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martes, 15 de abril de 2025

En Semana Santa, cambia tu vida como hizo Teresa de Jesús

 

La vida de santa Teresa de Jesús cambió radicalmente contemplando a Cristo y paso de ser una mediocre religiosa a una santa determinada. Esta semana santa, inspírate en ella

¿Quieres vivir una Semana Santa diferente? ¿Estás cansado de una vida monótona, de un cristianismo mediocre y aburrido?  Lo mismo pensó Teresa de Jesús.

Hoy cuesta imaginarlo, pero Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, a sus 39 años, edad de plena madurez para aquella época se sintió así.

En 1554, llevaba ya veinte años de religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación, donde convivía con una comunidad de más de cien monjas.

Teresa, reconoció que, en realidad, vivía una vida doble: en ciertos momentos quería entrar en una vida de oración; pero en otros, su vida se hacía anodina, sin sentido, anegada en la rutina de lo cotidiano. "Como las muchas", dice ella.  

La conversión

En su autobiográfico Libro de la Vida, lo recuerda así, en el capítulo 8:

"Buscaba remedio; hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios. Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese la vida".  

En ese momento, irrumpe la conversión de Teresa. Experimenta el encuentro personal con Cristo. Lo suscita la contemplación de la Pasión de Jesús y la conciencia del dolor y el sacrificio que afrontó por nuestro amor. Le ayuda en esta contemplación una imagen de Jesús tras la flagelación, el "Ecce Homo". Todo el ser de Teresa quedó sobrecogido. No fue simplemente una experiencia sentimental, sino un encuentro con Cristo íntimo, intenso, entrañable, muy real.

Ella lo cuenta así :

"Entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle".

(Libro de la Vida, capítulo 9, 1)

Así se desencadena su conversión. Al contemplar la Pasión de Jesús, descubre el amor de Dios total, sin filtros. Su vida cambia totalmente. Ahora ya no quiere amar a Dios para ganarse el cielo, o para salvarse del infierno. Está totalmente transformada. Ha encontrado por primera vez el verdadero amor de Cristo, que dio su vida por ella.  

La verdadera razón de ser cristiano

Cristo pasa a ser la única razón de su existencia: ya no es un elementos más en su vida, sino su único amor y su motor. De ahí surge la "determinada determinación" que llevaría a su cambio de vida. Si Teresa deja de ser una monja mediocre  y aburrida se lo debe a ese encuentro con Cristo. Su relación con Jesús pasa de meramente teórica a profundamente vivencial. Él le ha cambiado la vida.  

Por eso, en el relato autobiográfico del Libro de la Vida, terminado el capítulo de la conversión, irrumpe inmediatamente la experiencia mística de Teresa: ahora ama a Dios por el descarado amor que Él antes le ha demostrado. Ya no hay segundos fines en su amor a Cristo. La vida cristiana ya no consiste en cumplir normas. Esa es su verdadera conversión: amar a Dios únicamente por lo que me ama, por lo que es, puro amor.

Conoce más sobre las palabras de Santa Teresa sobre la pasión:


Matilde Latorre, Aleteia

Vea también      Obras completa de Santa Teresa de Jesús
















viernes, 15 de octubre de 2021

10 grandes aportaciones espirituales de Santa Teresa de Jesús a la Iglesia y al camino de santidad

Este viernes se celebra la fiesta de esta Doctora de la Iglesia,
santa, reformadora y mística

Santa Teresa, una de las grandes místicas y doctora de la Iglesia


Este viernes 15 de octubre la Iglesia celebra la fiesta de una de las grandes santas de la Iglesia y también de España. Se trata de Santa Teresa de Ávila, reformadora del Carmelo, mística y autora de grandes tratados de espiritualidad.

Apenas 15 días separan su fiesta de la de otra gran santa religiosa, Santa Teresita de Lisieux, también carmelita. ¿Qué tienen en común ambas además de ser mujeres santas y religiosas? Las dos son Doctoras de la Iglesia, honor que comparten sólo otras dos mujeres, Santa Catalina de Siena y Santa Hildegarda de Bingen.

Las dos Teresas fueron grandes contemplativas, y sobre todo grandes amantes de Cristo… y ambas tienen mucho que enseñar al pueblo de Dios y al mundo entero.

El padre Ed Broom, oblato de María Inmaculada y autor prolífico de temas devocionales y de evangelización, rinde homenaje a Santa Teresa de Jesús en Catholic Exchange destacando diez de sus grandes contribuciones a la Iglesia y a todo católico como un modelo de santidad.

1. Oración

Una de las señas de identidad clave de las alturas espirituales de Santa Teresa de Ávila es la importancia de la oración. Una de las lecciones que nos deja es precisamente la perseverancia en la oración. "Debemos tener la determinación decidida de nunca dejar de orar”, dijo la santa española.

Jesús enseñó esta verdad de suma importancia en la parábola de la insistente viuda y el juez. Esta viuda, debido a su obstinada y tenaz insistencia, finalmente ganó la ayuda de este juez de corazón frío. (Lucas 18: 1-8). Santa Teresa insiste en que nunca hay que rendirse en la oración. Una analogía: lo que el aire es para los pulmones, también lo es la oración para el alma. Los pulmones sanos necesitan aire puro y constante; el alma sana debe respirar constantemente a través de la oración: ¡el oxígeno del alma!

2. Definición de oración

Santo Tomás de Aquino ofrece un consejo sencillo pero muy sólido: define el tema antes de empezar a hablar de él. Al hacer esto se puede evitar mucha confusión. Santa Teresa de Jesús da una de las mejores definiciones clásicas de oración en la historia del catolicismo. "La oración no es más que pasar mucho tiempo a solas con la persona que sé que me ama". “¿Un breve resumen? ¡Dos amigos se aman! Jesús mismo llamó amigos a los apóstoles, ¡así que tú estás llamado a ser amigo de Jesús!”, explica el padre Broom.

Santa Teresa de Ávila

3. Amor por Jesús

Santa Teresa ofrece una pista para el crecimiento de la oración. Esta doctora de la Iglesia dijo que encontró muchas gracias meditando sobre la humanidad de Jesús. Pasar tiempo con Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre y entablar un coloquio con Él es un camino seguro para crecer en la oración. “¡Inténtalo!”, pide este sacerdote oblato.

San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales, insiste en pedir esta gracia: “Conocimiento íntimo de Jesús para que lo amemos más ardientemente y lo sigamos más de cerca”.

4. Amor por Jesús en sus sufrimientos

Parece ser un denominador común en muchos santos —la llamada a contemplar el amor de Jesús a través de su dolorosa Pasión— Padre Pío, Santa Catalina de Siena, Santa Faustina y Teresa de Ávila. Teresa tuvo una experiencia mística del Ecce Homo. Ella vio a Jesús con Su Cabeza coronada y esto la movió a un mayor amor por Jesús.

5. Espíritu Santo: el divino maestro en oración

En una ocasión la santa estaba realmente luchando con la oración y habló con un sacerdote jesuita para pedirle consejo sobre cómo superar su lucha. Su consejo fue simple y directo, ¡pero cambió su vida! El sacerdote insistió en rezar al Espíritu Santo. A partir de ese momento, siguiendo este gran consejo de confiar en el Espíritu Santo, la vida de oración de Teresa mejoró notablemente.

San Pablo a los Romanos reitera el mismo punto:  “De la misma manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad; porque no sabemos orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede con gemidos inefables ”. (Romanos 8:26). Por ello, el religioso oblato aconseja dejarse guiar por el mejor de todos los maestros, el Maestro Interior de la oración, el Espíritu Santo.

6. Dirección espiritual

Para lograr un crecimiento constante en la vida espiritual hay que tener alguna forma de dirección espiritual. Todo el mundo puede experimentar la ceguera espiritual. El diablo puede disfrazarse o camuflarse como ángel de luz. Y cuanto más alto se escala en la vida espiritual más sutiles son las tácticas y las seducciones del diablo, “que nos busca como un león rugiente listo para devorarnos” (I Pedro 5: 8-9).

Santa Teresa y San Juan de la Cruz

Junto a San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús emprendió la reforma del Carmelo

Durante el transcurso de su vida, Santa Teresa de Ávila recurrió a varios directores espirituales y algunos de ellos son ahora santos canonizados: San Juan de la Cruz (Carmelita), San Francisco de Borja (Jesuita), San Pedro de Alcántara (Franciscano), y, finalmente, Jerónimo Gracián, un conocido erudito y teólogo dominico. “Es cierto que todos no podemos tener tres santos canonizados y un brillante teólogo dominico para guiarnos, pero todos podemos y debemos encontrar alguna forma de dirección espiritual periódica”, afirma Ed Broom.

7. Conversión y reforma

Un hito importante en la vida de Santa Teresa de Ávila fue todo el concepto de conversión o reforma. Con San Juan de la Cruz ella fue el principal instrumento que Dios eligió para reformar la Orden Carmelita. Sin embargo, Teresa era muy consciente de esta verdad: para convertir a los demás se debe comenzar por uno mismo, ¡en esto trabajó durante todo el curso de su vida en la tierra!

8. Obras maestras espirituales: sus escritos

Sin duda una de las mayores contribuciones a la Iglesia y al mundo en general son los escritos u obras maestras espirituales de Santa Teresa de Ávila. Uno de sus temas básicos es el de la importancia de la oración y el esfuerzo por profundizar cada vez más en la oración hasta llegar a la Unión Mística con Jesús.

Cualquiera que se tome en serio su vida de oración debería conocer los escritos de Teresa y dedicar algún tiempo a leer algunos de ellos. ¿Cuáles son sus clásicos? Aquí están: Vida de la Madre Teresa de Jesús, Camino de la Perfección, Las moradas del Castillo Interior o Fundaciones, Además de estos textos también escribió muchas cartas inspiradoras. “¿Quieres convertirte en santo? ¡Lee y bebe de los escritos de los santos, especialmente de los Doctores de la Iglesia!”, recomienda el padre Broom.

9. La cruz como puente al cielo

Jesús dijo: "Cualquiera que quiera ser mi seguidor debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme".  Otro denominador común en la vida de los santos es la realidad de la cruz. San Luis de Montfort bendeciría así a sus amigos: "¡Que Dios los bendiga y les dé muchas cruces pequeñas!"

Santa Teresa vivió con un amigo constante: la cruz de Jesús. Su salud siempre fue muy frágil; casi muere cuando era muy joven. Además, para que Santa Teresa de Ávila llevara a cabo la Reforma del Carmelo sufrió constantes ataques y persecuciones por parte de muchas monjas del convento que preferían un estilo de vida más cómodo, de sacerdotes (carmelitas) y de otros eclesiásticos. En lugar de desanimarse confiaba aún más en el Señor con gozo.

10. Nuestra Señora y San José

Durante el transcurso de su vida religiosa, Santa Teresa de Ávila amó a la Santísima Virgen María, como es común en la vida de los santos. El título de su devoción mariana específica era Nuestra Señora del Monte Carmelo. Una forma de mostrar este amor a la Virgen es llevar el Escapulario del Carmen..

Además, Santa Teresa de Ávila cultivó un amor tierno y filial por San José. Atribuyó su recuperación de una enfermedad que casi acaba con su vida a la poderosa intercesión de San José. Además, a  cada nuevo convento que ella estableció le dio el nombre de  San José.

“Que la gran mujer Doctora de la Iglesia, Doctora en oración, Santa Teresa de Ávila, sea una inspiración constante para ti en tu propia peregrinación espiritual al cielo. ¡Que ella os anime a orar más y con mayor profundidad, a llegar a una conversión más profunda de corazón, y finalmente amar a Jesús en el centro y manantial mismo de vuestra vida!”, exhorta el padre Ed Broom.

J.L. / ReL

Vea también     Todas las obras de Santa Teresa de Jesús