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domingo, 11 de agosto de 2024

Cómo responder a ofensas y malos comentarios en una pelea

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Probablemente en algún momento de tu vida, te has encontrado con personas difíciles, o momentos en los que te han ofendido, insultado verbalmente, ya sea en el trabajo, al hablar con un cliente o en otra situación diferente

Nadie está a expensas de vivir una situación en la que podamos enfrentarnos a ciertos desacuerdos u ofensas hacia nosotros mismos, por ello, perder la paciencia ante una ofensa, ya sea en el trabajo, en la familia o con algún amigo, es muy sencillo. 

Cuando ocurre esto, la situación puede desencadenar un ataque de ira e incluso puede ser muy desgastante pues se inicia un ambiente de agresiones verbales entre las personas involucradas en la discusión. 

Seguramente te preguntarás ¿cómo mantener la calma ante estas situaciones?, ¿Cómo responder ante alguien que busca provocarnos para hacernos perder la paz? 

La manera en la que reacciones es clave. Si bien, no puedes controlar lo que diga la otra persona -o su comportamiento- si puedes tener un buen manejo de tus emociones y acciones.

La autora Bárbara Nerckhan, en su libro Defiéndete de los ataques verbales, comparte una serie de consejos que pueden ayudarte a mantener la calma, a no caer en provocaciones y, sobre todo, a mantenerte firme y respetuoso. 

Esperanza

1Estado de ánimo independiente

Este es el primer paso para la autodefensa. Enfocarte en tu estado de ánimo te ayudará a no perder la calma. No permitas que tu estado de ánimo dependa de los demás. 

"Siempre que nuestro humor y nuestros sentimientos dependen del trato que nos propinan otras personas, nos encontramos atrapados como peces en el anzuelo".

2Escudo protector

Crear un escudo mental ayudará a no tomar tan a pecho el comportamiento o actitud que tiene el otro hacia ti. Te ayudará a reconocer que las personas quizás estén pasando por un mal momento y por ello han perdido la calma. 

Es como si fuera una cadenita: alguien que vive una situación desagradable lo pasa por medio de su actitud a otra persona, y así sucesivamente; por ello, debes cortar de raíz esos pensamientos inquietantes. 

3Frase de fondo

La psicóloga Bárbara recomienda traer a tu mente una frase que suene de fondo mientras la otra persona intenta discutir contigo; ayudarán frases como "eso es cosa de los demás". "Eso no va conmigo" o "eso no me corresponde".

Escucha con paciencia y actúa de forma amable.

4Negociar tenaz y relajadamente

Las personas funcionamos con acuerdos, incluso en cada charla importante se fija un acuerdo en común. Por ello, puedes hablar con tranquilidad y fijar un acuerdo que funcione para ambos. 

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5Hablar sin perder el hilo

Muchos, al ver la actitud atacante del otro, comienzan a sentirse intimidados, lo que provoca que el nerviosismo aumente y entre a flote la inseguridad. 

Cuando te enfrentes a esta situación: respira profundo y recuerda todos los pasos anteriores para que generes tu escudo protector y puedas expresarte ante el otro de manera adecuada. 

6Muestra tu seguridad

Recuerda que el lenguaje verbal transmite más de lo que piensas. Es importante mostrar seguridad no solo con tus palabras, sino también con tu postura. 

Dice la autora que es importante asegurarte de mantener el contacto visual, no bajes los hombros. 

Eso denotará que estás abierto al diálogo, pero mostrándote seguro y respetuoso.

Karen Hutch, Aleteia

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jueves, 12 de octubre de 2023

Alto a las discusiones, comienza a dialogar con tu pareja

problemas de pareja

Quizá te has preguntado cuál es la diferencia entre el diálogo y la discusión, pero una pregunta aún más importante es: ¿Cómo puede mejorar mi relación si, como pareja, apostamos por el diálogo y no por la discusión?

¿Eres de las personas que se empeñan en defender sus puntos de vista y debatir del tema que sea con tal de ganar en la conversación? Si es así entonces estás hablando desde tu ego y no desde tu corazón; como debería de ser si te concentraras en dialogar en lugar de discutir con tu pareja.

Las personas que gustan de discutir se acaban por convertir en adeptos a polemizar, es decir, se dedican a llevar la contraria: si dices que es blanco, de inmediato dicen que es negro; y si sostienes que es a la derecha, discuten que es a la izquierda. Son «contreras» que se oponen a lo que el otro dice. Y eso lleva a una relación muy polémica, que acaba por ser desgastante.

La gran diferencia entre dialogar y discutir

Por principio, ambas son una manera de comunicación y se tratan de intercambiar las opiniones y puntos de vista, que pueden llegar a ser muy opuestos.

Cuando son tan diferentes, generalmente se intenta defender la propia opinión, con las ganas de convencer al otro, y así pronto se cae en una discusión. Llegado este momento, se involucran toda clase de emociones, en especial se exhalta el enojo, aparece la irritabilidad, surge el orgullo y el ego, y hasta el miedo y el coraje. Todo como resultado de que el enfoque principal es ganar la conversación, con los propios argumentos, y no tratar de comprender el punto de vista de la otra persona.

En cambio, el diálogo es una manera de comunicación más abierta y flexible, pues el enfoque principal es buscar comprender bien lo que el otro expone, poniendo atención profunda a lo que trata de decirnos y teniendo la intención de llegar a un mutuo acuerdo y encontrarle una solución al tema que se está tratando.

Ya no se trata de defender o atacar un punto de vista, ni de ganar una disputa. Por eso el diálogo es el tipo de comunicación que debemos de promover.

Otra importante diferencia es que ,cuando dialogamos, tratamos de sacar lo mejor de nosotros mismos, narramos acontecimientos y relatamos nuestras experiencias con el fin de dar a conocer lo que sentimos o pensamos y no tratamos de convencer ni de argumentar nada. Solo Compartimos lo que hemos vivido y tenemos en el corazón.

Por el contrario, cuando estamos en una posición de discutir, nos montamos en el ego y, desde una postura personal, tratamos de sostener que decimos lo correcto o que nuestro conocimiento es el adecuado. Si esto mismo le pasa a la pareja, muy fácilmente se cae en una polémica. Es decir, que cada quien se pone en una posición de combate contra el otro, de demostrar quién tiene la razón y evidenciar que el otro está equivocado.

Esto lleva también a una lucha de poder, por querer imponer y someter al otro al pensar que mis percepciones y conocimientos son mejores y más acertados que los suyos. Al estar en este plan es muy fácil ofender a la pareja, especialmente cuando se le insinúa que es una persona tonta o necia porque no quiere darle al otro la razón.

Diálogo como respuesta de una relación significativa

Couple talking
En el diálogo se busca una conexión sincera, amorosa, profunda y respetuosa.

Martin Buber, un filósofo y teólogo muy conocido por su concepto de «Diálogo Yo-Tu», explica que cuando hay una relación humana más auténtica y significativa entre dos personas se práctica el diálogo sin la necesidad de discutir, porque no se trata de utilizar ni someter al otro ya que ambos se identifican como sujetos únicos e iguales; ninguno intenta abusar o sacar algún provecho, sino que buscan una conexión sincera, amorosa, profunda y respetuosa.

Para Buber el diálogo genuino es indispensable para una mayor vida espiritual, porque realmente establece una conexión profunda entre el yo de ambos. Hay apertura y una comprensión del presente de cada uno. El experto incluso llegó a mencionar que cuando hay un verdadero diálogo, se incursiona en una vía que conduce a lo sagrado, a lo divino y de esta manera, se exaltan los valores espirituales más elevados.

En cambio, cuando discutimos caemos en las más bajas emociones y muy fácilmente se abren las puertas de la agresividad, el enojo, la ofensa y el insulto, lo que lleva a un deterioro en la relación y a una posible ruptura. De aquí la gran importancia que tiene practicar el diálogo con la pareja y no tratar de discutir para nada y de ningún asunto.

Amar no es tratar de enfrentar, ganar y convencer, sino de escuchar y comprender para, finalmente, conocerse profundamente y gozar de la mutua alegría y paz interior.


Guillermo Dellamary, Aleteia

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