Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante.
¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir?.
¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?.
A ti se te hicieron ver todas estas cosas, para que sepas que el Señor es Dios, y que no hay otro dios fuera de él.
El te hizo oír su voz desde el cielo para instruirte; en la tierra te mostró su gran fuego, y desde ese fuego tú escuchaste sus palabras.
Por amor a tus padres, y porque eligió a la descendencia que nacería de ellos, el Señor te hizo salir de Egipto con su presencia y su gran poder;
desposeyó a naciones más numerosas y fuertes que tú, te introdujo en sus territorios y te los dio como herencia, hasta el día de hoy.
Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios - allá arriba, en el cielo y aquí abajo, en la tierra - y no hay otro.
- Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.
Salmo 77(76),12-13.14-15.16.21.
¡Recuerdo las proezas del Señor!
Yo recuerdo las proezas del Señor,
sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo;
evoco todas sus acciones,
medito en todas sus hazañas.
Tus caminos son santos, Señor.
¿Hay otro dios grande como nuestro Dios?
Tú eres el Dios que hace maravillas,
y revelaste tu poder entre las naciones.
Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.
Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño,
por medio de Moisés y de Aarón.
Evangelio según San Mateo 16,24-28.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino".
¡La felicidad de conocer el valor de nuestra alma!
Mis hermanos, si tenemos la felicidad de conocer el valor de nuestra alma ¡con qué esmero la cuidaremos! Pero nunca conoceremos su valor suficientemente. Hermanos, querer mostrarles el valor de un alma es imposible a un mortal. Sólo Dios conoce toda la belleza y perfección con las que adorna a un alma.
Les digo únicamente que todo lo que Dios ha creado - el cielo, la tierra y todo lo que ellos guardan- todas esas maravillas son creadas a favor del alma. (…) Ella tiene, a semejanza de Dios, la capacidad de conocer, amar y determinarse libremente en todas sus acciones. He aquí, hermanos, el elogio más bello que podemos hacer de las cualidades con las que Dios ha embellecido nuestra alma, creada por las tres personas de la Santa Trinidad y a su semejanza. Un espíritu, semejante a Dios, eterno en el avenir, capaz de conocer toda la belleza y perfección de Dios, tanto como es posible conocer a una criatura. Un alma, que es objeto de alegría de las tres Personas divinas, que puede glorificar Dios en todas sus acciones. Un alma de la que toda la ocupación será cantar la alabanza a Dios durante el Día sin fin y que será iluminada por la felicidad de Dios. Un alma que tiene tal libertad en todas sus acciones, que puede dar su amistad, su amor, a quien quiere. (…)
En una palabra, hermanos míos: nuestra alma es tan grande, tan preciosa, que sólo Dios la sobrepasa (EDD)
Reflexión sobre el cuadro
Hoy
celebramos la memoria de Santo Domingo, también conocido como Domingo de
Guzmán. Nacido en 1170 en el seno de una familia de la nobleza española,
recibió una buena educación y estudió durante 10 años en la Universidad de
Palencia. Ya en esa época se supo de su preocupación por el bienestar de
los demás, especialmente de los pobres, más que por sus propias
necesidades. En 1191, cuando España estaba asolada por el hambre, el joven
Domingo regaló su dinero y vendió su ropa, muebles e incluso valiosos manuscritos
para alimentar a los hambrientos. Al parecer, Domingo dijo a sus asombrados
compañeros: «¿Queréis que estudie con estas pieles muertas cuando
los hombres se mueren de hambre?».
Pero Dios
tenía planes aún mayores para Domingo: fundar una nueva orden religiosa con
la misión de combatir las numerosas herejías que existían en la época y
ayudar a difundir la doctrina de la Iglesia. La alegría y la jovialidad de
Santo Domingo son destacadas por numerosas personas que le conocieron. La
vivacidad de su espíritu al fundar una nueva orden debió de ser realmente
inspiradora. Según la tradición dominicana, en 1208 tuvo una visión de la
Virgen María en la iglesia de Prulla, durante la cual ésta le regaló un
rosario. La difusión de la devoción al rosario se atribuye en gran medida a
los dominicos. El Papa Pío XI afirmó que el rosario es «el
principio y el fundamento en el que se apoya la Orden de Santo Domingo para
perfeccionar la vida de sus miembros y obtener la salvación de los demás.»
Nuestra tabla pintada
es obra de Carlo Crivelli (c. 1430-1495), pintor veneciano. Los cuadros de
Crivelli suelen fusionar la elegancia del gótico tardío con la innovación
renacentista. Nuestro panel es más que un retrato, está impregnado de un
profundo sentido de devoción y de floritura teatral. A diferencia de muchos
de sus contemporáneos, que adoptaron efectos más suaves y naturalistas,
Crivelli adoptó un enfoque más lineal. Nuestra tabla forma parte de un
tríptico creado para una iglesia dominica en Ascoli Piceno, en la región de
Las Marcas. La tabla formaba originalmente el ala derecha del retablo, con
la Virgen María ocupando el panel central. Santo Domingo aparece vestido
con el tradicional hábito dominico blanco y negro, sosteniendo un lirio,
símbolo de pureza y castidad. Crivelli presenta al santo de perfil, con la
mirada dirigida hacia la Virgen central, creando un vínculo visual y
devocional entre los paneles laterales y el central.
by Padre
Patrick van der Vorst
Oración
Oh glorioso patriarca Santo Domingo!, gloria de España, amparo de la fe y fundador de la sagrada orden de los Predicadores. Tu nacimiento fue lleno de prodigios divinos, tu niñez amable, tu vida admirable, tu doctrina más del cielo que de la tierra, con la cual, y con los ejemplos de tus heroicas virtudes e innumerables milagros que el Señor obró por ti, convertiste a la fe católica a innumerables herejes, reformaste las costumbres extraviadas de los fieles, instituiste una orden de varones apostólicos que sustentase la Iglesia que amenazaba ruina, y llevase por la redondez de la tierra la doctrina del Evangelio, resistiese a los enemigos de la fe y fuese sol y luz del mundo.
Yo te ruego y suplico, ¡oh padre santísimo!, que me alcancéis la gracia de aquel Señor que te adornó de tantas y tan grandes gracias y virtudes, para que yo te imite en la pureza de mi alma y cuerpo, y en aquella ardentísima caridad con que tan amablemente llorabas los pecados ajenos y te castigabas por ellos, y quisiste ser vencido por rescatar el hijo de la viuda, y deseaste y procuraste ser mártir por el Señor; y aquella profundísima humildad y menosprecio del mundo, en la penitencia, en la mortificación de mis pasiones, en la oración y devoción a la Santísima Virgen nuestra Señora, que tu en tan sublime grado tuviste, para que siguiendo tus pisadas con tu favor rezando el Rosario, sea partícipe de tus altos merecimientos y de la corona que tu posees en el cielo.
¿Te distraes en la oración? El fundador de los dominicos encontró el secreto para ti: rezar involucrando todo el ser, cuerpo y alma
¿Te distraes con frecuencia en la oración? No eres el único. Uno de los grandes maestros de oración de la historia del cristianismo, santo Domingo de Guzmán (1170-1221), encontró la solución para sumergirse en la contemplación de Dios.
Para el fundador de la Orden de los Predicadores (los dominicos), la oración no era un ejercicio mental: era un diálogo con Dios en el que participaba toda su persona: su cuerpo y su alma.
Quienes le conocieron, compartieron su fuerte impresión al verle rezar, hasta el punto de que un autor desconocido, posiblemente un dominico, escribió un pequeño libro, auténtico manual, para describir “Los modos de orar de Santo Domingo” (c. 1260-1288).
El manuscrito, embellecido por maravillosas ilustraciones en color, que se conserva en la Biblioteca Vaticana (Codex Rossianus, 3), sigue siendo hoy una auténtica guía para la oración de cualquier persona.
En él se ofrecen, precisamente, los nueve modos de oración de santo Domingo que aquí presentamos:
1LA INCLINACIÓN
Ilustración del «Modo primero» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
En su primer modo de oración, santo Domingo se inclinaba ante la imagen de Cristo o el altar, como si Cristo, en él representado, estuviera allí real y personalmente, y no solo de manera simbólica (Cf. “Los modos de orar de Santo Domingo – Modo primero”).
Propuesta: haz una profunda reverencia ante un crucifijo, una cruz o un tu rincón de oración, haciendo la Señal de la Cruz
2LA POSTRACIÓN
Ilustración del «Modo segundo» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
En su segundo modo de oración, Domingo se postraba totalmente por tierra, apoyado sobre la cara, se compungía en su corazón y repetía en voz alta las palabras del Evangelio: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18, 13) (Cf. ”Los modos de orar de Sato Domingo – Modo segundo”).
Propuesta: póstrate (ponte boca abajo) ante el crucifijo, diciendo «Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad», mientras te inclinas. Permanece así, en silencio, durante un momento de recogimiento.
3LA DISCIPLINA
Ilustración del «Modo tercero» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
A continuación, santo Domingo se levantaba del suelo y se infligía penitencia mientras decía: “Tu disciplina me corrigió hasta el fin” (Sal 18, 36). (Cf.”Los modos de orar de Santo Domingo – Modo tercero”).
Propuesta: Golpea tu pecho a la altura de tu corazón. Con el puño derecho tócate el corazón diciendo «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa», o recita todo el “Yo confieso”.
4LA GENUFLEXIÓN
Ilustración del «Modo cuarto» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Después, con la mirada fija ante el crucifijo, santo Domingo lo miraba con suma atención, doblando las rodillas una y otra vez y hasta cien veces (Cf. “Los modos de orar de Santo Domingo – Modo cuarto”).
Propuesta: Arrodíllate durante unos segundos y permanece un rato con los ojos fijos ante la imagen de Cristo. Repite la operación varias veces.
5DE PIE
Ilustración del «Modo quinto» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Domingo se colocaba de pie ante el altar, con todo el cuerpo erguido sobre sus pies, sin apoyarse o arrimarse a nada, y en ocasiones con las manos extendidas ante el pecho, como si fuera un libro abierto. Se mantenía así derecho con toda reverencia y devoción, cual si estuviera leyendo delante de Dios (Cf.”Los modos de orar de Santo Domingo – Modo quinto”).
Propuesta: junta las manos con la cabeza ligeramente reclinada, reconociendo la presencia de Dios, y luego abre los brazos para recibir el Espíritu de Dios. Finalmente, extiende tus manos con las palmas hacia arriba para recibir sus dones. Cada movimiento debe durar unos segundos.
6EN CRUZ
Ilustración del «Modo sexto» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Con las manos y los brazos abiertos y extendidos, a semejanza de cruz, Domingo se mantenía en pie (Cf.”Los modos de orar de Santo Domingo – Modo sexto”.
Propuesta: Extiende tus brazos para formar una cruz, con las manos abiertas, pidiendo al Señor lo que deseas para ti y para los demás.
7MANOS ELEVADAS
Ilustración del «Modo séptimo» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Con frecuencia, a Domingo se le encontraba orando literalmente flechado al cielo, cual saeta lanzada por un arco tenso en línea recta a lo alto, con las manos levantadas con fuerza por encima de la cabeza, enlazadas o un poco abiertas como para recibir algo de arriba “Los modos de orar de Santo Domingo – Modo séptimo”).
Propuesta: eleva los brazos hacia el crucifijo o al Cielo, como si quisieras tocarlo o elevarte para implorar ayuda.
8EL BESO
Ilustración del «Modo octavo» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Cuando leía la Palabra de Dios, reverenciaba el libro, se inclinaba hacia él y a veces lo besaba, sobre todo si era un códice evangélico o si leía las palabras que Cristo pronunció de su misma boca (Cf. “Los modos de orar de Santo Domingo – Modo octavo”).
Propuesta: Lee un pasaje de la Biblia o el libro de los Evangelios, tócalo con la frente antes de leer un pasaje y bésalo tras haberlo leído.
9CAMINAR
Ilustración del «Modo noveno» del libro de «Los modos de orar de Santo Domingo»
Este modo Domingo lo practicaba cuando viajaba de una parte a otra, de manera especial si se encontraba en un lugar solitario. Disfrutaba con sus meditaciones en su contemplación (Cf. “Los modos de orar de Santo Domingo – Modo noveno”).
Propuesta: Haz una peregrinación a una imagen sagrada situada en otro lugar de la casa, en el balcón o en el jardín. Venera (por ejemplo, tocándola con las manos o la frente, besándola, etc.) la imagen y haz la Señal de la Cruz.