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domingo, 29 de mayo de 2022

¿Estás preparado para morir ahora y estar con Cristo? 10 consejos prácticos para el gran momento


 

“El momento más importante de nuestra vida es, indiscutiblemente, el momento en que morimos. La forma en que muramos determinará para toda la eternidad nuestro destino eterno: ¡salvados o condenados, en el cielo o en el infierno! No existe otra posibilidad”, explica el padre Ed Broom, religioso oblato y especialista en divulgación de temas de espiritualidad.

Los grandes santos a lo largo de la historia han predicado mucho sobre la Escatología, meditando sobre la muerte, el juicio final, el cielo, el infierno, el purgatorio y sobre la eternidad. El padre Broom recuerda que San Alfonso de Ligorio, doctor de la Iglesia, llegó a escribir una obra maestra espiritual que llevaba un título de lo más revelador, Preparación para la muerte.

Pero es el mismo Cristo el que predicó constantemente sobre ello. Los Evangelios están repletos de las exhortaciones de Jesús en las que pide estar preparado.

Habló de la muerte comparándola con el ladrón en la noche o hablando de los amigos desprevenidos del Esposo. Jesús utilizó también la imagen del agricultor rico que construye un granero más grande, pero fue sorprendido por la muerte esa misma noche.

“En términos muy claros, Jesús nos advierte recurrentemente que debemos estar preparados para nuestra propia muerte, porque no sabemos ni el día, ni la hora, ni el modo en que el fantasma de la muerte llamará a la puerta de nuestras vidas”, añade este sacerdote.

Santa Catalina de Sienta, otra gran doctora de la Iglesia, lo explicó también de forma formidable: “Los dos momentos más importantes de nuestra vida son los siguientes: ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Para estar preparado para la muerte, Ed Broom ofrece con sus propias palabras 10 consejos prácticos para prepararse para este momento, aunque "no sabemos ni el día ni la hora”:

Preparados para encontrarse con el Señor Jesús

1. Vive cada día como si fuera el último

Cada mañana cuando te despiertes da gracias a Dios y reza tu oración de la Mañana. Pero luego reflexiona sobre la posibilidad real de que éste sea el último día de tu vida. Vive cada día que Dios te ha dado como un regalo, como si realmente fuera a ser tu último día. Eso significa en concreto hacer todo para agradar a Dios. Como dice San Pablo: “ya sea que comas o bebas, hazlo todo para el honor y la gloria de Dios”.

2. Huye del veneno

Las dos peores cosas que podrían ocurrir en nuestra vida serían cometer un pecado mortal, pero peor sería morir en estado de pecado mortal. Visualiza el pecado, especialmente el pecado mortal como un veneno. Lo que el veneno es para el cuerpo, así es el pecado mortal para el alma: ¡es fatal y mortal!

Sacerdote confesando a una joven

3. Arrepentirse y convertirse

Si de hecho nos encontramos en el estado de pecado mortal, entonces debemos esforzarnos con todo nuestro ser y la fuerza de nuestra voluntad para salir de ese estado. ¿Cómo? Primero pedir la gracia de hacer un acto de contrición perfecto; luego, cuanto antes, recurrir a hacer una confesión sacramental bien preparada. Una vez hecho, hemos vuelto al estado de gracia santificante y de amistad con el Señor Jesús.

4. Meditar a menudo sobre los Novísimos

En efecto, es muy saludable, por decirlo suavemente, meditar a menudo, incluso a diario, sobre las Últimas Cosas. Si quieres, para que te sirva de guía: un día moriré y no sé cuándo; entonces Jesús me juzgará por todo lo que he hecho. Es el momento de la verdad. ¿El resultado neto? Iré al cielo o al infierno y para toda la eternidad. Meditar en estas verdades terrenales, con la ayuda de la gracia de Dios, puede convertir al más endurecido de todos los pecadores y llevarlo de vuelta a la gracia y la amistad de Dios.

5. Recordar las muertes inesperadas y repentinas

A diario nos sorprenden con noticias sobre muertes, a menudo repentinas e inesperadas. Sitúate en la página de ese diario porque tarde o temprano, y quizá más temprano que tarde, ese será mi nombre escrito en letras grandes en la sección de obituarios del periódico.

6. Meditar sobre la parábola del rico insensato

Después de una cosecha abundante y de la construcción de nuevos y amplios graneros quiere relajarse y disfrutar de la vida. Jesús llama a este hombre y la razón de ser un insensato de primera clase es porque esa misma noche su vida será cortada y todas sus posesiones se convertirán en humo. Aunque corta y aleccionadora, esta Parábola va al grano y nos muestra el carácter serio de lo efímero y transitorio de la existencia humana.

7. El discurso del Pan de Vida: la Misa y la Eucaristía

Lee y medita a menudo el "Discurso del Pan de Vida" (Juan, 6). Luego, anímate a asistir a la Misa diaria, en la medida en que te sea posible según tu estado de vida. Luego, estando en estado de gracia recibe la Sagrada Comunión con gran fe, amor, devoción y hambre… la Promesa de Jesús es muy consoladora: “Yo soy el Pan de Vida. Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. La recepción frecuente de la Sagrada Comunión estando en estado de gracia y la salvación eterna son sinónimos.

8. Pedir la Gracia

San Agustín afirma que todos nosotros somos verdaderos mendigos ante Dios. Necesitamos desesperadamente la ayuda y la gracia de Dios en todo tiempo y lugar, y muy especialmente en la hora y el momento de nuestra muerte. Suplica a María, a los ángeles, a tu ángel de la guarda y a todos los santos la gracia de todas las gracias, en palabras de San Alfonso de Ligorio, que es morir en estado de gracia. Jesús nos manda: “Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá la puerta” (Mateo 7,7) ¿Por qué no pedir, buscar y llamar para obtener la gracia de una muerte santa y feliz y la salvación de nuestra alma inmortal?

Rosario

9. Últimos sacramentos y el perdón

Haz escribir e informar a tus familiares, amigos y seres queridos que en tus últimos momentos deseas recibir los tres últimos sacramentos: la confesión, la unción de los enfermos y el viático, la Santa Eucaristía. Especifica también que deseas recibir del sacerdote el Perdón Apostólico. Con ello recibirás una Indulgencia Plenaria en la que se perdonan todos los pecados y se remiten las penas temporales. Si lo haces, estarás preparado para encontrarte con Jesús, que no será tanto tu Juez sino tu amoroso Salvador y Redentor.

10. Nuestra Señora: el Avemaría y el Santo Rosario

Acostúmbrate desde ahora a rezar el Ave María, y mejor aún, rezar el Santísimo Rosario. ¡En efecto, cada vez que rezas el Rosario te estás preparando para la muerte 50 veces! Así es: ¡preparación para la muerte 50 veces en cada Santo Rosario rezado! ¿La prueba? “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Si formamos seriamente el hábito del rezo diario del Santísimo Rosario a la Santísima Virgen María, entonces, cuando estemos muriendo, María misma se acercará a nosotros y nos ayudará a morir arrepentidos del pecado, confiando en la infinita misericordia de Jesús y amándolo hasta el final. La Virgen nunca fallará a sus amigos fieles, a los que han rezado fielmente el Santísimo Rosario.

En conclusión, recemos unos por otros para obtener la gracia de todas las gracias, que es morir en estado de gracia santificante. Si lo hacemos, nuestra alma se salvará y viviremos para amar, alabar y adorar a Dios con los ángeles y los santos por toda la eternidad. “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

ReL

Vea también       Muerte, Juicio, Infierno, Cielo: Escatología




































lunes, 8 de noviembre de 2021

Michael O'Brien, sobre el tiempo del Anticristo: «La Iglesia sufre la peor apostasía de su historia»

 Michael O'Brien.

Nacido en 1948 y pintor autodidacta, Michael O'Brien se consagró en exclusiva a la imaginería religiosa a partir de 1976. Ha escrito una serie de siete novelas sobre Los Hijos de los Últimos Tiempos

Cómo será el Anticristo? El  pintor y escritor canadiense Michael O'Brien creó hace años un personaje que tenía la misión de averiguarlo y que ya es un clásico de la novela apocalíptica: el padre Elías, protagonista de la trilogía bestseller, traducida a varios idiomas, que forman El padre Elías, El librero de Varsovia y El Padre Elías en Jerusalén.

El padre Elías es un monje, judío converso al catolicismo, a quien el Papa encarga conocer personalmente a un político célebre en todo el mundo de quien sospecha podría ser esa figura enigmática que según la Escrituras prefigura los últimos tiempos.

Las consideraciones de aquella saga, enriquecidas con la experiencia de los casi veinte años transcurridos desde su publicación, y ante las inquietudes que suscita la situación mundial, marcan el nuevo acercamiento de O'Brien al tema en un artículo publicado en la revista mensual de apologética Il Timone:

Hipótesis sobre el Anticristo

Nuestros tiempos manifiestan características únicas, comprensibles solo a la luz de los profetas Daniel, Isaías, Ezequiel, Sofonías, Malaquías y los pasajes escatológicos del Nuevo Testamento, en especial las advertencias de Cristo en los Evangelios de Mateo y Lucas y la gran visión del libro del Apocalipsis.

Nos dirigimos a gran velocidad hacia una situación que era impensable que se verificara hasta nuestra época, a saber: una mezcla de comunicaciones instantáneas universales con su potencial de adoctrinamiento y control mental y de capacidad de gobernanza global. Al mismo tiempo, la Iglesia, que se erige como el único baluarte contra todo lo que es antihumano, sufre la peor apostasía de toda su historia.

En cada época, el espíritu contrario a Cristo actúa contra la soberanía de Dios. Ha estado con nosotros desde el principio. San Juan nos recuerda que "muchos anticristos han aparecido" (1 Jn 2,18) y "¿quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1 Jn 2,22). La revelación divina nos advierte de que llegará un periodo crucial en la historia en la que el espíritu del Anticristo se difundirá en todo el mundo y que, cuando haya llegado al ápice de su influencia, se encarnará en una persona que la Escritura llama "el hombre de la iniquidad", "el Hijo de la Perdición", "el Impío", "el Anticristo" y " la Bestia".

Portada de 'El padre Elías' de Michael O'Brien.

Un monje recibe del Papa la misión de identificar al Anticristo, ya en la tierra. Es el punto de partida del bestseller 'El padre Elías' de Michael O'Brien.

Pero ¿quién es este hombre? ¿Cómo será y cómo sabremos cuándo llegará? Son preguntas bastantes naturales, porque una crisis de este alcance provoca curiosidad y miedo, además de nuestro deseo instintivo de evitarla o sobrevivir a la misma. Con demasiada facilidad la mente va a ciegas intentando analizar y llegando a conclusiones precipitadas. Queremos saber si el Anticristo será un militarista o un pacifista, un nacionalista o un globalista, si tendrá un aspecto horrible o una apariencia plácida, si será ateo o religioso. Queremos saber de dónde vendrá y qué movimiento o programa político concreto propondrá. Tenemos sed de conocimiento, porque presumimos erróneamente que el conocimiento nos salvará.

Una figura persuasiva y biempensante

La Sagrada Escritura y la sabiduría de los Padres de la Iglesia nos han dado lo que necesitamos para ponernos en guardia sobre la realidad de la prueba inminente y para exhortarnos a aumentar la fe y la esperanza. No nos dan "soluciones" neognósticas. En principio, esto es lo que nos dicen: cuando aparezca como presencia visible en la escena mundial, el Anticristo no parecerá un monstruo. Será un hombre, ni más ni menos, pero será un hombre poseído y controlado por Satanás. A los ojos humanos incluso podría parecer como lo mejor de la naturaleza humana: inteligente, razonable, benévolo, dedicado al "bien común". Durante un periodo de confusión y terror, garantizará unidad y esperanza.

Prometerá paz al mundo e incluso podría conseguir establecerla durante un breve periodo de tiempo. A través de su agente, el "falso profeta", realizará signos y prodigios ilusorios. Sin embargo, cuando este hombre haya alcanzado la totalidad del poder mundial, su verdadera naturaleza saldrá a la luz y en ese momento iniciará una persecución sin precedentes a los seguidores de Cristo: "Y se llenó de ira el dragón contra la mujer, y se fue a hacer la guerra al resto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús" (Ap 12,17; cf. también con el Catecismo de la Iglesia católica 675-677). No obstante, antes de que se verifique este escenario, el maligno preparará a la humanidad para que le acoja. Actualmente hay en marcha en el mundo grandes fuerzas hostiles al cristianismo, que probablemente tendrán un papel en la subida al poder del Anticristo final y definitivo.

Para alcanzar su objetivo desestabilizará aún más la civilización, creando las condiciones exteriores y un cosmos psicológico interior capaz de preparar a la humanidad para un nuevo "mesías". Esto se llevará a cabo a través de múltiples combinaciones de desgaste y ataque frontal total, seduciéndonos con mentiras, halagos y una propaganda incesante, obligándonos con la poderosa arma del miedo y la revolución social continua que debilita nuestra resistencia, derribando las bases morales de la civilización.

Hace siglos que se está preparando el terreno a través de la revolución ideológica y social, que incluye el nuevo materialismo que impera, no solo en el ex Occidente cristiano, sino también en el mundo entero. Nuestro materialismo atañe fundamentalmente al ego, al individuo a la deriva en el cosmos, que no debe rendir cuentas a nadie más que a sí mismo y cuyo propósito es perseguir su bienestar, sus placeres, su seguridad personal a toda costa porque los considera parte integrante de su identidad. Podríamos definirla como una dependencia del relativismo moral.

Esclavos del espíritu del mundo

El espíritu del Anticristo es la exaltación de una criatura por encima de la autoridad de Dios. Pocas personas devotas de su ego -o ninguna de ellas- aceptaría la idea de servir a este espíritu diabólico, pero la verdad es que quien niega que Jesús es el Señor de la vida se vuelve vulnerable al Zeitgeist, el "Espíritu del tiempo", el spiritus mundi, el espíritu del mundo. Y puesto que este espíritu está cada vez más dominado por las ideas del Anticristo, el ego soberano haría bien en mirar más allá de los límites de su pequeño reino para no encontrarse un día, sin saber cómo, esclavo. Porque el hombre se convierte con demasiada facilidad en esclavo de los impulsos de su naturaleza caída, de su orgullo y su subjetividad y, por último, de las manipulaciones por parte de fuerzas que van más allá de su comprensión.

Las Escrituras advierten con gran empeño que la esclavitud del pecado acaba, no solo en la ceguera moral y en la muerte, sino también en la sumisión definitiva a Satanás si no hay arrepentimiento. Si ya no hay un orden moral absoluto, si no existe ningún conjunto de absolutos que estén fuera de la subjetividad del hombre ni ninguna medida inquebrantable del bien y del mal con la que medir la integridad o la injusticia de las acciones personales, de los actos nacionales e internacionales, ¿qué se puede oponer a los poderosos gobernantes que simplemente remodelan a la humanidad según sus caprichos y teorías? ¿Qué podría impedir la clasificación de una parte de la humanidad como menos humana que otra y, por ende, indigna de vivir? Ya ha sucedido, y el aborto y la eutanasia son dos claros ejemplos de ello. Sabemos que estos actos son una grave equivocación y, sin embargo, se han normalizado en el mundo que nos rodea. Aunque seguimos resistiendo, nuestra conciencia ha absorbido la institucionalización del mal en toda nuestra sociedad como un hecho común.

El suyo será un totalitarismo suave

Todo esto nos obliga a hacer otra reflexión: el reino del Anticristo solo se puede alcanzar a través de una forma de totalitarismo universal. No obstante, no debemos suponer que el totalitarismo no sea más que una dictadura política. De hecho, puede asumir formas distintas a la brutal supresión de los derechos civiles. Puede ser descarado como la distopía descrita por Orwell en 1984. O puede ser sutil como en Un mundo feliz de Huxley. Tal vez la más insidiosa y, en definitiva, más destructiva, sería la que lleva a cabo un control omnipresente, irresistible y de perfil bajo, en el que nada será para el ciudadano común particularmente injusto.

El filósofo Josef Pieper observa que esta es la forma más peligrosa de totalitarismo, una forma imposible de subvertir puesto que siempre puede afirmar que no es en realidad lo que es.

Sin embargo, si quisiéramos comprender nuestra época con algo de coherencia, deberíamos reconocer que cada sistema totalitario, desde la brutal tiranía al control apacible y absoluto, tiene estos rasgos en común:

1.- el rechazo de los absolutos morales vinculantes establecidos por un Ser trascendente;

2.- la minimización o negación del valor absoluto de la vida humana;

3.- la elevación del Estado, maligno y al mismo tiempo aparentemente benigno, como árbitro final del bien y del mal;

4.- la violación de la conciencia personal impuesta por el Estado.

En teoría podríamos estar de acuerdo con que lo que se acaba de decir es verdad, pero luego rechazaríamos la idea de que algo tan catastrófico como el totalitarismo podría sucedernos a nosotros, con nuestras economías productivas y nuestras tutelas democráticas. Entonces ¿cuál sería la lectura correcta de nuestra época? En el Evangelio de Mateo, Jesús dice: "Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre" (Mt 24,44).

Un reino breve

Este diálogo con los apóstoles se repite en el Evangelio de Lucas, con algunas palabras más por parte de Cristo, que empieza hablando de su vuelta gloriosa después de los desórdenes que vendrán: "Pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación" (Lc 17,24-25). Aquí Jesús ofrece una visión multidimensional, que transciende una cronología puramente lineal. Habla tanto del aproximarse de la destrucción de Jerusalén como de la tribulación final que llegará en un futuro lejano (cf. Mt 24,9-14).

Meditación de Michael O'Brien sobre los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria.

Contemplando hasta el final de los siglos, Cristo advierte: "Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará" (Lc 17,26-33).

En otras palabras, quien intente conservar su vida únicamente a través de estrategias humanas, la perderá; quien, en cambio, pierda la vida por fidelidad a Cristo la conservará hasta la eternidad. Lo que siempre debemos recordar es que el reino del Anticristo será breve: según el profeta Daniel y San Juan durará tres años y medio, y al final de este periodo "se manifestará el impío, a quien el Señor Jesús destruirá con el soplo de su boca y aniquilará con su venida majestuosa" (2 Te 2,8; cf. Ap 19,19-20).

Hacia la venida de Cristo

La victoria de Cristo es el primer y último tema del libro del Apocalipsis y, de este modo, debe ser también la primera y última palabra de nuestra propia vida. No estamos solos, no hemos sido abandonados a la maldad de los poderes oscuros y las energías salvajes de sus agentes humanos. Jesucristo es el Señor de la historia y es Aquel al que tenemos que dirigirnos mientras atravesamos una época oscura. Y debemos hacerlo como niños, con el espíritu del hijo aferrado a la mano de su padre.

Independientemente del hecho de que se nos concedan otros mil años de historia, o cien, o un decenio, o incluso solo un puñado de años, la verdad sigue siendo la misma: "En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 18,3).

Este es el verdadero "manual de supervivencia" para el apocalipsis; esta es la base espiritual de las enseñanzas de nuestro Salvador sobre lo que debemos hacer y dónde debemos estar, espiritual y mentalmente, mientras atravesamos tiempos oscuros. El Señor siempre está listo para abrazarnos, alimentarnos, protegernos y guiarnos si nos dirigimos continuamente a Él y respondemos a las gracias que desea ofrecernos, incluidas las gracias especiales que necesitaremos en los tiempos que vendrán. Sabremos lo que necesitamos saber cuando necesitemos saberlo. El libro del Apocalipsis alcanza el culmen con las últimas palabras de Cristo: "Sí, vengo pronto".

Las Sagradas Escrituras termina con la respuesta de San Juan, que con su voz grita con toda la Iglesia: "¡Ven, Señor Jesús!".

ReL

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