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sábado, 23 de mayo de 2026

Especialmente para los que NO van a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

Misa por encima de todo.

No hay novena ni triduo que se pueda comparar a la eficacia impetratoria de una sola Misa. ¡Cuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas! Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la Iglesia; es indudable que Dios concede muchas gracias a través de ellos; pero coloquemos cada cosa en su lugar. La Misa por encima de todo.

P. Antonio Royo Marín op

Hagamos todo lo posible para asisitir a la Santa Misa diariamente.

Haz, pues, todos los esfuerzos posibles para asistir todos los días a la santa Misa, con el fin de ofrecer, con el sacerdote, el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la Iglesia.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia


En cada Santa Misa recibimos bienes inestimables.

Cada Santa Misa disminuye la fuerza de nuestras pasiones pecaminosas.

Cada Santa Misa anima a obrar bien y aumenta la castidad.

Cada Santa Misa hace más grande nuestro amor a Dios y al prójimo.

Cada Santa Misa nos comunica fuerza para sufrir con paciencia las adversidades.

Santo Tomás de Aquino op, Doctor de la Iglesia

Santa Misa es la escuela del amor.

La Santa Misa es la escuela en donde los católicos tienen que aprender a amar. Jesús nos da ejemplo. Nadie ama al Padre como Jesús en la Santa Misa. Nadie ama a los hombres como Jesús en la Santa Misa.

R.P. Carlos Miguel Buela IVE


¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!

¡Qué horizontales se abren aquí a la vida cristiana! La Misa centro de todo el día y de toda la vida. Con la mira puesta en el sacrificio eucarístico, ir siempre atesorando sacrificios que consumar y ofrecer en la Misa!

¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!

San Alberto Hurtado


Jesús en la Santa Misa es el mismo y único de siempre.

El Cristo eucarístico se identifica con el Cristo de la historia y el de la eternidad. No hay dos Cristos sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y del Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. No es un Cristo el que posee la Iglesia en la tierra y otro el que contemplan los bienaventurados en el cielo: ¡Una sola Iglesia, un solo Cristo!

San Alberto Hurtado

Tú, ante el asombro de toda la creación, engendraste a tu Creador.

El título de Madre de Dios es, juntamente con el de Virgen santa, el más antiguo y constituye el fundamento de todos los demás títulos con los que María ha sido venerada y sigue siendo invocada de generación en generación, tanto en Oriente como en Occidente. Al misterio de su maternidad divina hacen referencia muchos himnos y numerosas oraciones de la tradición cristiana, como por ejemplo una antífona mariana del tiempo navideño, el Alma Redemptoris Mater, con la que oramos así: "Tu quae genuisti, natura mirante, tuum sanctum Genitorem, Virgo prius ac posterius", "Tú, ante el asombro de toda la creación, engendraste a tu Creador, Madre siempre virgen"...

Ella es madre porque engendró en la carne a Jesús; y lo es porque se adhirió totalmente a la voluntad del Padre. San Agustín escribe: "Ningún valor hubiera tenido para ella la misma maternidad divina, si no hubiera llevado a Cristo en su corazón, con una suerte mayor que cuando lo concibió en la carne"

Benedicto XVI


Participando en la Santa Misa somos cristificados.

Cuando participamos de la Eucaristía experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús.

San Cirilo de Jerusalén


sábado, 9 de agosto de 2025

5 hábitos para enseñar a los niños a reverenciar la Misa

 

niño en misa
Theresa Civantos Barber - Karen Hutch - publicado el 30/07/25
Estos son 5 pequeños hábitos que puedes fomentar para ayudar a tus hijos a adorar a Dios con todo su corazón, mente y cuerpo en la Santa Misa

Cuando vamos a Misa, esperamos que los hijos no se pasen toda la hora deseando terminar y salir de allí. Por eso es importante que aprendan a estar plenamente presentes, con ciertos hábitos que les permitan aprovechar el tiempo para rezar y escuchar la Palabra de Dios, y a utilizar los gestos de su cuerpo como parte de su adoración.

Estos son 5 pequeños hábitos que puedes fomentar para ayudar a tus hijos a adorar a Dios con todo su corazón, mente y cuerpo.

1Hacer una genuflexión al entrar y salir del banco

Hábitos para misa con hijos

Hacemos una genuflexión ante el Sagrario para reconocer que Jesús está allí presente. Incluso los niños pequeños pueden aprender a hacerlo. Recuerda que el ejemplo arrastra, así que si nosotros como padres lo hacemos, ellos nos imitarán.

¿Por qué hacemos esto? Puedes buscar ejemplos para tus hijos para que lo entiendan como: "Así es como se saludaba a los reyes y reinas en la antigüedad, así que estamos demostrando que Dios es nuestro rey".

2Inclinarse hacia el altar o el sagrario cuando cruzamos el pasillo principal

Si tenemos que cruzar el pasillo principal durante la Misa, recuérdales que hay que hacer una pausa para inclinarse hacia el sagrario o el altar (a menudo ambos están en medio de la iglesia).

Este sencillo acto reconoce la presencia de Cristo cada vez que pasamos, tanto si estamos en la parte delantera como en la trasera de la iglesia. Muestra respeto y reverencia en la casa de Dios.

3Haz un acto interior de adoración durante la Consagración

Durante la Consagración, cuando el sacerdote levanta la Sagrada Hostia, diles a tus hijos que recen en su corazón: "Señor mío y Dios mío". Estas palabras de santo Tomás apóstol reconocen el milagro que sucede durante este momento tan sagrado en la tierra.

Después de recibir la Sagrada Comunión, animales a tener una conversación de corazón a corazón con Jesús, su mejor amigo, mientras está tan íntimamente presente con ellos:

Cuéntale a Jesús en qué estás pensando. ¿Qué hiciste ayer? ¿Qué te preocupa? ¿Qué esperas con impaciencia? Ahora es el momento de decírselo, cuando está tan cerca de tu corazón.

4Haz un acto de reverencia al recibir la Comunión

Aquí hay diferentes prácticas culturales. Algunos se arrodillan para recibir la Eucaristía, una hermosa devoción. Otra opción es inclinar brevemente la cabeza cuando el ministro levanta la Hostia y dice: "Cuerpo de Cristo". Luego hacemos la Señal de la Cruz después de recibir. Estos gestos son una expresión externa del asombro y admiración que sentimos en nuestros corazones.

5No abandones el banco hasta que el sacerdote abandone el altar

KOŚCIÓŁ

La Misa tiene un final apropiado, y no nos apresuramos a salir antes de ese momento a menos que sea una emergencia. Esta regla es un pequeño acto de paciencia y respeto. Es un momento apropiado para una oración de agradecimiento: "¿Qué es lo que quieres agradecer a Dios en este momento?".

Si los anuncios se hacen muy largos, pueden hojear su misal infantil o un libro sobre santos de nuestra bolsa de Misa.

Pequeños pasos, grandes corazones

Estos hábitos no se arraigarán de la noche a la mañana; pero las gestos que hacemos con nuestros cuerpos significan algo. Sumados, estos pequeños actos de adoración crecen lentamente hasta convertirse en un hábito de reverencia hacia las cosas de Dios.

Estos hábitos no son solo sobre modales o etiqueta de la Iglesia. Se trata de enseñar a nuestros hijos a estar plenamente presentes en la Santa Misa y a responder al abundante amor de Dios con todo nuestro corazón.