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martes, 9 de enero de 2018

El Papa: ¿Por qué en la Misa el gesto de golpearse el pecho?

En la primera audiencia general del año 2018, el Papa explica
el acto penitencial en la Eucaristía

“¿Qué puede dar el Señor a aquellos que ya tienen un corazón lleno de sí mismos, de su propio éxito? Nada, porque el engreído no puede recibir el perdón, lleno de su supuesta justicia”, dijo el papa Francisco que continuó una serie de catequesis para explicar el significado de la Santa Misa.
Lo hizo durante la primera audiencia general del nuevo año, este miércoles 03 de enero de 2018 en el aula Pablo VI del Vaticano.
En este contexto, el papa Francisco ilustró el acto penitencial en el cual los fieles se disponen a celebrar la Santa Misa, reconociendo “ser pecadores ante Dios y ante los hermanos”.
Ary Waldir Ramos Díaz, aleteia
Y cuando llega tarde (¿cuántas veces entre diez?), ¡no se olvide de pedir perdón al Señor! Así uno se dispone a celebrar profundamente la Santa Misa.

 rito penitencial de la misa

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La Santa Misa contada en Historietas 16




16. La Grandeza auténtica del Emperador.
(Acto penitencial)



Comienza la cuaresma del año 390. Los fieles de la ciudad episcopal de Milán acuden en tropel a la Santa Misa. No hay que olvidar que Milán en aquel entonces era el lugar de la residencia del emperador. Por eso también el emperador se pone en camino al templo. El emperador Teodosio mismo va a Misa. 

Las conversaciones de los milaneses no comentan otra cosa que de los últimos acontecimientos en Salónica (Tesalónica), la ciudad que dominaba el mediterráneo del este y el camino a Constantinopla. La población había entrado en franca rebeldía contra el emperador. Los militares dominan la situación. Pero el emperador trama venganza. Después de muchos años de caos él ha dado a su reino la unidad política y religiosa. Ha impuesto de nuevo la fe en la gloria divina de Jesús. Pero también ha crecido su orgullo y la conciencia de su poder. No soporta que haya rebeldías. Un día hace convocar a los ciudadanos de Tesalónica en el anfiteatro de la ciudad. Cuando todos están reunidos entran los militares y comienzan a matar a espada a diestra y a siniestra. Muchos, muchísimos mueren violentamente en este día.

También el obispo de Milán, Ambrosio, ha oído de los hechos nefastos y crueles. Ante Dios ha examinado su deber. Cuando entró el emperador al atrio del templo episcopal Ambrosio se le enfrenta. Le recuerda a Teodosio la matanza de los tesalonicenses. Luego le dice: "Tú no puedes entrar en la casa de Dios. Tú no puedes estar ante el altar de Dios. Tus manos están manchadas de sangre. Primero tienes que hacer penitencia como lo prescribe la Iglesia. Revestido de costal, cubiertas de ceniza debes quedarte aquí en el atrio y pedir la oración de los que entran al templo". El rostro del emperador empalidece. Los generales empuñan la espada. Los cortesanos protestan vociferando. Pero el emperador muestra su verdadera grandeza. Hace que le traigan un vestido penitencial hecho de costal. Cubre su cabeza de ceniza. Esto se repite durante todas las celebraciones de esa cuaresma. Recién el día de Pascua de Resurrección el perdón de la Iglesia lo ha admitido nuevamente a la celebración ante el altar.

Los milaneses están orgullosos de su emperador: Es un gran político y estratégico, pero lo que es más, es un cristiano de cuerpo entero. Los milaneses también están orgullosos de su obispo, San Ambrosio, que llevó al emperador a la penitencia. 

Hemos llegado al umbral de la Santa Misa. Tomaremos parte en el altar. Venimos revestidos de la dignidad de los hijos de Dios, venimos como amigos de Cristo y quizás podemos decir que hemos trabajo fielmente por Jesucristo. 

Sin embargo, el umbral tiene mucho significado. El santuario de la Iglesia nos llama al respeto y la reverencia. Recordemos que somos pecadores. En los países griegos el diácono dice al momento de la comunión: "Lo Santo para los Santos". Aunque nos hayamos esforzado honradamente, no somos santos. Tenemos que confesar "que hemos hecho el mal y omitido el bien, que hemos pecado en pensamientos, palabras, obras y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa". Así decimos en el "yo pecador". Aunque no hayamos hecho un gran mal, siempre tenemos que confesar que hemos dejado de hacer mucho bien. Aunque, a Dios gracias, no se ha transparentado mucho mal hacia afuera, queda siempre el mundo confuso de los pensamiento, la vida egoísta centrada en el propio yo. 

Así nos quedamos en el umbral del santuario de la Santa Misa: "Confesamos que somos pobres pecadores". Sin esta penitencia, sin el cambio interior no estaríamos en la Eucaristía como verdaderos cristianos. Porque Cristo ha comenzado su anuncio reclamando: "Haced penitencia".


martes, 25 de noviembre de 2014

Reconozco mi pecado



Ricardo Reyes Castillo



Uno de los momentos de la Misa más difíciles de comprender y vivir es cuando el cura, después del signo de la Cruz, dice: “Reconozcamos nuestros pecados”. Esto se debe, quizás, a que muchas veces llegamos a Misa corriendo, con mil preocupaciones, con un hijo que llora y, aunque milagrosamente ese domingo no llevemos retraso, es muy probable que el inicio de la Misa se nos pase sin que nos enteremos de nada.

Todo esto se nos dificulta aún más si no conocemos el valioso significado del Acto Penitencial. Alguno al leer esto, pensará que es un momento donde simplemente reconocemos que, siendo pecadores, no somos dignos de estar ante la presencia de Dios.

Pero más aún, este momento de la celebración es fundamental para poder vivir toda la Misa. Tomando un ejemplo sencillo para ilustrarlo, es como si llegásemos con 10 minutos de retraso a una película; quizás nos enteraremos igual del argumento, pero sería mucho más fácil si la viéramos entera.

Será entonces de provecho descubrir juntos la profundidad del Acto Penitencial. Por el momento trataremos de entender lo esencial. Pecado significa estar divididos dentro de nosotros mismos y con los demás… debido a que hemos roto en algún grado la comunión con Dios. La Santa Misa, en cambio, es un evento que lleva a la persona a experimentar el Amor de Dios y por tanto, a reconciliarse consigo mismo y con los otros. Por esto, lo primero que hacemos es reconocer aquello que tenemos todos en común: nuestros pecados, para poder así experimentar a Aquél que en medio de nuestras divisiones, nos lleva a vivir en Unidad y Paz.



Pero reconocer nuestros pecados no es nada fácil. Hay una novela que me lo recuerda, se llama El poder y la gloria de Graham Greene. En ella se cuenta la historia de un cura que vivió durante la persecución de los Católicos en la guerra Cristera en México en el siglo XX. Describe un episodio emblemático: a este sacerdote fugitivo, que constantemente trata de esconder su verdadera identidad, lo encarcelan por otro motivo. En un cierto punto el protagonista se da cuenta de que se encuentra verdaderamente entre los últimos de la tierra; recluido en una prisión oscura y nauseabunda, circundado por delincuentes, criminales, ladrones y prostitutas. Es curioso que precisamente en esta situación, este hombre se sienta libre de confesar, no solo el hecho de ser sacerdote, sino también los pecados cometidos en su ministerio.

Este sacerdote reconoce su pobreza viendo la pobreza de los demás, y así experimenta aquella libertad que va más allá de sus miedos. El punto entonces, es reconocer lo que somos para poder maravillarnos del amor grande y misericordioso de Dios. Este sacerdote, antes de reconocer sus pecados, toma conciencia de la situación real que está viviendo. ¡El Acto Penitencial de la Misa también! Se nos propone para ayudarnos a ver dónde estamos, quienes somos, cuáles son nuestros sufrimientos, dolores, fracasos, desilusiones, tristezas, amarguras, rencores… para poder verdaderamente tomar conciencia de la necesidad que tenemos de encontrarnos con el Señor.




Podríamos decir que este es el primer momento en el cual se unen todos los fieles en un solo espíritu y se comienza a experimentar la Unidad en Dios que se nos regala en el sacrificio eucarístico, que es perdón, encuentro, entre nuestras fragilidades y Su misericordia, entre la tierra y el cielo, que nos hace capaces de amar.