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sábado, 12 de octubre de 2024

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 11,27-28.

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!".
Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa

La Oración de la Iglesia

“Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.”

La redención del género humano es una decisión tomada en el silencio eterno de la vida interior de Dios. Y la encarnación del Salvador se realizó en la oscuridad de una casa silenciosa de Nazaret, cuando la fuerza del Espíritu Santo descendió sobre la Virgen silenciosa, solitaria y orante. Luego, reunida entorno a la Virgen silenciosa, (cf Hch 1,14) la Iglesia naciente, en oración, esperaba la nueva efusión del Espíritu que le había sido prometido para darle vida, darle claridad interior, fecundidad y eficacia... En este diálogo silencioso entre los seres benditos de Dios y su Señor se preparan los acontecimientos de la historia de la Iglesia, visibles de lejos, que renuevan la faz de la tierra (cf Sal 103,30) La Virgen que guardaba todas las cosas dichas por el Señor en su corazón(cf Lc 1,45; 2,19,  prefigura a las almas atentas en las que sin cesar renace la oración sacerdotal de Jesús.







miércoles, 21 de octubre de 2020

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Lucas 12, 39-48 El fiel e infiel mayordomo
 
 
Parábola del Siervo Infiel, pintada por un maestro desconocido, Alemania del Norte, pintada hacia 1560,
Óleo sobre lienzo © Gemäldegalerie, Berlin

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales. El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

Comentario

Bulle

San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
PPS, t. 4, Nº 22


“Estad preparados.”

Nuestro Señor nos ha hecho esta advertencia en el momento en que estaba a punto de dejar este mundo, por lo menos de dejarlo visiblemente. Preveía los cientos de años que podían transcurrir antes de su retorno. El conocía su propio destino, el del Padre; dejar gradualmente este mundo y su propio curso, retirando poco a poco las prendas de su presencia misericordiosa. Preveía el olvido en que caería, incluso entre sus discípulos...Preveía el estado del mundo y de la Iglesia tal como los vemos hoy, donde su ausencia prolongada ha hecho creer que ya no volvería nunca más...
Hoy, nos susurra al oído con gran misericordia que no nos fiemos de aquello que vemos, que no participemos en la incredulidad general, que no nos dejemos arrastrar por el mundo, sino de “velar y orar en todo tiempo” (Lc 21,36) y de esperar su venida. Este aviso misericordioso tendría que estar siempre en nuestro corazón por ser tan necesario, solemne y urgente.
Nuestro Señor había anunciado su primera venida; y sin embargo, fue una sorpresa cuando apareció. Volverá de modo más imprevisto aun en su segunda venida, sorprenderá a los hombres, pues no ha dicho nada sobre el espacio de tiempo que media antes de su vuelta y nos encomienda la vigilancia y la guarda de la fe y del amor. .. No debemos sólo creer sino velar; no sólo amar sino velar; no sólo obedecer sino velar. Velar ¿porqué? Por el gran acontecimiento de la venida de Cristo. Nos parece un deber particular esta invitación a velar, no sólo creer, temer, amar y obedecer, sino también velar; velar por Cristo, velar con Cristo. (EDD)