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miércoles, 8 de julio de 2026

Evangelio del día Miércoles 14a. Semana TO

 


Santos monjes abrahamitas , San Gregorio GrassiMás...

Libro de Oseas 10,1-3.7-8.12.

Israel era una viña exhuberante, que producía su fruto. Cuanto más se multiplicaban sus frutos, más multiplicaba él los altares; cuanto mejor le iba al país, mejores hacía él las piedras conmemorativas.
Su corazón está dividido, ahora tendrán que expiar: el mismo Señor destrozará sus altares, devastará sus piedras conmemorativas.
Seguramente dirán entonces: "No tenemos rey, porque no hemos temido al Señor. Pero el rey ¿que podría hacer por nosotros?".
¡Samaría está completamente perdida! Su rey es como una astilla sobre la superficie de las aguas.
Los lugares altos de Aven, el pecado de Israel, también serán destruidos; espinas y cardos invadirán sus altares. Ellos dirán entonces a las montañas: "Cúbrannos", y a las colinas: "¡Caigan sobres nosotros!".
Siembren semillas de justicia, cosechen el fruto de la fidelidad, roturen un campo nuevo: es tiempo de buscar al Señor, hasta que él venga y haga llover para ustedes la justicia.


Salmo 105(104),2-3.4-5.6-7.

Canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!

¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.


Evangelio según San Mateo 10,1-7.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;
Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Oración por las vocaciones en la 35 Jornada mundial de las vocaciones, 3 de mayo 1998


«A estos doce los envió en misión»

Espíritu eterno de Amor,
que procedes del Padre y del Hijo,
te damos gracias por todas las vocaciones
de apóstoles y de santos que han fecundado a la Iglesia.
Te pedimos que continúes tu obra.
Acuérdate del momento en que, en Pentecostés
has descendido sobre los apóstoles reunidos
en oración con María, la madre de Jesús,
y mira a tu Iglesia que hoy
tiene particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia,
que tiene necesidad de hombres y mujeres consagrados
que irradien el gozo de aquellos que viven sólo por el Padre,
de aquellos que hacen suya la misión y la ofrenda de Cristo,
de aquellos que construyen, en la caridad, el mundo nuevo.
Espíritu Santo, Fuente eternal de gozo y de paz
eres tú quien abre el corazón y el espíritu a la llamada divina;
eres tú quien vuelve eficaz todo impulso hacia el bien,
hacia la verdad, hacia la caridad.
Tus gemidos inexpresables
elevan al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre el corazón y el espíritu de hombres y mujeres jóvenes,
a fin de que una nueva floración de santas vocaciones
muestre la fidelidad de tu amor,
y que todos lleguen a conocer a Cristo,
la luz verdadera venida al mundo
para ofrecer a cada ser humano
la esperanza segura de la vida eterna. Amén
(EDD)

Reflexión sobre el grabado antiguo

Desde el comienzo de su ministerio público, Jesús había ido atrayendo a la gente hacia sí y formando una comunidad de discípulos. En el Evangelio de hoy, elige a doce de entre este grupo más amplio y les confía una participación especial en su misión. La elección de los doce no es casual. Recuerda a las doce tribus de Israel. A los doce apóstoles se les concedieron privilegios únicos: viajaban con Jesús, escuchaban sus enseñanzas de cerca, eran testigos de sus milagros y recibían autoridad en su nombre. Sin embargo, cuando llegó la hora de la Pasión, sus debilidades quedaron al descubierto. Huyeron, Pedro negó conocerlo, Judas lo entregó y la mayoría ni siquiera se acercó a la cruz. A pesar de todo lo que habían recibido, les costó mucho mantenerse fieles cuando ser discípulos se convirtió en algo que les exigía un gran sacrificio.


Su fracaso nos recuerda que la llamada de Dios nunca anula la libertad humana. El Señor nos invita, nos guía y nos prepara, pero no puede obligarnos a responder. También nosotros podemos sentir nuestro corazón dividido, en conflicto entre la fidelidad y el interés propio, entre el valor y el miedo. Sin embargo, el Evangelio no termina con el fracaso de los Doce. Tras la Resurrección, Jesús volvió a buscarlos, restableciendo su amistad con él y confiándoles de nuevo su misión. Su historia revela una profunda verdad sobre el Señor: aunque respeta nuestra libertad, incluso cuando le fallamos, nunca deja de ser fiel a nosotros. Su misericordia es siempre mayor que nuestra debilidad.


Nuestro fascinante grabado, «Las doce tribus acampadas alrededor del Tabernáculo», fue realizado hacia el año 1700 por el grabador alemán Johann Christoph Weigel. Representa al pueblo de Israel reunido alrededor del Tabernáculo durante sus cuarenta años de peregrinaje por el desierto tras el Éxodo de Egipto. Tras la entrega de los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, Dios ordenó a Moisés que construyera el Tabernáculo: una tienda sagrada que serviría de morada de la presencia de Dios entre su pueblo. A diferencia de los templos posteriores, construidos en piedra, el Tabernáculo era portátil, lo que le permitía acompañar a los israelitas en su viaje. En su centro se encontraba el Santo de los Santos, que albergaba el Arca de la Alianza, lo que lo convertía en el centro espiritual de la vida y el culto de Israel.


La obra de Weigel muestra con detalle las doce tribus dispuestas alrededor de este santuario sagrado, según las instrucciones que figuran en el Libro de los Números. La imagen transmite de forma hermosa cómo Dios no se limitaba a guiar a su pueblo desde la distancia, sino que moraba en medio de ellos, en el tabernáculo. Para nosotros, los cristianos, esta imagen también apunta hacia el Evangelio. Cuando Jesús eligió a los doce apóstoles, hizo deliberadamente un guiño a las doce tribus de Israel, indicando que estaba reuniendo a un pueblo de Dios renovado a su alrededor. Al igual que las tribus acampaban alrededor del Tabernáculo con la presencia de Dios en su centro, así los apóstoles se reunían ahora en torno al propio Cristo, el verdadero Tabernáculo, el Emmanuel, “Dios con nosotros”.» Por lo tanto, la lámina se convierte en algo más que un mapa de un antiguo campamento; es un recordatorio visual de que el pueblo de Dios encuentra su unidad cuando se reúne en torno a Él.

by Padre Patrick van der Vorst


Oración

(La de san Juan Pablo II)

miércoles, 9 de julio de 2025

Evangelio del día

 


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Libro de Génesis 41,53-57.42,5-7a.17-24a.

Entonces terminaron los años en que Egipto gozó de abundancia,
y comenzaron los siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en Egipto había alimentos.
Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: "Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga".
Como el hambre se había extendido por todo el país, José abrió los graneros y distribuyó raciones a los egipcios, ya que el hambre se hacía cada vez más intensa.
Y de todas partes iban a Egipto a comprar cereales a José, porque el hambre asolaba toda la tierra.
Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba hambre.
José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra.
Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. "¿De dónde vienen?", les preguntó. Ellos respondieron: "Venimos de Canaán para abastecernos de víveres".
E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.
Al tercer día, José les dijo: "Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre temeroso de Dios.
Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de sus familias.
Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán". Ellos estuvieron de acuerdo.
Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: "¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia".
Rubén les respondió: "¿Acaso no les advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre".
Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete.
José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos.

Salmo 33(32),2-3.10-11.18-19.

Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

El Señor frustra el designio de las naciones
y deshace los planes de los pueblos,
pero el designio del Señor
permanece para siempre,

y sus planes, a lo largo de las generaciones.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Evangelio según San Mateo 10,1-7.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;
Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Benedicto XVI
papa 2005-2013
Audiencia general del 10•05•06


“Instituyó a doce”

El Señor empezó convocando a los Doce en quienes quedaba representado el futuro Pueblo de Dios. Fieles al mandato recibido del Señor, los Doce, después de la Ascensión..., asocian progresivamente a otras personas para las funciones que les había confiado a fin de que continúen su ministerio. A Pablo le llama el mismo Resucitado (Gal 1,1)... Es por ahí que continuará el ministerio que, posteriormente, a partir de la segunda generación, se llamará ministerio episcopal, el ministerio de los obispos... Así la sucesión, dentro de la función episcopal, se presenta como una continuidad del ministerio de los apóstoles, que garantiza la perseverancia en la Tradición apostólica, Palabra y vida, confiada por el Señor.
El lazo de unión entre el colegio de los obispos y la comunidad original de los apóstoles se entiende, ante todo, en la línea de la continuidad histórica. Tal como lo hemos visto a los Doce se les asocian primero Matías, después Pablo, después Bernabé, después otros, hasta que queda formado el ministerio del obispo... Y la garantía de la perseverancia en la comunidad eclesial se encuentra en la continuidad de la sucesión, del colegio apostólico reunido entorno a él por Cristo.
Pero esta continuidad... deber ser igualmente comprendida en un sentido espiritual, porque la sucesión apostólica en el ministerio debe ser considerada como el lugar privilegiado de la acción y la transmisión del Espíritu Santo. Tenemos un eco claro de estas convicciones en el siguiente texto de san Ireneo de Lión: “La tradición de los apóstoles, manifestada en el mundo entero, se muestra en cada Iglesia a todos los que quieren ver la verdad y podemos enumerar los obispos establecidos por los apóstoles en las Iglesias y sus sucesores hasta nosotros... [Los apóstoles] quisieron, en efecto, que los que dejaban como sucesores, transmitiéndoles su propia misión de enseñar, fueran absolutamente perfectos e irreprensibles en todo.  (EDD)

Reflexión sobre el dibujo

Ayer oímos a Jesús instarnos a ayudar a segar los campos. El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús enviando a sus discípulos a hacer precisamente eso. Esta es también nuestra vocación. En el Evangelio, Jesús llama a cada discípulo por su nombre; y también nos llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre. Nos confía su misión, pidiéndonos no sólo SER discípulos, sino también HACER discípulos. Ambos no pueden separarse. No basta con vivir nuestra fe en silencio; también estamos llamados a compartirla, a atraer a otros a la alegría del Evangelio a través de nuestro testimonio.

Sin embargo, en la cultura actual, puede resultar tentador suavizar o diluir el mensaje del Evangelio para hacerlo más aceptable. Podemos temer alejar a la gente en una sociedad altamente secularizada. Pero el mensaje de Cristo no es un mensaje de comodidad y conveniencia; es radical y transformador. Nuestra tarea no consiste en adaptar Su Palabra al mundo, sino en permitir que Su Palabra nos adapte a nosotros y, a través de nosotros, al mundo.

¿Y cómo hacemos discípulos? No existe una fórmula. La forma más poderosa es a través del testimonio auténtico, viviendo nuestra fe de forma coherente y visible. Un padre que modela amor cristiano y paciencia a sus hijos, un jefe que dirige con integridad y compasión, un político guiado por la justicia y la humildad. Estamos llamados a ser testigos en los mismos lugares en los que Dios nos ha plantado.

Esto me lleva a la obra de arte de hoy: La cama deshecha de Adolph Menzel (1845). Hay una fuerza silenciosa pero impactante en este sencillo dibujo. Recuerdo que en el internado benedictino al que asistí entre los 11 y los 18 años me decían que dejar la cama sin hacer reflejaba pereza; hacerla era el primer pequeño testimonio del día, una forma de marcar la pauta de cómo viviríamos las horas siguientes. Del mismo modo, los pequeños hábitos de nuestra vida cotidiana (actos de bondad, momentos de oración, palabras de verdad) son los que nos configuran como testigos creíbles. Si nos ocupamos fielmente de las cosas pequeñas, estaremos mejor preparados para dar testimonio de las cosas más grandes, y así ayudar a hacer discípulos, no sólo por lo que decimos, sino por cómo vivimos.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

“Oh Dios, Padre Todopoderoso y Eterno,
en el Nombre de Jesús
y por Intercesión de María Santísima,
te pido el Espíritu Santo”.

(Claudio de Castro, Aleteia)

sábado, 26 de abril de 2025

Evangelio del día


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,13-21.

Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús,
pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.
Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar,
diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén.
A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre".
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús.
Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios.
Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído".
Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.


Salmo 118(117),1.14-15.16ab-18.19-21.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.

“La mano del Señor hace proezas,
La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,

pero no me entregó a la muerte.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.


Evangelio según San Marcos 16,9-15.

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon en honor de la cruz y la Resurrección (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org


¡Cristo verdaderamente resucitó!

Señor, te revestiste de mi pobreza, libremente has descendido hasta la cruz y la pasión, para hacerme don de la Vida incorruptible y crearme a nuevo, gracias a la sangre de tu costado divino. Me acordaste así tu impasibilidad, tú que habías sufrido la pasión.
Viéndote, Salvador, sufrir en tu esencia humana sobre el leño de la cruz, la Virgen, oh Cristo, exclamó entre lágrimas: “¡No hagas desaparecer la dignidad de madre y servidora, tú que sin simiente de hombre te has hecho hombre en mi seno, oh Verbo, para arrancar el mundo a la corrupción!”
Muerto, ¡Cristo resucitó y a los muertos acorda la resurrección! Todas las naciones guarden coraje, ya que verdaderamente ha devenido Rey de toda la tierra. De Él, era y será el poder y la fuerza regia, ahora y en todos los siglos.
A la aurora, las mujeres Miróforas -Portadoras de perfumes- fueron con aromáticos a buscar un cadáver, para ungir con mirra, oh Cristo, tu cuerpo vivificante. Pero tú te levantaste ante ellas, viviente, con estas palabras: “Al Hades que devoraba todo, lo he dominado, y resucité a todos los que retenía”.
El ladrón rinde homenaje al Rey, José exulta con las santas mujeres, todos celebran como Dios al Verbo, al Resucitado que ha llevado a Tomás hasta la fe y acordó el Espíritu Santo a sus discípulos, por los siglos.


Reflexión sobre el cuadro

En la lectura del Evangelio de hoy, oímos cómo Cristo resucitado se aparece a sus discípulos y les encarga que vayan por el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. Es un momento fuerte de confianza y de envío, en el que los discípulos dejan de ser simples seguidores para convertirse en portadores del mensaje de salvación. Este pasaje marca un punto de inflexión: de la tristeza de la crucifixión a la alegría y la responsabilidad de la misión. El mandato de salir a predicar no es sólo una instrucción práctica, sino una declaración profundamente teológica: el Evangelio no debe permanecer oculto, sino que debe compartirse con el mundo.

Este momento está bellamente plasmado en uno de los paneles de la Maestà, un gran retablo encargado por la ciudad de Siena en 1308 al artista Duccio di Buoninsegna. El panel en cuestión se encuentra en el reverso del retablo, que presenta 34 pequeñas escenas de la vida de Cristo. La obra, pintada sobre madera (un soporte habitual antes de que se popularizara el lienzo a finales del siglo XVI), tiene un fondo de reluciente pan de oro, una técnica conocida como "pintura sobre lienzo" fond' orotípico del arte italiano del siglo XIV. El fondo dorado evoca una sensación de gloria celestial e intemporalidad, recordando al espectador que la escena representada no es meramente histórica, sino eterna en su significado.

En el panel, Cristo aparece de pie con sus once apóstoles, encomendándoles la misión de difundir la fe. Sus manos están extendidas en un gesto de encargo, y dos de los discípulos sostienen libros, símbolo de la Palabra que están llamados a predicar. Sorprendentemente, estos libros están colocados en el mismo eje horizontal que las manos de Cristo, reforzando visualmente el vínculo entre su mandato y su misión. La composición transmite sutil pero claramente la teología de la sucesión apostólica: el mensaje de Cristo continúa a través de la predicación de San Pedro y los apóstoles. El uso que Duccio hace de la línea, el gesto y el simbolismo nos invita a reflexionar no sólo sobre la tarea encomendada a los primeros discípulos, sino sobre la responsabilidad permanente de la Iglesia de proclamar el Evangelio en todo tiempo y lugar.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

(La del Monasterio de Siene más arriba)













sábado, 9 de diciembre de 2023

Evangelio del día


Libro de Isaías 30,19-21.23-26.

Así habla el Señor:
Sí, pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá.
Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos.
Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: "Este es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda".
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso. Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas.
Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla.
En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres.
Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió.


Salmo 147(146),1-2.3-4.5-6.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel.

Sana a los que están afligidos
y les venda las heridas.
Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo.


Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8.

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de san Juan, nº 15


La mies es abundante

Cristo deseaba ardientemente que se cumpliera su obra y se disponía a enviar a sus operarios... Va, pues, a enviar trabajadores. «'Uno siembra y otro siega' Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores» (Jn 4,37-38). ¿Cómo es que ha enviado trabajadores allí donde no ha enviado sembradores? ¿Adónde ha enviado los trabajadores? Allí donde ya otros habían trabajado... Allí donde los profetas ya habían predicado, porque ellos mismos eran los sembradores...
¿Quiénes son estos que han trabajado antes? Abrahán, Isaac, Jacob. Leed el relato de sus trabajos: en todos sus ellos se encuentra una profecía de Cristo; ellos, pues, han sido sembradores. En cuanto a Moisés y a los demás patriarcas, a todos los profetas, ¿qué frío no han soportado en el tiempo en que sembraban? Por consiguiente, en Judea la mies estaba a punto. Y se comprende que la mies estaba madura en el momento en que tantos millares de hombres aportaban el precio de sus bienes, depositándolos a los pies de los apóstoles, y descargando de sus espaldas el peso de este mundo, seguían a Cristo (Hch 4,35; Sl 81,7).Verdaderamente, la cosecha había llegado a su madurez.
¿Cuál es el resultado? De esta mies algunos granos fueron retirados, sembraron el universo, y he aquí que se levanta otra cosecha destinada a ser recogida al final de los siglos... Para la cosecha de esta mies ya no serán los apóstoles sino los ángeles los que serán enviados. (EDD)

Oración

Señor, dame tu corazón por las naciones, un corazón de amor y compasión por los perdidos; un amor renovado por el evangelio y una profunda admiración e inquietud por aquello que ya están dando sus vidas en servicio a ti.  Provéeles lo que necesitan, anímalos, próspera su obra y alienta su corazón. Levanta y capacita más obreros para tu mies.  Llénalos de tu Espíritu, líbralos del maligno y dales poder para proclamar con valentía y representarte a ti y a tu Palabra al mundo hasta que regreses.  Ayúdame a ser obediente a tu voz y a hacer mi parte para extender tu reino sobre la tierra.  En el nombre de Jesús, amén. 

El Plan de Batalla para la Oración

Stephen y Alex Kendrick



















miércoles, 27 de septiembre de 2023

Evangelio del día


 

Libro de Esdras 9,5-9.

Entonces me levanté, y con la túnica y el manto desgarrados, caí de rodillas, extendí las manos hacia el Señor, mi Dios,
y dije: "Dios mío, estoy tan avergonzado y confundido que no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti. Porque nuestras iniquidades se han multiplicado hasta cubrirnos por completo, y nuestra culpa ha subido hasta el cielo.
Desde los días de nuestros padres hasta hoy, nos hemos hecho muy culpables, y a causa de nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, fuimos entregados a los reyes extranjeros, a la espada, al cautiverio, al saqueo y a la vergüenza, como nos sucede en el día de hoy.
Pero ahora, hace muy poco tiempo, el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido la gracia de dejarnos un resto de sobrevivientes y de darnos un refugio en su Lugar santo. Así nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud.
Porque nosotros estamos sometidos; pero nuestro Dios no nos ha abandonado en medio de la servidumbre. El nos obtuvo el favor de los reyes de Persia, para animarnos a levantar la Casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y para darnos una muralla en Judá y en Jerusalén.


Libro de Tobías 13,2.3-4a.4bcd.5.8cdef.

Porque él castiga y tiene compasión,
hace bajar hasta el Abismo
y hace subir de la gran Perdición,
sin que nadie escape de su mano.
¡Celébrenlo ustedes, israelitas,
delante de todas las naciones!
Porque él los ha dispersado
en medio de ellas,
pero allí les ha mostrado su grandeza.
Exáltenlo ante todos los vivientes
porque él es nuestro Señor, nuestro Dios y nuestro Padre,
él es Dios por todos los siglos.
Él los castiga por sus iniquidades,
pero tendrá compasión de todos ustedes,
y los congregará de entre todas las naciones
por donde han sido dispersados.
Yo lo celebro en el país del destierro,
y manifiesto su fuerza y su grandeza a un pueblo pecador.
¡Conviértanse, pecadores,
y practiquen la justicia en su presencia!
¡Quién sabe si él no les será favorable
y tendrá misericordia de ustedes!
Yo lo celebro en el país del destierro,
y manifiesto su fuerza y su grandeza a un pueblo pecador.
¡Conviértanse, pecadores,
y practiquen la justicia en su presencia!
¡Quién sabe si él no les será favorable
y tendrá misericordia de ustedes!
Yo lo celebro en el país del destierro,
y manifiesto su fuerza y su grandeza a un pueblo pecador.
¡Conviértanse, pecadores,
y practiquen la justicia en su presencia!
¡Quién sabe si él no les será favorable
y tendrá misericordia de ustedes!
Yo lo celebro en el país del destierro,
y manifiesto su fuerza y su grandeza a un pueblo pecador.
¡Conviértanse, pecadores,
y practiquen la justicia en su presencia!
¡Quién sabe si él no les será favorable
y tendrá misericordia de ustedes!


Evangelio según San Lucas 9,1-6.

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Francisco Javier (1506-1552)
 jesuita, misionero
Cartas 4 y 5 a San Ignacio de Loyola (trad. cfr breviaro 03/12)


“Proclamar el reino de Dios”

    Desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento… Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración; entonces comencé a darme cuenta de que de ellos es el reino de los cielos (Mc 10,14). Por tanto, como no podía cristianamente negarme a tan piadosos deseos, comenzando por la profesión de fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, les enseñaba el Símbolo de los apóstoles y las oraciones del Padrenuestro y el Avemaría. Advertí en ellos gran disposición, de tal manera que, si hubiera quien los instruyese en la doctrina cristiana, sin duda llegarían a ser unos excelentes cristianos.
    Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»
    ¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? (Hch 9,10; 22,10) Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India.»