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viernes, 13 de febrero de 2026

Cuaresma a la vista: claves prácticas para vivir cuarenta días de conversión auténtica

Cada año, cuando el calendario litúrgico se acerca a la Cuaresma, los católicos son invitados a recorrer un camino de oración, penitencia y renovación interior que los prepare para la celebración de la Pascua. Sin embargo, no siempre resulta sencillo traducir los grandes principios de la fe en decisiones concretas que transformen la vida diaria.


Muchos creyentes conocen las enseñanzas generales de la Iglesia sobre el ayuno, la limosna y la oración, pero se preguntan cómo llevarlas a la práctica dentro de su realidad familiar y personal. ¿Cómo hacer que la Cuaresma no se reduzca a un formalismo? ¿De qué manera educar a los hijos en este tiempo sin convertirlo en una lista de prohibiciones vacías?



La respuesta pasa por comprender que la Cuaresma es, ante todo, una escuela de conversión. Un tiempo privilegiado para ordenar hábitos, purificar el corazón y aprender a amar más a Dios y al prójimo. Por ello, resulta útil recordar algunos consejos concretos que ayuden a vivir estos cuarenta días con mayor profundidad espiritual.

“La Cuaresma no es solo dejar de hacer cosas, sino aprender a vivir de un modo nuevo que nos acerque más a Dios y a los demás”.

De la teoría a la vida cotidiana


El desafío que enfrenta todo católico en Cuaresma es similar al que se presenta al estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica: cómo convertir una enseñanza general en una experiencia real y transformadora. El Catecismo ofrece principios claros y sólidos, pero corresponde a cada familia y comunidad encontrar la manera de aplicarlos en la vida concreta.


En el hogar, esta tarea adquiere un sentido muy especial. La vida familiar es el espacio donde se forman los hábitos, se educan las virtudes y se aprende a vivir la fe de modo sencillo y cotidiano. Allí es donde las grandes verdades cristianas se hacen cercanas y comprensibles para los más pequeños.


Por eso, la Cuaresma no puede vivirse como un tiempo abstracto o lejano, sino como una oportunidad para civilizar pequeñas “barbaries” interiores: el egoísmo, la impaciencia, la comodidad excesiva o la indiferencia. Convertir estos días en un verdadero camino espiritual exige concretar propósitos y asumir pequeñas renuncias que preparen el corazón para el encuentro con Cristo resucitado.



Dos caminos de ayuno: cuerpo y espíritu


La tradición cristiana ha distinguido siempre dos formas complementarias de ayuno: el corporal y el espiritual. Ambas son necesarias para vivir una auténtica conversión. El ayuno corporal o externo incluye la abstinencia de ciertos alimentos, bebidas o entretenimientos. En una cultura marcada por el hedonismo y el consumo, aprender a privarse voluntariamente de algunas comodidades es un ejercicio profundamente contracultural y liberador. No se trata de simples privaciones, sino de educar la voluntad y recordar que “no solo de pan vive el hombre”.


Entre las prácticas sugeridas se encuentran: reducir la cantidad de las comidas favoritas, evitar comer entre horas, prescindir de condimentos o edulcorantes, moderar el uso de la televisión, la música o las redes sociales, y dedicar más tiempo a la oración, como rezar un rosario adicional o meditar la Pasión de Cristo.


Pero existe un ayuno aún más importante: el espiritual o interno. San Juan Crisóstomo recordaba que el verdadero valor del ayuno no está únicamente en dejar de comer, sino en dejar de pecar. Este ayuno interior invita a abstenerse de la ira, la murmuración, la mentira, el chisme y toda forma de maldad.


Algunas prácticas concretas para este ayuno del corazón son: hablar menos y rezar más, ejercitar la paciencia, evitar las quejas, controlar el mal humor, responder con bondad ante las ofensas, decir siempre la verdad y evitar actitudes de vanidad o egoísmo. Son pequeños gestos que, vividos día a día, transforman profundamente a la persona.



Virtudes que preparan el camino hacia la Pascua


La Cuaresma no se agota en renuncias. También es un tiempo privilegiado para practicar las virtudes y multiplicar las buenas obras. Los Padres de la Iglesia insistían en que estos cuarenta días debían estar marcados por la fidelidad a la oración, la participación frecuente en la Eucaristía y una caridad activa hacia los más necesitados.


En la práctica, esto puede traducirse en gestos muy sencillos: ser más humilde y servicial, ayudar a quien lo necesita, realizar con alegría tareas que nadie quiere hacer, visitar a un enfermo, colaborar en obras solidarias o dedicar tiempo a escuchar a alguien que atraviesa una dificultad.

La clave está en evitar la ociosidad espiritual. La Cuaresma invita a salir de uno mismo, a mirar alrededor y a preguntarse cada día: ¿qué puedo hacer hoy por los demás? Esa actitud generosa es una de las mejores formas de preparación para la Semana Santa.


Lamentablemente, con el paso del tiempo, la disciplina cuaresmal se ha ido debilitando. En muchos lugares ha quedado reducida a un mero cumplimiento externo, sin un verdadero deseo de conversión. De ahí la urgencia de recuperar el sentido profundo de este tiempo litúrgico y de vivirlo con seriedad y coherencia.



Un llamado a recuperar el espíritu cuaresmal


La Iglesia recuerda que la Cuaresma es un don y una oportunidad. Un tiempo para detenerse, revisar la propia vida y volver al Señor con un corazón renovado. No se trata de acumular sacrificios por obligación, sino de crecer en libertad interior para amar mejor.


Asumir pequeñas prácticas concretas —tanto externas como internas— permite que estos cuarenta días se conviertan en una auténtica peregrinación espiritual. El objetivo final no es cumplir reglas, sino preparar el alma para celebrar con alegría el misterio central de la fe: la muerte y resurrección de Cristo.



Cuando el ayuno, la oración y la caridad se viven con sinceridad, la Cuaresma deja de ser un simple periodo del calendario para transformarse en una experiencia de gracia que renueva toda la existencia cristiana.

EWTN

Vea también   Cuaresma: 40 días, 40 ideas
del Papa Benedicto XVI



jueves, 17 de enero de 2019

¿SABES QUE PUEDES VOLAR?

¿SABES QUE PUEDES VOLAR?

"Todos estamos llamados a volar alto, a tocar el Cielo con las manos”. Es bonito lo que  escribe Pannis, Y por eso lo he querido traer aquí para que pensemos un poco, y caigamos en la cuenta que todos podemos volar alto. Debemos hacerlo para tocar el cielo con las manos y disfrutar de la presencia de Dios.  

 



¿Y que es volar?

Es comenzar por tener un sueño.
Es estar comprometido con los sueños.
Es tener confianza en sí mismo.
Es aceptar lo que no se puede cambiar.
Es saber cambiar el tiempo.
Es volver a empezar.
Es reconocerme en mis logros.
Es reconocer que me equivoqué y pedir perdón.
Es reconocer que detrás de cada acierto puede haber muchos fracasos.
Es enamorarse de lo que uno hace.
Es no postergar y hacer algo ahora.



Es darse cuenta de que estás eligiendo a cada momento.
Es reconocer las propias debilidades y fortalezas.
Es no parar jamás hasta conseguir los sueños.
Es saber con qué fin hacemos las cosas.
Es no mirar hacia atrás.
Es actuar con entusiasmo.
Es transitar caminos desconocidos.
Es probar hacer algo que nunca hicimos.
Es probar hacer algo de una manera diferente.
Es saber que no estamos solos.
Es no rendirse jamás.
Es disfrutar de cada momento
Es disfrutar del tiempo libre.
Es accionar ya.
Es inventar un nuevo paso de baile cuando el anterior no funciona.
Es pensar en positivo.
Es tener las metas claras.
Es tener perseverancia en la búsqueda que deseas.
Es estar preparado para ver la oportunidad.
Es desarrollar la creatividad.
Es utilizar la imaginación.
Es recomenzar con el mismo entusiasmo.
Es tener la paciencia necesaria.
Es tener claridad en el propósito.
Es dejar una huella para que otros puedan seguirla.
Es arriesgar.
Es hacer cosas nuevas todos los días.


Hay que emprender el vuelo y mirar cara a cara al sol, a la luz que da vida. “Yo soy la Luz del mundo” dijo Jesucristo. Pero a veces preferimos las tinieblas porque nuestras obras no son buenas.  Este es nuestro pecado.  Y la luz hay que ponerla sobre el candelero para que ilumine a todos. Pero para eso hay que volar alto para encender nuestra alma en el sol. Y podemos hacerlo.

Un alma para el mundo, ReL






















lunes, 26 de diciembre de 2016

Preguntas frente al Niño del pesebre

¿Qué ha sido mi vida este año?

Preguntas frente al Niño del pesebre

Se dice que Navidad es un tiempo propicio para que puestos frente al Niño, mirándolo, podamos preguntarnos ¿cómo llego a esta Navidad? ¿Qué ha sido mi vida este año? ¿En qué he ganado, en qué he crecido, en qué he perdido o en qué me he estancado? Pueden ser preguntas que nos ayuden a hacer una especie de balance sobre todo desde el agradecimiento.

No ha terminado la misericordia sino el Año de la Misericordia, y nos queda esta inercia de misericordia como modo de ver la vida, es un paradigma. Hacernos estas preguntas no es para reprocharnos, sino para frente a Dios primero agradecer y por otro lado si hay cosas para corregir, también nos hace bien.  

A medida que nos acercamos a la Nochebuena se nos van a ir juntando los recuerdos lindos de infancia, los recuerdos de los que ya no están, nuestras ganas de ser más buenos y la pena de a veces tener la sensación de que seguimos igual. Se nos va a juntar el cariño de los que queremos y quizás también se note lo que permitimos durante el año que quede sin resolverse y en discordia. Se nos va a juntar el deseo de tener a Jesús en el corazón y quizás la tristeza de haberlo exiliado de nuestras vidas.

En definitiva, la pregunta es ¿qué nos ha quedado entre las manos y el corazón? Bernanos hablaba del dulce milagro de las manos vacías. ¿Por qué vacías? Puede ser que estén vacías porque lo dimos todo y entonces agradecer al Señor, o porque sentimos que no hicimos nada duradero que nos fuimos en hojas y no dimos frutos y en ese caso humildemente pedir perdón y ofrecerle esas manos al Señor para que las bendiga y las llene de semillas de amor y nos anime a salir a sembrar una vez más empecinadamente.

El Padre Eduardo Casas dice que Navidad es un tiempo lindo para sentarnos frente al pesebre y revisar ese territorio de sueños que es nuestro corazón. 

En este tiempo mi memoria saca cuentas de lo que he

soñado y de lo que deseado.

Recuerdo que alguno me dio agua para que no dejara de

soñar bajo el arduo sol del lento y solitario camino.

También hay quien me atropelló los sueños y los rompió

en pedazos. No importa, aquí estoy recomponiendo mi
bandera, tratando de encontrarme y de ser fiel a mí mismo y a
mis esperanzas.

Otras veces, persiguiendo mis propios sueños, empujé sin

ver los sueños de los demás, sin detenerme en ayudarlos a
recomponer lo que mi torpeza acaba de derrumbar….

Hay tardes en que subo a la colina y lanzo mis sueños,

soplándolos al aire para que vuelen, se esparzan y vivan…

Hoy quisiera saludar a todos aquellos que transitan mi

territorio de sueños.

Tú estás ahí… Por algo será. ¡Gracias!

Que en estos días encontremos esos ratitos, quizás no largos pero sí exclusivos para el Señor, de ponernos frente al pesebre y animarnos a hacernos estas preguntitas: ¿Cómo llego a esta Navidad? ¿Qué ha sido mi vida este año? ¿En qué he ganado, en qué he crecido, en qué he perdido o en qué me he estancado?

Y también revisar de a poco mi capacidad de soñar para que frente al Niño podamos renovar el espíritu. Se lo deseo y me lo deseo.

Artículo originalmente publicado por Radio María



martes, 2 de diciembre de 2014

Reflexión al inicio del Adviento




Esta composición de Dan Stevers, ahora que arranca 
la preparación de la Navidad,  viene en tu ayuda 
para que te des cuenta que
¡¡¡¡Dios te busca!!!!  
Esto nos recuerda lo que ha significado 
para los hombres la Encarnación.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Liturgia: 'Cielo en la Tierra'





Éste es el primero de una serie de vídeos que han preparado la Fundación E.U.K. Mamie y H.M. (Hogar de la Madre) Televisión en colaboración con la Congregación para el Culto Divino, de la que es prefecto el cardenal Antonio Cañizares, para acercar a los fieles el significado de los misterios sagrados, tal como se transmiten a través de las cosas sensibles.