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domingo, 3 de agosto de 2025

León XIV, en la Misa conclusiva del Jubileo de los Jóvenes: “Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén”



León XIV no ha podido contener la emoción en su segundo y último gran encuentro con los jóvenes en la gran explanada de Tor Vergata. Eran más de un millón de peregrinos de más de 140 países, que -como en un auténtico 'Wood stock’ católico- han dormido en sacos de dormir y al aire libre, tal y como constató el Vaticano en un comunicado difundido por Telegram.

Esta mañana, como ayer por la tarde, un estallido de alegría ha recorrido la gran explanada de más de 96 hectáreas al ver descender al Santo Padre del helicóptero. Tras la intensa noche de Vigilia, marcada por un conmovedor momento de adoración eucarística en silencio y de rodillas, el Pontífice ha indicado a los jóvenes que en la vida nunca es todo “firme y seguro”, sino que la existencia “se regenera constantemente” en el amor.

“Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor”, les ha exhortado con emoción en la Misa conclusiva del Jubileo de los Jóvenes.

Esta cita ha constituido un puente entre el Papa americano y la juventud, con la que ha sabido consolidar una relación, gracias a su capacidad de hablar en tres idiomas y crear un ambiente muy espiritual, como también lo hicieron -cada uno a su manera- sus predecesores.


Imagen del papamóvil en la Vigilia de este sábado.

 Aventurarse con Él “hacia los espacios eternos del infinito”

Desde el imponente escenario, invitó a los jóvenes abrirle a Dios “de par en par el corazón” y aventurarse con Él “hacia los espacios eternos del infinito”.

El Papa centró su homilía en el deseo profundo de plenitud que sienten todos los hombres y pidió a los jóvenes que no traten de a

placar la sed de su corazón con “sucedáneos ineficaces”.

“Hay una inquietud importante en nuestro corazón, una necesidad de verdad que no podemos ignorar, que nos lleva a preguntarnos: ¿qué es realmente la felicidad?”, explicó.

Así, invitó a hacer de ella “un taburete para subir y asomarnos, como niños, de puntillas, a la ventana del encuentro con Dios”. De esta manera, nos encontraremos “ante Él, que nos espera; más bien, que llama amablemente a la puerta de nuestra alma”.

El Pontífice reflexionó sobre el relato evangélico de los discípulos de Emaús —que explica que los discípulos de Jesús, tras su muerte, “se alejaban de Jerusalén atemorizados y desilusionados”, convencidos de que “ya no había nada más que esperar”.

Sin embargo, se encontraron “precisamente con Él, lo acogieron como compañero de viaje, lo escucharon mientras les explicaba las Escrituras, y finalmente lo reconocieron al partir el pan”.

El Papa recordó cómo su encuentro con Cristo resucitado transformó la tristeza en esperanza: “Sus ojos se abrieron y el gozoso anuncio de la Pascua encontró lugar en sus corazones”.

León XIV, durante la Misa. Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News

El encuentro con el Resucitado “cambia nuestra existencia”

Ese mismo encuentro, dijo, puede cambiar también la existencia de cada joven. “El encuentro con el Resucitado que cambia nuestra existencia, que ilumina nuestros afectos, deseos y pensamientos”, constató en este sentido.

En la Eucaristía, el Papa también abordó la experiencia de los “límites” y la “finitud” de las cosas que pasan y dijo que estos argumentos no deben ser “tabú” o elementos “que se deben evitar”.

“La fragilidad, en efecto, forma parte de la maravilla que somos”, remarcó tras citar la lectura de Qohélet y el Salmo 90 en la que comparó con la delicadeza de la hierba del campo.

“Ciertamente, es delicado, hecho con tallos delgados, vulnerables, propensos a secarse, doblarse, quebrarse; pero, al mismo tiempo, son reemplazados rápidamente por otros que florecen después de ellos”, detalló. Y subrayó: “También nosotros, queridos amigos, somos así; hemos sido hechos para esto”.

Recordando a los jóvenes su paso por Roma durante esta semana, el Pontífice valoró su participación en encuentros culturales, artísticos y religiosos en Roma: “Se han encontrado entre coetáneos provenientes de diferentes partes del mundo, pertenecientes a culturas distintas. […] Después, en el Circo Máximo, acercándose al Sacramento de la Penitencia, han recibido el perdón de Dios y le han pedido su ayuda para una vida buena”.

Asimismo, exclamó que la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que “acumulamos ni de lo que poseemos”, sino que “más bien, está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría”.

Comprar, acumular y consumir no es suficiente

El Santo Padre dejó claro que “comprar, acumular y consumir no es suficiente”.

Y agregó: “Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las cosas celestiales, para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, sólo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia”.

Evocando a san Juan Pablo II, fundador de las Jornadas Mundiales de la Juventud, exclamó “nuestra esperanza es Jesús”.

“Es Él, como decía san Juan Pablo II, ‘el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande […] para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna’”, aseguró.

Concluyendo su homilía, León XIV animó a los jóvenes seguir cultivando su amistad con Cristo “con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa” y citó como modelos de esto a los beatos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que próximamente serán proclamados santos.

El Papa en el imponente escenario. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

Antes de impartir la bendición final, los encomendó a la Virgen María: “Los encomiendo a María, la Virgen de la esperanza. Con su ayuda, al regresar a sus países en los próximos días, en cada parte del mundo, sigan caminando con alegría tras las huellas del Salvador, y contagien a los que encuentren con el entusiasmo y el testimonio de su fe. ¡Buen camino!”



 Victoria Cardiel, ACIPrensa






lunes, 7 de agosto de 2023

JMJ MISA FINAL COMPLETA Y VISTA AÉREA (video)

En la misa final o Misa de Envío de la JMJ de Lisboa, el Papa recuperó el lema de San Juan Pablo II: "¡No tengan miedo!" Al final de la misa, el Papa además invitó a los jóvenes a dos citas: el Jubileo de los Jóvenes en Roma en 2025 y la JMJ de 2027 en Seúl, Corea. El vídeo recoge toda la misa, y lo acompaña con imágenes aéreas de la multitud, que las autoridades contabilizan como millón y medio de personas en el Parque del Tajo (Parque Tejo).


Resumen y crónica de la Misa:

«¡No tengan miedo!»: Francisco cierra la JMJ evocando el legado de San Juan Pablo II


La misa final de la JMJ es una misa "de envío" (la misma palabra "misa" viene del latín "enviados"), y el Papa Francisco quiso finalizar su encuentro con más de millón y medio de personas recordando el gran eslogan del creador de las Jornadas, San Juan Pablo II: "¡no tengan miedo!"

Con esa frase, en los países comunistas que ahogaban la fe, Juan Pablo II devolvió fuerza y esperanza a millones de personas, y con esa frase, tomada de la liturgia de la Transfiguración, el Papa Francisco envía a los jóvenes al mundo.

Al final de la misa, el Papa además invitó a los jóvenes a dos citas: el Jubileo de los Jóvenes en Roma en 2025 y la JMJ de 2027 en Seúl, Corea.

No había una JMJ en Asia desde la de Filipinas en 1995, cuando Juan Pablo II juntó 3 o 4 millones de personas en Luna Park, considerada la mayor reunión de católicos de la historia.

Logo previo de la JMJ de Seúl 2027

"No tengan miedo"

Con la imagen original de la Virgen de Fátima, traída desde la Capelinha de las Apariciones del santuario portugués, Francisco insistió: "No tengan miedo. Ustedes, jóvenes que han vivido este gozo, diría esta gloria, porque algo de gloria tiene este encuentro, ustedes tienen sueños grandes, a veces piensan que no serán capaces, a veces son tentados por el desánimo, o por intentar esconder el dolor disfrazandolo con una sonrisa. Ustedes, que quieren cambiar el mundo, luchar por la justicia y la paz, a ustedes jóvenes que la Iglesia y el mundo necesitan, a ustedes jóvenes hoy les dicen: ¡no tengan miedo!"

Con motivo de la Fiesta de la Transfiguración de la liturgia del día, les dijo también: "Jesús mismo ahora os mira, Él que te conoce y lee en tu profundidad; mira en tu corazón, sonríe y repite que te ama siempre e infinitamente".

Misa final de la JMJ de Lisboa con el Papa Francisco y el cardenal Clemente

Misa final de la JMJ de Lisboa con el Papa Francisco y el cardenal Clemente.

"Levantaos": brillar con la luz de Cristo

Cientos de miles de jóvenes se habían levantado tras haber pasado la noche al raso en el Parque Tejo (o Parque del Tajo), en Lisboa. La mayoría había dormido muy poco. Algunos portugueses añadidos a última hora habían traído colchonetas, sacos de dormir e incluso tiendas, en principio prohibidas. Los peregrinos de lejos, que viajan con poco, durmieron sobre suelo. La brisa marina les refrescó.

Un millón de peregrinos despierta en el Parque Tejo de Lisboa para la misa final de la JMJ.

Un millón de peregrinos despierta en el Parque Tejo de Lisboa para la misa final de la JMJ

El Papa citó la frase del Pedro en el Evangelio en el monte Tabor: "¡Señor, qué bien estamos aquí" (Mt 17,4). "Fue bueno lo que vivimos con Jesús, lo que vivimos juntos y cómo oramos, pero después de estos días de gracia, nos preguntamos: ¿Qué nos llevamos cuando volvemos al valle de lo cotidiano?", planteó el Pontífice.

Respondió con 3 verbos: brillar, escuchar, no tener miedo.

El cristiano debe brillar con la alegría y la luz de Jesús y encender "chispas de esperanza en las tinieblas de este mundo".

Debe también escuchar a Jesús, "hablarle, leer su Palabra y ponerla en práctica, seguirlo... porque tiene palabras de vida eterna para nosotros, porque revela que Dios es Padre y amor, porque también nosotros nos convertimos en nosotros, gracias a su Espíritu, amados hijos. Esto es lo que necesitamos en la vida: no la fama, el éxito, el dinero, sino saber que no estamos solos, que siempre tenemos a Alguien a nuestro lado, que comenzamos y terminamos el día con la certeza del abrazo del Señor".

Y finalizó animando a vivir sin miedo, a cumplir el mandato de Jesús a los discípulos asustados: "Levantaos y no temáis" (Mt 17,7).

El texto de Juan Pablo II que inspiró a Francisco

En la versión escrita de su mensaje, el Papa contaba el mensaje de Juan Pablo II de la Vigilia de la JMJ del 2000: "Es a Jesús a quien buscas cuando sueñas con la felicidad; es Él quien os espera, cuando nada de lo que encontréis os satisface; Él es la belleza que tanto te atrae; es Él quien os provoca esa sed de radicalidad que no os permite ceder a los compromisos; es Él quien os impulsa a despojaros de las máscaras que hacen falsa la vida; es Él quien lee en vuestro corazón las decisiones más verdaderas que otros querrían sofocar. Es Jesús quien despierta en ti el deseo de hacer algo grande de tu vida. (...) No tengáis miedo de encomendaros a Él".

Peticiones en árabe, chino, alemán...

La ceremonia prosiguió con las peticiones. Los idiomas podían considerarse que tenían intencionalidades especiales. En chino se rezó por el Papa Francisco y todos los ministros del evangelio, "que puedan compartir valientemente el amor de Cristo con aquellos que no lo conocen", una forma de pedir libertad religiosa para evangelizar en lugares como China, donde esta libertad está muy restringida.

En polaco, se rezó "por los que gobiernan nuestra sociedad", para "que puedan construir una sociedad fraterna, con verdad, justicia y paz". En inglés, por los desempleados. En árabe, "por los pueblos martirizados por la guerra y la violencia, que elijan el camino del perdón, y no del odio" (hay más cátolicos árabehablantes de que rusohablantes, pero parece que se evitó la intencionalidad de dirigirse en ruso en plena guerra de Ucrania). En alemán, se rezó "por los jóvenes de la JMJ, para que fascinados por Jesús lleven esperanza y alegría a la Iglesia y al mundo".

La JMJ pasa de Lisboa a Seúl, jóvenes coreanos y portugueses posan para el momento

La JMJ pasa de Lisboa a Seúl, jóvenes coreanos y portugueses posan para el momento.

Despedidas y anuncios: Roma 2025, Seúl 2027

El cardenal norteamericano Kevin Farrell, del dicasterio vaticano encargado de la JMJ, expresó en español gratitud hacia los jóvenes que "se han levantado, se han puesto en el camino que lleva a Jesucristo y a los demás", en tiempos en que "demasiadas guerras se combaten en muchas partes del mundo". Agradeció por los que no se desanimaron ante las dificultades, incluyendo la pandemia que aplazó un año la JMJ.

Antes de rezar el Ángelus final, el Papa habló de la gratitud y el deseo de corresponder (en portugués "obrigado"). Animó a testimoniar "lo que Dios puso en nuestro corazón". Dios las gracias al cardenal Clemente de Lisboa, a la Iglesia portuguesa y al pueblo de Portugal. Recordó a los santos patronos del evento, "y a uno en particular, Juan Pablo II, que dio vida a estas jornadas".

A los jóvenes les insistió: "Ustedes se van con lo que Dios puso en su corazón, cuidenlo con esmero, manténgalo presente cuando lleguen los momentos de cansancio y desánimo, que son inevitables... No olviden nunca, ¡esta es la realidad, estos son ustedes!, el santo pueblo fiel de Dios que camina con la alegría del Evangelio".

Y mencionó a los que no pudieron acudir en Lisboa pero participaron desde encuentros locales (citó el de Tánger), y los bloqueados por conflictos y guerras. "Siento un gran dolor por la querida Ucrania que sigue sufriendo", dijo entre aplausos. Quiso compartir "un sueño que llevo en el corazón, el sueño de la paz, el de jóvenes que viven en paz y rezan por la paz". Y mencionó también a las víctimas de una avalancha en Georgia, en el Cáucaso, orando por las tareas de rescate y recordando "a mi hermano el Patriarca Elías II", líder de la Iglesia de Georgia.

Los momentos más destacados de la misa final, en 90 segundos:

Acabó recordando "nuestras raíces, nuestros abuelos que nos transmitieron la fe, el horizonte de una vida. De regreso a casa, ¡sigan rezando por la paz! Ustedes esperanza para un mundo diferente".

Anunció dos citas para el futuro: en 2025, el Jubileo de los Jóvenes en Roma; y en 2027 la siguiente JMJ, "en Asia, en Seúl". Fue el momento esperado para que salieran los jóvenes coreanos con su bandera y sus obispos acompañantes.

G. de A., ReL





domingo, 31 de julio de 2016

Misa final JMJ: «Ante Dios, no vale tu ropa o tu móvil; a Él le importas tú, y tú no tienes precio»


Misa final JMJ: «Ante Dios, no vale tu ropa o tu móvil; a Él le importas tú, y tú no tienes precio»



El Papa Francisco ha celebrado en el Campus Misericordiae, a algunos kilómetros de Cracovia, la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud 2016.

Más de un millón y medio de jóvenes se encontraban allí desde la tarde del sábado en la que también celebraron la vigilia con el Papa.

Jóvenes de todos los rincones del mundo que han pasado la noche en orando y celebrando la alegría de la fe. Con el domingo concluye una semana de encuentros, catequesis, oración y amistad y tras la que no volverán a sus casas indiferentes tal y como les pidió el sábado por la tarde en Papa en un motivador discurso. 

Muchos pasaron la noche en el Campus Misericordiae en oración

Un millón de jóvenes que han dormido poco despiertan con el sol en la explanada
 del Campus de la Misericordia

Mientras que en la homilía de esta mañana, el Papa ha querido recordar a los jóvenes que Dios cuenta con ellos por lo que son, no por lo que tienen. “Ante Él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio”. 

el Santo Padre ha hecho referencia a la lectura del día, el encuentro de Jesús con Zaqueo,para explicar que Él “desea acercarse a la vida de cada uno”, “recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente”. 

Zaqueo, tal y como ha recordado Francisco, era un rico colaborador de los “odiados ocupantes romanos”. Sin embargo, “el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder, con cada uno de nosotros”.


De este modo, el Santo Padre ha desarrollado su homilía indicando que Zaqueo tuvo que superar al menos tres obstáculos “que también pueden enseñarnos algo a nosotros”. 

El primero es la baja estatura. Una tentación –ha precisado– que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Esta es nuestra estatura, nuestra identidad espiritual: “somos los hijos amados de Dios, siempre”.


Así, ha subrayado que “no reconocer nuestra identidad más auténtica es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí”, “significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí”. ¡Tú eres importante!, ha exclamado recordando a los jóvenes que “Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes”.

Dios, ha precisado, nos ama más de lo que nosotros nos amamos, cree en nosotros más que nosotros mismos, “está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los hinchas”. En este punto, el Santo Padre ha invitado a los jóvenes a rezar cada mañana: “Señor, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida”.


El segundo obstáculo del que ha hablado es “la vergüenza paralizante”. Por eso ha recordado que Zaqueo superó la vergüenza y subió al árbol “porque la atracción de Jesús era más fuerte”. Zaqueo “sintió que Jesús era de tal manera importante que habría hecho cualquier cosa por él, porque él era el único que podía sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad”.

El Papa ha contado también a los jóvenes un “secreto de la alegría”: “no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un cajón”.

Ante Jesús, “no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados”, no podemos responderle con “un simple mensajito”.


El Papa ha exhortado a los jóvenes a no avergonzarse de llevar todo a Jesús, “especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión”.  Él sabrá –ha asegurado– sorprenderos con su perdón y su paz.

El tercer y último obstáculo no estaba en un  interior sino “a su alrededor”: la multitud que murmura, que primero lo bloqueó y luego lo criticó.

Así, Francisco ha pedido a los jóvenes “no tengáis miedo” y que recuerden el lema de la JMJ: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Del mismo modo les ha invitado a no desanimarse porque “con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predicáis la esperanza y sois una bendición para la única familia humana, tan bien representada por vosotros aquí”.

La mirada de Jesús –ha añadido– va más allá de los defectos para ver a la persona. “No se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro”, “no se resigna frente a la cerrazón, sino que busca el camino de la unidad y de la comunión”, “no se detiene en las apariencias, sino que mira al corazón”.

El Pontífice también ha pedido a los jóvenes que instalen “bien la conexión más estable, la de un corazón que ve y transmite el bien sin cansarse”.

Para finalizar la homilía, el Santo Padre, haciendo referencia a las palabras de Jesús a Zaqueo “hoy tengo que alojarme en tu casa”, ha asegurado que la  JMJ “comienza hoy y continúa mañana, en casa”, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. Jesús espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, “el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración”.

Jesús desea que su Palabra “se convierta en tu ‘navegador’ en el camino de la vida”. Jesús –ha recordado el Papa a los jóvenes– te llama por tu nombre.

“Tu nombre es precioso para Él”, ha indicado. La memoria de Dios no es “un disco duro” que almacena todos nuestros datos, “sino un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal”. De este modo ha invitado a “imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos días”.

Misa de clausura de la JMj Completa, de 2 horas y media, con comentarios en español

Texto completo de la homilía de Francisco en la Misa de Clasura de la JMJ 
Queridos jóvenes: habéis venido a Cracovia para encontraros con Jesús. Y el Evangelio de hoy nos habla precisamente del encuentro entre Jesús y un hombre, Zaqueo, en Jericó (cf. Lc 19,1-10). Allí Jesús no se limita a predicar, o a saludar a alguien, sino que quiere —nos dice el Evangelista— cruzar la ciudad (cf. v. 1). Con otras palabras, Jesús desea acercarse a la vida de cada uno, recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente.

Tiene lugar así el encuentro más sorprendente, el encuentro con Zaqueo, jefe de los «publicanos», es decir, de los recaudadores de impuestos. Así que Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no podía ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder, con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para encontrarse con Jesús: al menos tres, que también pueden enseñarnos algo a nosotros.

El primero es la baja estatura: Zaqueo no conseguía ver al Maestro, porque era bajo. También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Esta es una gran tentación, que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Porque la fe nos dice que somos «hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1): hemos sido creados a su imagen; Jesús hizo suya nuestra humanidad y su corazón nunca se separará de nosotros; el Espíritu Santo quiere habitar en nosotros; estamos llamados a la alegría eterna con Dios. Esta es nuestra «estatura», esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entendéis entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jesús —nos lo muestra el Evangelio—, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: ¡Tú eres importante! Y Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio.

Cuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros más que nosotros mismos, que está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los «hinchas». Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es más, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide que la vida se reavive, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegría. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada día. Nos hará bien decir todas las mañanas en la oración: «Señor, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida». No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.

Zaqueo tenía un segundo obstáculo en el camino del encuentro con Jesús: la vergüenza paralizante. Podemos imaginar lo que sucedió en el corazón de Zaqueo antes de subir a aquella higuera, habrá tenido una lucha afanosa: por un lado, la curiosidad buena de conocer a Jesús; por otro, el riesgo de hacer una figura bochornosa. Zaqueo era un personaje público; sabía que, al intentar subir al árbol, haría el ridículo delante de todos, él, un jefe, un hombre de poder. Pero superó la vergüenza, porque la atracción de Jesús era más fuerte. Habréis experimentado lo que sucede cuando una persona se siente tan atraída por otra que se enamora: entonces sucede que se hacen de buena gana cosas que nunca se habrían hecho. Algo similar ocurrió en el corazón de Zaqueo, cuando sintió que Jesús era de tal manera importante que habría hecho cualquier cosa por él, porque él era el único que podía sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad. Y así, la vergüenza paralizante no triunfó: Zaqueo —nos dice el Evangelio— «corrió más adelante», «subió» y luego, cuando Jesús lo llamó, «se dio prisa en bajar» (vv. 4.6.). Se arriesgó y actuó. Esto es también para nosotros el secreto de la alegría: no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un cajón. Ante Jesús no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados; a él, que nos da la vida, no podemos responderle con un pensamiento o un simple «mensajito».

Queridos jóvenes, no os avergoncéis de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión: Él sabrá sorprenderos con su perdón y su paz. No tengáis miedo de decirle «sí» con toda la fuerza del corazón, de responder con generosidad, de seguirlo. No os dejéis anestesiar el alma, sino aspirad a la meta del amor hermoso, que exige también renuncia, y un «no» fuerte al doping del éxito a cualquier precio y a la droga de pensar sólo en sí mismo y en la propia comodidad.

Después de la baja estatura y la vergüenza paralizante, hay un tercer obstáculo que Zaqueo tuvo que enfrentar, ya no en su interior sino a su alrededor. Es la multitud que murmura, que primero lo bloqueó y luego lo criticó: Jesús no tenía que entrar en su casa, en la casa de un pecador. ¿Qué difícil es acoger realmente a Jesús, qué duro es aceptar a un «Dios, rico en misericordia» (Ef 2,4). Puede que os bloqueen, tratando de haceros creer que Dios es distante, rígido y poco sensible, bueno con los buenos y malo con los malos. En cambio, nuestro Padre «hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45), y nos invita al valor verdadero: ser más fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos. Puede que se rían de vosotros, porque creéis en la fuerza mansa y humilde de la misericordia. No tengáis miedo, pensad en cambio en las palabras de estos días: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). Puede que os juzguen como unos soñadores, porque creéis en una nueva humanidad, que no acepta el odio entre los pueblos, ni ve las fronteras de los países como una barrera y custodia las propias tradiciones sin egoísmo y resentimiento. No os desaniméis: con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predicáis la esperanza y sois una bendición para la única familia humana, tan bien representada por vosotros aquí.

Aquel día, la multitud juzgó a Zaqueo, lo miró con desprecio; Jesús, en cambio, hizo lo contrario: levantó los ojos hacia él (v. 5). La mirada de Jesús va más allá de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro; no se resigna frente a la cerrazón, sino que busca el camino de la unidad y de la comunión; en medio de todos, no se detiene en las apariencias, sino que mira al corazón. Jesús mira nuestro corazón, tu corazón, mi corazón. Con esta mirada de Jesús, podéis hacer surgir una humanidad diferente, sin esperar a que os digan «qué buenos sois», sino buscando el bien por sí mismo, felices de conservar el corazón limpio y de luchar pacíficamente por la honestidad y la justicia. No os detengáis en la superficie de las cosas y desconfiad de las liturgias mundanas de la apariencia, del maquillaje del alma para aparentar ser mejores. Por el contrario, instalad bien la conexión más estable, la de un corazón que ve y transmite el bien sin cansarse. Y esa alegría que habéis recibido gratis de Dios, dadla gratis (cf. Mt 10,8), porque son muchos los que la esperan.

Escuchamos por último las palabras de Jesús a Zaqueo, que parecen dichas a propósito para nosotros en este momento: «Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (v. 5). Date prisa, porque hoy es necesario que me quede en tu casa. Ábrele la puerta de tu corazón.

Jesús te dirige la misma invitación: «Hoy tengo que alojarme en tu casa». La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. El Señor no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entrañables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros años de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sueños. Cómo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oración. Él espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración. Cuánto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu «navegador» en el camino de la vida.

Jesús, a la vez que te pide de ir a tu casa, como hizo con Zaqueo, te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para él. El nombre de Zaqueo evocaba, en la lengua de la época, el recuerdo de Dios.

Fiaros del recuerdo de Dios: su memoria no es un «disco duro» que registra y almacena todos nuestros datos, sino un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. Procuremos también nosotros ahora imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos días. En silencio hagamos memoria de este encuentro, custodiemos el recuerdo de la presencia de Dios y de su Palabra, reavivemos en nosotros la voz de Jesús que nos llama por nuestro nombre. Así pues, recemos en silencio, recordando, dando gracias al Señor que nos ha traído aquí y ha querido encontrarnos.