El beato Peter To Rot nació en Papúa Nueva Guinea, de padres conversos al catolicismo. Su padre le sugirió que se hiciera catequista mientras asistía a la escuela de la misión. Se convirtió en un excelente maestro y ayudó al sacerdote a educar a la gente. Se casó y tuvo tres hijos. Cuando los japoneses tomaron las islas durante la Segunda Guerra Mundial, enseñó en secreto, pero pronto fue capturado y encarcelado en un campo de concentración. A pesar de las súplicas de su esposa para que dejara de predicar y enseñar, se negó y fue ejecutado mediante inyección letal.
El beato Pedro To Rot nació en Papúa Nueva Guinea, hijo de padres conversos al catolicismo. Su padre le recomendó que se hiciera catequista mientras asistía a la escuela misionera. Se convirtió en un maravilloso maestro y ayudó al sacerdote a educar al pueblo. Se casó y tuvo tres hijos. Cuando los japoneses ocuparon las islas durante la Segunda Guerra Mundial, les enseñaron en secreto, pero pronto fueron capturados y encarcelados en un campo de concentración. A pesar de que su esposa le rogó que dejara de predicar y enseñar, él se negoció y fue ejecutado mediante inyección letal.
Iglesia para todos: riqueza y contraste
Por el p. Hugo León Londoño, MSC
Una de las características más significativas de la Iglesia es su misión, si no la más importante. El Señor Jesús nos dio este mandato en el Evangelio de Mateo 28:16-20: «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado...». Inspirados también por este mandato, los Misioneros del Sagrado Corazón compartimos la alegría de ayudar a construir el Reino de Dios, que es el propósito de la misión. Por lo tanto, podemos sentir que la tarea no ha sido en vano y que la fuente abierta por el Padre Julio Chevalier sigue viva y dando fruto. Papua Nueva Guinea ha sido evangelizado por los Misioneros de Sagrado Corazòn y con los MSC se hizo catequista.
Con motivo de la canonización de Peter To Rot, el 19 de octubre, podemos ver la gracia de Dios y el contraste de la misión. Como ministros ordenados, participamos plenamente en el pueblo de Dios, pero esta participación alcanza su plenitud con la ayuda y la colaboración de personas comprometidas que, como Peter To Rot, se han enamorado de Jesús y proclaman con valentía la Salvación. Su riqueza y contraste son mayores porque formó una familia, pero no tuvo miedo de proclamar la maravilla del Reino, una maravilla fundada en la vida sacramental, en los valores, pero sobre todo, en las experiencias personales únicas que permiten a la Iglesia estar siempre presente. Peter To Rot nos llena de orgullo; tras recorrer el camino de Dios con su vida y martirio, ha sido reconocido en el camino de la santidad, una tarea a la que todos estamos llamados.
Pedimos al Espíritu Santo que nos conceda perseverancia para proclamar el Evangelio que Él dio a este primer santo de Papúa Nueva Guinea y que su semilla sea también la fuerza para que nuestro fundador, el Padre Jules Chevalier, se convierta en santo, ya que su visión de ser el Corazón de Dios en el mundo permanece y seguirá vigente. Pedimos a San Pedro To Rot que interceda por todos los que servimos al Reino de Dios y que conceda abundantes vocaciones a los Misioneros del Sagrado Corazón. Que nosotros, consagrados y laicos, sigamos siendo un tesoro y un símbolo de una Iglesia siempre viva.
El Papa Francisco allana el camino para la canonización de Pedro To Rot
Oración por la canonización
Oh Dios, que incesantemente iluminas a tu Iglesia peregrina en la tierra con la gloriosa pasión de los mártires, concédenos, te rogamos, que por el ejemplo y la intercesión de San Pedro To Rot, vivamos firmemente en la confesión de nuestra fe y seamos sostenidos en la adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
En Papúa Nueva Guinea, la
próxima canonización de Pedro To Rot es igualmente histórica. Se convertirá en
el primer santo del país, un hito que refleja el impacto duradero de la labor
misionera en el Pacífico. Devoto catequista laico, Pedro To Rot fue fruto de
las primeras misiones católicas establecidas en la región por los Misioneros
del Sagrado Corazón en 1882. Su fe inquebrantable y su compromiso con su
comunidad lo convirtieron en un faro de luz, incluso frente a la persecución.
Sin embargo, su camino hacia la santidad ha
dado un giro inusual. A diferencia de la mayoría de los casos de canonización,
el de Pedro To Rot no requirió un milagro verificado. Normalmente, el Vaticano
exige una prueba médica que acredite que la intercesión de un candidato condujo
a una curación inexplicable. Sin embargo, en Papúa Nueva Guinea, el proceso
enfrentó obstáculos singulares. La escasez de profesionales médicos católicos
en la región, sumada a que muchos médicos locales practicaban otras religiones
y no estaban dispuestos a participar como testigos, hizo casi imposible
documentar un milagro según los estándares habituales.
Además, la
rica tradición oral de Papúa Nueva Guinea planteó otro desafío. Si bien existen
numerosos testimonios de eventos milagrosos atribuidos a Pedro To Rot, muchos
de quienes los experimentaron no saben escribir, lo que dificulta la
documentación formal. Dadas estas circunstancias, los obispos del país
solicitaron una dispensa especial del requisito de un milagro médicamente
verificado, argumentando que el legado de martirio y la veneración generalizada
de Pedro To Rot eran suficientes. El papa Francisco accedió, permitiendo que su
causa siguiera adelante basándose en su perdurable reputación de santidad y la
fe de quienes continúan buscando su intercesión. Las fechas de las ceremonias
de canonización se anunciarán en un próximo consistorio, pero la expectación ya
crece. El reconocimiento de estos nuevos santos refleja la diversidad del
catolicismo y el llamado universal a la santidad, que trasciende geografía y
cultura.
El Papa Francisco ha presidido una multitudinaria Misa en la Plaza de San Pedro del Vaticano en la que ha canonizado a 14 nuevos santos: el sacerdote italiano Giuseppe Allamano, la Hna. Elena Guerra, también italiana, la Hna. canadiense Marie-Léonie Paradis y 11 mártires asesinados por su fe en Damasco, entre los que había 7 frailes españoles. (ACI)
de la beata «tocada por Dios y armada con la cruz»
Francisco, durante la canonización de Mama Antula,con el presidente de Argentina Javier Milei presente en la ceremonia (en la foto, a su izquierda).
Desde esta mañana, los fieles argentinos y la Iglesia universal se congratulan con la recién canonizada María Antonia de San José de Paz y Figueroa, conocida popularmente como Mama Antula, en una histórica ceremonia presidida por el Papa Francisco y celebrada en una abarrotada Capilla Papal de la Basílica de San Pedro.
Durante su homilía, dedicada a comentar la sanación evangélica del leproso por Jesús, Francisco abordó las "tres lepras del alma" -miedo, prejuicio y falsa religiosidad- "que hacen sufrir a una persona débil descartándola como un desecho" y actualizó la acción sanadora de Dios sobre las mismas con sus dos gestos descritos en el Evangelio, "tocar y sanar", que motivaron la vida de la nueva santa.
Así, cuando Jesús "se compadece del leproso, extiende la mano y lo toca", se muestra según el Papa que "nuestro Dios no permaneció distante en el cielo, sino que en Jesús se hizo hombre para tocar nuestra pobreza. Y frente a la `lepra´ más grave, la del pecado, no dudó en morir en la cruz, repudiado como un pecador, para tocar nuestra realidad humana hasta lo más hondo".
Por eso, previno a los presentes de los primeros signos de la "lepra del alma, -cuando tomamos distancia de los demás para centrarnos en nosotros mismos, cuando reducimos el mundo a los recintos de nuestro `estar bien´, cuando creemos que el problema son siempre y solamente los demás-" y ofreció en el segundo gesto de Jesús "el tratamiento" contra ella.
Se trata de la propia sanación "dejándonos tocar por Jesús". Es así, dijo, cuando "sanamos por dentro, en el corazón" a través de la oración o la adoración.
"Si le permitimos actuar en nosotros a través de su Palabra y de los sacramentos, el contacto con Él nos cambia realmente, nos sana del pecado, nos transforma más allá de cuanto podamos hacer con nuestros propios esfuerzos. Al `toque´ de Jesús renace lo mejor de nosotros mismos. Los tejidos del corazón se regeneran, las heridas de los errores del pasado se curan", agregó.
Armada con la cruz, Jesús y la Virgen y con "una obra que perdura"
Francisco mencionó que este "milagro" de la sanación no tiene lugar "de formas grandiosas y espectaculares", sino a través "de la caridad escondida de cada día, que se vive en la familia, en el trabajo, en la parroquia, en la escuela, en las oficinas, que no tiene necesidad de aplausos porque al amor le basta el amor".
Y el vivo ejemplo de ello fue la recién canonizada, María Antonia de Paz y Figueroa, que fue "tocada por Jesús gracias a los ejercicios espirituales".
Ella, dijo durante su elevación a los altares, "se desgastó en primera persona, en medio de mil dificultades, para que muchos otros pudieran vivir su misma experiencia. De esta manera involucró a un sinfín de personas y fundó obras que perduran hasta nuestros días".
Mama Antula, dijo Francisco, `estaba convencida de que la paciencia es buena, pero mejor es la perseverancia´.
En la parte final de la homilía, recordó a Mama Antula por su personalidad "pacífica de corazón" que, sin embargo, "iba armada con una gran cruz de madera, una imagen de la Dolorosa y un crucifijo al cuello que llevaba una imagen del Niño Jesús" o "Manuelito, el pequeño Dios con nosotros" como la santa lo llamaba.
Ella, concluyó, fue "`tocada´ y `sanada´ por el `pequeño Dios de los pequeños´, al que anunció durante toda su vida, sin cansarse, porque estaba convencida de que `la paciencia es buena, pero mejor es la perseverancia´. Que su ejemplo y su intercesión nos ayuden a crecer en la caridad según el corazón de Dios".
La importancia que reviste Mamá Antula para Francisco (por supuesto como compatriota, pero también en cuanto modelo de mujer laica de gran relevancia pública en la Iglesia) queda de manifiesto en la publicación en diciembre de su biografía oficial por la Libreria Editrice Vaticana bajo el título Mamá Antula. La fe de una mujer indómita, de la que son coautoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez.
La biografía oficial de Mamá Antula es obra de dos periodistas, Nunzia Locatelli, italiana afincada en Buenos Aires, y Cintia Daniela Suárez, nacida en Santiago del Estero (paisana, pues, de la santa). Es su tercer libro conjunto sobre ella.
En una reciente entrevista que les hizo Miguel Cuartero Samperi para In Terris, ambas destacan el papel de la injusticia social en la conversión de María Antonia de Paz y Figueroa, hija de un poderoso encomendero y testigo de los malos tratos que recibían en ocasiones sus trabajadores: “Con el tiempo, el dolor de esta gente acabó resultando insoportable para ella. Les sentía como hermanos y sufría con ellos”.
De ahí que su decisión, tomada a los 15 años, de dejar a su familia sentara muy mal a su padre. A pesar de los obstáculos que tuvo que superar, “Mamá Antula no se desanimó y su perseverancia tuvo el premio de que la Providencia le abriese las puertas que los hombres le cerraban”.
La devoción a Santa María Antonia de Paz y Figueroa (1730-1799) sigue muy viva y extendida en toda Argentina y fuera de ella. Foto: AICA.
Hizo los votos de castidad y pobreza. Las beguinas (laicas consagradas) a las que se unió eran mujeres vinculadas al beaterio de los jesuitas en Santiago del Estero, que servían a los más necesitados: huérfanos, mujeres con embarazos ilegítimos, prostitutas, incluso criminales.
Cuando en 1767 los jesuitas fueron expulsados de la Corona de España, Mamá Antula se convirtió en promotora de los ejercicios espirituales de San Ignacio y su obra empieza a dar frutos de conversión. Así explican su historia Nunzia y Cintia: “María Antonia estuvo en el beaterio jesuita durante veintidós años, durante los cuales no solo se dedicó a los demás, sino que pudo recibir una sólida instrucción gracias a las enseñanzas de los misioneros. También recibió un gran don: los sacerdotes le enseñaron a organizar los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, el tesoro de la Compañía de Jesús”.
Cuando se produjo la expulsión, los jesuitas dejaron un “vacío insuperable”, pues sus misiones eran “un punto de referencia para la población local, que quedó huérfana, desorientada”: “La única luz, el único consuelo que quedó fue María Antonia, quien empezó a organizar retiros para los laicos, basados en los Ejercicios espirituales de San Ignacio”. Estuvo un año discerniendo esta decisión, que implicaba una desobediencia al Rey Carlos III y el Papa Clemente XIV. Un obispo le concedió el permiso de organizarlos, labor que emprendió junto con otras beguinas. Como es sabido, la iniciativa empezó a difundirse en los alrededores de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, cimentando su futura fama de santidad y el ser considerada “madre espiritual de la patria argentina” –como la calificó Francisco- y ahora su primera santa.
De izquierda a derecha en la foto: Cintia Suárez, co-autora de la biografía de Mamá Antula; Miguel Cuartero, quien la entrevistó para In Terris; y el obispo de Santiago del Estero, patria chica de la santa, Vicente Bokalic Iglic. Foto: In Terris.
“Es una mujer laica con un carácter indómito que encarnó la espiritualidad jesuita”, sostienen Locatelli y Suárez, “cuando esta congregación sufría la mayor persecución de su historia. Su coraje y su tenacidad son un testimonio vivo de cuánto pueden contribuir las mujeres, incluso laicas, al anuncio del Evangelio”.
"No olvidar a quienes se es niega el cuidado y el derecho a la vida"
Minutos después de la ceremonia, Francisco pronunció el rezo del Ángelus, seguido de un llamado a "estar cerca de quien sufre y visitar a los enfermos", en el marco de la festividad de Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo.
Tras expresar su cercanía y la de la Iglesia con los enfermos y "los más frágiles", renovó su llamado a la "cercanía, compasión y ternura". Francisco pronunció un alegato por "tantas personas a las que se les niega el derecho a los cuidados y a la vida", entre los que también se encuentran quienes sufren "la pobreza extrema o la guerra".
"Es intolerable. Recemos por la martirizada Ucrania, por Palestina e Israel, recemos por Myanmar y por todos los pueblos martirizados por la guerra", agregó antes de los acostumbrados saludos a peregrinos.
Este domingo 15 de mayo Francisco proclama como santos a 10 cristianos ejemplares, que hasta ahora recibían culto como beatos. Es la primera canonización en Roma desde que se declaró la pandemia del coronavirus: la anterior fue en octubre de 2019, cuando Francisco canonizó al cardenal inglés J.H.Newman (1801-1890), a la brasileña Hermana Dulce Lopes (1914-1992), a Sor Giuseppina Vannini (1859-1911), la madre María Teresa Chiramel (1876-1926) y la seglar suiza Marguerite Bays (1815-1879).
La pandemia ha sido la causa de aplazar algunas de las nuevas canonizaciones, que han acabado juntándose en esta ceremonia que agrupa a 10 figuras de diversos países, aunque con mayoría de religiosos italianos y también con mayoría de fundadores y pedagogos o educadores. Miembros de congregaciones ligadas a los nuevos santos llevaron al altar el incienso que se eleva tras la proclamación de su santidad.
Más que actos heroicos, mucho amor cotidiano, dijo el Papa
En su homilía, el Papa Francisco afirmó que “la santidad no está́ hecha de algunos actos heroicos, sino de mucho amor cotidiano”. Animó “a servir al Evangelio y a los hermanos y a ofrecer nuestra propia vida desinteresadamente, sin buscar ninguna gloria mundana”.
“Nuestros compañeros de viaje, hoy canonizados, vivieron la santidad de este modo: se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación -de sacerdote, de consagrada, de laico-, se desgastaron por el Evangelio, descubrieron una alegría sin igual y se convirtieron en reflejos luminosos del Señor en la historia. Esto es un santo o una santa, un reflejo luminoso del Señor en la historia”, señaló el Pontífice, que sabía que entre el público había muchos consagrados y consagradas de las instituciones caritativas y educativas que fundaron varios de ellos.
El ejemplo de los santos en época de guerras y tensiones
Justo antes del rezo cantado del Regina Caeli, el Papa saludó "especialmente a los que pertenecen a las familias espirituales de los nuevos santos, y a todos los fieles, pueblo fiel de Dios, reunidos aquí desde muchas partes del mundo". Hizo mención a las delegaciones de distintos países en la plaza, "en particular al Presidente de la República Italiana. Es hermoso notar que, con su testimonio evangélico, estos santos han favorecido el crecimiento espiritual y social de sus respectivas naciones y también de toda la familia humana".
En una alusión a la guerra de Ucrania y a otras guerras y choques internacionales, añadió: "Mientras tristemente crecen las distancias en el mundo y aumentan las tensiones y las guerras, los nuevos santos inspiran soluciones de conjunto, caminos de diálogo, especialmente en el corazón y la mente de quienes ocupan cargos de gran responsabilidad y están llamados a ser protagonistas de la paz y no de guerra".
Reliquias de los 10 nuevos santos e incienso en la gran canonización de 2022.
1. Tito Brandsma, carmelita holandés, periodista, mártir de los nazis
Titus Brandsma era holandés, sacerdote carmelita y llegó a ser rector de la Universidad Católica de Nimega en 1932 y 1933. Cuando los nazis ocuparon Holanda, él predicó a favor de la libertad de prensa. Denunciaba a los nazis por sus presiones contra la prensa católica, los colegios religiosos y su persecución contra los judíos. De hecho, era portavoz de los obispos holandeses en estas denuncias.
La excusa concreta para detenerle fue que se negó a expulsar a niños judíos de su escuela y se negó a publicar propaganda nazi en los periódicos católicos, propaganda que era obligatoria. Así fue internado en el campo de concentración de Dachau, por donde pasaron otros 2.700 clérigos: algo más de mil murieron allí.
Titus Brandsma, sacerdote capuchino, periodista firme ante los nazis.
En Dachau sólo los sacerdotes alemanes presos podían celebrar misa, pero ellos pasaban la Eucaristía al padre Brandsma escondida en una funda de gafas, que él repartía entre otros presos. Al enfermar, una enfermera le puso una inyección letal en julio de 1942. Otra enfermera indicó que la orden de eliminarlo había llegado de la Gestapo, la policía secreta. Hay un movimiento a favor de declararlo patrono de la prensa, o de la prensa católica, junto a San Francisco de Sales.
2. Charles de Foucauld (1858-1916), militar, explorador, ermitaño pobre del desierto
Foucauld fue sacerdote ermitaño en el sur del Sáhara argelino, no consiguió evangelizar a casi nadie en ese desierto, entre los tuareg, pero tras su muerte su espiritualidad de pobreza y desierto fue muy fecunda y en ella se inspiraron a lo largo del siglo XX muchos iniciadores de comunidades católicas, misioneras, monásticas o semimonásticas, convirtiéndose en una de las figuras espirituales más populares del siglo.
De origen noble, huérfano, perdió la fe en su juventud y fue explorador militar francés en Marruecos, autor de interesantes trabajos científicos. La espiritualidad de los marroquíes le despertó el interés. De vuelta a Francia, habló sobre la fe con una pariente, leyó "Elevaciones del alma a Dios", de Bossuet y en una iglesia rezaba: "Dios, si existes, haz que yo te conozca". Un sacerdote le animó a confesarse con él: esa fue su primera conversión. Años después, tendría otra, de abandono y pobreza total, en el desierto y la hambruna. Fue monje trapense 7 años, luego sacerdote ermitaño. Un adolescente le mató de un disparo durante una revuelta antifrancesa en el desierto al sur de Argelia.
3. María de Jesús (Carolina Santocanale) (1852-1923), una noble entre los más pobres
Esta religiosa siciliana nació en una familia noble, pero abandonó su mundo de comodidades por servir a los pobres, inspirada por la Regla franciscana. En una casa heredada de sus abuelos, con unas compañeras, empezó un servicio de visitar pobres y enfermos y acoger huérfanos. A partir de 1910 sus religiosas pudieron vestir hábito capuchino.
La escasez de medios, malentendidos, la Primera Guerra mundial y otras dificultades fueron minando sus fuerzas, pero siempre se apoyó en la Eucaristía. Su congregación es la de las Hermanas Capuchinas de la Inmaculada Concepción de Lourdes, que tiene unas 30 comunidades y unas 150 hermanas trabajando con los necesitados en Italia, Albania, Brasil, Madagascar y México.
4. María Rivier (1768-1838), niña enferma, catequista clandestina, fundadora fértil
Maria Rivier empezó como una niña enferma, con raquitismo. "Si me curas, te traeré muchos niños más", le dijo a la imagen de la Virgen de su pueblo. Y mejoró mucho. A partir de 1789, con la Revolución francesa y sus persecuciones al clero, ella organizó arriesgados encuentros de oración en su casa.
Maria Rivier, pequeña y frágil pero puso en marcha una gran obra al servicio de los niños.
Luego, en 1796, con cuatro compañeras, en la fiesta de la Presentación de María en el Templo, lanzó su congregación para evangelizar y servir a los niños. Así nacía la congregación de la Presentación. Murió en 1838 y cuatro años después sus religiosas llegaban a Canadá. Hoy están en 14 países, con más de 100 escuelas, unas 1.000 religiosas y 47.000 alumnos.
5. Lázaro Devasahayam Pillai (s.XVIII), de militar devoto de Kali a mártir
Un militar francés asesor en el reino hindú de Travancore explicó la fe católica a Nilampulla, un funcionario y militar de la corte, devoto de Kali, hijo de sacerdote de Shiva. Se bautizó con el nombre de Devasahayam, y también el de Lázaro: ambas cosas significan "Dios es mi auxilio". Él habló de la fe a otros nobles, que maniobraron contra él. Le encarcelaron y torturaron durante 3 años y finalmente fue fusilado en 1752, con 40 años.
Una película india cuenta la historia de Devahasayam Pillai, de alta cuna, pero encarcelado por su fe.
Cuatro décadas después aún seguían las persecuciones contra nobles cristianos, lo que indica que su ejemplo inspiró a muchos a mantener la fe. Su cuerpo descansa en la catedral de Nagercoil.
6. Madre Francisca Rubatto (1844-1904), italiana, pero primera santa de Uruguay
Anna Maria Rubatto, de nombre religioso Madre Francisca de Jesús, nacida en Carmagnola, Italia, en 1844, va a ser considerada la primera santa uruguaya. Su cuerpo descansa en un santuario en el barrio Belvedere de Montevideo. A los 4 años quedó huérfana de padre, y a los 19 murió su madre. Vivía acompañando a una señora de la buena sociedad a la que ayudaba en sus obras de caridad. Era una seglar devota, que daba catequesis a niños y visitaba enfermos en el Cottolengo y en los Oratorios de Don Bosco en Turín.
Un sacerdote capuchino la vio ayudar a un obrero recién accidentado y la invitó a liderar un grupo de jóvenes con ganas de consagrarse. Ella tenía 40 años. Así en 1885 nacían las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, dedicada a los enfermos y, especialmente, a los niños y jóvenes abandonados.
En 1892, con cuatro de hermanas de su congregación, partió hacia América Latina, abriendo comunidades en Brasil, Argentina y Uruguay. Siete veces atravesó el océano para acompañar a las hermanas en ambos continentes. Abrió 18 casas en los 20 años de su gestión. Murió de cáncer en Montevideo en 1904. Hoy la congregación tiene comunidades en Italia, Brasil, Perú, Argentina (con 8 colegios), Uruguay (4 escuelas) y 5 países del África negra.
7. María Domenica Mantovani (1862-1934), fundadora pobre de las Hermanitas de la Sagrada Familia
María Domenica Mantovani era la mayor de 4 hermanos de una familia pobre de cerca de Verona, Italia. Aprendió el catecismo y letras básicas pero no pudo proseguir sus estudios. Ya de adolescente hablaba de Dios y de lecturas pías a sus amigas. El beato Giuseppe Nascimbeni, párroco, fue su maestro espiritual desde los 15 años. Al crecer visitaba a pobres y enfermos y enseñaba el catecismo a los niños. A los 24 años hizo voto de virginidad perpetua.
Hasta los 30 años vivió con su familia. Solo al cumplir esta edad, con el padre Nascimbeni, puso en marcha la Congregación de las Hermanitas de la Sagrada Familia para servir a los pobres. A su muerte la comunidad ya contaba con unas 1.200 hermanas en 150 casas de varios países, dedicadas a la caridad. En Argentina tienen 12 comunidades, y allí se han dado los dos milagros de la causa, el de la beatificación (milagro en 1999) y el de la canonización (milagro en 2011). ¡La mamá 'milagrada' en 1999 fue quien animó a rezar a la mamá 'milagrada' de 2011! (Lea aquí la historia de estos milagros).
8. César de Bus (1544-1607), de joven frívolo a sacerdote promotor de la catequesis
Es el más antiguo de los nuevos santos. Sus padres eran emigrantes italianos acomodados en la corte francesa de Carlos III y él creció en un mundo de frivolidades. Fue soldado y poeta, como tantos otros en su época. Pero un día experimentó una visión de la Virgen María que le transformó por completo. Le fueron orientando el sacerdote jesuita Pierre Péquet y su amiga Antoniette, una analfabeta que le pedía que le leyera las vidas de los santos.
César de Bus, de joven noble frívolo a impulsor de la catequesis popular.
Ordenado sacerdote y admirador de San Carlos Borromeo, trató de seguir su modelo promoviendo la enseñanza del catecismo entre las clases populares. Con otros sacerdotes fundó los Padres de la Doctrina Cristiana (Doctrinarios de Aviñón) la orden femenina de las Ursulinas de la Provenza. Su obra influyó en posteriores santos pedagogos como San Juan Bautista de La Salle y San Marcelino Champagnat. Los Padres Doctrinarios hoy tienen comunidades en Francia, Italia, Brasil, India y Burundi y siguen centrados en promover la catequesis popular.
9. Luigi Maria Palazzolo (1827-1886), sacerdote italiano fundador del Instituto de las Hermanas de los Pobres (Instituto Palazzolo)
Sacerdote en Bérgamo (Italia), fundó las Congregaciones de las Clarisas y de los Hermanos de la Sagrada Familia para acoger a niñas huérfanas y pobres. También creó escuelas nocturnas para jóvenes y adultos. La labor educativa y la formación religiosa que ofreció fueron tan eficaces que unos cuarenta jóvenes del Oratorio optaron por hacerse sacerdotes. Sometido a un gran sufrimiento físico y moral, murió a la edad de 58 años.
La congregación que fundó (Instituto Palazzolo) cuenta hoy con unas mil hermanas y un centenar de comunidades, en Italia, Perú, Suiza, Brasil, Congo, Costa de Marfil, Malawi y Kenia. Seis hermanas de este instituto murieron enfrentándose de manera generosa y heroica al ébola en Congo en 1995, por lo que sus virtudes heroicas ya han sido reconocidas por la Iglesia.
10. Giustino Maria Russolillo (1891-1955), sacerdote animador de vocaciones
Sacerdote de Pianura, en la provincia de Nápoles, vivió su vida y su ministerio al servicio de las vocaciones, para lo que fundó una sociedad de sacerdotes. Fue predicador, conferenciante y escritor. Ofrecía sus sufrimientos y choques humanos a la Virgen María. La catequesis permanente y la atención pastoral a las familias transformaron su comunidad parroquial, que se convirtió así en una "casa de santidad" y en la cuna de numerosas vocaciones. Apoyaba a sacerdotes y religiosos con dificultades y animaba a los jóvenes a formar familias cristianas.