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domingo, 27 de julio de 2025

Celebrar el Domingo


 

Bulle

Benedicto XVI
papa 2005-2013
Homilía, en la celebración eucarística, de la 20 Jornada Mundial de la Juventud, 21/08/05


Hacer que Cristo sea el Señor de nuestro sabbat

La Eucaristía forma parte del domingo. En la mañana de Pascua, primero a las mujeres, después a los discípulos, el Señor les hizo la gracia de verle. Desde entonces han sabido que el primer día de la semana, el domingo, sería un día dedicado a Él, el día de Cristo. El día en que comenzó la creación sería el día de su renovación. Creación y redención van juntas.
Eso es lo que hace que el domingo sea tan importante. Es bueno que, en nuestros días, y en muchas de nuestras culturas, el domingo sea un día libre, o bien que, con el sábado, lleguen a constituir eso que llamamos ahora el «fin de semana» libre. De todas manera, ese tiempo libre, permanece vacío si Dios no está presente.
¡Queridos amigos! Alguna vez, al principio, puede ser que nos sea incómodo el deber de dejar un lugar para la Misa en el programa del domingo. Pero si tomáis este compromiso, podréis constatar también que es precisamente ella es la que da el justo centro al  tiempo libre. De ninguna manera os dejéis disuadir de participar en la Eucaristía del domingo, y ayudad también a los demás a descubrirla. Puesto que de ella se desprende el gozo del cual tenemos necesidad, seguramente hemos de aprender a comprender siempre y cada vez más, su profundidad, hemos de aprender a amarla. ¡Comprometámonos en este sentido, vale la pena! Descubramos la profunda riqueza de la liturgia de la Iglesia y su verdadera grandeza: no es que hagamos una fiesta para nosotros, sino todo lo contrario, es el mismo Dios viviente quien prepara una fiesta para nosotros.(EDD)

Oración

Gracias Señor por este nuevo día, la llegada del domingo nos recuerdo el inicio de una nueva semana, de un nuevo caminar, de cerrar etapas, la oportunidad de un caminar diferente. Dame Señor sabiduría para entender tu voluntad, para descubrir tus caminos. Dame fuerza de voluntad para saber abrazar mi cruz de cada día y aprender a verla como instrumento de salvación. Dame la gracia de saber poner el mayor amor posible en cada acción, en cada palabra, por pequeña que parezca, pues para ti Señor no hay obra pequeña, todo depende de la intensidad de amor con que se realiza. Muéstrame Señor el camino, dime por donde caminar, pues tú eres Señor nuestro refugio, el camino, la vida, Amén. (Pbro.Tavo).

(midiocesis)

















domingo, 16 de mayo de 2021

Seis consejos para aprovechar la verdadera gracia del domingo: no vivirlo como un día más

 

La vida de los Naughton cambió al pasar de dedicar los domingos al trabajo a vivir el día del Señor


Michael Naughton, a la izquierda, junto con su hija Clare Gooding, sus nietas Siena y Ruth
y Teresa, su mujer, a la derecha (The Catholic Spirit)

El domingo debe ser distinto, predica el matrimonio Naughton. Durante años, acostumbraron a vivir los domingos “como un día distinto, pero no necesariamente especial”. Michael, titulado en teología, había entregado su vida al trabajo, como directivo en una empresa de mecanismos de torsión y también como profesor e impulsor de un instituto de pensamiento social católico. Pero un día de 1999 sufrió un grave ataque de ansiedad. En ese momento, fue consciente de que su vida no debía ser definida sólo desde su vertiente laboral. Decidió empezar a “vivir la verdadera gracia del domingo”.

Un reportaje en Catholic Spirit expone los hábitos y costumbres de este matrimonio para recuperar la vivencia cristiana del domingo y su difusión desde Sunday Reclaimed.

“Un día de limpieza”

Michael Naughton y su esposa Teresa residen en Minnesota (Estados Unidos). El matrimonio ha contado como, durante años, “los domingos se vivían como una especie de día de la limpieza, para hacer las tareas del hogar, el trabajo que nos quedaba por hacer de la semana y meter la misa donde se podía”.

Para el matrimonio, “el domingo no era un día de trabajo como cualquier otro, pero la mentalidad era la misma”.

Explican que el principal problema de ver el domingo “como un día más” es que se puede instrumentalizar, reduciéndolo a una simple ayuda o preparación para la semana laboral. Un enfoque tan utilitarista, explica el matrimonio, puede apartar a las personas de la verdadera gracia del domingo, haciéndolas caer en la “tristeza dominical”.

Michael Naughton.

Michael Naughton, durante una entrevista en la Universidad Santo Tomás.

Cambiaron su vida tras un ataque de ansiedad

En 1999 Michael sufrió un ataque de ansiedad mientras trabajaba. Describe lo sucedido como humillante, pero especialmente lo consideró como una amenaza a su capacidad de hacer y trabajar.

Fue consciente de que dedicarse por entero al trabajo le estaba dejando insatisfecho e infeliz con su vida. El matrimonio reconsideró su forma de vivir el domingo de acuerdo con su fe y decidieron dejar de trabajar y madrugar este día de la semana para santificarlo.

Los efectos se notaron de inmediato” en su familia, explican. “Fue como la mañana del día de Navidad”.

El ocio dominical, ¿mucho más que descansar?

Los Naughton tuvieron “un cambio de mentalidad” y comprendieron que “el domingo se trata de descansar, pero es un descanso en el Señor, no un mero descanso de la actividad o la ausencia de trabajo”. De hecho, el matrimonio considera el ocio como “la base de la cultura”. “Es un hábito contemplativo que debe ser cultivado y encarnado”, siendo su mayor forma “la adoración”.

No practicar el verdadero ocio en domingo impide que el hombre tenga una comprensión verdadera y completa de sí mismo y de su necesidad de recibir a Dios, sin lo cual la incomodidad y la ansiedad que muchos experimentan el domingo es un resultado fácilmente predecible”.

Libro Getting Work Right, de Michael Naughton.

Seis hábitos para santificar y descansar en domingo

A partir de estas reflexiones, Michael Naughton escribió Getting Work Right, donde ofrece una serie de hábitos y prácticas para recuperar el domingo.

1º Un tiempo dedicado a adorar

Uno de los escritos del matrimonio explica en La restauración del tiempo para el Señor que así como los templos son espacios consagrados para Dios, el domingo es un tiempo dedicado a adorar, al culto y a dialogar con Dios.

2º Concebir el trabajo como un regalo

Las personas no pueden dar lo que no tienen, y esto se aplica al domingo no solo en el sentido de que no se pueda trabajar si no se ha descansado antes. También, y más importante, es que el trabajo no puede ser una donación personal a los demás, si las personas no han recibido antes su vida y habilidades como un regalo de Dios.

3º Cultivar el silencio: "Ayuno" de pantallas

En su libro, Michael expone como generalmente su familia “ayuna” de pantallas y tecnología los domingos. En lugar de despertarse temprano para escribir o trabajar, lo hace para comenzar el día como una oración prolongada y si se le ocurre algo sobre su trabajo, lo apunta en un papel en lugar de abrir su ordenador.

4º Ordenar el día en torno a la misa

Celebrar el domingo se trata de afirmar la bondad del Señor, y el centro de esta celebración es la misa. La preparación para una misa bien aprovechada comienza rezando con las lecturas dominicales durante la semana. Teresa camina hacia la iglesia como si fuera una pequeña peregrinación. Eso le permite reflexionar y preparar la misa.

5º Cultivar la alegría, con oración y en familia

Para los Naughton, la alegría no solo reside en la liturgia del domingo. También tratan de comenzar y acabar el día con una oración, y viven el día como una fiesta con grandes desayunos, juegos de mesa, libros, paseos al aire libre o haciendo deporte con amigos y familiares.

6º Obras de caridad, tratar con otros, evangelizar

También se preocupan de cumplir la práctica tradicional de la caridad en domingo. Esto puede incluir desde ir a un voluntariado en comedores sociales o albergues de personas sin hogar, llamar a un miembro de la familia que esté solo en su casa o simplemente invitar a otras personas a comer, lo que puede ser también una “poderosa herramienta para evangelizar”.

Proteger el domingo es proteger tu matrimonio

El matrimonio asegura que los resultados de celebrar el domingo fueron inmediatos en sus vidas.

“Una vez que empiezas, te encuentras con que tienes tiempo para hacer todas las cosas que necesitas hacer, mientras que otras pierden su importancia”, explica Teresa. “Cuando proteges el domingo, proteges tu relación con el Señor y proteges a tu familia y tu matrimonio”, concluye Michael. “Y necesitamos mucha protección”. 

J. M. Carrera / ReL


Vea también    Celebrar el Domingo y las Fiestas de la Iglesia (escoja el tema que más le ayudará)



sábado, 16 de mayo de 2020

Cómo celebrar en casa el 17 de mayo, sexto domingo de Pascua

La celebración de la Resurrección de Jesús continúa en las siete próximas semanas de Pascua hasta culminar en Pentecostés. Durante este tiempo de confinamiento Aleteia, en colaboración con la revista Magnificat, sigue ayudándole a celebrar la Palabra de Dios en casa.
FAMILY PRAYERS

Guía general a la celebración
  • Si usted se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (que también podrá encontrar en esta guía) o seguir la misa por televisión o en Aleteia a través de esta página especial creada por Aleteia para Semana Santa. Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.
  • Puede escogerse el horario más conveniente, entre la tarde del sábado hasta la tarde del domingo.
  • Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos. En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.
  • Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando las distancias establecidas por las autoridades.
  • En la medida de lo posible se renovará la decoración del espacio de oración: estatuas, imágenes, iconos, velas, flores… Para subrayar el carácter festivo, se podrán añadir dibujos de los niños, flores de papel, huevos de colores, e incluso bellas guirlandas de Navidad.
  • Una cruz o un crucifijo deberá siempre ponerse en el fondo.
  • Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.
  • Se designa a una persona para dirigir la oración, quien establecerá la duración de los momentos de silencio y preparará la celebración.
  • Se designan los lectores para las diferentes lecturas.
  • Los presentes pueden preparar las oraciones de los fieles (aquí se propone una fórmula). Se pueden preparar cantos apropiados.

*
*    *

SEXTO DOMINGO DE PASCUA
Celebración de la Palabra“Si me aman, cumplirán mis mandamientos”, dice el Señor

Nos sentamos.  La persona que guía la celebración toma la palabra:
Hermanos y hermanas,
en el Evangelio de Juan, Jesús nos dice este domingo:
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos”.
Amar a Jesús quiere decir
amarle como él quiere que le amemos,
no como a nosotros se nos antoja.  
¿A qué mandamientos se refiere?
Hay uno que conocemos bien,
 el “mandamiento nuevo”,
que Él nos dejó como testamento:
“Ámense unos a otros; como yo los he amado”.
Ahora bien, para que podamos amarle de verdad
Jesús nos pide que vivamos sus “mandamientos”, en plural…
¿Acaso Jesús nos ha dejado otro mandamiento nuevo?
En su primera carta, el apóstol Juan
nos ilumina sobre el segundo mandamiento de Jesús.
En realidad, se trata de su primer mandamiento.
Este primer mandamiento nuevo consiste en creer en Él,
como Hijo de Dios y como Salvador nuestro.
Hermanos y hermanas,
en estos días en los que nuestro amor a Jesús
no puede recibir la Comunión, su presencia real,
escuchemos lo que nos dice en su Evangelio
para que podamos tener la certeza de demostrarle nuestro amor.
El guía hace una pausa de un minuto de silencio y continúa diciendo:
Jesús,  hijo de Dios, Salvador nuestro,
en este domingo no podemos
celebrar la Eucaristía,
pero tú nos pides actualizarla
amándonos los unos a los otros
como tú nos has amado.
R/. Amén
Después de un momento de silencio,
todos hacen la señal de la cruz, diciendo: 
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
El guía de la celebración sigue diciendo: 
Para prepararnos a acoger la Palabra de Dios
y de este modo se convierta en motivo de purificación para todos nosotros,
reconozcamos con humildad nuestros pecados.
Sigue el rito penitencial:
Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.Muéstranos, Señor, tu misericordia.Y danos tu salvación.
Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados,
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
Se pronuncia o canta:
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Recitamos el Gloria.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. 
Amén.
Gloria in excelsis Deo,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Laudamus te,
Benedicimus te,
Adoramus te,
Glorificamus te,
Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,
Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.
Domine fili unigenite, Jesu Christe,
Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.
Quoniam tu solus sanctus,
Tu solus Dominus,
Tu solus Altissimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.
ORACIÓN
El guía de la celebración recita la siguiente oración:
Dios todopoderoso,
concédenos continuar celebrando
con incansable amor
estos días de tanta alegría
en honor del Señor resucitado,
y que los misterios que hemos venido conmemorando
se manifiesten siempre en nuestras obras.
Por Jesucristo nuestro Señor,R/. Amén

Nos sentamos. El lector asignado lee la primera lectura.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 5-8. 14-17)
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.
El mismo lector u otro asignado lee el Salmo 65.
SALMO RESPONSORIAL
Las obras del Señor son admirables.Aleluya.
R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que aclame al Señor toda la tierra.
Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza,
digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.
R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que se postre ante ti la tierra entera
y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor,
los prodigios que ha hecho por los hombres.
R/. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.
El transformó el mar Rojo en tierra firme
y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud:
El Señor es eterno y poderoso.
R/. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.
Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su gracia.
R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.

El lector encargado de la segunda lectura se levanta para leer,
mientras el resto de la asamblea permanece sentado.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3, 15-18)
Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.
Palabra de Dios.

R/. 
Te alabamos, Señor.
EVANGELIO
Para aclamar el Evangelio, cantamos el Aleluya triunfal.
Todos se ponen de pie.
R/. Aleluya, aleluyaaleluya.
“El que me ama, cumplirá mi palabra”, dice el Señor;
“y mi Padre lo amará y vendremos a él”.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
El lector establecido lee el Evangelio,
mientras los presentes permanecen de pie.
Lectura del santo evangelio según san Juan (14, 15-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Todos aclaman:
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
Todos se sientan. El guía repite lentamente,
como si se tratara de un eco lejano:
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos”, dice el Señor.
Permanecemos tres minutos en silencio de meditación personal.  
Nos levantamos para profesar el Credo.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Si los presentes han preparado las intenciones de oración, pueden presentarlas en este momento.
Si no se han preparado, pueden elevarse estas oraciones que aquí presentamos. El guía de la celebración dice:
Hermanos, alegres por la resurrección del Señor Jesús, oremos junto a toda la Iglesia diciendo:
R/. Te rogamos, óyenos.
Para que la Iglesia contribuya a la promoción y liberación evangélica de nuestra sociedad. Oremos al Señor.
R/. Te rogamos, óyenos.
Para que, con actitud de misericordia, el Papa y nuestro obispo testifiquen que Cristo ha vencido el pecado y nos ha merecido la vida verdadera. Oremos al Señor.

R/. 
Te rogamos, óyenos.
Para que el Espíritu Santo derrame abundantemente sus dones en los que han sido incorporados a la Iglesia y los haga testigos del evangelio. Oremos al Señor. R/ Para que exista entendimiento entre todos los hombres, naciones y razas. Oremos al Señor.
R/. Te rogamos, óyenos.
Para que los misioneros, médicos, maestros y todos los que sirven a los más necesitados experimenten su recompensa en Cristo. Oremos al Señor.
R/. Te rogamos, óyenos.
Para que nuestro amor sea generoso y no pongamos barreras a lo que la caridad nos exige. Oremos al Señor.
R/. Te rogamos, óyenos.
Pueden elevarse otras intenciones de oración. A continuación, el que guía la celebración dice:
Escucha nuestras oraciones, Señor, enséñanos a amar y a permanecer unidos a ti, para que un día podamos disfrutar de la gloria que Cristo nos mereció. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

PADRE NUESTRO
El que guía la celebración introduce el Padre Nuestro.
Fieles a la recomendación del Salvador,
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
Se reza o canta el Padre Nuestro:
Padre nuestro,que estás en el cielo,santificado sea tu nombre;venga a nosotros tu reino;hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.Danos hoy nuestro pan de cada día;perdona nuestras ofensas,como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;no nos dejes caer en la tentación,y líbranos del mal.
E inmediatamente todos proclaman:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
El guía sigue diciendo:
Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.
Todos intercambian un gesto de paz. Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios.Nos sentamos.
COMUNIÓN ESPIRITUAL
El guía dice:
Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.
El Concilio de Trento nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.
El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.
Podemos ahora  inclinar la cabeza,
cerrar los ojos y recoger nuestro espíritu.
Pausa en silencio
En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.
Permanecemos cinco minutos en silencio en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos aclamar o cantar el Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.
ORACIÓN DE BENDICIÓN
Todos juntos mirando hacia la cruz,
piden la bendición del Señor:
La persona que guía la celebración, con las manos juntas, 
pronuncia en nombre de todos la fórmula de la bendición:
Que el Señor nos bendiga
y nos guarde.
R/. Amén.
Que el Señor nos mire con agrado
y nos cubra con su amor.
R/. Amén.
Que el Señor nos muestre su favor
y nos conceda la paz.
R/. Amén.
Todos hacen el signo de de la cruz. Los padres podrán trazarlo en la frente de sus hijos.
Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.

Regina caeli, laetare, alleluia,
quia quem meruisti portare, alleluia,
resurrexit sicut dixit, alleluia;
ora pro nobis Deum, alleluia.
Reina del cielo, alégrate, aleluya.
Porque aquel a quien mereciste llevar, aleluya,
resucitó según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.