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lunes, 26 de septiembre de 2022

Evangelio del día

Evangelio según San Lucas 9,46-50.

Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande".
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros".
Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, n°15, 6-7


« Venid y aprended de mí» (Mt 11,29)

Los grandes en la fe de ninguna manera se vanagloriaban del poder que tenían de obrar maravillas. Confesaban que no eran sus propios méritos los que actuaban sino que era la misericordia del Señor la que lo había hecho todo. Si alguien se admiraba de sus milagros, rechazaban la gloria humana con estas palabras tomadas de los apóstoles: «Hermanos, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste?» (Hch 3,12). Nadie, a su juicio, debía se alabado por los dones y maravillas que sólo son propias de Dios...
Pero sucede, a veces, que hombres inclinados al mal, reprobables por lo que se refiere a la fe, echan demonios y obran prodigios en nombre del Señor. Es de esto que un día los apóstoles se quejaron al Señor: «Maestro, decían, hemos visto un hombre que echa a los demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido porque no es de los nuestros». Inmediatamente Cristo respondió: «No se lo impidáis, porque el que no está contra vosotros está con vosotros». Pero cuando al final de los tiempos esta gente dirá: «Señor, Señor, ¿no es en tu nombre que hemos profetizado? ¿No hemos echado demonios en tu nombre? ¿Y en tu nombre hemos hecho muchos milagros?» él asegura que replicará: «Nunca os he conocido; alejaos de mí, malvados». (Mt 7,22s).
A los que ha concedido la gloria de los signos y milagros, el Señor les advierte de no creerse mejores a causa de ello: «No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos» (Lc 10,20). El autor de todos los signos y milagros llama a sus discípulos a recoger su doctrina: «Venid, les dice; y aprended de mí» –no a echar a los demonios por el poder del cielo, ni a curar leprosos, ni a devolver la vista a los ciegos, ni a resucltar a los muertos, sino que dice: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-29). (EDD)

Oración

Aquí estoy, Señor, para darte ese tiempo de mi vida, que es muy poco, comparado con el tiempo que siempre tengo para trabajar, para distraerme y pasear. Es muy poco pero quiero que sea tuyo y que será el mejor de mi tiempo porque es para ti.

Dame paz, tranquilidad. Auséntame de todas mis preocupaciones, quedarme vacía de todos los problemas y dolores que llevo en mi alma, muchas veces causados por mi equivocado proceder, y entregarme de lleno a ti.

Desconéctame, Señor, de las cosas de mi vida que tanto amo.... quiero que tu me ayudes a encontrar esa "perla escondida" que es aprender a vivir en la humildad.

A veces pienso, al acercarme a ti, que es el único momento en que siento mi nada, mi pequeñez, porque cuando te dejo y me voy a mis ocupaciones me parece que piso firme, que hago bien las cosas, muchas de ellas, muy bien y casi sin darme cuenta reclamo aplausos, reclamo halagos y me olvido de ser humilde, de aceptar, aunque me duela, mis limitaciones, mis errores, mis faltas y defectos de carácter, que siempre trato de disimular para que no vean mi pequeñez y cuando llega el momento de pedir perdón... ¡cómo cuesta! Qué difícil es reconocer que nos equivocamos, qué juzgamos mal, que lastimamos y rogar que nos perdonen.

Ante ti, Señor, buscando alcanzar esa HUMILDAD, que tanta falta me hace, me atrevo a rezarte la hermosa:

ORACIÓN POR LA HUMILDAD

Señor Jesús, manso y humilde.
Desde el polvo me sube y me domina esta sed de que todos me estimen, de que todos me quieran.
Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la humildad,mi Señor manso y humilde de corazón.

No puedo perdonar, el rencor me quema, las críticas me lastiman, los fracasos me hunden, las rivalidades me asustan.

No se de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad, no ceder, sentirme más que otros... Hago lo que no quiero. Ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

Dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y aceptar cuando me corrijan. Dame la gracia, poder, con tranquilidad, criticarme a mí mismo.

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios, olvidos e indiferencias de otros. Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz, cuando no figuro, no resalto ante los demás, con lo que digo, con lo que hago.

Ayúdame, Señor, a pensar menos en mi y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo, dame la gracia de ir adquiriendo, poco a poco un corazón manso, humilde, paciente y bueno.

Cristo Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Así sea.

(P. Ignacio Larrañaga)

(Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net)


























sábado, 14 de agosto de 2021

Evangelio del día

 

Mateo 19:13-15
No impidáis que los niños vengan a mí
Niños jugando al aire libre,
Cuadro de Georg Vihelm Pauli (1855-1935),
Pintado en 1882,
Óleo sobre lienzo
© Bukowskis, Estocolmo
La gente traía niños pequeños a Jesús, para que les impusiera las manos y rezara una oración. Los discípulos los rechazaron, pero Jesús les dijo: "Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos es de los que están en su lugar". Luego les impuso las manos y siguió su camino.

Comentario


Bulle

Salviano de Marsella (c. 400-c. 480)
presbítero
Del Gobierno de Dios


“Dejad que los niños se acerquen a mi”

Dios es la fuente y el origen de todo; porque en él, está escrito,
“tenemos la vida, el movimiento y el ser" (Hch. 17,28), y de él es, también, de quien procede todo el amor con el amamos a nuestros hijos. Todo el universo y todo el género humano son hijos de su Creador, y así, por el amor con que amamos a nuestros hijos, quiso que comprendiéramos cuánto ama él a sus hijos. Ya que está escrito que "los hombres, con su inteligencia,... pueden ver, a través de las obras de Dios, lo que es invisible en él" (Rm 1,20).
Quiso así darnos a entender su amor para con nosotros, por el amor que nos dio hacia nuestras obras. Y así como está escrito que "quiso que toda paternidad en el cielo y sobre la tierra tomara su nombre" (Ef. 3,15), así quiso que reconociéramos en él el amor de un padre hacia nosotros. ¿Y qué digo, de este padre? Su amor es mucho más grande que el de un padre. Nos lo demuestran estas palabras del Salvador en el Evangelio: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para dar vida al mundo" (Jn 3,16). Y el apóstol Pablo dice también: "Dios no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará todo, con él?" (Rm 8,32) (EDD)

Oración a San Maximilianos Kolbe cuya memoria celebramos hoy

ú que, en perfecta imitación del divino Salvador, has alcanzado tan alto grado de caridad para ofrecer, en sublime testimonio de amor, tu vida para salvar aquella de un hermano prisionero, intercede ante el Señor por la gracia que confiadamente te pedimos:

(Debes mencionar la gracia que deseas alcanzar)

Y, animados por el mismo ardor de caridad, podamos también nosotros con la fe y las obras, dar testimonio de Cristo ante nuestros hermanos, para alcanzar junto a ti, la posición beatificante de Dios en la luz de la gloria eterna. Amén.