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domingo, 14 de septiembre de 2025

Evangelio del día. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 Nota: En el Perú celebrarmos la Fiesta de la Stma. Cruz el 3 de Mayo

PRIMERA LECTURA

El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado

Lectura del libro del Éxodo 32, 7-11. 13-14

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:

—«Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:

"Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto"».

Y el Señor añadió a Moisés:

—«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:

—«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo:

"Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre"».

Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial: Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19 (R.: Lc 15, 18)

R. Me pondré en camino a donde esta mi padre.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
 R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. 
R.

Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. 
R.

 

SEGUNDA LECTURA

Cristo vino para salvar a los pecadores

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17

Querido hermano:

Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio.

Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente.

Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía.

El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús.

Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero.

Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que crearán en él y tendrán vida eterna.

Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

 

Aleluya 2Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación.

 

EVANGELIO

Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

—«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

—«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:

"¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido".

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:

"¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido".

Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

También les dijo:

—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna".

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo:

"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros".

Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo:

"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo".

Pero el padre dijo a sus criados:

"Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contestó:

"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud".

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre:

"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado".

El padre le dijo:

"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"».

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:

"¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido".

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:

"¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido".

Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Palabra del Señor.

Comentario

La parábola del hijo pródigo nos enseña valores de la vida como el perdón, la misericordia, el amor, la compasión, la empatía, la reconciliación, el arrepentimiento y el valor de la familia.
Valores de la parábola del hijo pródigo
-Perdón y misericordia:
El padre recibe con amor al hijo pródigo cuando regresa arrepentido.
-Amor incondicional: El padre ama a su hijo sin importar sus errores.
-Arrepentimiento: El hijo pródigo se da cuenta de sus errores y decide regresar a casa.
-Valor de la familia: El padre recibe con amor al hijo pródigo cuando regresa a casa.
-Compasión y empatía: El padre le recuerda al hijo mayor la importancia de mostrar compasión y alegrarse cuando otros encuentran el perdón y la reconciliación.
-Reconciliación: El hijo pródigo busca a su hermano, habla con él, pidele perdón y sana esa relación.
-Misericordia de Dios: Dios tiene misericordia para los pecadores arrepentidos.
Danos tu perdón y tu misericordia Señor!
Te animas a perdonar???
(Siervas del Espíritu Santo - Provincia Argentina)
Oración
(Recemos el Salmo resposorial)

domingo, 30 de marzo de 2025

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia en la Misa Dominical presencial?


 

Libro de Josue 5,9a.10-12.

Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto". Y aquel lugar se llamó Guilgal hasta el día de hoy.
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó.
Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país - pan sin levadura y granos tostados - ese mismo día.
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.

Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

Carta II de San Pablo a los Corintios 5,17-21.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.
Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio
Jesús Hijo Único del Padre, I (SC 203. Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org


La oración del hijo perdido

Te suplico hoy, yo con él:
“Padre, pequé contra el Cielo y contra ti,
No merezco ser llamado hijo tuyo,
Trátame como a uno de tus jornaleros”.
Hazme digno del más puro
Y santo beso de tu Padre tan bueno.
Sé el techo de la sala de Bodas
Recíbeme de nuevo.
De la vestimenta primera,
De la que me despojaron los ladrones,
Revísteme nuevamente,
Como adorno de la Esposa embellecida.
El anillo real,
Signo de autoridad,
Haz que lo porte en mi mano derecha,
Para nunca más girar a la izquierda.
Y como protección contra la Serpiente
Dame sandalias para mis pies,
Para que no tropiecen más en la tiniebla,
Y que su cabeza sea aplastada.
A la inmolación del ternero,
Que es el sacrificio de la Cruz,
A la sangre brotada del Costado, por la lanza,
Que es el manantial de Vida para nosotros,
Hazme comulgar de nuevo,
Como en la parábola del Hijo-Pródigo,
Para comer el Pan vivificante,
Para beber a tu Copa celestial.   (EDD)

Reflexión sobre la pintura

En el mundo en que vivimos, a menudo se asume que para que una persona tenga éxito, otra debe fracasar. Esta idea es claramente evidente en ámbitos competitivos como el deporte, donde si un equipo gana, el otro inevitablemente pierde. Sin embargo, esta mentalidad se extiende más allá del campo de juego a muchos aspectos de la vida. En las familias, por ejemplo, si un niño recibe un regalo, los demás pueden sentirse ignorados, lo que crea tensiones. A veces, los padres intentan aliviar esta situación dando pequeños obsequios a los otros niños cuando un hermano celebra un cumpleaños. Los adultos tampoco son inmunes a esta dinámica. En los lugares de trabajo o en las organizaciones, cuando se reconoce u honra públicamente a una persona, otras pueden sentirse infravaloradas, aunque no se haya pretendido despreciarla. En el ámbito político, sobre todo en los esfuerzos por construir la paz y la unidad, puede ser difícil superar la creencia de que una ganancia para una parte significa automáticamente una pérdida para la otra. Esta mentalidad de "ganadores y perdedores" está profundamente arraigada en la naturaleza humana.

Jesús ofrece una perspectiva diferente, retratando a un padre que no muestra favoritismos, sino que ama a todos sus hijos por igual y sin condiciones. En su visión, no hay vencedores ni vencidos, sino hijos e hijas amados, todos abrazados por la misma tierna misericordia. El padre de la parábola aprecia tanto al hijo pródigo como al obediente, extendiendo su amor gratuitamente y sin condiciones. Al presentar esta imagen, Jesús no sólo describe la naturaleza de un padre compasivo, sino que también revela algo esencial sobre sí mismo y sobre su Padre. El amor divino no discrimina; se da generosamente, ¡incluso en formas que pueden parecer excesivas según los criterios humanos! En este Domingo de Laetare, se nos recuerda que debemos regocijarnos en este amor sin límites, un amor que no mide, compara ni excluye, sino que simplemente lo abraza todo.

El Hijo Pródigo muestra el estilo barroco característico de Pieter Paul Rubens, marcado por el movimiento dramático, la riqueza cromática y la intensidad emocional. A la derecha de la composición, vemos al Hijo Pródigo, vestido con ropas harapientas y andrajosas. Su pecho, piernas y pies desnudos sugieren su pérdida total de estatus y dignidad. Su postura es de desesperación, agachado o arrodillado en el suelo, parece suplicar ayuda a la hija del dueño de la granja donde trabaja. Pero ella no puede ayudarle. Tiene las manos extendidas, en señal de súplica o resignación, al darse cuenta de lo bajo que ha caído. Su rostro demacrado refleja su sufrimiento, dejando claro que es el momento previo a su decisión de volver a casa. Ya es suficiente, está a punto de volver con su padre. Los cerdos y los animales están pintados en tonos ricos y carnosos, con mejor aspecto y más sanos que el Hijo Pródigo.

Se trata de un cuadro interesante, ya que, como es habitual, el padre siempre aparece en los cuadros que representan la parábola de hoy. La ausencia del padre sugiere que el cuadro no pretende captar la reconciliación, sino el momento previo: ¡la transformación! Así, el cuadro subraya la importancia del arrepentimiento justo antes del punto de inflexión en el camino del hijo.

by Padre Patrick van der Vorst

 Oración

(Recemos la oración de San Nersés)














sábado, 22 de marzo de 2025

Evangelio del día

 


Libro de Miqueas 7,14-15.18-20.

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.
¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.
El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.


Salmo 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.


Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org


¡Alma mía, vuelve al Señor!

El Señor es auxilio y protección…
Cristo pleno de misericordia que portas el pecado del mundo, recibe mi débil oración y concédeme el perdón de las numerosas faltas que he cometido en mi vida.
Jesús misericordioso, ten piedad de mí, presa caída entre las manos del Truhán:
sana, oh Verbo, las heridas de mi alma miserable y sálvame, tú que eres compasivo.
Cómo el hijo pródigo, yo derroché todos mis bienes y estoy yaciente en tierra, desnudo de toda virtud. Sí, he pecado, Padre. Recíbeme y trátame como a uno de tus jornaleros.
Madre de Dios, estoy atado por las cadenas del pecado, postrado: libérame, Toda Pura, de mis numerosas miserias, como Dios, nacido de ti, ha liberado a Adán caído en tierra.
Sobre la roca sólida de la fe en ti, afirma la resolución de mi alma y fortifícame, Señor, porque en ti tengo auxilio, refugio y plaza fuerte.
Vuelve, miserable alma mía, vuelve al Señor y grita: “He pecado, Maestro, recíbeme como antes recibiste a Manasés arrepentido” (cf. 2 Cr 33,12).
Lucho, temo, y ante el pensamiento del Día temido, exclamo: “¡Oh Señor misericordioso, otórgame ahora, antes del fin, el perdón de mis pecados!”
Cómo el hijo pródigo exclamo: “He pecado”. Y no me animo a levantar mi mirada hacia ti, Dios compasivo y amigo del hombre. Vuélvete y ten piedad de mí.
Madre de Dios, Amante del Bien, Virgen Toda Santa, para qué nos libere eternamente de toda pena, suplica sin cesar al Maestro misericordioso, tu Hijo. (EDD)

Reflexión sobre el grabado

La parábola del hijo pródigo es uno de los relatos más poderosos y conmovedores que Jesús cuenta en los Evangelios. Es una parábola de misericordia, redención y amor incondicional, que revela el corazón del Padre, siempre dispuesto a acoger a sus hijos en casa, por lejos que se hayan extraviado. La historia habla de la debilidad humana y del perdón divino. Un hijo que malgasta su herencia en una vida imprudente sólo puede ser abrazado por el mismo padre al que deshonró.

El artista Francés James Tissot da vida a esta parábola en su maravilloso grabado. En lugar de situar la historia en la Palestina Bíblica, Tissot la traslada a un puerto contemporáneo, haciendo que la narración resulte inmediata y cercana. El barco del hijo pródigo acaba de llegar y su padre le espera en el muelle, con los brazos extendidos en un abrazo de perdón. El hijo se arrodilla ante él, embargado por la emoción, mientras suplica clemencia. En este momento de cruda humanidad, el sombrero del padre cae al suelo, un pequeño pero conmovedor detalle que capta la abrumadora alegría del reencuentro... tan atrapado por el amor, que es ajeno a todo lo demás.

Tissot, conocido por su realismo narrativo, llena la escena de detalles simbólicos. En el fondo, cerdos y vacas recuerdan visualmente el punto más bajo del hijo, el tiempo que pasó alimentando cerdos, un trabajo que habría sido especialmente degradante para un judío. El contraste entre su pasado y su presente subraya la transformación radical de la gracia. Los espectadores observan atónitos este momento de perdón y reconciliación. La mujer que se cubre el rostro en señal de incredulidad encarna la tendencia humana a luchar contra la gracia: ¿cómo es posible que una ofensa así se perdone tan fácilmente?

Tissot vivía en Londres cuando creó esta obra, durante un periodo de despertar espiritual. Conocido por su interés por las escenas marítimas, pasaba a menudo temporadas en el puerto de Londres, que le sirvió de inspiración para varias de sus obras. Al situar el regreso del Hijo Pródigo en el puerto, Tissot subraya el tema de la partida y el regreso, reflejando el viaje espiritual de toda alma: un viaje que conduce, en última instancia, de vuelta a los brazos de Nuestro Padre.

by Padre Patrick van der Vorst

 Oración

¡Alma mía, vuelve al Señor! (vea la oración más arriba)




















sábado, 2 de marzo de 2024

Evangelio del día


Libro de Miqueas 7,14-15.18-20.

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.
¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.
El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.


Salmo 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.


Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Talasio Líbico y Africano
higúmeno en Libia
Filocalia, Centurias III, 100 ((Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995), trad. sc©evangelizo.org


Has venido a salvarnos, estábamos perdidos

Señor de todo, Cristo, líbranos de todos esos males,
de las pasiones que nos destruyen
y de los pensamientos nacidos de las pasiones.
Gracias a ti fuimos creados,
con el fin de gozar de las delicias del jardín del Paraíso
por ti plantado.
Hemos hecho venir sobre nosotros el deshonor presente,
porque a las bienaventuradas delicias hemos preferido la ruina
de la que recibimos la retribución,
hemos cambiado la vida eterna por la muerte.
Ahora entonces, Señor,
como nos has mirado, míranos al final.
Ya que te has hecho hombre, sálvanos a todos.
Has venido a salvarnos, estábamos perdidos.
No nos apartes de la parte de los salvados.
Resucita las almas y salva los cuerpos,
purifícanos de toda mancha.
Rompe las ligaduras de las pasiones que nos atan,
tú, que has roto los dedos de los demonios impuros.
Libranos de su tiranía,
para que podamos servirte sólo a ti, Luz eterna,
resucitados de los muertos y con los ángeles,
danzando la bienaventurada ronda,
eterna e indisoluble. Amén
(EDD)

Oración

(Rece la anterior)