet

 Internet y Fe en Dios

Jaime Septién, aleteia
Católicos de las generaciones anteriores a Internet ven con recelo la red. Aunque poco a poco van saliendo posibilidades reales de fortalecer la fe on line. Tal es el trabajo que ha presentado Bill Dodds –quien escribe desde Washington—en Our Sunday Visitor.

Para Dodds, Internet es un recurso “increíble” para aprender más acerca del catolicismo pero a condición de que el que busca no ponga su fe en cada sitio web, podcast o app que se le presente con la etiqueta de enseñante.

Ya por exceso de celo, ya por defecto, lo cierto es que algunos sitios en la web que se proponen como católicos o son excesivamente rígidos o excesivamente laxos con los dogmas y, aunque sea con la mejor de las intenciones, terminan por desfigurar el verdadero rostro del catolicismo.

Se tienen que amalgamar el ordenador, la navegación y la prudencia de manera conjunta y para hacer posible esa triple combinación, Dodds propone algunos puntos a considerar:
  • Estar tranquilos en el hecho de confiar en que un editor católico va a tener una página web fiable.
  • Para una “apuesta segura”, ir al sitio del Vaticano (vatican.vahttp://vatican.va). Leer el texto completo de lo que dijo o escribió el papa Francisco o algún otro líder de la Iglesia. No se debe confiar en tan solo un medio convencional, pues quizás no cuente la historia completa con precisión. No es que sean maliciosos, sino que intentan atraer lectores.
  • El Catecismo de la Iglesia Católica está a uno o dos “clicks” de distancia.
  • Hacer una búsqueda en la web para encontrar seminarios católicos en línea: hay muchas opciones de oradores católicos que, realmente, saben de lo que están hablando. Y lo dicen de una forma que es fácil de entender.
  • Visitar, con regularidad, la tienda de aplicaciones para ver qué aplicaciones católicas han añadido a su catálogo.
  • Hacer una búsqueda en la web para encontrar cursos católicos gratuitos en línea. Hay muchos.
  • Buscar en You Tube en el rubro de “Apologética católica”. No se trata de hacer apología de los católicos, sino de explicar y defender la fe.
  • Recibir por correo electrónico boletines de noticias de órdenes religiosas o de organizaciones católicas que se enfoquen en un tema o en un servicio del catolicismo que sea de interés para el usuario.
  • De nuevo, otra búsqueda. Ahora “Podcasts católicos”; “Blogs católicos”…
  • Buscar un audiolibro católico en la librería favorita o en línea.
  • Hacer un retiro en línea. Al tiempo del usuario, a su propio ritmo, en su propio sofá.

jueves, 7 de enero de 2016

Tres pasos para orar con la sencillez de un niño


Jesús escucha realmente y responde. ¡Estoy que no me lo creo!

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Señor Dios, enséñame dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte… Tú eres mi Dios, tú eres mi Señor, y yo nunca te he visto. Tú me has modelado y me has remodelado, y me has dado todas las cosas buenas que poseo, y aún no te conozco… Enséñame cómo buscarte… porque yo no sé buscarte a no ser que tú me enseñes, ni hallarte si tú mismo no te presentas a mí. Que te busque en mi deseo, que te desee en mi búsqueda. Que te busque amándote y que te ame cuando te encuentre (San Anselmo de Canterbury)

En días pasados estuve en un campamento de verano con 64 niños de diez y once años. ¡Toda una experiencia! Intenté, junto con otros varios sacerdotes y monitores laicos, que disfrutasen y, en mi caso algo importante, que se acercasen más a Dios. Personalmente, creo que ambas cosas se dieron…

Uno de esos días, un niño llamado Miguel se me acercó y me dijo que tenía que decirme algo muy importante y que no podía ser más tarde. Estaba nervioso y, por un momento, me imaginé lo peor: un niño se cayó, alguien se hizo daño, etc. Pero la noticia que Miguel me iba a contar era mucho más seria; algo que, según sus propias palabras, “me ha dejado alucinado, padre”.

¿Qué pasó? Le doy la palabra a Miguel:
“Esta mañana, padre, después de ducharme, me fui a la capillita que tenemos en el campamento. Ahí coincidí con Álvaro, que está aquí conmigo. No nos pusimos de acuerdo para nada, ¿eh? Lo que fui a pedirle a Jesús, padre, es que hoy me llamaran mis papás por teléfono, pues los echaba de menos. Álvaro ha hecho lo mismo. Pues, ¿sabe qué, padre? ¡Han llamado! Mis padres y sus padres. Jesús escucha realmente y responde. ¡Estoy que no me lo creo!”.

No sé a ustedes, pero a mí la experiencia de Miguel y Álvaro me ha emocionado. Por dos motivos: porque una vez más he aprendido de la candidez que siempre emana de los niños, esa sencillez que nos hace ver el mundo bajo otra perspectiva. No por nada Cristo mismo nos invitaba a hacernos como niños para entrar en el reino de los cielos.

Y segundo, porque he podido tocar de una manera muy sensible la cercanía de un Dios que nos ama profundamente, que quiere comunicarse con nosotros, que espera que le hablemos y confiemos en Él.

Y ¿qué hacer para llegar a esta sencillez? El camino nos lo traza San Anselmo en la bellísima oración que les he puesto al inicio de este artículo:

1. Reconocerse débil y necesitado: “enséñame dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte… Tú eres mi Dios, tú eres mi Señor, y yo nunca te he visto”.

2. Agradecer los beneficios recibidos por Dios: “Tú me has modelado y me has remodelado, y me has dado todas las cosas buenas que poseo, y aún no te conozco…”.

3. Buscar y no cansarse en la oración, aunque cueste: “Enséñame cómo buscarte… porque yo no sé buscarte a no ser que tú me enseñes, ni hallarte si tú mismo no te presentas a mí” o aquella otra, más bella aún: “Que te busque en mi deseo, que te desee en mi búsqueda. Que te busque amándote y que te ame cuando te encuentre”.

Sí, el resultado último es el enamoramiento. Porque el amores esa fuerza que nos hace capaces de cosas grandes. Y grande es la oración. Además, cuando alguien ama, vuelve a repetir los mismos pasos: se sabe débil ante los peligros que pueden apartarle de su amor; agradece siempre lo que la persona amada le da; y busca seguir amándola con locura. Es un círculo virtuoso que nos eleva cada vez que lo empezamos.
Y voy más allá. Estos pasos reflejan, de manera muy nítida, la actitud de cualquier niño. Se sabe débil y por eso acude a los “brazos todopoderosos” de su madre. Agradece lo que recibe con los detalles típicos de un niño: un beso, una flor cortada en un campo, etc. Y, por último, está siempre buscando a sus padres, no puede estar solo, pues intuye que sería su perdición.

Pregunta: ¿qué tan niños somos en nuestra oración? Si aún te falta algo por llegar, aquí están tres pasos sencillos; pasos que han sido vividos ya por otros, como San Anselmo… y como mis queridos maestros de 10 años llamados Miguel y Álvaro.
Padre Juan Antonio Ruiz J., L.C. Artículo originalmente publicado por La-oración.com