Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Madre de Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madre de Familia. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de febrero de 2023

¿Qué hacer cuando tus hijos están gravemente enfermos? Lo cuenta una madre que lo vive todos los días

MARIANGELA TARI          


Sus dos hijos padecen diferentes enfermedades graves. ¿Dónde encuentra la fuerza esta mujer para continuar?

Cuando tus hijos están gravemente enfermos, ¿dónde puedes encontrar la fuerza para luchar todos los días? ¿Cómo hacer frente a estas situaciones extremadamente difíciles y seguir viviendo con alegría? ¿Y cómo reconocer la belleza que nos rodea y rodear a nuestros hijos con un amor cada vez mayor?

Hablamos de ello con Mariangela Tarì, madre de Sofia y Bruno y autora de Il precipizio dell’amore (El precipicio del amor), un espléndido libro de testimonios personales.

– Cuando descubrió que su hija Sofía tenía el síndrome de Rett, usted y su esposo Mario se propusieron luchar contra la enfermedad. Mientras luchaba, descubrió que su hermano pequeño, Bruno, tenía un tumor cerebral. No ha tirado la toalla, al contrario, ha decidido transformar sus sufrimientos en posibilidades. ¿Cómo lo hace día tras día?

La discapacidad de un hijo o de un ser querido requiere un largo viaje de conocimiento, un viaje por un camino nuevo con reglas desconocidas. Toda la familia se embarca en este viaje, porque cuando un niño se enferma, toda la familia se enferma. Al principio solo hay dolor e incredulidad, y uno está completamente aplastado. La familia se derrumba entre noches de insomnio y busca remedios milagrosos inexistentes. Bebes, discutes, piensas en un futuro imposible. Existe el miedo a estar solo. La burocracia complica todo, desde la escuela hasta el hospital, pasando por encontrar medicamentos y ayudar con los tratamientos. Este período de gran confusión es en realidad un tiempo de aprendizaje y transformación. Conocemos nuevas realidades, padres que ya pasaron por esa experiencia y asociaciones voluntarias. Solo hay que tener la capacidad y la voluntad de buscar mientras todo se derrumba. Cuando se sufre mucho, cada uno aporta sus recursos.

«Necesito ayuda diaria de los demás»

– ¿Cómo lidiar con este sufrimiento todos los días?

Obviamente el sufrimiento está ahí. Necesito ayuda diaria de los demás y de mí misma para comprender lo que estoy sufriendo y por qué: añoranza, ira, dolor, miedo… Necesito sentir estas cosas, comprenderlas y hacer algo al respecto, porque cuando sé lo que es el sufrimiento, también entiendo que puedo superar esas emociones con la práctica. Hacer, actuar, es el primer remedio.

Debo decir que el cáncer, a diferencia de la discapacidad, te promete directamente la muerte. El cáncer lo incinera todo. Te asusta y te quita cualquier posibilidad de pensar en la vida. El cáncer te recuerda de repente que la vida puede terminar. Millones de personas mueren a nuestro alrededor todos los días, pero siempre pensamos que somos inmortales. El cáncer de mi hijo me catapultó al presente, al aquí y ahora. Y luego todo lo que sería mala suerte para el resto del mundo se convirtió en todo lo que teníamos.

«Nuestros besos se han vuelto más fuertes»

– ¿Qué significa eso exactamente?

Nuestros besos se han vuelto más fuertes, nuestros abrazos más intensos; el momento en que vimos una película en la cama se convirtió en un momento de felicidad indescriptible. Todo centrado en el presente, agudizado e iluminado por la conciencia de que la vida se compone de momentos felices que debemos acoger.

Como familia hemos redescubierto la utilidad de las cosas inútiles, estar junto a las personas que amamos, vivir sin prisas, dedicar tiempo a nuestros hijos. Hemos creado un archivo de felicidad compuesto por pocas cosas, sin pensar en el futuro. Y le dimos sentido a algo que no lo tenía. Empezamos a ayudar a otras personas a través de una asociación llamada La Casa di Sofia.

MARIANGELA TARI
Mariangela Tarì con un ejemplar de su libro.

– ¿De dónde saca su fuerza? ¿De dónde viene?

No sé de dónde viene, me asombra todos los días. Creo que viene de una actitud de asombro. Mantener abierta la cuestión de la vida y el asombro me pone en un estado de dicha casi infantil. ¡Todavía tengo tantas cosas por descubrir y tantas preguntas que hacerle al mundo!

«Los amo indescriptiblemente. Ellos me transformaron. Me permiten salir de mí misma y darme.«

En segundo lugar, mi fuerza proviene ciertamente del amor que tengo por mis hijos. Los amo indescriptiblemente. Ellos me transformaron. Me permiten salir de mí misma y darme.

Tener el coraje de pedir ayuda

La fuerza, sin embargo, también debe ser alimentada. Debo recordar que además de la persona que estoy cuidando, también estoy yo. Como cuando nos subimos a un avión y nos dicen que si hay un problema primero tenemos que ponernos la máscara de oxígeno y luego ayudar a los que están en problemas. Debemos entender que somos padres, pero también personas. Es fundamental aprovechar pequeños momentos para estar solo. Es muy difícil de hacer: los cuidadores familiares no tienen tiempo libre, y por eso debemos tener el coraje de pedir ayuda, de gritar este pedido de apoyo, de no avergonzarnos. Porque volveremos a casa más fuertes.

– ¿Se puede ser feliz a pesar de los eventos desafortunados?

El dolor es parte de la vida. Este es el primer punto. Nadie es inmune al dolor. Y no es necesario tener cáncer para padecerlo. Es la condición humana. Y por eso debe tratarse exactamente como tratamos otras cosas que nos suceden. Escucha nuestro sufrimiento, derrama todas las lágrimas que tenemos cuando necesitamos llorar, sin miedo; hablar de ello sin vergüenza. El dolor también nos permite redescubrir quiénes somos, porque restablece nuestro conocimiento.

El dolor hace lo que hace el amor: te descentraliza, te pone en crisis, y una crisis es reformular el juicio sobre el mundo. Mirándolo de esta manera, el dolor significa posibilidad. Rechazarlo es inútil, es más fuerte que nosotros. Y luego tenemos que darnos tiempo para sufrir, para retirarnos hasta que nuestra naturaleza nos pida abrirnos de nuevo.

«Me pregunté qué podía aprender»

– En su libro escribe que el dolor la convirtió en la perdedora más fuerte. ¿Qué significa?

Cuando tuve a mi primera hija era maestra. Como tal, he comenzado a ver a mi hija más allá de la enfermedad. Me pregunté qué podría aprender, qué podría haber más allá del síndrome de Rett. Estaba mirando a mi hija, no a la enfermedad. Es por eso que es nuestro deber ayudar a aquellos que no tienen las herramientas. La discapacidad es sólo una carga para una sociedad ciega e individualista. Como padres, en un momento no buscamos una cura milagrosa, sino actividades y herramientas para tratar de hacer felices a Sofía. No es fácil. Es muy agotador, y entre todas las actitudes que hemos comenzado a cultivar, requiere aceptación. Aceptar el cambio y reconocer que es la única constante en nuestra vida. Y en vez de dejarnos llevar por los acontecimientos, pensando que no tenemos poder sobre un destino que ya está escrito, debemos decidir.

Cambiar tu diálogo interior

– ¿Cómo podemos cambiar esta historia de desgracia?

Tenemos que «pretender». Es algo que aprendí en la escuela de interpretación. Podemos pretender que hemos elegido esta vida y experimentarla desde todos los ángulos posibles. Aceptar que se perderán muchos lazos, pero se construirán otros nuevos. Acepta que algunos días tienes que sufrir, y saber que este dolor terminará. Siempre termina. Cambia tu diálogo interior, habla de ti mismo en términos de posibilidades en lugar de destrucción. Podemos hacer esto si buscamos lecturas y experiencias que hayan tenido personas que hayan cambiado esta historia de fatalidad. Una desgracia que puede convertirse en otra cosa.

– En su libro dice que el dolor y la alegría no son tan opuestos…

Cuando me enfrento a días dolorosos siempre reflexiono. Creo que el pasado me parece increíblemente hermoso, solo porque el pasado parece lleno de eventos agradables. Incluso los días de hospitalización, aquellos en los que pensé que no iba a sobrevivir, vienen a mi memoria con anécdotas positivas. Esto significa que el presente doloroso se convierte en un recuerdo agradable. Y luego vuelvo al presente, vivo y trato de construir algo positivo incluso en un mal día. Cambio de actitud. Requiere mucho trabajo espiritual. Trabajo que se resetea cuando nos encontramos con personas que ven a nuestros hijos como niños infelices.

No somos héroes

– ¿Hay cosas que la gente dice que les duele?

Cuando me encuentro con la mirada de alguien que luego mira hacia otro lado, o cuando mi hija es llamada «pobrecita». Todo se detiene cuando no te invitan a cumpleaños o tardes para pasar juntos. La comunidad lo es todo. Puedo trabajar sobre mí misma, pero el otro debe ser mi aliado. Las palabras que más me inquietan son estas: «¡Ustedes son héroes!» No, mi esposo y yo no lo somos. Somos seres humanos. Los héroes no necesitan ayuda.

– ¿Qué le gustaría decir a los padres que viven situaciones similares?

Casi tengo miedo de dar consejos y, por lo tanto, solo daré algunas sugerencias. En primer lugar, siempre pide ayuda. Entonces ponte en marcha y contacta con tantas asociaciones como puedas: se te abrirá un mundo de posibilidades. Y finalmente, delega sin sentirte culpable cuando tu cuerpo no pueda manejarlo. Tus hijos y las personas que cuidas te necesitan y, por lo tanto, debes cuidarte a ti mismo.

Marzena Wilkanowicz-Devoud, Aleteia 

Vea también     Testimonios de Fe ante la Enfermedad y la Discapacidad































viernes, 17 de enero de 2020

Edna Kiplagat, católica, madre de cinco hijos, tres adoptados... y bicampeona mundial de maratón

«Cuando dejamos que Dios decida, Él cambia lo que necesita ser cambiado»

Edna Kiplagat fue campeona mundial de maratón en 2011 y 2013, plata en 2017 y aspira al oro olímpico en Tokio 2020. En la imagen, al ganar la maratón de Boston en 2017, con 37 años.
Edna Kiplagat fue campeona mundial de maratón en 2011 y 2013, plata en 2017
y aspira al oro olímpico en Tokio 2020.
En la imagen, al ganar la maratón de Boston en 2017, con 37 años.

La bicampeona mundial de maratón Edna Kiplagat tiene 40 años y es madre de cinco hijos. Tokio puede ser su última oportunidad de ganar el oro olímpico, tras 23 años de competición. En ese objetivo fija la mirada, pero sin perder de vista lo que para ella, católica practicante, tiene mayor importancia: Dios. Roxanne King la ha entrevistado al respecto en el National Catholic Register:
Edna pasea la bandera de Kenia tras alzarse con el oro en el mundial de Moscú 2013.
La dos veces campeona del mundo de maratón Edna Kiplagat es esposa, madre de cinco hijos y una católica devota. En sus 23 años de carrera, esta nativa de Kenia ha sido campeona cuatro veces en los seis World Marathon Majors. Ahora se entrena en Longmont (Colorado), un ciudad cuyo nombre viene de la montaña Long’s Peak. Está centrada en ganar la medalla de oro para su país natal en los Juegos Olímpicos de 2020. Aunque cumplió 40 años en noviembre, su increíble sprint al final de la maratón de Boston del año pasado, con el que cubrió la brecha de tres minutos que la separaban del corredor que iba en cabeza, nos dice que no está acabada. Su fe y la búsqueda de la medalla olímpica recuerdan las palabras de San Pablo en Filipenses 3, 14: "Corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús".
Nacida y crecida cerca de Iten, en Kenia, Kiplagat fue descubierta cuando estaba en el instituto por el hermano Colm O’Connell, de los Hermanos de San Patricio. El hermano Colm es un renombrado maestro, misionero y entrenador de 71 años que ha descubierto, entre otros, a cuatro campeones olímpicos y 25 campeones mundiales. Hoy en día, a Kiplagat la entrena su marido, el ex corredor Gilbert Koech. La pareja se casó en 2001. Aunque actualmente viven en Longmont, tienen una granja en Iten. Sus hijos, que tienen entre 4 y 26 años, incluyen tres adoptados. Los dos mayores fueron adoptados antes de tener a sus propios hijos; el más pequeño fue adoptado después de que nacieran sus dos hijos biológicos.
Kiplagat ha hablado recientemente con el Register sobre su fe y el papel que tiene en su vida.
-¿Cómo y cuándo empezó a competir?
-En diciembre de 1995 fui, invitada por el hermano O'Connell a un campamento de entrenamiento que duraba tres semanas. Al año siguiente, 1996, representé a Kenia en los Campeonatos del Mundo Junior [WJC, sus siglas en inglés] sobre pista y campo en Sidney (Australia). [Kiplagat ganó la medalla de plata en los 3.000 metros. En 1998, ganó el bronce en los WJC en Annecy, Francia]. Cuando acabé el instituto, en 2006, formé parte del equipo en el World Cross Country Championships en Fukuoka (Japón). Un gran año para mí fue el 2010, cuando gané las maratones de Los Ángeles y Nueva York.
-¿Se está entrenando para los Juegos Olímpicos de 2020? Si es así, ¿cuándo se harán las pruebas y sabrá si formará parte del equipo?
-Sí, mi sueño es ganar el oro olímpico. Es la victoria fundamental que aún no he conseguido. Las pruebas se harán después de la maratón de Boston [en abril de 2020] y, entonces, la Federación de Atletismo de Kenia hará la selección.
-El año pasado, cuando iba tres minutos detrás de la líder, de repente aceleró para cubrir la brecha y situarse segunda en la competición de mujeres del maratón de Boston, que usted ganó en 2017. ¿Tiene otras carreras a la vista?
-Me estoy preparando para media maratón como calentamiento para la maratón de Boston.
Así fue la primera victoria de Kiplagat en un mundial, en Daegu (Corea del Sur). Además de sus dos campeonatos mundiales, Edna ha ganado en Nueva York (2010), Londres (2014) y Boston (2017), tres de las seis Majors o grandes maratones, junto con Berlín, Chicago y Tokio.
-Su marido abandonó las competiciones para ser su entrenador a tiempo completo. ¿Qué beneficios y desafíos plantea para su matrimonio y su familia el que su marido sea su entrenador?
-Tenerle como entrenador significa que ambos tenemos una misión como pareja cada día. Nos animamos mutuamente, nos damos fuerza y nos desafiamos para alcanzar nuevas cimas. Cuando estoy cansada, él me anima y me empuja a seguir adelante. Me ayuda a preparar el plan y el programa de mis entrenamientos, para los niños y toda la familia. A veces no estamos de acuerdo, pero hemos aprendido que cuando dejamos que Dios decida, Él cambia lo que necesita ser cambiado. Ambos crecimos en la fe católica, por lo que estamos bendecidos por ello.
-¿Qué papel tiene la fe en su entrenamiento y en su vida?
-La fe es la garantía -es decir, la confianza y la creencia - de las cosas que se esperan, pero no se han recibido aún (Mt 11, 1).
»Por ejemplo, en Mateo 9, 27-30, dos ciegos se acercaron a Jesús y le pidieron que les curara. Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo?". Contestaron: "Sí, Señor". Entonces les tocó los ojos, diciendo: "Que os suceda conforme a vuestra fe". Y se les abrieron los ojos. Su fe en que Jesús les podía devolver la vista era la sustancia o realidad de lo que habían esperado. Les dio la confianza o la seguridad de que recibirían lo que habían pedido. Ellos creían, tenían fe.
»Un ejemplo del Antiguo Testamento lo tenemos en la historia de los tres amigos de Daniel que se niegan a inclinarse ante la estatua de oro del rey Nabucodonosor (Dan 3). Los que se negaban eran amenazados con ser arrojados vivos a un horno encendido. Los jóvenes judíos Sídrac, Misac y Abdénago, que se negaron a inclinarse ante la imagen, le dijeron al rey Nabucodonosor: "Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que  has erigido". Su fe/confianza era la sustancia de lo que esperaban, y era la evidencia de lo que aún no habían visto o recibido. Creían que Dios les salvaría, y lo hizo, porque obedecieron a sus mandamientos y no se inclinaron ni adoraron a otros dioses.
»Creo que nuestros planes y entrenamientos tendrán éxito. Siempre rezamos por cada cosa que hacemos, y confiamos en Dios.
Edna, en su parroquia de San Francisco de Asís, en Longmont. Imagen: National Catholic Register.
-¿Cómo compagina su entrenamiento físico con el matrimonio y la familia?
-Desde que empecé a correr he tenido el apoyo de mucha gente: mis padres, mis entrenadores, mi marido y mis hijos. El viaje ha sido maravilloso, ¡no me parece que hayan pasado más de veinte años desde que empecé! He disfrutado cada día y cada éxito.
Cuando nos casamos, tuvimos que tener a alguien que se ocupara de nuestros hijos, lo que me facilitaba que me entrenara sin preocuparme de las tareas familiares. También me tomé tiempo de descanso después de los embarazos. Tenemos una familia maravillosa, y nos respetamos entre nosotros. Todos comprenden la importancia de mi entrenamiento y las competiciones, por lo que me apoyan.
»Mi marido y yo, desde el momento en que nos conocimos, planificamos lo que queríamos hacer. Dios nos unió, y tiene buenos planes para nosotros. Nos reserva buenas cosas. Nos unió para que nos ayudáramos a conseguir lo que queríamos y ser todo para aquello que Él nos creó, para que alcanzáramos nuestro potencial.
-¿Cuándo se trasladaron a Longmont y por qué?
-Nos trasladamos a Estados Unidos en enero [2019]. Elegimos vivir en Longmont porque la conocíamos bien, lo habíamos visitado a menudo. Desde 2010 nos entrenamos en Boulder, donde vivíamos. Tenemos muchos amigos que viven en Longmont [que está a las afueras de Boulder]. Es una ciudad acogedora. Y, además, Longmont está a una altura de 1519 metros por encima del nivel del mar, lo que es fantástico para entrenarse
-¿Qué edad tienen sus hijos? ¿Viven con ustedes?
-Mercy, de 26 años, terminó la  universidad el año pasado. Collins, de 18, acaba el  instituto este año. Carlos, de 15, y Wendy, de 11, viven con nosotros Longmont. Faith tiene 4 y vive con su abuela.
-Ustedes poseen una granja en Iten. ¿Qué tipo de granja es?
-Es pequeña. Cultivamos maíz y judías, y tenemos vacas, ovejas y cabras.
-¿Qué es Save Our Girls?
-La gente de mi comunidad lleva adelante varios programas caritativos. El más reciente, Save Our Girls, fue creado para asistir y educar a niñas de las aldeas rurales sobre la menstruación cuando llegan a la pubertad. Muchas niñas no van al colegio cuando tienen la regla porque sienten vergüenza. [Este tema sigue siendo tabú en muchos países en vías de desarrollo]. Queremos que sepan que es una parte normal de la vida. Queremos que sean conscientes de ello y proporcionarles productos de higiene para la menstruación.
-¿Hay algo que quiera añadir?
-Todo lo que he hecho y pasado es porque Dios nos ha bendecido como familia, no sólo a mí individualmente. Lo que he hecho se lo debo a las personas que me han apoyado a través de los éxitos y los fracasos. Estoy realmente agradecida por lo que he conseguido, y por seguir teniendo la oportunidad de intentar lo que no he conseguido. Seguiré rezando para perseverar. Sé que todo se consigue con la oración, y sé que Dios responderá.
Traducido por Elena Faccia Serrano, ReL


viernes, 3 de agosto de 2018

¿Cómo sobrevive una madre los primeros años de sus hijos en casa y sin ayuda?: 10 consejos prácticos

Se puede sobrevivir y ser totalmente feliz, pero hay que cambiar de mentalidad





Cuando trabajaba en una oficina tenía una niñera que cuidaba a mis dos hijos prácticamente todo el día. Yo llegaba en la noche. Si no era demasiado tarde alcanzaba a bañarlos y a acostarlos. La mayoría de veces simplemente los acostaba. Me perdí los primeros pasos y las primeras palabras de mi hija mayor, señala con tristeza Silvana Ramos en Catholic Link.
Las cosas cambiaron cuando decidimos que me quedaría en casa cuidando a los chicos. ¡Estaba tan ilusionada con la idea! ¡Por fin todo el día con mis bebés! Todo iba a ser maravilloso.
Por supuesto me leí algún libro con consejos para organizar la casa con niños pequeños, y compré algunos utensilios para tener todo “en orden”. Soy una persona organizada y me encantan los planes y los horarios (o al menos así era). Luego de terminar los trámites de la renuncia, llegó el tan ansiado día. Ya el levantarme y no tener quién viera a mis niños para darme un baño cambió cualquier idea que tenía sobre lo maravilloso que iba a ser quedarme en casa. Como podrán imaginarse ese fue un día bastante largo. Llegué a las 7 de la noche a duras penas y por supuesto sin bañarme. Los días continuaron y la cosa no se hizo más fácil, ni mis horarios ni mis planes funcionaban, y como si fuera poco, las discusiones con mi esposo aumentaban. Empecé a notar la pasta de dientes salpicada en el espejo, la tapa del baño sin bajar, el plato de comida en la mesa de noche. Me convertí en “la bruja” y lo peor de todo era que sabía que me estaba convirtiendo en esa mujer que siempre dije que no iba a ser. Por mi cabeza solo pasaban preguntas sin respuesta: ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo una madre sobrevive los primeros años de sus hijos en casa y sin ayuda? ¿Cómo es posible cuidar niños y a la vez cuidar tu matrimonio? En fin.
No voy a dar una fórmula exacta de lo que se tiene que hacer, ni mucho menos. Bien sabemos lo difícil que es la vida familiar. Simplemente quiero compartir lo que he aprendido en medio de algunas situaciones que antes me parecían caóticas y que hoy atesoro. Espero les sirva.
 child
1. Los juguetes en el piso, en el baño y hasta debajo de la almohada significan vida
Cuando eres mamá, el perfeccionismo y la preocupación desmedida por el orden no te llevan a ninguna parte. Es más, te hace perder tiempo y te hacen perder amor. Los juguetes en el piso (en el sillón y hasta debajo de tu almohada) me hablan de vida, son el rastro de mis pequeños niños, de sus risas, de sus llantos, de lo que han descubierto, y de lo que han aprendido. Es cierto que la estructura y las rutinas son importantes para los niños, les dan seguridad, pero, si no cumples los horarios al pie de la letra, un día o dos, no pasa nada. Si un par de juguetes quedan en el suelo no pasa nada. Entendí que es mejor estar con ellos enseñándoles y dándoles ternura, que enfocada en los horarios y en que mi casa parezca sacada de una revista. Ellos son un regalo, ¡hay que disfrutar y celebrar el regalo! Vengo intentando aprender a mirarlos con los ojos de Dios. Me imagino cómo Dios cuida de mí, con qué ternura y paciencia me forma, y perdona una y otra vez mis errores.

 pataleta


2. Las pataletas se han convertido en la alarma que me recuerda que soy yo la responsable de sus vidas
El llanto de una pataleta puede ser realmente desesperante. Muchas veces lo he pensado (y algunas veces lo he hecho) en tirarme al piso y llorar a gritos junto a mis hijos. Las ideas se me acaban, los argumentos no existen, no hay consuelo en esta tierra que pueda calmarlos… provoca hacer todo lo que ellos quieran para que no lloren de esa manera. He aprendido que la decisión que tome en ese momento no debe reflejar mi deseo de paz y silencio sino de lo que es mejor para ellos. Soy yo la que los está formando, soy su madre y por más desesperada y agotada que esté mi labor no ha acabado y tampoco puede ponerse en pausa, continúa todo el día. Así que de tripas corazón y a acompañar esa pataleta con paciencia y amor. He visto que poco a poco van menguando.
nino
3. Su mal humor, la mayoría de las veces, es reflejo del mío
Llena de enfado alguna vez le he increpado a alguno de mis hijos: “¿Y ahora qué te molesta?”. Y de pronto veo la expresión de mi rostro reflejada con exactitud en el rostro de mi hija. Los sentimientos de mis hijos muchas veces hablan de los míos. Si están todo el día conmigo, aprenden de mí. El cómo me respondan o cómo reaccionan a muchas situaciones es reflejo lo que han aprendido. Mirarlos en esta edad es como mirarse a uno mismo. A través de ellos puedo conocerme, o por lo menos preguntarme qué es lo que me pasa.
paciencia
4. Todo lo hacen lento… y la paciencia ha sido la virtud que ha salido a mi rescate
Nunca he sido muy paciente, hoy reconozco que la paciencia es una virtud que en los padres debe estar a la mano todo el tiempo. En el mundo de hoy todo es rápido, todo sucede en minutos y muchas veces he querido llevar mi hogar a la velocidad que llevaba mi oficina. Mis pequeños están recién aprendiendo, cómo podría apurar la velocidad a la que lo hacen. Por fin entiendo que necesitan tiempo para abotonar un botón, para subir la escalera, para agarrar su botella de agua, lo que yo puedo hacer en un segundo es para ellos todo un logro. Reconocerlo y empezar a ejercitar la paciencia ha sido mi salvación. Mientras observo cómo lo hacen, he aprendido a ocuparme de algo más o de sentarme simplemente a ver, es casi un descanso. La paciencia me va dando esa tranquilidad de observar y esperar que las cosas sucedan con calma.
caos
5. La pasta de dientes en el espejo y la tapa del baño arriba, me recuerdan que vivo enamorada de alguien. El desorden se soluciona, la soledad no
En tono de broma me han preguntado: “¿Contra quién estás casada?”. Parece que lo usual es ver al esposo como el contrincante. La verdad es que mi esposo es el príncipe encantado que llega a salvar a la damisela. Cuántas veces he estado al borde del ataque de nervios y he sentido la llave en la puerta: “¡Ya llegueee!”. Los niños inmediatamente corren a abrazarlo y yo me puedo desplomar en el sitio por lo menos unos minutos. Un abrazo y un “ya estoy aquí” hace toda la diferencia. ¡Por fin puedo hablar con otro adulto! Y hasta una pila de platos sin lavar puede desatar la noche más romántica que haya tenido en meses. La pasta de dientes salpicada en el espejo se soluciona, la soledad no. Conversar, entender que somos un equipo, que amamos, que los hijos son nuestros y ayudarnos. Es en este punto en que la gracia de Dios recibida en el matrimonio se manifiesta: ¡cuántas discusiones!, ¡cuántos reclamos hemos podido sobrellevar, entender y solucionar! Creo que por nuestros propios medios nunca hubiéramos podido. Entender que somos un matrimonio unido para toda la vida porque nos amamos, hace toda la diferencia.

 cara


6. La cara lavada y el pelo atado es mi nuevo estilo
Mis tacos y vestidos de fiesta no son muy útiles a la hora de tirarse al piso a jugar. Casi siempre estoy con la cara lavada y con el pelo atado en una cola. Cuántas mañanas me he visto al espejo y casi no reconozco a la que está ahí. De pronto una vocecita me dice: “¡Mami eres la más linda del mundo!”. Mi cara se ilumina y descubro que la alegría es el mejor salón de belleza que puedes encontrar. No sé qué tan de acuerdo mi esposo esté, pero aún no he recibido quejas… ¡es momento de criar!
 maternidad
7. La soledad de la maternidad es un lugar bello y seguro para estar
Con muy buena intención me han aconsejado tomar un tiempo para mí, para salir con amigas y distraerme, ¡suena maravilloso! Con tres niños pequeños es casi imposible. Muchas personas pueden decir que la maternidad trae soledad, y es cierto. Pero esa soledad no es tan mala. He empezado a tener tiempo para pensar en quién soy y qué quiero, descubrir talentos ocultos. Me he dado cuenta de que soy capaz de hacer más cosas de las que jamás imaginé que podía hacer. Ni en el más loco de mis sueños me imaginé siendo madre, y mucho menos imaginé todo lo que esto significaba. ¡Estoy segura de que si hubiera puesto el mismo empeño y esfuerzo que pongo en la maternidad en mi carrera, en este minuto sería el CEO de una compañía!
 mirada
8. Las miradas de mis hijos luego de una travesura me van contando quiénes son
Desde mi primer embarazo me preguntaba cómo serían mis hijos. Sus travesuras me han sacado casi todas las canas que tengo y han colmado la poca paciencia que tenía, sin embargo, cuando todo pasa y en la noche repaso el día, esas travesuras, esas miradas de complicidad entre ellos me va contando quiénes son, qué les gusta, cuáles son sus inclinaciones, cuáles sus debilidades. Son pequeños, es verdad, pero hay tantas cosas que ya se ven con claridad, es un mundo que poco a poco voy descubriendo a la vez que los voy formando.

 leer


9. Leer, leer y leer tiene sentido. Formarse para ser mamá no es una locura
El poco tiempo libre que tengo lo ocupo leyendo y no es solo porque me gusta leer, sino porque me apasiona esta tarea de ser mamá, de ser esposa, de formar una familia. Mi abuela me decía que estas cosas se aprendían sobre la marcha y puede que haya tenido razón, en algún sentido es así, pero en mi experiencia el saber las características de las edades y del desarrollo en los niños y de la misma convivencia matrimonial me traen calma, es como si tuviera mayor libertad para poder decidir y discernir mi actuar en el día a día.
 dios
10. Dios está más cerca de lo que crees, habla con Él
Dios es amor y la familia es el lugar donde el amor debe reinar. ¿Cómo puede reinar el amor si el hombre se empeña en vivir ajeno a Dios? La gracia que recibimos en el sacramento del matrimonio es esa ayuda vital para enfrentar la vida familiar con fortaleza, paciencia y alegría. Cultivar la oración significa aprender a hablar un mismo idioma. Mis hijos saben cuándo estoy agotada y alguna vez los he escuchado decir: “Dile a la Virgencita que te ayude mami”. Ellos lo creen y verdaderamente es así, María sale a mi encuentro y me enseña y me forma todos los días, a través del amor a mis hijos y la entrega a mi familia empiezo a conocer el corazón de Su Hijo.
ReL