| Santos Cosme y Damián , Beato Gaspar Stanggassinger |
Libro de Eclesiastés 11,9-10.12,1-8.![]()
| Alégrate, muchacho, mientras eres joven, y que tu corazón sea feliz en tus años juveniles. Sigue los impulsos de tu corazón y lo que es un incentivo para tus ojos; pero ten presente que por todo eso Dios te llamará a juicio. |
| Aparta de tu corazón la tristeza y aleja de tu carne el dolor, porque la juventud y la aurora de la vida pasan fugazmente. |
| Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días penosos y vengan los años en los que dirás: "No encuentro en ellos ningún placer"; |
| antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes cargadas de lluvia. |
| En aquel día temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los hombres vigorosos; se detendrán las moledoras, que ya serán pocas, y se oscurecerán las que miran por las ventanas; |
| se cerrarán las puertas de la calle, mientras declina el ruido del molino; cesará el canto de los pájaros y enmudecerán las que entonan canciones. |
| Entonces se temerán las cuestas empinadas y los terrores acecharán por el camino. El almendro estará florecido, se pondrá pesada la langosta y la alcaparra perderá su eficacia. Porque el hombre se va a su morada eterna, mientras las plañideras rondan por la calle. |
| Sí, acuérdate de él antes que se corte la hebra de plata y se quiebre la ampolla de oro, antes que se haga pedazos el cántaro en la fuente y se rompa la cuerda del aljibe; |
| antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es, y el aliento vuelva a Dios, porque es él quien lo dio. |
| ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Nada más que vanidad! |
Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.
| Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, |
| con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”. |
| Porque mil años son ante tus ojos |
| como el día de ayer, que ya pasó, |
| como una vigilia de la noche. |
| Tú los arrebatas, y son como un sueño, |
| como la hierba que brota de mañana: |
| por la mañana brota y florece, |
| y por la tarde se seca y se marchita. |
| Enséñanos a calcular nuestros años, |
| para que nuestro corazón alcance la sabiduría. |
| ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? |
| Ten compasión de tus servidores. |
| Sácianos en seguida con tu amor, |
| y cantaremos felices toda nuestra vida. |
| Que descienda hasta nosotros |
| la bondad del Señor; |
| que el Señor, nuestro Dios, |
| haga prosperar la obra de nuestras manos. |
Evangelio según San Lucas 9,43b-45.
| Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: |
| "Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres". |
| Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto. |
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
![]() | San Gregorio Magno (c. 540-604) |
Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor
| Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…) |
| “Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…) |
| Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración. (EDD) |
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Oración y Meditación
El Amor de Dios hecho Corazón humano
cambia nuestro corazón



