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martes, 21 de febrero de 2023

Lo bueno del ayuno, según Benedicto XVI

EMPTY PLATE,GLASS OF WATER

El ayuno durante la Cuaresma puede reorientar nuestras vidas y hacernos menos egoístas y más centrados en los demás

El ayuno es una disciplina de Cuaresma que la mayoría de nosotros no disfrutamos o abrazamos por completo. No nos gusta sentir dolores de hambre y preferimos llenar ese vacío con comida rica y deliciosa.

Sin embargo, el ayuno es una disciplina espiritual importante que puede ayudarnos a ser menos egoístas y más abiertos a otras personas.

El papa Benedicto XVI destacó este aspecto del ayuno en su mensaje de 2011 para la Cuaresma.

«El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

Es tentador pensar en el ayuno como algo opresivo y completamente innecesario, pero puede tener un efecto espiritual sorprendente si lo aceptamos por completo.

La clave es dejar que el ayuno nos abra los ojos a los pobres entre nosotros y reconocer cuánto nos ha dado Dios. 

Esta comprensión debería inspirarnos a servir a los pobres en nuestra comunidad local y hacer lo que podamos para retribuir a los menos afortunados.

Siempre que ayunemos durante la Cuaresma (o en otras épocas del año), permitamos que la gracia de Dios penetre en nuestros corazones y nos ayude a ser menos egoístas en nuestras vidas.


Philip Kosloski, Aleteia 

Vea también      Caminos laicales de perfección:
Oración, ayuno y limosna

































domingo, 21 de agosto de 2022

Egocentrismo: Un problema espiritual que tiene remedio

NARCISISTA

3 claves para salir de la autorreferencialidad
y crecer en la vida espiritual

«Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: «Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva». ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo»» (Lucas 10, 25-37).

Tres claves

Aveces será para un buen propósito, pero la mayoría de las veces, nuestra mirada se vuelve solo hacia nosotros; sobre nuestro desempeño, sobre nuestra eficiencia, sobre nuestra imagen a mostrar. Incluso a nivel moral, la corrección de nuestro comportamiento se vuelve central, como si nuestra felicidad dependiera de esta capacidad de nunca cometer errores. 

Desgraciadamente, el tiempo nos dirá que una vida dedicada a mirarnos a nosotros mismos, incluso con el objetivo de mejorar y alcanzar metas válidas, en lo humano y en lo espiritual, cada vez más exigentes, no implica necesariamente una vida feliz. 

La vida se llena cuando somos capaces de cambiar de mirada o cambiar de pregunta.

1HAZTE LAS PREGUNTAS CORRECTAS

A veces, incluso las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos y que le hacemos a Dios en nuestra oración, no son auténticas. Estas corren el riesgo de ser preguntas superficiales que no expresan lo que realmente llevamos en el corazón.

¿Qué sentido tiene que un experto en derecho haga una pregunta sobre la ley? Es una manera de poner a prueba a Jesús. Como también nosotros lo hacemos cuando le pedimos algo a Dios solo para probar su bondad o su poder, quedando siempre desilusionados. 

Sin embargo, esa pregunta revela algo sobre este hombre: es un hombre que habla de deberes y herencia. Utiliza términos jurídicos, pensando en encerrar la eternidad de la vida en la corrección de una conducta. Como si la felicidad fuera la consecuencia de esa corrección.

2EMPIEZA UN CAMBIO

Jesús no pierde mucho tiempo con aquellos que piensan en estos términos. Casi parece que está de paso, cuando lo atrae otra pregunta de ese hombre; pregunta que finalmente revela lo que lleva en el corazón y crea las condiciones para empezar a mirar las cosas desde otro punto de vista: ¿quién es mi prójimo?

Aquí la referencia sigo siendo yo. Sigue siendo una persona que espera que el mundo gire a su alrededor en la ilusión de ser el centro del universo, como un niño que solo ve sus necesidades, que mide todo a partir de sí mismo.

Sin embargo, esta es la apertura que permite a Jesús entrar en su vida y ayudarlo a cambiar su mirada. Jesús le cuenta una historia en la que puede revisarse a sí mismo, pero sobre todo una historia al final de la cual su pregunta encontrará una nueva formulación: ¿quién fue el prójimo? 

Esta es la cuestión del adulto que no espera que alguien se fije en él, sino que toma la iniciativa, da el primer paso, se da cuenta de la necesidad del otro y lo cuida. Esta es la pregunta que conduce a la felicidad.

3VIVE LA COMPASIÓN

Esta historia habla de un viaje, que es de alguna manera una imagen de la vida. Ese viaje en el que nos cruzamos con la vida de los demás, pero también sucede que nos lastiman, porque este viaje habla de nuestra vulnerabilidad, de esa debilidad que nos une a todos, porque tarde o temprano todos experimentamos el ser heridos.

De hecho, hay un hombre que baja de Jerusalén a Jericó. Es simplemente un hombre, no se dice nada de él. Cada uno de nosotros podría ser ese hombre. No habla, no dice nada, no sabemos de dónde es, a qué pueblo pertenece. Es un hombre herido y esto debería ser suficiente, sin otras razones, para inducirnos a detenernos.

Un sacerdote y un levita van por el mismo camino. Esta dirección del viaje es quizás una alusión al hecho de que recientemente terminaron su turno en el Templo de Jerusalén y están regresando a casa. Ven, pero no se detienen, porque la adoración no implica automáticamente compasión. Puedes pasar mucho tiempo en la casa de Dios y no abrir los ojos a las heridas de los demás.

Un samaritano también pasa por ese mismo camino y se detiene, porque tener compasión ante las heridas de otro es una cuestión de humanidad, no de culto o religión. Se detiene frente a un hombre anónimo.

La compasión se compone entonces de gestos concretos, no se queda en una mirada, un sentimiento, una idea romántica. Este samaritano realiza acciones: se acerca, venda sus heridas, vierte aceite y vino; carga el peso transportándolo a un hotel, lo cuida. Cuidar las heridas del otro no requiere gestos extraordinarios; sino la honestidad de reconocer lo que hoy se necesita.

Cambiar la mirada

Si el doctor de la ley que está en cada uno de nosotros quiere encontrar la vida plena, entonces debe cambiar de mirada, debe aprender del samaritano, que tomó la iniciativa, dejándose mover por la compasión. 

¿Cuándo podremos también nosotros salir de nosotros mismos y retirarnos de nuestras necesidades? Tal vez solo cuando nos demos cuenta de que un día también nosotros nos encontraremos medio muertos en el camino.

No se llega a ser samaritano sin la conciencia de ser personas vulnerables, heridas, a las que se ha devuelto la vida tantas veces.

Luisa Restrepo, Aleteia

Vea también     Los grados de la humildad y de la soberbia
- S. Bernardo de Claraval













































lunes, 20 de mayo de 2019

Estoy cansado de ser impuntual todo el tiempo, ¿qué puedo hacer para cambiar?


Padre, me molesta mucho la impuntualidad, yo mismo soy muy impuntual y suelo tener problemas por eso ¿Está mal ser impuntual?


Creo que para todos está claro que la puntualidad es una virtud.Muchas veces nos quejamos de la impuntualidad de otros, quizás cuando alguien no nos entrega un trabajo a tiempo, o cuando nos hacen esperar mucho para una cita o reunión, pero algunas veces nosotros también caemos en este defecto. Es bueno aclarar que no estamos hablando de una impuntualidad fruto de una eventualidad que escapa a nuestro control, sino del mal hábito de llegar tarde frecuentemente. Sabemos que todos los hábitos se van forjando en la constancia de practicarlos, tanto los buenos, como los malos. Por lo tanto si no tenemos la buena costumbre  de llegar a tiempo es porque no hemos sido educados en ella o no la hemos cultivado.


1. Acostumbrados a la impuntualidad

Puede ser que en nuestro medio ya estemos acostumbrados a la impuntualidad, y como alguien me decía el otro día, «es algo cultural». Refiriéndose a que es algo propio de nuestra manera de ser o de vivir, y que terminamos aceptándolo no porque nos parezca bueno sino porque ya se nos ha hecho costumbre e incluso en algunos casos ya no existe ni siquiera la conciencia de estar haciendo algo malo.
Personalmente me niego a pensar que no podemos cambiar.  Imagínate que te acostumbras a ver basura en la calle o a tener tu cuarto desordenado, el hecho de que estés acostumbrado a ello, no quiere decir que esto sea lo correcto o este bien. Por lo tanto, se trata de que comprendamos y vayamos tomando conciencia de lo fructífero que es la puntualidad, y así nos esforzaremos por cultivarla.

2. Por qué somos impuntuales con tanta frecuencia 

Tratemos de identificar la raíz del problema para de ahí dar alguna recomendación que nos pueda servir para mejorar. Mi opinión es que detrás de la impuntualidad puede haber un poco de egoísmo o desconsideración. Me refiero a dejar de pensar en el otro y pensar solo en mí. Es más, en algunos casos, el egoísmo llega al punto, que ni siquiera se considera el daño que le podamos hacer a la otra persona con nuestra tardanza. Por ejemplo pensar en el tiempo que utiliza para poder estar ahí a la hora indicada o si es que tiene alguna otra cosa que hacer y por nuestra demora o impuntualidad le dañamos los otros planes.
Por lo tanto podríamos revisar y ver qué consideraciones tomamos cuando decidimos llegar tarde, o si quizás ni siquiera pensamos y simplemente actuamos por hábitos adquiridos sin tomar conciencia de cómo mi actuar puede afectar al otro.
Voy aprovechar la ocasión para poner un ejemplo muy común, la tardanza de las novias en los matrimonios. Es un mal hábito, y una falta de consideración que hagan esperar algunas veces hasta 45 minutos, a los invitados puntuales y al sacerdote. Quizás podría alguno decir que exagero, pero no es así. Imagínate que la cosa fuera al contrario, que el sacerdote llegara una hora tarde a la celebración de la Misa. ¿Qué sucedería? A nadie le gustaría, podríamos decir que sería una irresponsabilidad y una falta de consideración hacia todas las personas.
En el fondo un acto egoísta de la persona que lo hace porque no piensa en los demás sino en él mismo. Ojo no estoy hablando de las eventualidades. Sino de acciones libres y deliberadas donde se mezcla la falta de reflexión, y de planificación. Por lo tanto ese ejemplo ilustra que la impuntualidad es una desconsideración hacia los demás.

3. ¿Cómo puedo mejorar?


En algunos casos incluso la impuntualidad puede llevar a la mentira, porque la persona tiende a justificarse, a inventarse alguna historia para ocultar su irresponsabilidad o falta de organización. ¿Cómo mejorar? Creo que escuchando nuevamente las palabras del Señor Jesús, viviendo el amor al prójimo, «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mt 7,12).Esforcémonos todos por mejorar siendo ejemplo para otros. Creo que si cultivamos al puntualidad todos ganamos.
Para reflexionar o meditar en grupo: ¿me acostumbré a ser impuntual?, ¿lo soy constantemente pero me molesta que otros lo sean conmigo?, ¿me esfuerzo verdaderamente por ser puntual en mis asuntos?
Artículo elaborado por el Padre Enrique Granados. catholic-link