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lunes, 6 de febrero de 2023

Evangelio del día


 

Evangelio según San Marcos 6,53-56.

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús,
y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba.
En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Diario, § 949 - 950

“Todos los que tocaron la franja de su manto, quedaron sanos”

Misericordia divina, que nos acompañas toda la vida, confío en ti.
Misericordia divina, que nos rodeas particularmente en la hora de la muerte, confío en ti.
Misericordia divina, que nos das la vida eterna, confío en ti.
Misericordia divina, presente en cada instante de nuestra vida, confío en ti.
Misericordia divina, que nos proteges del fuego del infierno, confío en ti.
Misericordia divina, que conviertes a los pecadores recalcitrantes, confío en ti.
Misericordia divina, maravilla para los ángeles, inconcebible para los santos, confío en ti.
Misericordia divina, insondable en todos, los misterios divinos, confío en ti.
Misericordia divina, que nos levantas de toda miseria, confío en ti.
Misericordia divina, fuente de nuestra felicidad y nuestro gozo, confío en ti.
Misericordia divina, que nos llamas de la nada a la existencia, confío en ti.
Misericordia divina, que sostienes en tus manos cuanto existe, confío en ti.
Misericordia divina, que coronas todo lo que existe y existirá, confío en ti.
Misericordia divina, en la cual estamos sumergidos, confío en ti.
Misericordia divina, dulce quietud de los corazones atormentados, confío en ti.
Misericordia divina, la sola esperanza de las almas desesperadas, confío en ti.
Misericordia divina, descanso de los corazones, paz en el espanto, confío en ti.
Misericordia divina, delicia y maravilla de las almas santas, confío en ti.
Misericordia divina, que nos das la esperanza contra toda esperanza, confío en ti.
Oh Dios eterno, en quien la misericordia es insondable e inagotable el tesoro de la compasión, míranos con bondad y llénanos de tu misericordia a fin de que en los momentos difíciles no desesperemos jamás, no perdamos el valor, sino que nos sometamos con total confianza a tu santa voluntad ya que es el mismo amor y misericordia. (EDD)

Oración

Recemos la oración de Santa Faustina




























jueves, 20 de enero de 2022

Evangelio del día


 


Evangelio según San Marcos 3,7-12.

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea.
Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.
Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara.
Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo.
Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!".
Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermones sobre la 1ª carta de san Juan, 1,1


La misma Vida se ha manifestado en la carne

     «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, es el Verbo, la Palabra de la vida» (1Jn 1,1), ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque «la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros»? (Jn 1,14). Esta Palabra, que se hizo carne para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se encarnó en el seno de la Virgen María. Pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo Juan dice  que «existía desde el principio»...
     Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: «Pues la vida se hizo visible» (1Jn 1,2). Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida. ¿Y cómo se hizo visible? «Existía desde el principio» pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan, Pero ¿qué dice la Escritura? «El hombre comió pan de ángeles» (sl 77,25).
     Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. «La Palabra se hizo carne», a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra. (EDD)

Oración

Oración para pedir la sanidad de un conocido, amigo o pariente enfermo

“Padre nuestro que está en los cielos, vengo delante de ti reconociendo que solo Tú eres Dios. Reconozco que eres Dios de amor, de compasión y de misericordia. Por eso, hoy te pido que te acuerdes de (nombre de la persona), que está enfermo/a de _________.

Te pido, Señor, que extiendas tu mano sanadora hacia (nombre de la persona). Te pido, Jehová, que quites el dolor de su cuerpo. Te pido, Señor, que confortes su alma durante estos momentos difíciles. Te pido, Señor, qué (nombre de la persona) sepa que Tú estás a su lado siempre.

La Biblia dice que Tú le has dado autoridad a tu hijo Jesús sobre todas las cosas. Así que yo declaro que, en el nombre de Jesús, la enfermedad se va de (nombre de la persona). Tengo fe que tú, Jehová, tienes el poder para sanar. Confío que la obra de sanidad está hecha en (nombre de la persona).

Gracias Señor por escuchar mi petición. Gracias por tu amor y por tu misericordia. Gracias por tus grandes obras. Gracias por la salud de (nombre de la persona). Que tu voluntad sea hecha, en el nombre de Jesús, amén.” (Hozana.org)