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jueves, 7 de mayo de 2026

Evangelio del día - Jueves 5a. Semana de Pascua

 


Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,7-21.

Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se levantó y dijo: "Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros días, me eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos la Palabra del Evangelio, a fin de que ellos abracen la fe.
Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en favor de ellos, enviándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros.
El no hizo ninguna distinción entre ellos y nosotros, y los purificó por medio de la fe.
¿Por qué ahora ustedes tientan a Dios, pretendiendo imponer a los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos soportar?
Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús".
Después, toda la asamblea hizo silencio para oír a Bernabé y a Pablo, que comenzaron a relatar los signos y prodigios que Dios había realizado entre los paganos por intermedio de ellos.
Cuando dejaron de hablar, Santiago tomó la palabra, diciendo: "Hermanos, les ruego que me escuchen:
Simón les ha expuesto cómo Dios dispuso desde el principio elegir entre las naciones paganas, un Pueblo consagrado a su Nombre.
Con esto concuerdan las palabras de los profetas que dicen:
Después de esto, yo volveré y levantaré la choza derruida de David; restauraré sus ruinas y la reconstruiré,
para que el resto de los hombres busque al Señor, lo mismo que todas las naciones que llevan mi Nombre. Así dice el Señor, que da
a conocer estas cosas desde la eternidad.
Por eso considero que no se debe inquietar a los paganos que se convierten a Dios,
sino que solamente se les debe escribir, pidiéndoles que se abstengan de lo que está contaminado por los ídolos, de las uniones ilegales, de la carne de animales muertos sin desangrar y de la sangre.
Desde hace muchísimo tiempo, en efecto, Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores que leen la Ley en la sinagoga todos los sábados".


Salmo 96(95),1-2a.2b-3.10.

Anuncien las maravillas del Señor entre los pueblos.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.

Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.

Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
el mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.


Evangelio según San Juan 15,9-11.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Reflexión sobre el cuadro

En estos días entre Pascua y Pentecostés, muchos jóvenes de nuestras parroquias (y aquí en la catedral de Westminster) se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación. En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, San Pedro habla de cómo Dios da el Espíritu Santo gratuitamente, derramando su vida en los corazones sin distinción. Es este mismo Espíritu el que nuestros candidatos se preparan a recibir de un modo nuevo y más profundo. Y cuando les hablamos de los dones del Espíritu, hablamos también de sus frutos. Una y otra vez, Pedro y Pablo nos recuerdan que justo después del amor viene la alegría. Los dos son inseparables: el amor y la alegría que da el Espíritu Santo. Allí donde se acoge y se vive el amor de Dios, la alegría comienza a echar raíces.

Esto es exactamente de lo que habla Jesús en la lectura del Evangelio de hoy: “Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa”. El Señor no nos ofrece una felicidad pasajera, sino una alegría profunda. Y nos muestra el camino para alcanzarla: permanecer en su amor. Muchas personas se pasan la vida buscando la felicidad en todo tipo de lugares, a menudo sin encontrarla. Las alegrías temporales duran un poco, pero no son la alegría eterna que Dios no puede esperar a compartir con nosotros, a darnos. Y el Evangelio es claro: la alegría no es algo que tomamos o conseguimos; ¡es algo que recibimos! Y cuando abrimos nuestros corazones para recibir este don a través del Espíritu Santo, entonces la verdadera felicidad puede echar raíces.

Si queremos ver la alegría pura hecha visible, miremos el cuadro Juegos de niños, de Pieter Bruegel el Viejo. Toda la plaza de la ciudad está viva, rebosante de más de 230 niños, ocupados en 83 juegos, completamente absortos en el juego alegre. No hay adultos a la vista. El mundo les pertenece. Mires donde mires, algo está ocurriendo: niños que corren, trepan, giran, ríen, inventan juegos, copian el mundo de los mayores y, sin embargo, lo transforman en algo más ligero, más libre, más alegre. Lo realmente encantador es la seriedad con la que juegan, totalmente presentes, totalmente vivos. Y sin embargo, para nosotros, que miramos desde dentro, es una delicia. Es alegría sin cálculos, sin ansiedad, simplemente la vida vivida plenamente en el momento.

Y quizá por eso este cuadro es una imagen tan perfecta para la reflexión de hoy. Los niños que juegan no se preocupan por el mañana, no llevan las cargas del ayer: simplemente están en el momento, y en ese estar, están alegres. Bruegel nos recuerda que la alegría no es algo complicado o lejano 'que hay que obtener'. Es algo que se da, que se recibe y que se vive en el momento. Y tal vez, sólo tal vez, en la risa y la energía de estos niños, vislumbramos la alegría de la que habla Cristo: el tipo de alegría que llena el corazón cuando está plenamente vivo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Te amo, oh mi Dios.

Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.

Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno,
porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,

Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
no sólo amarte sino sentir que te amo.

Te suplico que mientras más cerca esté de mi hora
final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.

Amén.

(San Juan María Vianney)

domingo, 25 de enero de 2026

Evangelio del día - ¿No sería muchìsimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 

Libro de Isaías 8,23.9,1-3.

porque ya no habrá oscuridad allí donde reinaba la angustia. En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia. como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.


Salmo 27(26),1.4.13-14.

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.


Carta I de San Pablo a los Corintios 1,10-13.17.

Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir.
Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes.
Me refiero a que cada uno afirma: "Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo".
¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo?
Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.


Evangelio según San Mateo 4,12-23.

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
Libro de los Méritos de la Vida. Liber Vitae Meritorum (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Beatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org


Cristo Dios busca al hombre y lo renueva

Yo soy la fuerza de la divinidad desde antes de los tiempos, no tengo comienzo. Soy la fuerza con que Dios hizo todo, discerniendo y poniendo a prueba. Soy el espejo de la Providencia de todos y he resonado con fuerza inmensa, ya que soy la palabra que resuena -“Hágase”- con la que todo comenzó…
Vine como el fuego y reposé en el seno ardiente de la Virgen y en su carne inmaculada. Me encarné y así he devenido un coloso, con un valor que sobrepasa al de todo hombre… Salido del seno de la Virgen, inmerso en el agua, busqué al hombre y lo purifiqué…
He recorrido el círculo de mi vida renovando a los otros hombres. Tocando la figura del hombre que me ha tocado, establecí la justa relación. Con mi humanidad, até y destruí la fuerza del diablo, pero sólo me conocerá plenamente cuando yo ocupe mi trono para juzgar. Entonces, él estará totalmente confundido.

Reflexión sobre el cuadro

Mateo presenta el inicio de la vida pública de Jesús como una repentina explosión de luz en un mundo sumido en las tinieblas. En ella reconoce el cumplimiento de una antigua promesa de Isaías: un pueblo acostumbrado desde hacía mucho tiempo a la oscuridad se ve ahora iluminado; los que vivían bajo la sombra de la muerte descubren que la luz ha llegado hasta ellos. ¿Y qué era esa luz?: Jesús mismo.

El efecto fue inmediato y magnético. La gente comenzó a acudir a él desde todas las direcciones: desde Galilea y más allá, desde Siria, la Decápolis, Jerusalén, Judea y al otro lado del Jordán. Sobre todo, aquellos que estaban cansados, heridos y agobiados se sentían atraídos por él. Mateo capta algo eléctrico en aquellos primeros días: una sensación de explosión de expectativas, alegría y nuevas posibilidades. Sin embargo, ese primer destello de luz no se limitó al pasado. No se ha desvanecido con el tiempo. El mismo Jesús, ahora resucitado y vivo, sigue estando poderosamente presente entre nosotros. Mateo termina su Evangelio con las palabras 'él está con nosotros siempre', lo que significa que la Luz está con nosotros, siempre.

Esa repentina irrupción de la luz de Dios podría imaginarse como fuegos artificiales: un cielo oscuro en suspenso y, de repente, sin previo aviso, una explosión de brillo que transforma la oscuridad en belleza. Es precisamente este momento el que vemos capturado en Fuegos artificiales en el Castillo Sant'Angelo, de Joseph Wright of Derby. Wright, activo en Roma a mediados de la década de 1770 como parte del Grand Tour, estaba fascinado por la luz, ya fuera científica, artificial o celestial. Se hizo famoso por pintar dramáticas escenas nocturnas iluminadas por una única y potente fuente. Aquí, pintado entre 1774 y 1778, el cielo nocturno sobre el Castillo Sant'Angelo (con San Pedro al fondo) se ve repentinamente atravesado por una explosión de color y luz radiante. Por un momento, todo cambia: la piedra, el río y la multitud quedan atrapados en el resplandor. Cuando Cristo entró en la historia, su luz irrumpió en una obra oscurecida, pero a diferencia de los fuegos artificiales, que solo brillan momentáneamente, su luz es eterna.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Señor Jesús, Luz del mundo, te pido que resplandezcas en mi corazón. Ilumina mis decisiones, disipa mis dudas y disipa cualquier sombra de desamor o miedo. Que tu luz sea la guía en mi camino y que yo pueda reflejar tu amor a todos los que me rodean. Amén". 

jueves, 25 de diciembre de 2025

Evangelio del día - Navidad ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa presencial?


 

Libro de Isaías 52,7-10.

¡Qué hermosos son sobre las montañas
los pasos del que trae la buena noticia,
del que proclama la paz,
del que anuncia la felicidad,
del que proclama la salvación,
y dice a Sión: "¡Tu Dios reina!".
¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,
gritan todos juntos de alegría,
porque ellos ven con sus propios ojos
el regreso del Señor a Sión,
¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor consuela a su Pueblo,
Él redime a Jerusalén!
El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
verán la salvación de nuestro Dios.

Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.5-6.

¡Canten al Señor un canto nuevo!

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.

Carta a los Hebreos 1,1-6.

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras,
ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?" ¿Y de qué ángel dijo: "Yo seré un padre para él y él será para mi un hijo?"
Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: "Que todos los ángeles de Dios lo adoren."

Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio
Jesús, Hijo Único del Padre, II,328-332 (SC 203. Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org


¡Hijo único del Padre, has nacido en nuestra carne!

Primero, por tu Espíritu divino
El alma de la santa Virgen fue santificada,
Y la fuerza de tu Padre de los cielos
La cubrió con su sombra.
Luego, Tú, el Hijo Único del Padre,
Descendiste voluntariamente en sus entrañas.
Has devenido verdaderamente carne,
Dios y hombre, ambos forman uno.
Has nacido con nuestro cuerpo humano,
Tú que fuiste primero incorporalmente engendrado del Padre,
Has sacado los dolores del primer hombre,
Cubierto de hojas, gracias a tus pañales.
Tú, el Verbo, en el pesebre como el que no tiene palabra
Para ser el alimento del que tiene la palabra,
Tú, Luz, manifestado por la luz de la estrella,
Los Magos gracias a ella Te han adorado.
Los Coros de Ángeles descendieron hasta la gruta,
Y Te servían en tu santa Natividad.
Ellos llegaron a los pastores y les anunciaban la Buena Noticia,
Cantando “¡Gloria en lo Alto del cielo!”.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Queridos amigos:,

Ahora que nos reunimos una vez más en torno al misterio de la Navidad, quiero dar las gracias a cada uno de ustedes por formar parte de la comunidad Christian Art. Cada día, a través de continentes y husos horarios, rezamos juntos, contemplamos juntos el arte y nos deleitamos juntos en la belleza del Evangelio. Su presencia, su fe, su curiosidad y su amor por la belleza son lo que hace que nuestra misión prospere. Gracias por leer y apoyar lo que hacemos.

Este año, el día de Navidad, me gustaría presentarles una joya del arte renacentista temprano: “La Natividad” de Sandro Botticelli. Pintada con la delicadeza luminosa que caracteriza toda la obra de Botticelli, la escena es tierna e íntima. La Sagrada Familia ocupa el centro: María se arrodilla en oración, José descansa tranquilamente, un pequeño Juan Bautista también se arrodilla... y el Niño Jesús yace en la tierra desnuda, frágil, pero tan presente. Detrás de ellos, un rústico establo con un burro y un buey se abre a un cálido paisaje toscano bañado por una luz dorada. Los ángeles de Botticelli, con sus túnicas fluidas y sus rostros serenos, se inclinan con reverencia, uniendo el cielo y la tierra en adoración.

Y así, mientras meditamos sobre esta escena, esperamos sentir algo de lo que Botticelli quiso transmitir: que Cristo entra en nuestro mundo de manera silenciosa, humilde y hermosa, para traernos paz, esperanza y alegría.

Desde mi escritorio, les deseo a todos ustedes una Navidad llena de bendiciones y gracia. Gracias por orar con nosotros, apoyarnos y ayudarnos a compartir el Evangelio a través del arte.

Que el Niño Jesús nazca de nuevo en vuestros hogares y en vuestros corazones.

Con todas las bendiciones,

Padre Patrick



Oración

(Meditando el texto de San Nersés)

lunes, 11 de agosto de 2025

Evangelio del día - Memoria de Santa Clara


 

Deuteronomio 10,12-22.

Y ahora, Israel, esto es lo único que te pide el Señor, tu Dios: que lo temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma,
observando sus mandamientos y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien.
Al Señor, tu Dios, pertenecen el cielo y lo más alto del cielo, la tierra y todo lo que hay en ella.
Sin embargo, sólo con tus padres se unió con lazos de amor, y después de ellos los eligió a ustedes, que son su descendencia, prefiriéndolos a todos los demás pueblos.
Por eso, circunciden sus corazones y no persistan en su obstinación,
porque el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, valeroso y temible, que no hace acepción de personas ni se deja sobornar.
El hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al extranjero y le da ropa y alimento.
También ustedes amarán al extranjero, ya que han sido extranjeros en Egipto.
Teme al Señor, tu Dios, y sírvelo; vive unido a él y jura por su Nombre.
El es tu gloria y tu Dios, y él realizó en tu favor esas tremendas hazañas de que fuiste testigo.
Porque cuando tus padres bajaron a Egipto, eran apenas setenta personas, y ahora el Señor te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.


Salmo 147,12-13.14-15.19-20.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.


Evangelio según San Mateo 17,22-27.

Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".
"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".
Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Carta a  35, 6.13; PL 16, 1078 (trad. breviario, miércoles V ordinario)


«Los hijos son libres»

[Dice el Apóstol] que la misma creación entera está en expectación de esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios (Rm 8,19), ya que las criaturas todas están ahora sometidas al desorden, a pesar suyo, pero conservando la esperanza, ya que esperan de Cristo la gracia de su ayuda para quedar ellas a su vez libres de la esclavitud de la corrupción, para tomar parte en la libertad que con la gloria han de recibir los hijos de Dios; de este modo, cuando se ponga de manifiesto la gloria de los hijos de Dios, será una misma realidad la libertad de las criaturas y la de los hijos de Dios. Mas ahora, mientras esta manifestación no es todavía un hecho, la creación entera gime en la expectación de la gloria de nuestra adopción y redención (v. 22) […].
Está claro que los que gimen anhelando la adopción filial lo hacen porque poseen las primicias del Espíritu; y esta adopción filial consiste en la redención del cuerpo entero, cuando el que posee las primicias del Espíritu, como hijo adoptivo de Dios, verá cara a cara el bien divino y eterno; porque ahora la Iglesia del Señor posee ya la adopción filial, puesto que el Espíritu clama: <I>«¡Abba!» (Padre)</I> (v. 15), como dice la carta a los Gálatas. Pero esta adopción será perfecta cuando resucitarán, dotados de incorrupción, de honor y de gloria, todos aquellos que hayan merecido contemplar la faz de Dios; entonces la condición humana habrá alcanzado la redención en su sentido pleno. Por esto, el Apóstol afirma, lleno de confianza, que <I>en esperanza fuimos salvados</I> (v. 24). La esperanza, en efecto, es causa de salvación, como lo es también la fe, de la cual se dice en el evangelio: <I>Tu fe te ha salvado.</I> (Mc 5,34). (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la memoria de Santa Clara. Clara de Asís (1194-1253) fue una de las primeras seguidoras de San Francisco de Asís y fundó la Orden de las Damas Pobres, como se llamó en un principio. La Orden de las Damas Pobres era diferente de cualquier otra orden o convento que hubiera existido hasta entonces, ya que seguía una regla de estricta pobreza. Clara escribió su Regla de Vida, el primer conjunto de directrices monásticas escrito por una mujer. Tras su muerte, la orden que fundó fue rebautizada en su honor con el nombre de Orden de Santa Clara, comúnmente conocidas hoy como Clarisas.

Nuestra pintura de Giovanni di Paolo, de mediados del siglo XV, ilustra un milagro realizado por Santa Clara. Se aparece con una gran aureola dorada y una ráfaga de luz (esquina superior derecha) a la mujer que reza pidiendo ayuda para su pobre hijo. El milagro habla de una madre de la región cercana a Asís que rezó a Santa Clara pidiendo ayuda. Su hijo había sido arrastrado por un lobo salvaje y todos temían lo peor. Angustiada, se dirigió a Clara. Clara, llena de compasión, rezó fervientemente por la seguridad del niño. Poco después, los aldeanos se quedaron atónitos al ver que el lobo regresaba por su propio pie, trayendo suavemente al niño completamente ileso. El animal soltó al niño y desapareció en el bosque, como si hubiera sido domado por la misericordia divina. El cuadro representa lo que habría ocurrido si el lobo hubiera mutilado al niño (y le hubiera arrancado el brazo de un mordisco). Pero las oraciones a Santa Clara impidieron que esto sucediera.

Siguiendo una tradición pictórica medieval llamada "narración simultánea", el lobo que atacó al niño se ve dos veces, una vez vivo con el brazo del niño en la boca, y otra yaciendo en primer plano. La historia representada aquí sigue la biografía del santo atribuida a Tommaso da Celano (1185-1260). Los gestos dramáticos de las figuras, con sus cabellos ondulados, son característicos de Giovanni di Paolo.

En el arte, Clara aparece más a menudo portando una custodia o píxide, en conmemoración de la ocasión en que ahuyentó a los soldados invasores de Federico II a las puertas de su convento mostrando el Santísimo Sacramento y arrodillándose en oración.

Santa Clara, ruega por nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst


Oración

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

(vatican.va)

domingo, 10 de agosto de 2025

Papa León XIV: El verdadero tesoro de la vida es el amor compartido

 

El Papa, en el rezo del Ángelus, exhortó a invertir el verdadero tesoro de la vida —los dones recibidos de Dios— en el amor y el servicio a los demás, recordando que las obras de misericordia son la inversión más segura y fecunda para alcanzar la plenitud.

Durante el rezo del Ángelus de este domingo, el Papa recordó a los fieles que el Evangelio invita a reflexionar sobre cómo invertir el verdadero tesoro de nuestra vida. Inspirado en el pasaje de Lucas 12,32-48, el Santo Padre destacó la importancia de no guardar para uno mismo los dones recibidos de Dios, sino ponerlos al servicio de los demás con generosidad.

Todo lo que somos es un capital vivo por compartir

«Vendan sus bienes y denlos como limosna» (Lc 12,33) fue la exhortación de Jesús que centró la meditación. El Papa explicó que esta llamada no se limita a los bienes materiales, sino que incluye nuestras capacidades, tiempo, afecto, presencia y empatía. “Todo lo que somos y tenemos —dijo— es un capital vivo que, si no se cultiva y comparte, se seca, se devalúa o acaba en manos de quienes lo reducen a mero consumo”.

“En resumen, todo aquello que hace de cada uno de nosotros, en los designios de Dios, un bien único, inapreciable, un capital vivo, palpitante, que para crecer requiere ser cultivado y empleado, porque si no se seca y se devalúa. O bien termina perdido, a merced de quienes, como ladrones, se apropian de él para convertirlo simplemente en un objeto de consumo.”

El Pontífice subrayó que la vida es un don que necesita espacio, libertad, relaciones y, sobre todo, amor para desarrollarse plenamente. Recordó que Cristo pronunció estas palabras mientras se dirigía a Jerusalén para entregarse en la cruz, un ejemplo supremo de amor y generosidad.

Las obras de misericordia son el banco más seguro y rentable

Refiriéndose a las obras de misericordia como “el banco más seguro y rentable” para depositar el tesoro de la existencia, citó a san Agustín: «Lo que das se transformará, porque te transformarás tú». Ilustró esta enseñanza con imágenes cotidianas: una madre abrazando a sus hijos, dos novios que se sienten rey y reina, y otras escenas donde el amor convierte lo ordinario en riqueza auténtica.

El Papa invitó a los presentes a practicar una vigilancia activa, atentos y sensibles a las necesidades de los demás en cada espacio de la vida: familia, parroquia, escuela o trabajo.

“Esta es la vigilancia que nos pide Jesús, habituarnos a estar atentos, dispuestos, sensibles los unos con los otros, como Él lo está con nosotros en cada instante.”

Concluyó confiando este compromiso a María, “Estrella de la mañana”, para que ayude a todos a ser centinelas de la misericordia y la paz en un mundo marcado por divisiones.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano


viernes, 30 de mayo de 2025

Evangelio del día


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 18,9-18.

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: "No temas. Sigue predicando y no te calles.
Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado".
Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de Dios.
Durante el gobierno del procónsul Galión en Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el tribunal,
diciendo: "Este hombre induce a la gente a que adore a Dios de una manera contraria a la Ley".
Pablo estaba por hablar, cuando Galión dijo a los judíos: "Si se tratara de algún crimen o de algún delito grave, sería razonable que los atendiera.
Pero tratándose de discusiones sobre palabras y nombres, y sobre la Ley judía, el asunto les concierne a ustedes; yo no quiero ser juez en estas cosas".
Y los hizo salir del tribunal.
Entonces todos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon ante el tribunal. Pero a Galión todo esto lo tuvo sin cuidado.
Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello.


Salmo 47(46),2-3.4-5.6-7.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.


Evangelio según San Juan 16,20-23a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."
La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.
Aquél día no me harán más preguntas."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Teodoro el Estudita (759-826)
monje en Constantinopla
Catequesis (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité orientale n° 79, Bellefontaine, 2002), trad. sc©evangelizo.org


“Esa tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16,20)

Ustedes lo saben bien, las penas dan a luz al reposo, a las aflicciones siguen las alegrías y los gemidos amamantan los placeres del alma. Los desfiladeros estrechos dan lugar a los espacios libres; hambre, ayunos y gargantas cerradas originan coros eternos; sed y boca quemante hacen que surja el agua para la Vida eterna, cómo dice el Señor (Jn 4,14). Con las palabras del salmista “Los que siembran entre lágrimas, cosechan en la alegría” (Sal 125,5).
Bienaventurado es “todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica” (cf. Mt 7,24). Pero “el hombre insensato no conoce y el necio no entiende estas cosas” (Sal 91,7). (…) Si, ustedes son prudentes y sensatos, sabios e inteligentes, capaces de reflexionar y, a causa de eso, ustedes han llegado a ciertas virtudes y otras las alcanzarán, no han terminado todavía de alcanzarlas todas.
Permanezcamos entonces firmes en el combate, hermanos míos, y continuemos a buscar en los abismos de la perseverancia. Lo sé. Portaremos la corona, habitaremos en el cielo y seremos plenos de alegría en ese lugar donde estuvieron dolor, tristeza, gemidos (cf. Is 35,19; 51,11). Tengan fuerza y energía y que la lámpara de su ardor brille, alimentado de este aceite que es la fuerza del alma (cf. Mt 25,8-12). (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Una de las mayores alegrías que conoce la humanidad es el nacimiento de un hijo. Hay algo profundamente conmovedor y singularmente sagrado en ese momento en que una nueva vida llega al mundo. La alegría en los rostros de la madre y el padre no se parece a ninguna otra; una mezcla abrumadora de asombro, gratitud y amor. Especialmente para la madre, las pruebas y los dolores del embarazo y el parto se ven eclipsados en ese momento por la alegría de abrazar a su recién nacido. En el Evangelio de hoy, Jesús se inspira en este momento crudo y tierno de la experiencia humana. Habla a sus discípulos con pleno conocimiento de su dolor inminente. Les dice que el discipulado traerá llanto y luto (como en el parto), pero que, en última instancia, ese dolor temporal traerá la alegría definitiva en la otra vida.

Jesús utiliza la imagen del parto para describir la transformación del dolor en alegría. Al igual que el dolor de una madre da paso a la alegría por la llegada de una nueva vida, así también la angustia de los discípulos dará a luz algo profundamente hermoso: la alegría de la Resurrección. De este modo, su dolor no carece de sentido ni es inútil, sino que es la base de la que surgirá la alegría. La muerte de Jesús no será el final de su esperanza, sino su comienzo. A través del sufrimiento nacerá una nueva vida, una nueva comprensión del amor y de la victoria sobre la muerte. Y cuando llegue ese momento -cuando Cristo resucitado esté ante ellos- su alegría será tan completa, tan abrumadora, que el dolor que la precedió ya no tendrá poder.

Esta imagen tierna y poderosa tiene un hermoso eco en nuestro cuadro de 1893 de William Bouguereau, que capta la tranquila intimidad entre la Virgen María y el niño Jesús. En una mano, María acuna a su Hijo dormido; en la otra, sostiene con delicadeza un corderito. El niño y el cordero irradian inocencia, pero el cordero también presagia el sacrificio venidero: el Cordero de Dios que dará su vida. La serenidad del rostro de María refleja no sólo el amor maternal, sino también una profunda paz en medio del conocimiento. Ella sostiene en sus brazos tanto la alegría como la tristeza, tal como Jesús invita a hacer a sus discípulos. En este sentido, el cuadro de Bouguereau se convierte en una meditación visual sobre el Evangelio de hoy: María, tras haber sufrido el dolor del parto, conoció la profunda alegría de traer a Jesús al mundo y pasar treinta años a su lado. Pero esa alegría se transformó en angustia al verle comenzar su ministerio y, finalmente, sufrir y morir en la Cruz, tan cerca, pero tan lejos de su alcance. Su vida estuvo marcada por el dolor y la alegría, íntimamente entrelazados. Sin embargo, al final triunfó la alegría, cuando la muerte dio paso a la resurrección y a la esperanza.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

  • Señor Jesús,  celebramos con gozo tu Resurrección. Tú venciste la muerte y nos abriste las puertas de la vida eterna. Llena nuestro corazón de esperanza y de fe. Haznos testigos de tu amor y tu alegría. Amén.
  • Gracias, Jesús, por tu entrega en la cruz. Gracias por resucitar y quedarte con nosotros. Te alabamos y te damos gracias por tu luz, por tu presencia viva en medio de nuestra vida. Amén.
  • Jesús resucitado, bendice nuestra familia. Danos unidad, paz y amor sincero. Que tu resurrección nos inspire a perdonarnos, a cuidarnos y a caminar juntos hacia ti. Amén.
  • Señor, en tu Resurrección, te entregamos este nuevo día con alegría.Guíanos con tu luz, y que nuestra vida sea un reflejo de tu amor. Amén.
  • Jesús vivo, te pedimos por nuestro mundo. Llévalo de la oscuridad a la luz, del odio al perdón. Que tu resurrección transforme corazones y haga florecer la esperanza en cada rincón. Amén.

(cf. elcomercio.pe)