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jueves, 3 de julio de 2025

Oración del Papa León XIV al Sagrado Corazón de Jesús


 

Señor, hoy vengo a tu tierno Corazón,
a Ti que tienes palabras que encienden el mío,
a Ti que derramas compasión sobre los pequeños y los pobres,
sobre los que sufren y sobre toda miseria humana.

Deseo conocerte más, contemplarte en el Evangelio,
estar contigo y aprender de Ti
y del amor con que te dejaste tocar
por todas las formas de pobreza.

Tú nos mostraste el amor del Padre
amándonos sin medida
con tu Corazón divino y humano.

Concede a todos tus hijos la gracia del encuentro contigo.
Cambia, moldea y transforma nuestros planes,
para que sólo te busquemos a Ti en cada circunstancia:
en la oración, en el trabajo, en los encuentros y en nuestra rutina diaria.

Desde este encuentro, envíanos en misión,
una misión de compasión por un mundo
en el que eres la fuente de donde fluye toda consolación.
Amén.

¡Sagrado Corazón de Jesús, ten compasión de nosotros!

Victoria Arruda, ChurchPOP

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miércoles, 30 de octubre de 2024

Los dos pilares de la devoción al Sagrado Corazón

 

STATUE-SACRE-COEUR-JESUS-shutterstock


Dos tendencias caracterizan la devoción al Sagrado Corazón: la acción de gracias y la contemplación del Corazón traspasado. He aquí algunas explicaciones

La espiritualidad del Corazón de Jesús es un maravilloso resumen de la fe cristiana. Algunos la consideran un modo privilegiado de captar todas las riquezas y tesoros del amor divino. Pero, ¿cómo vivirla a diario? La devoción al Sagrado Corazón se caracteriza por dos corrientes: la acción de gracias por las insondables riquezas de Cristo (Ef 3,8) y la contemplación reparadora del Corazón traspasado (Jn 19,37).

"El culto al Sagrado Corazón de Jesús, en su íntima naturaleza, es el culto del amor con que Dios nos ha amado por medio de Jesús, al mismo tiempo que es el ejercicio del amor que nosotros mismos tenemos a Dios y a los demás hombres; consiste, en otras palabras, en honrar el amor de Dios por nosotros y a Dios como objeto nuestro para adorarlo, darle gracias, vivir en su imitación", recordaba Pío XII en su encíclica Haurietis Aquas publicada en 1956. Se trata de dar gracias por el amor infinito con el que Cristo nos envuelve y que nos impulsa, siguiendo sus huellas, a envolver a quienes nos rodean. Hasta aquí el primer pilar".

Cristo vencedor del mal

La contemplación reparadora del Corazón traspasado de Jesús puede parecer más abstracta. Sin embargo, es igualmente esencial. El Corazón traspasado de Cristo es la fuente desde la que el amor divino se difunde como el fuego por todo el universo.

Contemplarlo no encierra a los creyentes en sí mismos: al contrario, es el lugar de un encuentro personal con Cristo. La contemplación de este corazón no tiene nada de ingenuo ni de simplista. Este corazón traspasado, coronado de espinas y sangrante, es un recordatorio de que Cristo atravesó las tinieblas y las venció.

Al guardar silencio ante sus perseguidores, al rezar por sus asesinos, Jesús muestra que el amor incondicional de su corazón es la única fuerza que puede curar al mundo de su odio, su pecado y su rechazo de Dios.

He aquí dos oraciones que se recitan habitualmente en la liturgia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el tercer viernes después de Pentecostés, pero que cada fiel puede recitar regularmente para dejar que el Sagrado Corazón de Jesús habite en su vida.

La primera es la acción de gracias por las maravillas del amor del Padre a los hombres:

"Dios todopoderoso, al glorificar el Corazón de tu amado Hijo, recordamos los admirables beneficios de su amor por nosotros; te rogamos que nos concedas extraer de esta fuente divina / una superabundancia de gracia. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos".

El segundo evoca la reparación del amor herido:

"Señor Dios nuestro, en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, nos prodigas con misericordia los tesoros infinitos de tu ternura; te lo suplicamos: concédenos que, en el fervoroso homenaje de nuestra piedad, le rindamos también los deberes de una justa reparación. El que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos".

Conoce cuáles son las 12 promesas del Sagrado Corazón

Agnès Pinard Legry, Aleteia 

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sábado, 26 de octubre de 2024

Amor y perdón, dos cualidades que necesitamos más que nunca

 

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Te preguntas, ¿cómo encontrar el amor y el perdón en una era tan líquida? El papa Francisco propone las siguientes reflexiones en su encíclica Dilexit Nos

Recientemente, el papa Francisco publicó una carta encíclica titulada Dilexit Nos, la cual habla sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo dirigida a todos nosotros que vivimos en una era líquida donde los valores humanos se están distorsionando, creando una falsa idea de lo que es el amor, así como también el perdón, una palabra difícil de pronunciar pero con un gran significado. 

Redescubriendo nuestra dignidad

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Muchos de los problemas que enfrentamos en la actualidad son causados, precisamente, por una falta de identidad y respeto a la dignidad de cada persona como hijo de Dios. 

En uno de sus puntos, el santo padre Francisco, reflexiona sobre cómo la sociedad actual ve las cosas. Es verdad que se tiene la falsa creencia de que todo se puede comprar y las cosas tienen más valor entre más costo tienen, haciéndonos dependientes de lo material y superficial. 

Estos aspectos nos distraen de nuestro verdadero objetivo y nos hace olvidar que el amor y la misericordia de Cristo son para todo aquel que quiera recibirlo y además gratuito, es ahí en donde debemos fijar nuestra mirada. 

"El amor de Cristo está fuera de ese engranaje perverso y solo él puede liberarnos de esa fiebre donde ya no hay lugar para un amor gratuito. Él es capaz de darle corazón a esta tierra y reinventar el amor allí donde pensamos que la capacidad de amar ha muerto definitivamente". (218).

Necesitados al Sagrado Corazón para ser auténticos

Al mundo le falta autenticidad, en la forma en la que tratamos a los demás, incluso la forma en la que vivimos y para ello volver a Cristo, fijar nuestra mirada en Él, de tal forma que podamos expandir su amor por todo el mundo. 

Francisco no señala que la respuesta al mundo está en la devoción al Sagrado corazón de Jesús, es decir, sumergirnos en su sacratísimo corazón que en muchas ocasiones es olvidado, necesitamos sanar nuestros corazones y reparar a la humanidad. 

El sucesor de Pedro nos comparte las siguientes claves para ser misioneros del amor y acreedores de la misericordia de Jesús. 

1Pedir perdón

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Un corazón que sabe amar, sabe perdonar y pedir perdón, dice el papa Francisco que no solo hay que tener la buena intención, sino también un dinamismo que se vea exteriormente y aquí explica las bases para poder curar las heridas que causamos: 

"La reparación, para ser cristiana, para tocar el corazón de la persona ofendida y no ser un simple acto de justicia conmutativa, presupone dos actitudes exigentes: reconocerse culpable y pedir perdón [...]. Es de este reconocimiento honesto del daño causado al hermano, y del sentimiento profundo y sincero de que el amor ha sido herido, que nace el deseo de reparar". [199].

2Servir con alegría

Dios tiene una misión para cada uno de nosotros, por tanto, debemos responder a su llamado y a partir de ahí servir a los demás. 

"Él te envía a derramar el bien y te impulsa por dentro. Para eso te llama con una vocación de servicio: harás el bien como médico, como madre, como docente, como sacerdote. Donde sea, podrás sentir que él te llama y te envía a vivir esa misión en la tierra". 215. 

3Sembrar una amistad con Cristo

El papa es muy claro en su encíclica y nos invita a no tener miedo de forjar una relación con Jesús, muchas veces por miedo o por pena no fortalecemos nuestra relación con Cristo, pero cuánto bien le hace a nuestras almas.

"Él mismo nos dice: «Yo los envío» (Lc 10,3). Esto es parte de la amistad con él. Por eso, para que esa amistad madure, hace falta que te dejes enviar por él a cumplir una misión en este mundo, con confianza, con generosidad, con libertad, sin miedos." (215).

Karen Hutch, Aleteia

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