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jueves, 13 de agosto de 2026

Evangelio del día Jueves 19a. Semana TO


 

Beato Mariano Mullerat Soldevila , Mártires de BarbastroMás...

Libro de Ezequiel 12,1-12.

La palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde.
En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a la vista de ellos, como salen los deportados.
Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos.
Cargarás el equipaje sobre tus espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel.
Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.
A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo?
Diles: Así habla el Señor: Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella.
Diles también: Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que yo hice se hará con ellos: serán deportados e irán al exilio.
El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerlo salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país.


Salmo 78(77),56-57.58-59.61-62.

Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido.

Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel.

entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.
Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia;


Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 83


“Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros”

Todo hombre está en deuda con Dios y todo hombre está en deuda con su hermano. En efecto, ¿quién no estaría en deuda con Dios sino aquel en quien no se encontrara pecado? ¿Y quién no estaría en deuda con su hermano sino aquel que nunca ha ofendido a nadie? Así pues, todo hombre es a la vez deudor y acreedor… Un mendigo te pide limosna y tú eres el mendigo de Dios, porque, cuando oramos, todos nosotros somos mendigos de Dios. Permanecemos en pié, o mejor, nos prosternamos ante la puerta de nuestro Padre de familia (cf Lc 11,5s); le suplicamos lamentándonos, deseosos de recibir de él una gracia, y esta gracia, es Dios mismo. ¿Qué es lo que te pide el mendigo? Pan. Y tú, que es lo que le pides a Dios si no es a Cristo, el cual ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). ¿Queréis ser perdonados? Perdonad. “Devolved y se os devolverá”. ¿Queréis recibir? “Dad y se os dará” (Lc 6,37)…
Debemos, pues, estar dispuestos a perdonar todas las faltas que se cometen contra nosotros si queremos que Dios nos perdone. Sí, verdaderamente, si nos ponemos a considerar nuestros pecados y pasamos revista a las faltas que hemos cometido, no creo que podamos dormirnos sin que nos sintamos el peso de nuestra deuda. Por eso cada día presentamos a Dios nuestras peticiones, cada día nuestras peticiones llegan a sus oídos, cada día nos prosternamos diciendo: “Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido”. ¿Qué deudas quieres que se te perdonen? ¿Todas, o una parte? Seguro que respondes: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu deudor.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

La última línea del Evangelio de hoy puede pasar fácilmente desapercibida: ‘Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, se marchó de Galilea y entró en la región de Judea, al otro lado del Jordán’. Sin embargo, esta breve frase marca un importante punto de inflexión en el Evangelio de Mateo. Jesús está constantemente en movimiento. Viaja de una ciudad a otra y de un pueblo a otro, cruza el mar de Galilea, predica en las montañas, se adentra en territorios desconocidos y se encuentra con la gente allí donde está. Ahora abandona Galilea, donde ha desarrollado gran parte de su ministerio de enseñanza y sanación, y emprende el camino hacia Judea y, en última instancia, hacia Jerusalén.

 

La mención que hace Mateo del río Jordán es mucho más que un simple detalle geográfico. El Jordán discurre como un hilo sagrado a lo largo de la historia de la salvación. Fue allí donde Jesús fue bautizado por Juan al comienzo de su ministerio público. Ahora, cuando ese ministerio se acerca a su culminación, el río vuelve a aparecer. El Jordán fue, por supuesto, también la frontera que los israelitas tuvieron que cruzar antes de entrar en la Tierra Prometida. Tras cuarenta años de deambular por el desierto, Moisés murió con la tierra a la vista, pero no llegó a entrar en ella. Josué pasó entonces a primer plano como sucesor elegido de Moisés, encargado por Dios de guiar al pueblo hacia adelante. Su tarea era abrumadora: tenía que asumir el liderazgo de un pueblo formado por Moisés y guiarlo a través del río hacia un futuro desconocido.

Nuestro cuadro de Benjamin West, terminado en 1800, representa este dramático cruce del Jordán. Josué se yergue supervisando a la multitud, mientras los sacerdotes transportan el Arca de la Alianza dorada a través del río. Según el relato bíblico, las aguas dejaron de fluir cuando los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca tocaron el río, lo que permitió a todo el pueblo cruzar por tierra firme (Josué 3:14-17). West llena la escena de movimiento, nubes ondulantes y luz celestial, convirtiendo el cruce en una vasta visión de la guía divina.

La última línea del Evangelio de hoy nos dice, por tanto, que Jesús también está cruzando. Al igual que en su bautismo, cuando pasó de una vida oculta al ministerio público, y como Josué al cruzar el río, Jesús guía ahora al pueblo de Dios hacia el cumplimiento de la promesa divina que se cumplirá en Jerusalén. Cristo abrirá un paso no solo a través de un río, sino a través del pecado y de la muerte misma. Nosotros también nos encontramos con muchos Jordanes en la vida: momentos en los que debemos abandonar terreno conocido y adentrarnos en algo nuevo. En esos momentos, el Evangelio de hoy y el cuadro de West nos ofrecen la misma seguridad: Dios siempre va por delante de nosotros. La fe no significa saber exactamente qué hay en la orilla opuesta; significa tener el valor de cruzar porque Cristo ya nos está mostrando el camino.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor, mi Dios amado, te vengo a pedir que por favor elimines de mi corazón todo rastro de rencor o resentimiento que pueda haber albergado en él. No quiero ser una persona llena de amargura. Sé que Tú eres un Dios de amor, perdón y misericordia y quiero seguir Tu ejemplo. Te pido que me ayudes a perdonar a todos quienes me hicieron daño, para no tener que cargar con el peso abrumador que puede ser el rencor dentro de nosotros. Te lo pido, en el nombre de Jesús, amén. 

Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.

Efesios 4:32 (NTV)


lunes, 11 de noviembre de 2024

Evangelio del día


 

Carta de San Pablo a Tito 1,1-9.

Carta de Pablo, servidor de Dios y Apóstol de Jesucristo para conducir a los elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de la verdadera piedad,
con la esperanza de la Vida eterna. Esta Vida ha sido prometida antes de todos los siglos por el Dios que no miente,
y a su debido tiempo, él manifestó su Palabra, mediante la proclamación de un mensaje que me fue confiado por mandato de Dios, nuestro Salvador.
A Tito, mi verdadero hijo en nuestra fe común, le deseo la gracia y la paz que proceden de Dios, el Padre, y de Cristo Jesús, nuestro Salvador.
Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones.
Todos ellos deben ser irreprochables, no haberse casado sino una sola vez y tener hijos creyentes, a los que no se pueda acusar de mala conducta o rebeldía.
Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas,
sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí.
También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.


Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.


Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Carta del 15/07/1916 (Obras espirituales, antología de textos, san Pablo 1998, p.228)


“Perdónale”

    El amor consiste no en sentir que se ama, sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor : hay que llorar como san Pedro, arrepentirse como san Pedro, humillarse como él, como él decir también tres veces: “ Yo os amo, os amo, vos sabéis que a pesar de mis debilidades y pecados, os amo” (Jn 21,15s).
    En cuanto al amor que Jesús nos tiene, nos lo ha probado suficientemente como para que creamos en él sin sentirlo: sentir que le amamos y que nos ama, sería el cielo; el cielo no es, salvo raros momentos y raras excepciones, para aquí abajo.
    Recordemos con frecuencia la doble historia de las gracias que Dios nos hizo personalmente desde nuestro nacimiento y el de nuestras infidelidades; encontraremos... allí el motivo para perdernos en una confianza ilimitada en su amor. Nos ama porque es bueno, no porque nosotros somos buenos; ¿Acaso las madres no aman a sus hijos descarriados? Así encontraremos cómo profundizar en la humildad y la desconfianza en nosotros mismos. Procuremos redimir un poco nuestros pecados por el amor al prójimo, por el bien hecho al prójimo. La caridad hacia el prójimo, los esfuerzos por hacer el bien a otros son un remedio excelente que hay que utilizar ante las tentaciones: es pasar de la simple defensa al contraataque. (EDD)

Oración

Dios mío, qué felicidad me embarga cuando me dispongo a estar en tu presencia. Me gusta mucho poder conversar contigo y sentir que oyes todo lo que digo y que es tan importante para Ti. Me alegra saber que Tú eres mi Padre y puedes hacer por mí tantas cosas.

Bendito Señor, la vida es buena y está plagada de gente que nos hace bien, que desea lo mejor para nosotros, como nuestra familia y amigos, que siempre están preocupados porque nos vaya bien y velan por nuestra seguridad.

Pero hay también, Padre mío, gente que no siempre va por el camino de la bondad y que puede llegar a hacernos daño. Sus ofensas son tantas, Señor, que a veces nos sentimos heridos y pensamos que nunca vamos a olvidar todo lo que nos hicieron.

Dios mío, el sufrimiento que se padece cuando la ofensa llega a nuestras vidas es fuerte. Yo, Señor, he vivido con el daño que otros me han causado. Me han sucedido, Padre bendito, cosas malas que otros han hecho para dañarme, eso me ha hecho experimentar mucho dolor.

Quiero perdonar, Padre de bondad, quiero ser mejor cada día y despojarme de todas las cargas. Quiero olvidar las ofensas que antes han podido dañarme y ser un peso en mi vida solamente. Te pido, Dios mío, que me ayudes a perdonar. Te pido que me ayudes a olvidar.

Como yo, Padre de amor, hay tantos hermanos y hermanas míos en el mundo que necesitan liberarse del pesado yugo del rencor. Que no haya en sus vidas espacio para el resentimiento, Tú, Señor, sabes que sólo es feliz aquél que perdona y olvidar y lleva siempre en su interior amor para los demás.

Sé, Dios mío, que he causado yo también muchas ofensas a mi prójimo. Así como te pido que me ayudes a mí a perdonar y olvidar los malos momentos que otros me han hecho pasar, también te ruego que las demás personas a quienes mis equivocaciones han perjudicado, puedan perdonarme y entender que nunca fue mi intención ofenderlos así. Libéralos de tantas cargas, Dios hermoso.

Agradezco, Señor, todas las bendiciones en mi vida. Tanta abundancia de obsequios, Dios mío, sólo puede deberse a Tu inmenso amor. Eternamente tendrás mi gratitud, Padre, por todo aquello que me das para vivir una buena vida.

Y mis alabanzas son únicamente para Ti, Señor. Mi boca siempre te glorifica, siempre hablar de Tu inmenso poder y de tu bondad magnífica. Señor, alabado seas, por ser un Padre tan amoroso y dedicado a sus hijos e hijas.

Dame la capacidad de perdonar a quien pueda ofenderme, no quiero darle al resentimiento un lugar en mi corazón. Permite que sea siempre un ser de comprensión, una persona sencilla que no se ofenda con los errores de mi prójimo, sino que pueda enseñar a actuar mejor a quien lo necesite.

Bendito Padre, te agradezco por la oportunidad de poder orarte de este modo, tan sencillo y transparente. Tú me das la confianza para hablarte con sinceridad. Nada puedo ocultarte, Señor, Tú que lo sabes todo conoces mi corazón y mis anhelos más profundos.

En nombre de Jesús, te pido que oigas mis oraciones. Bendito seas, mi Dios. Tú sabrás, de acuerdo a Tu santa voluntad, cuándo será el preciso instante en que obrarás en mi vida. Así sea, Padre bueno. Amén.

(unidosenoración.org)

martes, 5 de marzo de 2024

Evangelio del día

Perdona a tu hermano

Libro de Daniel 3,25.34-43.

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza,
no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.
Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.
Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.
Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro.
No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia.
Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.


Salmo 25(24),4bc-5ab.6-7bc.8-9.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
Por tu bondad, Señor,
acuérdate de mi según tu fidelidad.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.


Evangelio según San Mateo 18,21-35.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio
Jesús Hijo Único del Padre, IIº (SC 203, Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org


¡Perdonar hasta setenta veces siete!

Cuando la Piedra te preguntó
cuántas veces debía perdonar a su hermano,
no dijiste “Siete veces”
sino “¡Cuatrocientas ochenta veces!”*
En ese número están contenidos los años de nuestra vida aquí,
los siete períodos de nuestra efímera vida:
durante todo el tiempo que estamos en este cuerpo
hay que perdonar al arrepentido.
Aunque yo fuera el último
en no perdonar al deudor,
por la naturaleza malsana de mi alma,
siendo imperfecto en el bien,
Si en mi se cumple por Ti
la palabra de tu mandamiento, a mí dirigido,
perdona mis faltas, mis deudas contigo,
más numerosas que los granos de arena del mar.
Que la ley de Setenta veces,
no sea sólo a mi medida, pobre que soy,
sino que tu ley se fortalezca,
según tu incontable misericordia.
* “490 veces” equivale a “70 veces 7”.


Oración

Padre nuestro ( y perdona nuestras ofensas...)

lunes, 13 de noviembre de 2023

Evangelio del día


 

Libro de la Sabiduría 1,1-7.

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen rectamente acerca del Señor y búsquenlo con sencillez de corazón.
Porque él se deja encontrar por los que no lo tientan, y se manifiesta a los que no desconfían de él.
Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el Poder puesto a prueba, confunde a los insensatos.
La Sabiduría no entra en un alma que hace el mal ni habita en un cuerpo sometido al pecado.
Porque el santo espíritu, el educador, huye de la falsedad, se aparta de los razonamientos insensatos, y se siente rechazado cuando sobreviene la injusticia.
La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo las palabras del blasfemo, porque Dios es el testigo de sus sentimientos, el observador veraz de su corazón, y escucha todo lo que dice su lengua.
Porque el espíritu del Señor llena la tierra, y él, que mantiene unidas todas las cosas, sabe todo lo que se dice.


Salmo 139(138),1-3.4-6.7-8.9-10.

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.
Antes que la palabra esté en mi lengua,

tú, Señor, la conoces plenamente;
me rodeas por detrás y por delante
y tienes puesta tu mano sobre mí;
una ciencia tan admirable me sobrepasa:
es tan alta que no puedo alcanzarla.
¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?

¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano

y me sostendría tu derecha.


Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Isaac de Stella (¿-c. 1171)
monje cisterciense
Sermón 31 : PL 194, 1792-1793


Perdonar siete veces cada día

    «Sobrellevaos mutuamente con amor» (Ef 4,2). Es la misma ley de Cristo. Cuando percibo que mi hermano tiene algo incorregible, a causa de dificultades o enfermedades físicas o morales ¿por qué no soportarle con paciencia, por qué no consolarle de todo corazón, tal como dice la Escritura: «Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán» (Is 66,12)? ¿Será porque me falta aquella caridad que lo soporta todo, que es paciente para aguantarlo todo, indulgente para amar? (cf 1Co 13,7). Sea como sea esta es la ley de Cristo que en su Pasión «ha llevado nuestros sufrimientos» y según su misericordia «ha cargado con nuestros dolores» (Is 53,4), amando a los que soportaba, soportando a los que amaba.
    Por el contrario, aquél que se muestra agresivo frente a su hermano que se encuentra con alguna dificultad, aquél que tiende una trampa a su debilidad, sea la que sea, manifiestamente se somete a la ley del diablo y la cumple. Seamos, pues, mutuamente compasivos y llenos de amor fraterno, soportemos las debilidades y persigamos los vicios... cualquier forma de vida que nos permita percatarnos muy sinceramente del amor a Dios y, por él, al amor del prójimo –sea cual sea el hábito y las observancias- es muy agradable a Dios. (EDD)

Oración de santa Faustina para tener un corazón misericordioso

“Oh Señor, deseo transformarme toda en tu misericordia y ser un vivo reflejo de ti. Que este supremo atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. (...)

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo (...)

Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.

Oh, Dios misericordioso que no nos desprecias, sino que continuamente nos colmas de tus gracias, nos haces dignos de tu reino y en tu bondad llenas con los hombres los lugares abandonados por los ángeles ingratos. Oh Dios de gran misericordia que has apartado tu santa vista de los ángeles rebeldes dirigiéndola al hombre arrepentido, sea honor y gloria a tu misericordia infinita.

Oh Jesús, deseo vivir el momento actual, vivir como si este día fuera el último de mi vida: aprovechar con celo cada momento para la mayor gloria de Dios, disfrutar de cada circunstancia de modo que el alma saque provecho. Mirar todo desde el punto de vista de que, sin la voluntad de Dios, no sucede nada. Oh Dios de misericordia infinita, abraza al mundo entero y derrámate sobre nosotros a través del piadoso Corazón de Jesús.

Oh Dios de gran misericordia, bondad infinita, hoy toda la humanidad pide, desde el abismo de su miseria, tu misericordia, tu compasión, oh Dios; y llama con la potente voz de la miseria. Dios indulgente, no rechaces la oración de los desterrados de esta tierra. Oh Señor, bondad inconcebible que conoces perfectamente nuestra miseria y sabes que por nuestras propias fuerzas no podemos ascender hasta ti, te imploramos, anticípanos tu gracia y multiplica incesantemente tu misericordia en nosotros para que cumplamos fielmente tu santa voluntad a lo largo de nuestras vidas y a la hora de la muerte. Que la omnipotencia de tu misericordia nos proteja de las flechas de los enemigos de nuestra salvación, para que, con confianza, como tus hijos, esperemos tu última venida. Amén”
























domingo, 13 de septiembre de 2020

Evangelio del día

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ChristianArt
Mateo 18, 21-35Para ser perdonado, debes perdonar
Perdón #2, Pintado por Muga Putra (nacido en 1963), Pintado en 2015, Óleo sobre lienzo © Muga Putra 
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.  Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.  Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’.

Comentario
Bulle
San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Encíclica  “Dives in misericordia”, § 14 (trad.  copyright Libreria Editrice Vaticana)

“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”
Cristo subraya con tanta insistencia la necesidad de perdonar a los demás que a Pedro, el cual le había preguntado cuántas veces debería perdonar al prójimo, le indicó la cifra simbólica de “setenta veces siete”, queriendo decir con ello que debería saber perdonar a todos y siempre.
Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia. La justicia rectamente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón. En ningún paso del mensaje evangélico el perdón, y ni siquiera la misericordia como su fuente, significan indulgencia para con el mal, para con el escándalo, la injuria, el ultraje cometido... la reparación del mal o del escándalo, el resarcimiento por la injuria, la satisfacción del ultraje son condición del perdón.
Así pues la estructura fundamental de la justicia penetra siempre en el campo de la misericordia. Esta, sin embargo, tiene la fuerza de conferir a la justicia un contenido nuevo que se expresa de la manera más sencilla y plena en el perdón. Este en efecto manifiesta que, además del proceso... que es específico de la justicia, es necesario el amor, para que el hombre se corrobore como tal. El cumplimiento de las condiciones de la justicia es indispensable, sobre todo, a fin de que el amor pueda revelar el propio rostro. La Iglesia considera justamente como propio deber, como finalidad de la propia misión, custodiar la autenticidad del perdón. (EDD)