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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Evangelio del día


 


Evangelio según San Mateo 9,9-13.

Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208)
obispo, teólogo y mártir
Contra los herejes, III 11,8; 9,1


Uno de los primeros testimonios históricos de los evangelistas

Los apóstoles se fueron hasta los extremos de la tierra proclamando la buena noticia de los beneficios que Dios nos regala y anunciando a los hombres la paz del cielo. (cf Lc 2,14) Ellos poseían, cada uno en particular y todos en común, la buena noticia de Dios. Mateo precisamente, entre los hebreos, difundió en su propia lengua una forma escrita del evangelio, mientras que Pedro y Pablo evangelizaron en Roma y fundaron la Iglesia. Después de la muerte de ellos, Marcos el discípulo e intérprete de Pedro (1P 5,13) nos transmitió también, por escrito, la predicación de Pedro. Asimismo, Lucas, el compañero de Pablo, ha consignado en un libro el evangelio predicado por éste. Por fin, Juan, el discípulo del Señor, el mismo que reposó sobre el costado de Jesús (Jn 13,25) ha publicado a su vez el evangelio durante su estancia en Éfeso.
Mateo, en su evangelio presenta la genealogía de Cristo como hombre: “Genealogía de Jesús, Mesías, Hijo de David, Hijo de Abrahán:...el nacimiento de Jesús fue así:..” (cf Mt 1,1-18) Este evangelio presenta a Cristo en su condición humana. Por esto encontramos en él a un Cristo animado siempre por sentimientos de humildad, siendo un hombre lleno de ternura... El apóstol Mateo conoce un solo y único Dios que prometió a Abrahán multiplicar su descendencia como las estrellas del firmamento (Gn 15,5) y que nos ha llamado, gracias a Jesucristo su Hijo, del culto a las piedras al conocimiento del Dios verdadero (cf Mt 3,9), de manera que “al que no es mi pueblo lo llamaré “Pueblo mío”, y “Amada mía” a la que no es mi amada.”(Os 2,25; Rm 9,25) (EDD)

Oración

Padre Celestial,

Derrama Tu Espíritu Santo para que me inspiren las palabras
de las Sagradas Escrituras.

Mueve en mi alma el deseo a renovar mi fe y profundizar en mi
relación con tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que pueda
verdaderamente creer y vivir la Buena Nueva.

Abre mi corazón para que pueda oír el Evangelio y dame confianza 
para proclamar la Buena Nueva a los demás.


Derrama Tu Espíritu para que me fortalezca y así pueda ser testigo
del Evangelio en mi vida diaria por medio de mis palabras y
acciones.

Que en los momentos de dudas recuerde:
Si no yo, entonces ¿quién proclamará el Evangelio?
Si no es ahora, entonces ¿cuándo se proclamará el Evangelio?
Si no proclamo la verdad del Evangelio, entonces,
¿qué proclamaré?

Dios, nuestro Padre, te ruego que por medio del Espíritu Santo,
pueda oír el llamado a la Nueva Evangelización para profundizar
en mi fe, crecer en la confianza para poder proclamar el
Evangelio, y ser testigo valiente de la gracia salvadora de tu
Hijo, Jesucristo, quien vive y reina contigo, en la unidad del
Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.

Amén

(usccb.org)
























sábado, 20 de febrero de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Lucas 5, 27-32 No he venido a llamar a los virtuosos, sino a los pecadores al arrepentimiento
 
 

The Shankly Gates, Fotografía de Kevin Elias, Fotografiada en 2019,
Impresión en gelatina de plata en blanco y negro © Kevin Elias / Liverpool FC

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.

Comentario

San Alfonso María de Ligorio (1696-1787)
obispo y doctor de la Iglesia
Del trato familiar con Dios, (“Manière de converser avec Dieu”, Le Laurier, 1988), trad. sc©evangelizo.org


¡Vuelvan a mí y vivirán!

¿Quieren dar a Dios, que los ama, una marca de extrema confianza con la que será conmovido? Cuando cometen una falta, no duden en correr enseguida y postrarse a sus pies para pedirle perdón.
Comprendan bien, Dios está tan inclinado a perdonar, que si los pecadores se obstinan en vivir lejos de él privados de su gracia, gime sobre su perdición y les hace escuchar los llamados de su ternura: "¿Por qué quieres morir, casa de Israel? Yo no deseo la muerte de nadie –oráculo del Señor–. Conviértanse, entonces, y vivirán" (cf. Ez 18,31-32). Dios promete recibir al alma fugitiva, en cuanto viene a tirarse en sus brazos: "Vuelvan a mí y yo volveré a ustedes" (cf. Za 1,3).
¡Si los pobres pecadores comprendieran con qué bondad Nuestro Señor los espera para perdonarlos! "A pesar de todo, el Señor espera para apiadarse de ustedes" (cf. Is 30,18). ¡Si comprendieran qué prisa tiene, no de castigarlos sino verlos convertidos para abrazarlos y estrecharlos contra su corazón! Escuchemos su solemne declaración: "Juro por mi vida –oráculo del Señor– que yo no deseo la muerte del malvado, sino que se convierta de su mala conducta y viva" (Ez 33,11). (...) Cuando un alma se arrepiente por haberlo ofendido, declaró formalmente Dios que pierde hasta el recuerdo de sus pecados: "Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá" (Ez 18,22).
Entonces, en cuanto caen en alguna falta, eleven los ojos hacia Dios, ofrézcanle un acto de amor y, confesando su pecado, cuenten firmemente con su perdón. (EDD)