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viernes, 19 de junio de 2026

León XIV: Dios te ama como eres, pero te sueña mejor

Dios, amor, pecado, conversión, ser mejor, adulterio, Jesús

Una frase que nos mueve a la conversión diaria la expresó el Papa León en un reclusorio: "Dios te ama como eres, pero te sueña mejor", y, claro vale para todos

Muchas enseñanzas quedan para el mundo con lo que ha ocurrido en España en los últimos días, durante la visita apostólica del Papa León XIV. Sin embargo, el mensaje dado por el Papa León XIV en el centro penitenciario femenino de Brians 1, en Barcelona, puede hacernos cambiarnos de opinión, porque vale para toda la humanidad: "Dios te ama como eres, pero te sueña mejor".

Dios nos sueña mejores

No cabe duda de que el Señor Jesús nos habla a través de los demás. Pero cuando su representante en la tierra nos recuerda lo que el Hijo de Dios vino a predicar, no podemos permanecer indiferentes. ¿Acaso estamos conformes con quienes somos?

Cierto, Dios nos ama, pero también exige que cada día superemos nuestras debilidades y combatamos nuestros pecados. Dios desea que el pecador se convierta y deje atrás su vida vacía para llenarla con Él.

Es lo que leemos en la Biblia, es lo que enseña la Iglesia y es lo que nos ha recordado el Papa: Dios nos sueña mejores.

Es necesaria la conversión

Repasando el Evangelio, encontramos muchas muestras del infinito amor con el que Jesús perdonó a los pecadores, pero también leemos que no consintió su actitud pecadora. Les pidió conversión.

Baste un ejemplo, que leemos en el evangelio de san Juan: los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio y quieren saber la opinión del Señor para comprometerlo, pues la ley de Moisés ordenaba apedrearla.

El Señor conoce sus intenciones, por eso, luego de un rato de silencio que aprovecha para escribir en el suelo, les responde:

"El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra" (Jn 8, 8).

Y como se fueran escabullendo todos, hasta dejarlos solos, surge esta conversación, donde el Señor es contundente:

"'Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?'. Ella contestó: 'Ninguno, Señor'. Jesús dijo: 'Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más'"

(Jn 8, 10-11).

No peques más

Es una orden amorosa: "no peques más". ¿Es o no lo mismo? Dios "te quiere mejor". Nunca seremos forzados por el Señor porque respeta nuestra libertad. Pero, constantemente debemos recordarnos a nosotros mismos que tenemos un trabajo diario: vigilarnos para no caer en el pecado que puede perdernos.

Ser mejor significa, pues, corresponder al amor de Dios que no se cansará nunca de perdonarnos porque "sueña" que alcancemos el cielo y vivamos eternamente con ÉL.

Por eso, esforcémonos y pidamos a Dios que nos ayude a ser fieles a su voz para cumplir sus mandamientos y amarlo sobre todas las cosas, siendo cada día mejores que el día anterior.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también     Espiritualidad de la Conversión



viernes, 14 de marzo de 2025

El Papa responde a una esposa traicionada: «El perdón se fortalece con la gracia»

El Papa saluda a los fieles en una Audiencia General  (Vatican Media)

El Papa saluda a los fieles en una Audiencia General (Vatican Media)
En la revista mensual “Piazza San Pietro”, la respuesta de Francisco a Catia, una mujer que le pregunta cómo perdonar la traición de su marido. “El perdón es un acto gratuito, personal, que encuentra su fuerza en el espíritu, en la gracia y en el amor de Dios”, escribe el Pontífice en una carta escrita antes de su hospitalización.

Vatican News

“No es fácil perdonar, sobre todo cuando te han traicionado en el amor, en las palabras, en la confianza. El amor en el matrimonio debe mejorarse siempre mirando a Jesús, a María, al himno de caridad de San Pablo. Si hay amor, el amor es capaz de paciencia, de remendar, de reparar”. Lo escribe el Papa Francisco en las páginas de Piazza San Pietro, la revista mensual dirigida por el padre Enzo Fortunato que explora temas de fe, espiritualidad y vida cotidiana. El Pontífice, como cada mes, responde a una de las cartas que le dirigen. Esta vez se trata de la carta de una mujer traicionada por su marido que se pregunta si debe perdonar, pidiendo una señal para entender que perdonar “lo imperdonable” es realmente lo correcto.

La gracia del perdón

Antes de su hospitalización, el Papa prestó atención al caso de Catia, que representa la condición de muchas parejas y familias hoy. “Pero cada historia es siempre especial, diferente, única. “El perdón es un acto gratuito, personal, que encuentra su fuerza en el espíritu, en la gracia y en el amor de Dios”, escribe el Pontífice que impulsa el perdón, sugiriendo un recorrido bien definido: “En esta búsqueda del amor verdadero con paciencia, bondad, benevolencia, reciprocidad, Catia, puedes pedirle a tu marido que hagamos juntos un camino de acompañamiento, por ejemplo algunos encuentros con un matrimonio cristiano comprometido en apoyar a parejas heridas, compartir experiencias de vida, dificultades, perdón, reconciliación”.

Vatican.va

































sábado, 8 de marzo de 2025

Las mujeres en la Iglesia: 8 pasos liberadores en la historia de la cultura católica

La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla, ganando espacios de libertad.

La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla, ganando espacios de libertad.

Giulia Galeotti, periodista e historiadora, y Lucetta Scaraffia, profesora de Historia y también experta en Bioética, han colaborado en el libro La Iglesia de las Mujeres (editorial Ciudad Nueva).

Este libro de 140 páginas incluye:

  • un breve repaso de la función histórica de las mujeres en las entidades y estructuras católicas;
  • una exposición de las figuras femeninas en la cultura bíblica (lo femenino en Dios, que ha creado a los humanos en dos modalidades, hombres y mujeres; Dios como la Sabiduría, figuras bíblicas como Agar, María, Magdalena);
  • y una entrevista en profundidad con Scaraffia, intelectual conversa al catolicismo desde una familia de la masonería, la izquierda radical y una experiencia de comuna "hippy". 

Galeotti es capaz de mostrar amplitud de visión histórica al presentar en relativamente pocas páginas la influencia liberadora del cristianismo en la historia de la mujer en 8 ámbitos.

La Iglesia de las Mujeres (aquí en Ciudad Nueva)

1. Hombres y mujeres, con la misma dignidad espiritual

Con Jesús, que hablaba y comía con mujeres y alaba su fe y les predicaba también a ellas, el cristianismo establece un modelo que San Pablo explica así en su famoso texto de Gálatas: "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús".

Hombres y mujeres se bautizan igual, se confiesan igual, reciben los sacramentos de igual forma. Hay una igualdad radical en lo eterno y espiritual, y por lo tanto en la dignidad personal. No era así con muchas otras religiones de la Antigüedad ni en las actuales.

2. El matrimonio cristiano iguala a hombres y mujeres

En las culturas paganas, la promiscuidad sexual del marido (con esclavas, prostitutas o amantes) estaba perfectamente aceptada. La de la esposa, no tanto. El cristianismo crea otra cosa distinta: un matrimonio sin promiscuidad para ninguno, exigiendo a ambos exclusividad y fidelidad. "Durante mucho tiempo el derecho canónico fue el único que ponía en el mismo plano el adulterio masculino y el femenino. [...] Era una lectura inimaginable para las autoridades laicas. Hay que recordar que en Italia la ley civil que establecía penas diferentes por adulterio no se derogó de la Corte constitucional hasta 1968".

3. El matrimonio indisoluble defiende a la mujer

"Al sostener la indisolubilidad de las nupcias, el cristianismo -la única entre las grandes religiones monoteístas en proclamar la monogamia, que significa tutelar al contrayente más débil- protegía de hecho a la mujer de ser repudiada por esterilidad o adulterio".

En una cultura pagana que valora a las mujeres vírgenes, ¿qué futuro puede tener una mujer repudiada, expulsada? Pero los tribunales eclesiásticos siempre defendieron el vínculo de las esposas e impidieron los repudios. Incluso en el siglo XVI el anglicanismo nace como una imposición de un rey tiránico, Enrique VIII, que quiere huir del matrimonio indisoluble, que defendía los derechos de la reina.

  • Giulia Galeotti (a la izquierda), con Lucetta Scaraffia (a la derecha).

4. El cristianismo implanta al padre afectuoso y con deberes

Para los paganos, los padres (varones) tenían el derecho a matar a sus hijos o hijas. Una madre no podía defender a sus hijos o hijas.

El cristianismo impidió y combatió este derecho: en la Edad Media ningún país cristianizado reconocía ya este derecho a matar hijos y aunque algunos pueblos seguían practicándolo la Iglesia se esforzó en erradicarlo.

"El derecho canónico estableció además otro principio fundamental, según el cual a todo hijo -fuese legítimo, ilegítimo, fruto de adulterio o de incesto- le correspondía el derecho de ser alimentado por su padre, convirtiéndose en un deber preciso el proveer a los hijos independientemente de su origen".

Giulia Galeotti ha estudiado estos temas en su libro "In cerca del padre" y señala las normas canónicas que hacían que los clérigos proveyesen por sus hijos ilegítimos y también normas para defender los derechos de herencia de las niñas.

5. El monaquismo: mujeres cultas, un camino distinto al de la maternidad

Las mujeres cristianas podían optar por una vida fuera del ciclo de embarazos y partos: la vida monástica y consagrada. Las mujeres pobres en estas comunidades podían aprender a leer y escribir y obtener cultura, algo que era imposible para las mujeres pobres en culturas no cristianas.

Como escribía ya en 1910 la erudita norteamericana Emily James Putnam "ninguna institución ha concedido jamás a las mujeres las posibilidades de reconocimiento de las que gozaron en el convento".

6. Las abadesas: mujeres con jurisdicción temporal y espiritual

Desde el siglo XI, "las abadesas ejercían poderes semejantes a los del obispo: gozaban de una amplísima jurisdicción espiritual y temporal, tanto en el monasterio como en el territorio aledaño; juzgaban en las causas eclesiásticas, otorgaban a los sacerdotes derecho a predicar y confesar; conferían cargos eclesiásticos, en muchos casos dirigían monasterios dobles, con sección femenina y masculina".

A finales del siglo XII perdieron parte de estas atribuciones, pero ya habían forjado parte de Occidente.

Santa Clara (interpretada por Mary Petruolo) en la película italiana de 2007

7. Las mujeres fuertes reivindicativas

Giulia Galeotti pone ejemplos de mujeres católicas que abrieron nuevos espacios para la mujer en Occidente.

Clara de Asís arrancó del Papa Gregorio XI el "privilegio de pobreza", para que las clarisas, como los franciscanos, entraran en una excepción extraordinaria al derecho canónico: "no poder ser forzadas por nadie a recibir posesiones", llegando a la perfección radical en la pobreza.

Catalina de Siena, enfermiza y frágil, en el siglo XIV tomaba la palabra y escribía contra el cisma en la Iglesia y pedía al Papa, desplazado en Aviñón, que volviera a Roma.

Teresa de Jesús, en el siglo XVI, renovó la espiritualidad cristiana y la organización monacal, en red con otros reformadores.

En Italia, en el siglo XIX, Teresa Eustochio Verzeri logra no solo la autonomía económica para sus congregaciones sino que tengan una superiora general independiente de los hombres que centralice esta autonomía.

8. Emprendedoras administrando dinero y empresas

En el siglo XIX se produce un "boom" de fundadoras y emprendedoras católicas que ponen en marcha infinitos orfanatos, hospitales, escuelas e iniciativas, en Europa, América y en las misiones.

"Las fundadoras fueron, entre otras cosas, las primeras mujeres en administrar solas y con éxito sumas considerables de dinero, en enfrentarse activamente con nuevos equilibrios sociales, y en viajar, aceptando llegar a zonas todavía desconocidas", como se ve en el caso de muchas misioneras.

En este siglo hay otra novedad: si en siglos anteriores se necesitaba que las familias ricas o los reyes financiasen con grandes donaciones la creación de nuevos monasterios, en el siglo XIX las mujeres crean congregaciones con un capital inicial casi nulo o inexistente, y aprenden a obtener recursos y optimizarlos.

Muchas fundadoras vienen de familias burguesas y de zonas industrializadas y ya sabían ser buenas administradoras antes de entrar en religión. Ellas formarán a sus hermanas para que sean directoras de escuelas, hospitales y orfanatos.

  • Santa Francisca Javier Cabrini, que trabajó con los inmigrantes en EEUU en el siglo XIX, es un modelo de emprendedora que comenta Giulia Galeotti; su cuerpo se venera en Washington Heights, Nueva York [foto de Gregory A. Shemitz]

La ruptura llegó con la Revolución Sexual

Para Giulia Galeotti, las mujeres y la Iglesia estuvieron aliadas durante muchos siglos, para civilizar el mundo, hasta que en los años 50 del siglo XX se despobló el campo en Occidente y en los 60 llegó la Revolución sexual, la anticoncepción y el divorcio generalizado, con los valores individualistas que socavaban la familia y lo comunitario.

La autora cree que en el siglo XXI pueden darse nuevas alianzas entre cierto feminismo y la Iglesia Católica, en campos "como el aborto, la fecundación heteróloga, la gestación subrogada y la ideología de género", en los que se han dado "puntos de convergencia esenciales entre posiciones católicas y posiciones laicas".

Así, parte del feminismo coincide con el catolicismo en oponerse a las bases de la ideología de género, algo que "significa rechazar una visión que pretende liberar a las mujeres librándolas de la feminidad, privándolas de sus características naturales que las hacen no inferiores sino solo distintas a los hombres". En esta línea de resistencia a la ideología de género estaría la filósofa laica francesa Sylviane Agacinski.

La Iglesia de las Mujeres es un libro bastante amplio teniendo en cuenta los temas que cubre con detalle pero agilidad en tan solo 140 páginas y vale la pena acudir a él para divulgar un discurso alternativo al del feminismo de la confrontación imperante hoy en ámbitos políticos y académicos.

P.J. Ginés, ReL

Vea también      Carta de Juan Pablo II a las mujeres