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miércoles, 28 de enero de 2026

«Giro católico» y una fe vivida en comunidad: lo que nos enseñan Llamados 2033, Hakuna y El Despertar

No pretendían crear «productos católicos», sino espacios de encuentro para la sociedad

Se respiraba la convicción de que la fe necesita encarnarse en vínculos concretos, muy reales.

Se respiraba la convicción de que la fe necesita encarnarse en vínculos concretos, muy reales

Madrid ha vivido estos días tres macros eventos en los que, sin hacer mucha encuesta a pie de pista, se podría decir que la gran mayoría del público presente era "católico": el concierto de Hakuna, el Llamados 2033 y, el más reciente, El Despertar. Hacía años que no se veía algo así... y tan seguido. ¿"Giro católico" o simple casualidad? Yo no lo sé.

Tres fenómenos singulares, con sus diferencias y parecidos, que reunieron a miles de personas y que nos ofrecen –más allá de los interesantes análisis sociológicos que han hecho en la prensa nuestros colegas– una enseñanza realmente importante: la necesidad de volver a los vínculos y a crear comunidad, especialmente presencial

Lo dijo el gran columnista Juan Soto Ivars desde el escenario de El Despertar, casi "contra parafraseando" a Loquillo en Feo, fuerte y formal"Hemos venido aquí para hacer amigos... con llevarnos un nuevo conocido nos habrá valido", para, luego, hablar de la necesidad de crear vínculos... y hasta, incluso... subieron al escenario a una pareja de desconocidos a vivir el evento con mesa y camarero de gala, estilo First Dates.

Porque, más allá de los motivos oficiales que convocaron estos tres eventos –alegría, alabanza, análisis certeros de la precariedad, anhelos de la juventud o influir en política y en la sociedad...– lo que, a mi juicio, se esconde detrás de todos ellos es un grito profundo entre los católicos de volver a formar comunidad

Como si alguien, implícitamente, dijera: "Queridos pastores... ya no nos basta con darle la paz, al estilo japonés, en misa, a un desconocido, una vez a la semana... o rezar el Rosario por YouTube o formar parte de una lista católica de WhatsApp... queremos crear comunidad presencial y, hasta que no se den cuenta, nosotros solos nos vamos a organizar". 

Hay que decirlo así, Llamados 2033, el concierto de Hakuna y la experiencia de El Despertar no han sido fenómenos aislados. Son expresiones distintas de una misma sed. Y esa sed, lejos de ser un capricho generacional, creo yo, es un signo de los tiempos que la Iglesia no puede ignorar. 

El Llamados 2033 se presentó como una invitación a prepararnos interiormente para el aniversario de la Redención. Allí se respiraba la convicción de que la fe necesita encarnarse en unos vínculos concretos, reales, para que el mundo, "mirando cómo se aman", un día, pueda llegar a decir: "yo también quiero".

El concierto de Hakuna, por su parte, mostró algo a lo que muchos ya se empiezan a acostumbrar: miles de jóvenes juntos cantando a Cristo sin complejos, sin miedo, sin necesidad de camuflar su fe. No era un simple espectáculo; era un acto profundo y palpable de comunión.

El Despertar, con su propuesta de pararse, de analizar la realidad y de escucha profunda del otro, completaba el triángulo. Donde Llamados 2033 ofrecía misión; Hakuna, celebración; y El Despertar, abrir los ojos y volver a la raíz. Una raíz que no se puede vivir en solitario sino, únicamente, en comunidad.

No es casualidad, además, que estos actos surjan en un momento en el que la soledad es la gran epidemia de Occidente. Jóvenes hiperconectados y profundamente aislados; adultos saturados de estímulos pero hambrientos de relaciones verdaderas; familias divididas; parroquias que funcionan más como dispensadores de servicios que como verdaderos hogares. Sacerdotes solitarios que llevan, en cambio, miles de parroquias.

En ese contexto tan complejo, cualquier espacio en donde uno pueda sentirse acompañado, mirado, querido, comprendido, se convierte directamente en un oasis. La Iglesia, que ha sido experta en generar comunidad a lo largo de su historia, debe redescubrir esta vocación tan particular.

Y, lo más interesante, es que estos eventos no responden a una estructura formal, sino a una simple intuición, no pretenden crear "productos católicos", sino espacios de encuentro para la sociedad (aunque en El Despertar quizá faltaran más ateos entre los ponentes... es verdad). Y todos, surgidos casi al mismo tiempo, como si el Espíritu Santo nos estuviera empujando a reconstruir ese tejido comunitario.

Hoy, los católicos vivimos en una intemperie cultural muy evidente. No se trata de victimismo, sino de realismo. La fe ya no es una estadística a tener en cuenta, ni un hábito heredado, ni un consenso cultural. Para muchos es solo una opción. Y como toda opción, en un mundo lleno de opciones, necesita un sostén.

Por eso, estos eventos son una primavera a la que debemos atender, porque nos ofrecen un lugar donde poder vivir la fe acompañada. Donde se puede mirar alrededor y descubrir que no estás solo. Donde la identidad cristiana deja de ser una carga y se convierte en un regalo comunitario.

Si algo ha demostrado la historia de la Iglesia es que los grandes renacimientos no empiezan en los despachos diocesanos, sino en los monasterios benedictinos que reconstruyeron Europa, en las reducciones jesuíticas que crearon sociedades, y en las pequeñas comunidades cristianas que sostuvieron la fe en tiempos de persecución.

El parecido entre Llamados 2033, el concierto de Hakuna y El Despertar no es casualidad. Es un grito, es verdad, pero también una promesa que hoy recibimos: la Iglesia sigue viva, y seguirá buscando caminos nuevos para unirnos a todos.

Juan Cadarso, ReL

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jueves, 25 de septiembre de 2025

Paola Pablo: “Cuando uno abre el corazón, Dios hace lo demás”

 

cielo abierto Paola Pablo

En el marco del 15 aniversario de Cielo Abierto, cerca de 20 mil personas se reunieron para adorar a Jesús en la Ciudad de México. Paola Pablo, cantautora, nos comparte sobre su misión evangelizadora a través de la música y las redes

Cielo Abierto, el proyecto de evangelización que se acerca a su 15 aniversario, volvió a llenar el Auditorio Nacional de la Ciudad de México este fin de semana. Cerca de 20 mil asistentes se unieron en oración para pedir por la paz en México, así como fortaleza, esperanza y consuelo para las familias mexicanas que sufren la ausencia de un ser querido desaparecido.

Paola Pablo, cantautora originaria de República Dominicana, habló con Aleteia sobre este proyecto y sobre su misión evangelizadora a través de la música y las redes sociales.

Esta joven teóloga, como muchos otros jóvenes, llegó a la música a través del coro; sin embargo, ese apostolado pronto se convirtió en un llamado evangelizador de tiempo completo. “Yo solo cantaba, pero el Señor hacía lo suyo y eso a mí me inspiraba mucho respeto (...) Entonces, pensé, esto puede ser un don que el Señor me está regalando y yo no quiero desaprovechar ese don”.

A pesar de que nadie en su familia o entorno cercano se había dedicado a la música, y a pesar de desconocer cómo sería el camino, se dejó guiar por Dios y por las personas que Él puso en su camino.

Este camino en la música, reconoce, le ha permitido seguir afianzando su relación con Dios. “Para mí, el haber dicho que sí a la misión y el estar llevando a cabo esto me han permitido seguir profundizando en ese camino; es como poder -cada vez más- abandonarme más en Él”.

Todo nace de la oración

Paola comparte para Aleteia que la composición de sus canciones surge de una unión entre los deseos de alabar y la oración.

En el caso de la canción que cantó en el Cielo Abierto, Aquí me quedó, surgió del deseo de escribir una canción para acompañar el Viernes Santo. A pesar de que trabajó mucho en ella y la puso en oración, la letra tardó en llegar a su mente; sin embargo, aunque el proceso fue largo, la canción se ha convertido en una oportunidad para que muchas personas oren y se encuentren con Cristo crucificado.

“Estaba esperando esa canción; y claro, es una canción muy íntima, muy de oración, pero que yo no tenía idea que iba a tener la repercusión que ha tenido. Pero, cuando uno abre el corazón y hace lo que tiene que hacer, el Señor hace lo demás”.

“Es mi canción porque yo la compuse, pero ya no es mi canción, porque la gente luego la hace suya, y ese es un regalo enorme: esto ya no es solo mi pan y mi pez…”

Esta misma canción guarda una frase muy significativa para ella: “¿Qué decirte si lo sabes todo? Soy pobre y vengo aquí”.

“Esa frase ha sido un regalo de Dios para mi vida, porque es ese devolverme a mi lugar. Vengo a ti Jesús, ¿qué te puedo decir?, ¿qué te puedo contar? Es ese reconocer mi pobreza ante Él, que es mi riqueza. Soy pobre y vengo a ti, porque Tú eres mi todo. Y es una frase que desde el primer momento que me la regaló el Señor, ha sido muy significativa en mi camino”.

Cielo Abierto

cielo abierto Paola Pablo

Esta misión evangelizadora en la música y las redes sociales fue la que llevó a Paola a Cielo Abierto. Desde junio, Paola comparte escenario con Pedro y Cristal, Itala y Juanjo, Ana Bolivar, Carlos Omar y Maurilio Suárez para adorar a Jesús a través del canto y la predicación.

“Cielo Abierto es ese acercamiento de Jesús a su gente; y también de nosotros, que nos acercamos”.

Este año, Cielo Abierto alcanzó su 30° concierto gratuito de adoración en el Auditorio Nacional, donde contaron con la participación de Mons. Carlos Enrique Samaniego López, nuevo obispo de Texcoco, y -por segunda vez desde Roma- el Presbítero César Alejandro Pluchinotta, coordinador del grupo de oración de la Renovación Carismática del Vaticano. 

Próximamente, Cielo Abierto estará en Guadalajara, Jalisco. Para consultar información sobre sus conciertos en México, Estados Unidos y Latinoamérica puede consultarse su página web y redes sociales oficiales.

Majo Frias, Aleteia

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