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viernes, 19 de septiembre de 2025

Evangelio del día

 


Primera Carta de San Pablo a Timoteo 6,3-12.

Si alguien enseña otra cosas y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
Contentémonos con el alimento y el abrigo.
Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.
En lo que a ti concierne, hombre Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad.
Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.

Salmo 49(48),6-7.8-10.17-18.19-20.

¡Felices los que tienen alma de pobres!

¿Por qué voy a temer
en los momentos de peligro,
cuando me rodea la maldad de mis opresores,
de esos que confían en sus riquezas

y se jactan de su gran fortuna?
No, nadie puede rescatarse a sí mismo
ni pagar a Dios el precio de su liberación,
el precio de su rescate es demasiado caro,

y todos desaparecerán para siempre.
para poder seguir viviendo eternamente
sin llegar a ver el sepulcro:
No te preocupes cuando un hombre

se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él.

Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
“Te alabarán porque lo pasas bien”,
igual irá a reunirse con sus antepasados,
con esos que nunca verán la luz.

Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


 
San Juan Pablo II (1920-2005)
Carta apostólica “Mulieris dignitatem / La dignidad de la mujer”, § 31 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

“Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres”
«Si conocieras el don de Dios» (Jn 4, 10), dice Jesús a la samaritana en el transcurso de uno de aquellos admirables coloquios que muestran la gran estima que Cristo tiene por la dignidad de la mujer y por la vocación que le permite tomar parte en su misión mesiánica. […] La Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el «misterio de la mujer» y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las «maravillas de Dios», que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, ¿no se ha obrado en ella y por medio de ella lo más grande que existe en la historia del hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?
La Iglesia, por consiguiente, da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social […].
La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios […]. La Iglesia pide, al mismo tiempo, que estas inestimables «manifestaciones del Espíritu» (cf. 1 Cor 12, 4 ss.), […], sean reconocidas debidamente, valorizadas, para que redunden en común beneficio de la Iglesia y de la humanidad.
 


Reflexión sobre el cuadro

La lectura del Evangelio de hoy continúa directamente la de ayer. Después de comer en casa de Simón el fariseo, Jesús se pone de nuevo en camino, predicando de ciudad en ciudad y de aldea en aldea. Lucas nos da un detalle sorprendente sobre los que viajaban con Él: no sólo los Doce apóstoles, sino también mujeres como María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras. Esto es notable, porque en aquella época los rabinos generalmente se negaban a enseñar a las mujeres, y la autoridad religiosa era una esfera enteramente masculina. Que Jesús instruyera a mujeres como discípulas era algo revolucionario en aquella época. Al dejar constancia de ello, Lucas afirma el papel indispensable de todas las personas (hombres, mujeres, niños, enfermos, minusválidos, etc.) en la primera comunidad cristiana.

Nuestro cuadro, creado en 1507 por Jacob Cornelisz van Oostsanen, representa a María Magdalena, una de las mujeres nombradas en el Evangelio de hoy, en su encuentro con Cristo resucitado. Representado como el jardinero con la pala en la mano, Cristo se acerca suavemente a ella en el momento en que pronuncia las palabras "No me toques" (noli me tangere), porque aún no ha ascendido al Padre (Juan 20:17). La segunda mitad de este versículo está cuidadosamente inscrita en latín a lo largo del borde del manto de Cristo: nondum enim ascendi ad patrem. María aparece con su atributo tradicional, un pequeño ungüentario. Muchas pinturas de los Maestros Antiguos muestran erróneamente a María Magdalena con un frasco de ungüento, relacionándola con la mujer que ungió los pies de Jesús. Pero en los Evangelios, fue otra María (María de Betania, la hermana de Marta y Lázaro) la que derramó el ungüento sobre Jesús (Juan 12:1-3). Con el tiempo, la tradición occidental difuminó estas figuras: la anónima "mujer pecadora" de Lucas 7, María de Betania y María Magdalena se fusionaron. Esto llevó a los artistas a atribuir a Magdalena el frasco de ungüento, a pesar de que la propia Escritura nunca la identifica con ese acto. Es un símbolo poderoso, pero históricamente inexacto, un reflejo más de la devoción medieval que del texto evangélico.

En el fondo del cuadro vemos otras escenas de la Resurrección: las mujeres que se acercan al sepulcro vacío, Cristo que se aparece a las tres Marías y el encuentro en el camino de Emaús.

Sólo Lucas nos ofrece esta visión de las mujeres que viajaban con Jesús. Sus detalles nos permiten imaginar la Iglesia primitiva: una comunidad en marcha, proclamando la Buena Nueva de un lugar a otro, reuniendo todos los recursos de que disponían en aras de su misión. Es una imagen de discipulado compartido... una comunidad que camina codo con codo al servicio de Cristo.

by Padre Patrick van der Vorst





viernes, 20 de septiembre de 2024

Evangelio del día


 

Carta I de San Pablo a los Corintios 15,12-20.

Hermanos:
Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan?
¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó!
Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes.
Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
en consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre.
Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.


Salmo 17(16),1.6-7.8b.15.

Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.

Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.


Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Mulieris Dignitatem, § 16


« Los doce estaban con Él, y también las mujeres »

El hecho de ser hombre o mujer, no comporta ninguna restricción en lo que concierne a la misión, de la misma manera que la acción salvífica y santificante del Espíritu en el hombre no está limitada por el hecho de ser judío o griego, esclavo o libre, según nos viene expresado en las palabras bien conocidas del apóstol Pablo: « Porque todos no formáis más que uno en Cristo Jesús » (Gal 3,28).
Esta unidad no suprime las diferencias. El Espíritu, que hace realidad esta unidad en el orden sobrenatural de la gracia santificante, contribuye, en la misma medida, al hecho de que « vuestros hijos e hijas profetizarán » (Jl 3,1). Profetizar significa expresar, a través de la palabra y la vida « las maravillas de Dios » (Hch 2,11), salvaguardando la verdad y la originalidad de cada persona, sea hombre o mujer. La igualdad evangélica, la paridad del hombre y la mujer frente a las maravillas de Dios, tal como nos ha sido manifestada con total claridad en las obras y las palabras de Jesús de Nazaret, constituye el fundamento más evidente de la dignidad y la vocación de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Toda vocación tiene un sentido profundamente personal y profético. En la vocación así comprendida, la personalidad de la mujer encuentra una dimensión del todo nueva : es la dimensión de las « maravillas de Dios » de las cuales la mujer es sujeto viviente y testimonio irreemplazable. (EDD)

Oración

Señor mi Dios, gracias por las mujeres que te aman y te sirven. Hoy quiero bendecir a aquellas que han elegido obedecerte y vivir para ti. Gracias por la fe fuerte que las ayuda a permanecer firmes en medio de las luchas y dificultades que enfrentan.
Mi oración por ellas es que las sustentes y las ayudes a seguir adelante. Ayúdalas a sentir tu presencia cada día, a saber que no están solas porque tú las acompañas en todo momento. En medio de los retos de la vida, que puedan elevar sus peticiones ante ti con fe, confiando en tu cuidado y provisión.
Señor, levanta muchas mujeres preparadas para mostrar la vida victoriosa que tienen en ti. Que eleven oraciones llenas de fe delante de tu trono y que sus vidas reflejen el gozo de saberse amadas y perdonadas por ti.
Padre, también te ruego por las que son perseguidas y maltratadas debido a su fe. Fortalécelas en todo momento, que sientan tu compañía de una forma bien especial. Y Señor, trae tu justicia a este mundo. Que tus hijas puedan ver milagros de provisión en medio de la escasez, que experimenten liberación y la manifestación clara de tu justicia.
Tú eres el Dios todopoderoso y tú puedes hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos. Te rogamos que lo hagas, Padre, que obres en favor de cada mujer que te ama y te sirve de todo corazón. En el nombre de Jesús, amén.

(bibliaon.com)

























lunes, 1 de abril de 2024

Evangelio del día

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen."

Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

Evangelio según San Mateo 28,8-15.

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 14 (Les Catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993), trad. sc©evangelizo.org


¡No teman! ¡Exulten temblando!

“De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” (Mt 28,9). Ellas lo abrazaron para que se cumpliera la Palabra “Lo agarré, y no lo soltaré” (Ct 3,4). Sin dudas las mujeres eran débiles físicamente, pero viril era su valentía. La abundancia de las aguas no pudo apagar su amor, ni los ríos deglutirlo. Muerto estaba el que buscaban, pero la esperanza de la resurrección no estaba apagada.
El ángel, dirigiéndose todavía a ellas: “No teman” (Mt 28,5). No es a los soldados sino a ustedes que digo “No teman”. Ellos temían, porque fueron instruidos por la experiencia, fueron testigos y exclamaron “Verdaderamente este era el Hijo de Dios” (Mt 27,54). Ustedes, al contrario, no tienen que temer porque “en el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor” (1 Jn 4,18).
“Vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos” (Mt 27,8). Ellas se van con temor mezclado de alegría. ¿Todavía eso no está escrito? Si. El Salmo 2 narra la pasión de Cristo “Sirvan al Señor con temor; temblando, ríndanle homenaje” (Sal 2,11.12). “Exulten” porque el Señor resucitó, “temblando” ya que el ángel se les apareció como un relámpago. (EDD)

Oración 

Jesús resucitado,  que sienta la PAZ que me muestras y derramas  en cada instante de mi vida. Esa PAZ que no puede dar el mundo. Que no se cierren mis “puertas” por el miedo. Que me aferre al Espíritu que me regalas, para vivir intensamente  el compromiso de sentirme mirado por ti,  amado por ti, llamado por ti, enviado por ti…  Señor mío y Dios mío,  perdona mis debilidades, mis dudas, mis temores, porque aun siendo a veces como Tomás,  deseo buscarte, estar contigo,  escucharte, servirte… Porque aunque me encierre en mis silencios  o en mis ruidos,  en mis comodidades o en mis ocupaciones… Tú sabes cómo entrar en mi vida,  cómo hacerla distinta,  cómo insuflar aire en mis vacíos  y oxigenar mi alma con tu PRESENCIA fortalecedora, pacificadora, revitalizadora… 
(caritasvalencia)

viernes, 22 de septiembre de 2023

Evangelio - Jesús y las Mujeres


 

Primera Carta de San Pablo a Timoteo 6,3-12.

Si alguien enseña otra cosas y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
Contentémonos con el alimento y el abrigo.
Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.
En lo que a ti concierne, hombre Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad.
Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.


Salmo 49(48),6-7.8-10.17-18.19-20.

¿Por qué voy a temer
en los momentos de peligro,
cuando me rodea la maldad de mis opresores,
de esos que confían en sus riquezas

y se jactan de su gran fortuna?
No, nadie puede rescatarse a sí mismo
ni pagar a Dios el precio de su liberación,
el precio de su rescate es demasiado caro,

y todos desaparecerán para siempre.
para poder seguir viviendo eternamente
sin llegar a ver el sepulcro:
No te preocupes cuando un hombre

se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él.

Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
“Te alabarán porque lo pasas bien”,
igual irá a reunirse con sus antepasados,
con esos que nunca verán la luz.


Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, XIV (SC 212, Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org


“Acompañaban a Jesús los Doce y también algunas mujeres” (Lc 8,1-2)

“Los huesos se me pegan a la piel y se me desprenden los dientes de las encías” (Job 19,20). Los huesos designan la fuerza del cuerpo, la carne su debilidad. Ya que Cristo e Iglesia son uno, ¿qué representan los huesos? ¿El Señor o la carne? Representan a los discípulos, que a la hora de la pasión sólo conocieron una sabiduría de débiles. La piel, que es exterior a la carne y permanece sobre el cuerpo, ¿qué representa sino a las santas mujeres que, prontas para una asistencia corporal, servían al Señor en las labores exteriores?
Cuando los discípulos, sin embargo débiles todavía, predicaban a los pueblos la fe en la verdad, ellos eran como la carne pegada a los huesos. Cuando las santas mujeres preparaban lo que le era exteriormente necesario, eran como la piel que permanece exteriormente sobre el cuerpo. Pero cuando llega la hora de la cruz, un pesado miedo ha invadido sucesivamente a sus discípulos ante la persecución. Las mujeres permanecieron allí. Así estando su carne como consumida, los huesos del Señor permanecieron pegados a su piel. Porque ante la huida de los discípulos en el momento de su pasión, su fuerza la encontró en las mujeres, junto a él. (…) Las mujeres no tuvieron miedo, no huyeron y, la Escritura lo testimonia, permanecieron a su lado aún en el sepulcro.
El Señor puede decir “Los huesos se me pegan a la piel”. Los que debían estar estrechamente unidos a mí, como mi fuerza, fueron consumidos por el miedo en el momento de mi pasión. Las que estaban encargadas de servicios externos, las he encontrado sin miedo, fielmente unidas a mí en el momento de mi pasión. (EDD)

Oración de la mujer

Querido Dios, lléname de tu presencia. Tengo sed de ti. Anhelo algo más grande de lo que el mundo puede ofrecer. Los deseos más profundos de mi corazón y mis anhelos más profundos se encuentran en ti y solo en ti.

Sea cual sea el día que se me presente, sé que puedo afrontarlo con el poder de tu Espíritu Santo. Que tu paz me conforte y tu presencia sea un bálsamo para mi alma. Quiero conocerte más, Señor. Quiero sentir tu presencia con más fuerza. Espíritu Santo, ven y haz tu voluntad en mí hoy.

















viernes, 16 de septiembre de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Mulieris Dignitatem, § 16


«Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres»

Desde el comienzo de la misión de Cristo, la mujer muestra, con relación a él y a todo su misterio, una particular sensibilidad que corresponde a una de las características de su feminidad. Además conviene señalar que esta verdad se confirma de manera particular en el misterio pascual, no solamente en el momento de la crucifixión sino todavía más al amanecer del día de la resurrección. Las mujeres son las primeras en estar junto al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vacío. Son las primeras en oír: «No está aquí: ha resucitado, como había dicho» (Mt 28,6). Son las primeras en abrazar sus pies (Mt 28,9). También son las primeras llamadas a anunciar esta verdad a los apóstoles (Mt 28,1-10; Lc 24,8-11).
El Evangelio de Juan (cf también Mc 16,9) pone de relieve el papel particular de María de Magdala. Es la primera que se encuentra con Cristo resucitado... Por eso mismo se la ha llamado «apóstol de los apóstoles». María de Magdala fue, ante los apóstoles, testimonio ocular de Cristo resucitado y, por esta razón, fue también la primera en dar testimonio de él ante los mismos.
Este acontecimiento es, en un sentido, como el coronamiento de todo lo que se ha dicho anteriormente sobre la transmisión, hecha por Cristo, de la verdad divina a las mujeres, en un plano de igualdad con los hombres. Se puede decir que así se han visto cumplidas las palabras del profeta: «Derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán» (Jl 3,1). Cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, estas palabras son de nuevo confirmadas en el Cenáculo de Jerusalén, al descender el Espíritu Santo, el Paráclito (Hch 2,17). Todo lo que aquí se ha dicho sobre la actitud de Cristo respecto a las mujeres confirma e ilumina, en el Espíritu Santo, la verdad sobre la igualdad del hombre y la mujer.(EDD)

Oración

Gracias, Dios Padre Bueno, por el amor que nos tienes;
porque nos has creado a tu imagen y semejanza
en la condición de varón y mujer;
para que, reconociéndonos diferentes,
busquemos complementarnos:
el varón como apoyo de la mujer
y la mujer como apoyo del varón.

Gracias, Padre bueno, por la mujer y su misión en la comunidad humana.

Te pedimos

Te pedimos por la mujer que es hija:
que sea acogida y amada por sus padres,
tratada con ternura y delicadeza.

Te pedimos por la mujer que es hermana:
que sea respetada y defendida por sus hermanos.

Te pedimos por la mujer que es esposa:
que sea reconocida, valorada y ayudada por su esposo,
compañero fiel en la vida conyugal;
que ella se respete y se dé a respetar,
para vivir ambos la comunión de corazones y anhelos
que se prolongan en la fecundidad de una nueva vida humana,
participando así en la máxima obra de la creación: el ser humano.

Te pedimos por la mujer que es madre:
que reconozca en la maternidad el florecimiento de su feminidad.
Creada para la relación,
sea sensible, tierna y abnegada en la educación de cada hijo;
con la dulzura y la fortaleza,
la serenidad y la valentía,
la fe y la esperanza
que van forjando la persona, el ciudadano, el hijo de Dios.

Te pedimos por las mujeres buenas y generosas
que han entregado su vida para realizar la nuestra.

Te pedimos por las mujeres que se sienten solas,
por las que no encuentran sentido a su vida;
por las marginadas y usadas como objeto de placer y de consumo;
por las que han sido maltratadas y asesinadas.

Que colaboremos juntos

Te pedimos, Padre Bueno, por todos nosotros,
varones o mujeres;
que nos sepamos comprender, valorar y ayudar mutuamente,
para que en la relación, amable y positiva,
colaboremos juntos al servicio de la familia y de la vida.

Te lo pedimos por intercesión de la siempre Virgen María de Guadalupe,
Mujer, Esposa y Madre Buena,
llena de fe humilde y valiente,
que nos acompaña, sostiene y conduce
a tu Hijo Cristo Jesús,
el cual vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

(Aleteia)
























viernes, 17 de septiembre de 2021

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Alocución del 29 de abril 1979 13 - Copyright © Libreria Editrice Vaticana


“Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres”

Es particularmente conmovedor meditar en la actitud de Jesús hacia la mujer: se mostró audaz y sorprendente para aquellos tiempos, cuando, en el paganismo, la mujer era considerada objeto de placer, de mercancía y de trabajo, y, en el judaísmo, estaba marginada y despreciada. Jesús mostró siempre la máxima estima y el máximo respeto por la mujer, por cada mujer, y en particular fue sensible hacia el sufrimiento femenino. Traspasando las barreras religiosas y sociales del tiempo, Jesús restableció a la mujer en su plena dignidad de persona humana ante Dios y ante los hombres.
¿Cómo no recordar sus encuentros con Marta y María, con la Samaritana, con la viuda de Naín, con la mujer adúltera, con la hemorroisa, con la pecadora en casa de Simón el fariseo? El corazón vibra de emoción al sólo enumerarlos. Y cómo no recordar sobre todo, que Jesús quiso asociar algunas mujeres a los Doce, que le acompañaban y servían y fueron su consuelo durante la vía dolorosa hasta el pie de la cruz? Y después de la resurrección Jesús se apareció a las piadosas mujeres y a María Magdalena, encargándole anunciar a los discípulos su resurrección. Deseando encarnarse y entrar en nuestras historia humana, Jesús quiso tener una Madre, María Santísima, y elevó así a la mujer a la cumbre más alta y admirable de la dignidad, Madre de Dios encarnado, Inmaculada, Asunta, Reina del cielo y de la tierra.
¡Por eso, vosotras, mujeres cristianas, debéis anunciar, como María Magdalena y las otras mujeres del Evangelio debéis testimoniar que Cristo ha resucitado verdaderamente, que El es nuestro verdadero y único consuelo! Tened, pues, cuidado de vuestra vida interior
(Referencias bíblicas: Lc 10,38-42; Jn 4,1-42; Lc 7,11-17; Jn 8,3-9; Mt 9,20-22; Lc 7,36-50; Lc 8,2-3; Mt 28,8 ) (EDD)

Oración

Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.